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Se convirtio en Idolo magico de toda Inglaterra

El eco del silencio absoluto

La lluvia de Glasgow no era como la de las Highlands; no olía a turba ni a libertad, sino a hierro oxidado y a la desesperación de millones de almas anónimas. En el pequeño apartamento del barrio obrero, rodeado de cables de cobre expuestos y el zumbido constante de una red eléctrica deficiente, Severus Snape sentía que su humanidad se filtraba por las grietas de su propia magia.

El sistema parpadeaba en un rojo violento, una advertencia que parecía quemar sus retinas.

[ADVERTENCIA CRÍTICA: La Ruta C exige el sacrificio del ancla "Lily Evans".]

[MOTIVO: El Coleccionista de Almas requiere una pureza de desolación para otorgar la Inmunidad Total.]

[TIEMPO RESTANTE PARA LA ASIMILACIÓN: 05:00.]

—No —susurró Severus, apretando los puños hasta que sus uñas se clavaron en sus palmas—. No voy a ser un cascarón vacío para que tú puedas jugar a ser un dios, y no voy a ser una pieza de museo para esa cosa que me persigue.

Se puso de pie, ignorando la debilidad de sus piernas. Molly estaba en la cocina, tratando de sintonizar una radio muggle que solo emitía estática. Ella no podía verlo ahora; Severus había activado el "Velo de la Medianoche" al máximo, convirtiéndose en una mancha de sombra en el rincón de la sala.

—Si el mundo mágico me busca por mi luz, me esconderé en el ruido de los hombres —murmuró.

Caminó hacia la ventana y miró hacia abajo, a la calle iluminada por farolas de gas y neones parpadeantes. La tecnología muggle era tosca, primitiva comparada con un encantamiento, pero poseía algo que la magia no podía replicar: una frecuencia constante, una vibración que no dependía del linaje ni del núcleo mágico.

—Sistema —dijo en su mente—, rechazo el sacrificio. Propongo una contraoferta.

[ERROR: Las rutas de evolución son definitivas. El sacrificio es necesario para la protección.]

—¡Mientes! —Severus siseó, y su magia de doncel hizo que las bombillas del apartamento estallaran en una lluvia de chispas—. La protección que ofreces es la de una tumba. Quieres que olvide para que no tenga a dónde regresar. Pero si olvido, pierdo el guion. Si olvido a Lily, pierdo la razón por la cual Snape debe sobrevivir.

Cerró los ojos y se sumergió en su núcleo. Allí, donde la interfaz azul intentaba borrar los campos verdes de Cokeworth y los ojos esmeralda de su única amiga, Severus construyó un muro. No de magia, sino de pura voluntad actoral. Había pasado meses estudiando cómo proyectar emociones; ahora, usaría esa habilidad para engañar al sistema mismo.

—No voy a olvidar —declaró—. Voy a actuar el olvido.

[PROCESANDO... ¿SIMULACIÓN DE VACÍO EMOCIONAL?]

—Exacto. Toma mi angustia, toma el dolor de la pérdida potencial y úsalo como combustible, pero el recuerdo se queda conmigo, bajo llave. Y a cambio... a cambio te daré el mundo entero. No solo el Callejón Diagon. Voy a romper el Estatuto del Secreto sin pronunciar una sola palabra mágica.

El sistema se detuvo. El cronómetro se congeló en 02:14.

[EXPLICACIÓN REQUERIDA: ¿Ruptura del Estatuto como mecanismo de defensa?]

—Si solo los magos me escuchan, soy una presa —explicó Severus, su mente trabajando a una velocidad febril—. Pero si los muggles me escuchan... si mi voz se convierte en un fenómeno global que la tecnología no puede explicar, el Ministerio no podrá simplemente capturarme y encerrarme. Sería un incidente internacional. Me convertiré en una anomalía tan grande que ocultarme será la prioridad número uno de todos, pero poseerme será un riesgo político que nadie querrá correr. La mirada de millones es mi escudo.

Antes de que el sistema pudiera responder, una presión gélida golpeó el exterior del edificio. El Coleccionista de Almas había llegado. No era una figura física, sino una distorsión en el espacio, un vacío con forma de túnica que se deslizaba por la fachada del bloque de apartamentos.

