Volver al resumen

Slime x Rp Samuraí

El Velo de la Sombra y el Reflejo del Agua

La calma en la Finca Shiba siempre era engañosa. Rimuru lo sabía bien; en su mundo, los momentos de paz solían ser el preludio de una invasión de ángeles o un complot de los Siete Luminares. Sin embargo, aquí, en este mundo de samuráis y símbolos, la tensión tenía un sabor diferente. Era una presión constante, como un arco tensado al máximo que nunca llegaba a disparar.

Esa tarde, Rimuru se encontraba en el tejado de la mansión, observando cómo Jayden entrenaba solo en el patio. Los demás Rangers habían ido a la ciudad a por suministros, pero Jayden se negaba a descansar. Sus movimientos con la *Spin Sword* eran una danza de fuego y acero, pero Rimuru podía ver, gracias a la visión analítica de Raphael, que sus músculos estaban al borde del colapso por fatiga.

— Informe: Los niveles de cortisol del sujeto Jayden Shiba han aumentado un 15% en las últimas dos horas —resonó la voz de la Gran Sabia en su mente—. Se recomienda intervención para evitar lesiones en los tejidos musculares.

— Siempre tan eficiente, Raphael —murmuró Rimuru para sí misma—. Supongo que es hora de ser una mala influencia.

Rimuru saltó desde el tejado, cayendo con la ligereza de una pluma justo en el centro del patio, bloqueando el camino de Jayden. El Red Ranger se detuvo en seco, su espada a escasos centímetros del cuello de Rimuru. Ella ni siquiera parpadeó; simplemente le dedicó una sonrisa traviesa.

— Sabes que si me cortas, solo me dividiré en dos Slimes más pequeños, ¿verdad? —dijo ella, ladeando la cabeza—. Y créeme, uno de mí ya es suficiente para el Mentor Ji.

Jayden suspiró, bajando el arma y envainándola con un movimiento fluido. Se pasó una mano por el cabello empapado de sudor, tratando de recuperar el aliento.

— Rimuru. No deberías aparecerte así. Podría haber sido un reflejo.

— Tus reflejos son excelentes, Jayden, pero tu juicio está nublado por el cansancio —Rimuru caminó hacia él y, con un gesto de la mano, hizo aparecer un cuenco de agua helada y una toalla limpia—. Descansa. Es una orden de tu asesora estratégica.

Jayden la miró con intensidad. Había algo en la presencia de Rimuru que lo obligaba a bajar la guardia. No era solo su poder, que era inmenso, sino esa calma absoluta que parecía absorber todo el caos a su alrededor. Aceptó el agua y bebió con avidez.

— No puedo permitirme el lujo de descansar —dijo Jayden, sentándose en el borde del porche—. Xandred está buscando una forma de entrar. Lo que pasó en el parque... él te quiere a ti, Rimuru. Si te usa para abrir la brecha, no podré detenerlo solo.

— No estás solo —respondió Rimuru, sentándose a su lado y balanceando las piernas—. Tienes a los otros Rangers. Y me tienes a mí. Además, Raphael ya está trabajando en un contra-símbolo basado en mi propia energía. Si intentan usarme como llave, les daré una descarga que hará que el río Sanzu se evapore.

Jayden soltó una pequeña risa, una de esas raras muestras de emoción que solo Rimuru lograba arrancarle.

— A veces olvido que eres una de las criaturas más poderosas que he conocido. Pareces tan... normal.

— Soy una Slime de gustos sencillos —rio ella—. Un poco de té, un buen lugar para dormir y amigos que no se tomen el mundo tan en serio. Por cierto, Jayden... ¿alguna vez has pensado en lo que harás cuando esto termine?

El rostro de Jayden se ensombreció. Miró hacia el bosque que rodeaba la finca, donde las sombras empezaban a alargarse con el atardecer.

— Mi familia ha luchado contra los Nighloks durante generaciones. No hay un "después" para un Shiba. Solo hay el deber.

— Eso es muy triste —dijo Rimuru en voz baja—. En mi mundo, construí una nación para que todos pudieran tener un "después". Incluso los monstruos más feroces tienen sueños, Jayden. Tú también deberías tener uno.

