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Shanks x zella

El Suspiro del Yonkou y el Banquete de las Burlas

La cubierta del Red Force solía ser el escenario de celebraciones ruidosas, duelos amistosos y planes estratégicos que ponían a temblar al Gobierno Mundial. Sin embargo, esa noche, el ambiente era... diferente. El aire no estaba cargado de tensión bélica, sino de una incredulidad colectiva que rozaba lo cómico.

En el centro de la cubierta, sentado sobre un barril de ron vacío y con la mirada perdida en la luna, Shanks, el Pelirrojo, soltó un suspiro tan largo y dramático que apagó la vela que Lucky Roux intentaba encender para asar un trozo de carne.

—Se acabó —sentenció Yasopp, bajando su jarra con un golpe seco—. Perdimos al capitán. El Haki de Observación se le ha ido directo al corazón y se ha quedado atascado ahí.

—¡Es que no lo entienden! —exclamó Shanks, girándose hacia sus hombres con una energía impropia de un Yonkou—. No era solo una mujer. Era... era como si el crepúsculo hubiera tomado forma humana y decidido caminar por la tierra para humillarnos a todos con su existencia.

Benn Beckman, apoyado contra el mástil principal, exhaló una densa nube de humo de su cigarrillo. Observaba a su capitán con una mezcla de lástima y diversión contenida.

—Shanks, la viste desde unos cien metros de distancia. Estás hablando como si hubieras pasado una década escribiéndole poemas —comentó el primer oficial, arqueando una ceja—. Solo sabemos que es morena y que tiene los ojos rojos.

—¡Y qué rojos, Benn! ¡Qué rojos! —Shanks empezó a gesticular con el brazo que le quedaba, trazando figuras en el aire—. Eran como dos rubíes bañados en el mejor vino de West Blue. No, mejor. Eran como el fuego de un hogar en una noche de invierno. Y su estatura... era perfecta. No tan alta como para intimidar, ni tan pequeña como para no ser notada. Yo diría que... unos 1.69 metros de pura elegancia.

—¿1.69? —Lucky Roux soltó una carcajada que hizo temblar su panza—. ¡Capitán, ni siquiera te acercaste con una cinta métrica! ¿Cómo puedes ser tan específico?

—Es el ojo de un pirata, Roux. Sé medir el valor de un tesoro a simple vista —respondió Shanks con una seriedad cómica, antes de volver a desplomarse sobre el barril—. Y sus curvas... por todos los mares, tenía una figura que haría que Boa Hancock se retirara por pura envidia. Era curvilínea, pero con una gracia que te hacía pensar en la nobleza antigua. Tenía las facciones de esa reina de las leyendas, Gelda, pero con un toque de... no sé, ¿peligro? ¿Misterio?

—Se llama Zella —recordó Yasopp, limpiando su lente con un trapo—. Lo escuchaste cuando ese tipo bajito y con cara de pocos amigos la llamó. Por cierto, jefe, ese sujeto daba miedo. No parecía un humano normal.

Shanks hizo un gesto de desdén con la mano.

—El suegro... sí, un detalle menor. Tenía un aura que decía "te cortaré en pedacitos si respiras cerca de mi hija", pero eso solo le añade emoción al asunto. ¿Se fijaron en cómo se movía? No caminaba, flotaba. Recogió una flor y juraría que la flor se sintió honrada de ser arrancada por ella.

—Estás mal, muy mal —dijo Roux, dándole un mordisco masivo a un muslo de pollo—. Estás enamorado de una desconocida que vive en una isla protegida por demonios, en un lugar que ni siquiera aparece en los mapas oficiales, y cuya familia probablemente nos use como aperitivo si volvemos a desembarcar.

—¡Exacto! —gritó Shanks, poniéndose de pie de un salto—. ¡Es el destino! ¿Cuántas probabilidades había de que termináramos en Liones? ¿Cuántas de que yo decidiera caminar justo por ese sendero? Ninguna. Esto es el "Destino Rojo".

—Yo lo llamaría "Obsesión Pelirroja" —murmuró Beckman, aunque en el fondo le divertía ver a su capitán tan animado por algo que no fuera el sake o Luffy.

Shanks comenzó a caminar de un lado a otro por la cubierta, ignorando las risitas de los tripulantes más jóvenes que se asomaban por las escotillas para ver el espectáculo.

—Lo peor de todo —continuó el Yonkou, deteniéndose en seco y agarrándose la cabeza— es que no sabía nada de ella. He navegado por el Grand Line durante décadas. Conozco a las princesas de Arabasta, a las guerreras de Amazon Lily, a las sirenas de la Isla Gyojin... ¡He estado en el barco de Roger! ¡He visto los secretos del mundo! ¿Y cómo es posible que una belleza así estuviera oculta en una isla de piedra? Me siento como un novato que acaba de salir al mar por primera vez.