Severus sintió el miedo de Molly en la otra habitación, un miedo que actuaba como un faro para la entidad.

—¡Molly, entra en el círculo de sal, ahora! —gritó Severus, revelándose por un segundo.

La mujer obedeció por puro instinto, lanzándose al centro de la habitación donde Severus había dispuesto una serie de componentes electrónicos desmantelados y cables conectados a la red principal del edificio.

—¿Qué vas a hacer, Severus? —preguntó ella, temblando.

—Voy a dar un concierto —respondió él con una sonrisa que no tenía nada de infantil—. Y nadie podrá apagar la radio.

Severus se conectó. No con una varita, sino con sus manos desnudas, agarrando dos cables de alta tensión que había pelado previamente. El sistema gritó advertencias de daño físico, pero él las silenció. Usó su cuerpo como un puente. Su magia de doncel, esa energía que buscaba armonía, se fundió con el flujo caótico de los electrones.

—"Ecos de Actuación": Transmisión Global —susurró.

En ese momento, no cantó para los magos. Cantó para las máquinas.

Su voz se filtró en las líneas telefónicas de Glasgow, saltó a las antenas de radio de la BBC, se infiltró en las primeras redes de datos y satélites de comunicación que orbitaban la Tierra. Fue una invasión silenciosa.

En Londres, en Nueva York, en Tokio, en París... todas las radios que estaban encendidas dejaron de emitir noticias o música pop. Hubo un segundo de silencio absoluto, y luego, una melodía que parecía nacer del centro de la tierra empezó a emanar de los altavoces.

No era magia que los muggles pudieran identificar, pero era una belleza que los hacía detenerse en las calles. Los conductores frenaron sus coches. Los obreros en las fábricas soltaron sus herramientas. No entendían qué era, pero sentían que estaban escuchando el latido del universo.

[EVENTO MUNDIAL DETECTADO: "La Frecuencia del Ángel".]

[RECOMPENSA: Inmunidad por Observación Masiva.]

El Coleccionista de Almas, que estaba a punto de atravesar el cristal de la ventana de Severus, se detuvo. Sus manos de pergamino temblaron. La esencia de Severus ya no estaba concentrada en un solo punto; estaba distribuida en millones de receptores electrónicos por todo el planeta. Intentar capturarlo ahora era como intentar atrapar el océano con una red de pesca.

La entidad emitió un chillido sordo, una nota de frustración que solo Severus pudo oír, y se desvaneció, expulsada por la interferencia masiva de un mundo que no creía en fantasmas, pero que ahora estaba obsesionado con una voz.

Severus soltó los cables y cayó al suelo, con humo saliendo de sus yemas de los dedos. El dolor era insoportable, pero su mente estaba intacta. Lily seguía allí. El recuerdo de su risa en el columpio era su ancla, su trofeo de guerra contra el sistema.

—Lo logré —jadeó, mirando a Molly, que lo observaba con un terror sagrado.

—Severus... las luces... todo el barrio está brillando —susurró ella.

—Es el precio de la fama, Molly.

[NIVEL DE LEYENDA: El Ídolo Fantasma (Nivel 4).]

[ESTADO: Protegido por el Caos.]

Sin embargo, la victoria tenía un matiz inquietante. En su mente, una pequeña interfaz dorada, distinta a la azul del sistema habitual, apareció de la nada. No tenía números ni estadísticas, solo una imagen: un niño de su misma edad, con ropajes de una época que no existía y ojos que contenían galaxias enteras.

—¿Quién eres tú? —preguntó Severus internamente.

—Soy lo que queda de la humanidad en este juego —respondió la entidad infantil con una voz que sonaba como mil campanas—. Viniste a este mundo para ser un personaje, Severus Snape, pero has decidido ser el autor. Eso es peligroso.

—Prefiero ser un autor peligroso que un actor esclavo —replicó Severus.

—Entonces recuerda esto: el mundo muggle te protegerá de los magos, pero nada te protegerá de ti mismo si sigues fragmentando tu alma para alimentar tu leyenda. Cada vez que actúas, una parte de la verdad muere. ¿Cuánto de "Severus" quedará cuando el "Ídolo" termine su gira?

La entidad desapareció, dejando tras de sí un rastro de polvo de estrellas en su visión.