Antes de que Jayden pudiera responder, el aire del patio se volvió gélido. No era el frío del invierno, sino una frialdad espiritual que Rimuru reconoció al instante. El Mentor Ji salió de la casa, su abanico cerrado y su rostro lívido.

— ¡Jayden! ¡La protección de la finca ha sido comprometida! —exclamó el Mentor—. No es una brecha normal. ¡Es una infiltración de sombras!

De las baldosas del patio, las sombras de los árboles empezaron a despegarse del suelo, tomando formas humanoides y alargadas. No eran moogers comunes; eran guerreros de sombra, silenciosos y letales, enviados directamente por Xandred.

— ¡Samuraizer! ¡Símbolo de Fuego! —gritó Jayden, transformándose en un estallido de luz roja.

Rimuru se puso de pie, sus ojos dorados brillando con una luz peligrosa.

— Raphael, análisis —ordenó mentalmente.

— Informe: Estas entidades son proyecciones de energía del río Sanzu vinculadas directamente a la voluntad del Maestro Xandred. No poseen cuerpo físico, sino que se anclan a la luz ambiental. Se recomienda el uso de ataques de área de amplio espectro.

— Entendido. Vamos a limpiar el patio —dijo Rimuru.

Jayden se lanzó al combate, su espada de fuego cortando las sombras, pero cada vez que destruía una, esta se reformaba a partir de la sombra del propio Jayden. Era una lucha frustrante y agotadora.

— ¡No mueren! —gritó Jayden, bloqueando un tajo de una espada de oscuridad—. ¡Se alimentan de mi propio poder!

— ¡Porque estás luchando contra tu propio reflejo, Jayden! —le gritó Rimuru—. ¡Déjame mostrarte cómo se hace!

Rimuru extendió ambos brazos hacia los lados.

— *Llamarada Negra* —susurró.

En lugar del fuego rojo de Jayden, unas llamas oscuras pero brillantes surgieron de las manos de Rimuru, extendiéndose por todo el patio. Las llamas de Rimuru no quemaban la madera ni la piel, pero consumían la energía negativa de las sombras con una voracidad aterradora. Los guerreros de sombra emitieron alaridos silenciosos mientras eran desintegrados por el fuego mágico.

Sin embargo, en medio del caos, una sombra mucho más densa y poderosa surgió detrás de Jayden. Tenía la forma de una mujer con un laúd: una proyección de Dayu.

— El Red Ranger es débil —siseó la proyección—. Se preocupa por una criatura que no pertenece a este mundo. Maestro Xandred tiene razón... ella es la debilidad que necesitábamos.

La sombra de Dayu lanzó una onda de sonido discordante que aturdió a Jayden, haciéndolo caer de rodillas. Antes de que Rimuru pudiera reaccionar, la sombra se abalanzó sobre ella, no para atacarla, sino para envolverla.

— ¡Rimuru! —gritó Jayden, extendiendo la mano.

Rimuru sintió cómo la oscuridad del Sanzu intentaba penetrar en su núcleo. Era una sensación viscosa, llena de odio y resentimiento milenario. Pero dentro de ella, Raphael era un bastión inexpugnable.

— Aviso: Intento de intrusión espiritual detectado. Activando *Barrera de Aislamiento* y *Consumo Espiritual*. ¿Desea ejecutar el contraataque?

— No todavía —pensó Rimuru—. Quiero ver a dónde lleva esto.

La oscuridad envolvió a Rimuru por completo, formando un capullo de sombras en el centro del patio. Jayden, desesperado, golpeó el capullo con su espada, pero el fuego solo parecía alimentar la barrera.

— ¡Suéltala! —rugió Jayden, su voz llena de una angustia que nunca antes había mostrado—. ¡Dayu, detente!

— Ella ya no te escucha, Samurái —dijo la voz de Xandred, resonando desde el capullo—. Ella es ahora parte del río. Su poder es mío.

Dentro del capullo, Rimuru estaba perfectamente tranquila. Estaba observando los hilos de energía que conectaban esa sombra con el barco de Xandred en el río Sanzu. Era un mapa perfecto.

— Lo tengo, Raphael. Corta la conexión.

— Entendido. Ejecutando *Corte Dimensional*.