—Bueno, técnicamente ella es de otro linaje —intervino Yasopp—. Si las historias son ciertas, esos tipos de Liones no son de este "mundo" tal como lo conocemos. Son restos de una era de mitos. Ella es literalmente una criatura de leyenda, Shanks.

—Eso solo la hace más perfecta —susurró Shanks con un suspiro soñador—. Una dama de leyenda para un pirata de leyenda. ¿No suena bien?

—Suena a que te van a dar una paliza si intentas invitarla a una cita —respondió Roux, ofreciéndole un trozo de carne a su capitán—. Toma, come algo. El hambre te está haciendo alucinar.

Shanks aceptó la carne de forma mecánica, pero no la mordió. Se quedó mirando el horizonte, donde la silueta de la isla ya se había perdido por completo bajo el manto de la noche.

—¿Creen que piense en mí? —preguntó de repente, con una vulnerabilidad que hizo que Beckman casi se atragantara con el humo.

—Capitán —dijo Beckman con paciencia de santo—, ella ni siquiera te vio. Estabas escondido detrás de un árbol como un adolescente asustado. Para ella, fuiste una rama rota o un conejo ruidoso.

—¡Oye! —protestó Shanks, ofendido—. Mi Haki de Observación es de primer nivel. Estoy seguro de que sintió mi... mi "presencia cálida". Ella misma lo dijo, sintió una mirada como el sol. ¡Eso soy yo! ¡Soy el sol!

—Eres un pelirrojo con demasiado tiempo libre —sentenció Yasopp, provocando una carcajada general en el barco.

—Ríanse, ríanse —dijo Shanks, recuperando su sonrisa pícara y guardando la carne en su bolsillo—. Pero les aseguro una cosa: esa mujer, Zella, con sus ojos carmesí y su elegancia de otro mundo, volverá a verme. Y la próxima vez, no habrá árboles de por medio.

—¿Y qué piensas hacer? —preguntó Roux—. ¿Ir a la puerta de su castillo y llamar al timbre? "Hola, soy uno de los cuatro piratas más peligrosos del mundo, ¿está Zella?".

Shanks se imaginó la escena por un momento. Visualizó al tipo bajito y serio, Zeldris, abriendo la puerta con una espada negra en la mano y una expresión que prometía mil años de tortura. Luego visualizó a Zella apareciendo por detrás, con su cabello negro azabache brillando bajo las antorchas y esos ojos rojos mirándolo con curiosidad.

—Vale la pena el riesgo —concluyó Shanks con una carcajada—. ¡Traigan más sake! ¡Esta noche brindamos por la mujer más hermosa del Nuevo Mundo y por el hombre que va a conquistarla, aunque tenga que pelear contra todo el clan de los demonios!

—¡Salud por la locura del capitán! —gritaron los piratas, contagiados finalmente por el entusiasmo absurdo de su líder.

Mientras la fiesta comenzaba a cobrar fuerza, Benn Beckman se quedó observando a Shanks. El pelirrojo estaba ahora recreando, con lujo de detalles y mucha exageración, cómo Zella se había apartado un mechón de pelo de la cara.

—Realmente le ha dado fuerte —comentó Yasopp, acercándose a Benn.

—Hacía mucho que no lo veía así —admitió el primer oficial—. Está bien. Este mar es demasiado serio a veces. Si una misteriosa dama de ojos rojos puede hacer que Shanks se olvide de los problemas del Gobierno Mundial por un rato, entonces bendita sea ella.

—Aunque sigo pensando que 1.69 es una estimación muy arriesgada —rió el tirador.

—Con Shanks, nunca se sabe. A lo mejor hasta acertó.

En la proa del Red Force, el viento soplaba con fuerza, llevando consigo el eco de las risas y la música de los piratas. Shanks, con una jarra de sake en la mano, miró hacia las estrellas y murmuró un nombre que ya no se le escaparía del alma.

—Zella... prepárate. Porque el Pelirrojo no se rinde ante nada, ni siquiera ante el destino.

Y así, mientras el barco navegaba hacia su próximo destino, el corazón de Shanks permanecía anclado en aquella isla de sombras, donde una joven de ojos rojos había cambiado el rumbo de su vida sin siquiera saber que un pirata la observaba desde la distancia. La leyenda del Yonkou y la Hija del Demonio apenas estaba comenzando, y aunque el camino estuviera lleno de obstáculos y suegros sobreprotectores, Shanks nunca se había sentido tan vivo.