secret 2
El Despertar de la Flor de Loto
El silencio en la habitación se fragmentó con el clic metálico de la pequeña lámpara. La luz ámbar, mortecina y cálida, se derramó sobre las sábanas como miel líquida, revelando una imagen que James sabía que quedaría grabada a fuego en su memoria. Juhoon estaba allí, en el borde de su cama, despojado de toda defensa. Su camisa de dormir, de un algodón fino y casi traslúcido, se había subido ligeramente, dejando al descubierto la palidez extrema de sus muslos largos y torneados.
Pero era lo que había entre ellos lo que detuvo el aliento de James.
La braga de encaje rosa, una prenda que Juhoon solía ocultar con un celo casi religioso, estaba empapada. El tejido delicado se transparentaba, adherido a la piel regordeta e hinchada de su vulva, que palpitaba con un ritmo frenético bajo la tela. Un hilo brillante de lubricante natural, denso y transparente, trazaba un camino lento por la parte interna de su muslo izquierdo, brillando bajo la luz de la lámpara.
James sintió un golpe de calor en el bajo vientre, una punzada de deseo tan violenta que tuvo que apretar las sábanas para no abalanzarse sobre él. Su mirada, usualmente analítica y gélida, se oscureció, cargándose de una posesividad que ya no intentaba esconder.
—Juhoon... —La voz de James salió como un gruñido bajo, una vibración que pareció estremecer el aire entre ambos—. Ven aquí. Ahora.
Juhoon no necesitó que se lo dijeran dos veces. Se arrastró hacia el centro de la cama de James, sus movimientos torpes y pesados por la excitación que le nublaba los sentidos. James se hizo a un lado, levantando la manta pesada para envolverlo en su calor. Cuando Juhoon se acostó boca arriba, su pecho subía y bajaba con una violencia alarmante. Sus ojos estaban anegados en lágrimas, y sus mejillas ardían en un carmesí profundo.
—Hyung... me duele —gimió Juhoon, su voz rompiéndose en un hipo de desesperación—. No puedo... no puedo hacer que pare. Me toqué por encima de la ropa y solo se puso peor. Está tan caliente... mi coño está tan caliente.
Con un gesto tembloroso, Juhoon atrapó la muñeca de James. La diferencia de tamaño era evidente; la mano de James era robusta, marcada por venas que ahora sobresalían debido a la tensión, mientras que la de Juhoon era delgada y elegante. El menor guio la mano de su hyung hacia el centro de su malestar, presionándola contra el bulto húmedo y cálido que se escondía tras el encaje.
James soltó un suspiro entrecortado al sentir el calor que emanaba de Juhoon. Estaba hirviendo. La textura del encaje mojado contra la palma de su mano fue el detonante final para su autocontrol. Se mordió el labio inferior, observando cómo Juhoon arqueaba la espalda ante el simple contacto de su mano inmóvil.
—¿Te sentiste así cuando recordaste lo que pasó en el sofá? —preguntó James, su tono ensombrecido por una mezcla de ternura y lujuria.
—Sí —confesó Juhoon, cerrando los ojos con fuerza mientras más lágrimas escapaban—. Recordé tus manos... recordé cómo me mirabas. Y de repente, sentí que algo se rompía dentro de mí. Empezó a salir este líquido y no para... Hyung, por favor, ayúdame. No entiendo qué me pasa.
James se incorporó sobre un codo, quedando por encima de él, como un depredador que observa a su presa más preciada, pero con una devoción que suavizaba sus rasgos. Con su mano libre, comenzó a acariciar el rostro de Juhoon. Sus dedos recorrieron la línea de su mandíbula, el arco de sus cejas y finalmente se detuvieron en sus labios, que temblaban sin cesar.
—No tienes que entenderlo todo ahora, Jju —susurró James, su voz siendo un bálsamo para la ansiedad del menor—. Solo tienes que sentir. Tu cuerpo está despertando, y es lo más hermoso que he visto en mi vida. No te preocupes, yo estoy aquí. No voy a dejar que te sientas así solo.
James se inclinó y depositó un beso casto en su frente, luego otro en la punta de su nariz, y finalmente rozó sus labios con una delicadeza que hizo que Juhoon soltara un sollozo de alivio.
—¿Quieres que te toque allí, Juhoon? —preguntó James, queriendo escuchar la confirmación de esos labios pecaminosos—. ¿Quieres que toque tu coño?
Juhoon asintió frenéticamente, sus manos apretando los hombros de James a través de su camiseta.
—Sí, por favor... Tócame, James. Siento que voy a estallar si no lo haces. Está tan hinchado... me palpita contra la ropa.
James sonrió con una ternura que no llegaba a ocultar el fuego en sus ojos. Con un movimiento lento y deliberado, comenzó a deslizar su mano por debajo de la camisa de dormir, recorriendo el abdomen plano y suave de Juhoon. El menor contenía el aliento, sintiendo cada callosidad de los dedos de James como si fueran chispas eléctricas sobre su piel.
Cuando los dedos de James finalmente alcanzaron el borde de la braga de encaje rosa, se detuvo un momento. Miró a Juhoon a los ojos, pidiendo un permiso silencioso que el menor otorgó abriendo las piernas un poco más, exponiendo su vulnerabilidad total a la luz de la lámpara.
—Estás tan empapado, pequeño —comentó James, su voz cargada de un asombro genuino—. Has estado sufriendo mucho tú solo, ¿verdad?
James deslizó dos dedos por debajo del encaje, encontrando finalmente la carne desnuda e hipersensible. El contacto directo fue como una explosión. Juhoon soltó un grito ahogado, su cabeza echándose hacia atrás contra la almohada mientras sus caderas daban un respingo involuntario.
—¡Ah! ¡Hyung! —exclamó, sus dedos enterrándose en los bíceps de James.
—Tranquilo, respira conmigo —le pidió James, comenzando a mover sus dedos con una lentitud tortuosa—. Está muy hinchado, Jju. Tu coño está reclamando atención.
James comenzó a explorar los pliegues húmedos, maravillado por la suavidad extrema de la anatomía de Juhoon. El lubricante natural facilitaba cada