Desde fuera, Jayden vio cómo el capullo de sombras empezaba a brillar con una luz azulada. De repente, una explosión de energía pura barrió todo el patio, disolviendo las sombras restantes y lanzando a la proyección de Dayu por los aires hasta que se desvaneció en la nada.

Rimuru estaba allí, de pie en el centro de un cráter perfecto, con su túnica impecable y una expresión de aburrimiento juguetón.

— Realmente, Xandred necesita mejores trucos —dijo ella, sacudiéndose el polvo—. Intentar devorar a un devorador es una estrategia muy pobre.

Jayden corrió hacia ella, deshaciendo su transformación a mitad de camino. La tomó por los hombros, buscado cualquier signo de daño en su rostro.

— ¿Estás bien? Te envolvió... pensé que te habían llevado.

Rimuru se sorprendió por la fuerza del agarre de Jayden y por la mirada de terror genuino en sus ojos. El serio y contenido líder del clan Shiba estaba temblando ligeramente.

— Estoy bien, Jayden. De verdad. Soy un poco difícil de secuestrar —dijo ella, suavizando su tono y poniendo una mano sobre la de él—. Pero gracias por preocuparte.

Jayden se dio cuenta de su posición y soltó sus hombros, retrocediendo un paso y aclarándose la garganta, aunque sus mejillas estaban ligeramente encendidas.

— Es... es mi deber proteger a los aliados de la finca —dijo, recuperando su máscara de formalidad, aunque su voz aún flaqueaba.

— Claro, "tu deber" —rio Rimuru, aunque esta vez no fue una risa burlona, sino una llena de afecto—. Sabes, Jayden, por un momento sentí tu energía cuando estaba dentro de esa sombra. Estabas realmente asustado. No por el mundo, sino por mí.

Jayden no respondió de inmediato. Miró hacia el suelo, donde los restos de la batalla desaparecían.

— No puedo perder a nadie más, Rimuru. Y tú... tú has traído algo a esta casa que no sabía que nos faltaba. Esperanza. Si te pasara algo por mi culpa, no podría perdonarme.

Rimuru caminó hacia él y, por primera vez, acortó la distancia física de una manera que no era de combate. Se puso de puntillas y le dio un rápido y suave beso en la mejilla. Fue un gesto fugaz, pero el impacto en Jayden fue mayor que cualquier ataque de un Nighlok.

— Entonces asegúrate de seguir entrenando —dijo ella, guiñándole un ojo—. Porque la próxima vez que Xandred envíe sombras, quiero que seas tú quien las corte antes de que se acerquen.

El Mentor Ji, que había estado observando desde la distancia, carraspeó ruidosamente, ocultando una sonrisa detrás de su abanico.

— Si los jóvenes han terminado con sus demostraciones de afecto y magia prohibida, los demás Rangers han regresado y traen noticias de la ciudad. Parece que el ataque al parque no fue el único.

Jayden asintió, recuperando su compostura de líder, aunque la marca del beso de Rimuru parecía arderle en la piel.

— Vamos —dijo Jayden—. Tenemos trabajo que hacer.

Mientras entraban en la casa, Rimuru miró hacia el cielo nocturno. Sabía que Xandred no se rendiría, y que el choque entre su magia y el poder de los símbolos apenas estaba escalando. Pero mientras caminaba al lado de Jayden, sintiendo cómo el Red Ranger caminaba un poco más cerca de ella de lo habitual, Rimuru se sintió extrañamente en casa.

— ¿Raphael? —preguntó mentalmente.

— ¿Sí, Rimuru-sama?

— Analiza la probabilidad de que Jayden me invite a cenar algún día sin que haya un ataque de monstruos de por medio.

— Calculando... Probabilidad actual: 34%. Sin embargo, si continúas con las "intervenciones físicas", la probabilidad aumenta al 82% en las próximas dos semanas.

— Je. Me gustan esas probabilidades.

La noche cayó sobre la Finca Shiba, y aunque las sombras del río Sanzu acechaban en cada esquina, la luz plateada de la Slime y el fuego del Samurái brillaban con una intensidad que ningún Nighlok podría apagar jamás. La guerra continuaba, pero por primera vez en siglos, el líder del clan Shiba no caminaba solo hacia la batalla. Tenía a su lado a una reina de otro mundo, y juntos, estaban a punto de reescribir el destino de ambos universos.