A la mañana siguiente, el mundo mágico estaba en estado de sitio. El Ministerio de Magia había declarado el "Estado de Emergencia de Nivel 5". El Estatuto del Secreto estaba pendiendo de un hilo. Los muggles hablaban de una "interferencia atmosférica de origen desconocido" que había transmitido música celestial, y los científicos estaban perplejos.

En Malfoy Manor, Abraxas Malfoy miraba su radio mágica, que seguía emitiendo un eco débil de la voz de Severus.

—No podemos tocarlo —dijo con voz ronca—. Si intentamos usar magia de rastreo a gran escala, los muggles detectarán nuestras firmas con su tecnología de radar. El chico nos ha puesto en una jaula de cristal. Nos obliga a mirar, pero nos prohíbe tocar.

Tom Riddle, por su parte, estaba en su despacho, rodeado de mapas mundiales donde la señal de la voz de Severus había sido detectada. No estaba enfadado. Estaba fascinado.

—Has usado su ciencia contra nuestra sangre —susurró Riddle, trazando una línea sobre Glasgow—. Muy inteligente, Severus. Has hecho que el mundo entero sea tu guardaespaldas. Pero incluso los dioses tienen que bajar a la tierra alguna vez. Y yo estaré allí para cuando tus pies toquen el suelo.

En Glasgow, Severus se miró en el espejo. Sus manos estaban vendadas por Molly, y su rostro estaba pálido, pero sus ojos... sus ojos ardían con una determinación que no pertenecía a un niño, ni a un ídolo, sino a un hombre que había burlado a la muerte y al destino.

—Sistema —dijo con calma—, abre la tienda. Necesito algo que me permita procesar la información de los muggles. Si voy a vivir en su mundo para protegerme del mío, necesito ser el maestro de ambos.

[OBJETO RECOMENDADO: "Interfaz de Tecnomagia" (Permite la manipulación de señales digitales mediante el núcleo de doncel).]

[COSTO: 100 Monedas de Sistema y un Compromiso de Actuación Permanente.]

—Comprado —dijo Severus sin dudar.

Sintió cómo una nueva red de nervios mágicos se extendía por su cerebro, permitiéndole "sentir" las ondas de radio y las transmisiones de televisión que saturaban el aire de la ciudad. Era abrumador, pero era poder.

—Molly —llamó Severus, volviéndose hacia ella—. Tenemos que movernos de nuevo. Este apartamento ya no es suficiente. Necesitamos un lugar donde la tecnología y la magia se encuentren. Un lugar donde pueda grabar mi próxima "función".

—¿Próxima función? —Molly se sentó en el sofá, agotada—. Severus, casi mueres anoche. El mundo entero está buscándote.

—Exacto —dijo él, caminando hacia la ventana con una gracia depredadora—. Me buscan porque me escuchan. Ahora, voy a hacer que me necesiten. No voy a ser un rumor, Molly. Voy a ser la banda sonora de su revolución.

Se volvió hacia el espejo una última vez y forzó una sonrisa. No era la sonrisa de un niño, ni la de un ángel. Era la sonrisa de un actor que acababa de darse cuenta de que el público estaba aterrorizado por su talento, y que ese terror era su mayor seguridad.

—Lily —susurró, asegurándose de que el nombre todavía tuviera peso en su lengua—. Todavía te recuerdo. Y mientras te recuerde, este mundo no podrá borrarme.

El sistema emitió un pitido final, un sonido de aceptación.

[NUEVA MISIÓN: "El Concierto de la Convergencia".]

[Objetivo: Unificar la fe de magos y muggles en una sola figura.]

[RECOMPENSA: Inmortalidad Conceptual.]

Severus cerró los ojos y dejó que el ruido de Glasgow lo envolviera. Ya no era un fugitivo. Era el centro de un huracán que él mismo había desatado. Y mientras su voz seguía resonando en los rincones más oscuros del planeta, el Ídolo Fantasma comenzó a escribir la partitura de su propia liberación.

Porque en el juego del poder, la sangre y la música, el que controla el silencio es el que gana. Y Severus Snape acababa de decidir que el silencio no volvería a existir mientras él tuviera una historia que contar.

—Que empiece el segundo acto —dijo al vacío, y por primera vez en mucho tiempo, el sistema no respondió con una advertencia, sino con un aplauso silencioso.