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Slime x Rp Samuraí

El Símbolo del Vacío y el Latido del Bosque

La mañana siguiente en la Finca Shiba comenzó con una quietud casi mística. Rimuru se encontraba en medio del dojo, con las piernas cruzadas y flotando a unos pocos centímetros del suelo. A su alrededor, pequeños fragmentos de papel con caligrafía japonesa revoloteaban como mariposas atrapadas en un tornado invisible.

— Informe: El "Poder del Símbolo" no es simplemente energía mágica —explicó la voz serena de Raphael en su mente—. Es una manifestación de la voluntad del usuario que interactúa con las leyes fundamentales de este plano. Para replicarlo, el individuo debe armonizar su flujo de partículas mágicas con el concepto abstracto del kanji elegido.

— Ya veo —murmuró Rimuru, abriendo un ojo—. Así que no es solo dibujar el símbolo, es "ser" el símbolo. Jayden lo hace ver tan fácil porque su voluntad es como un bloque de acero.

En ese momento, la puerta corredera se abrió. Jayden entró, ya vestido con su ropa de entrenamiento negra y roja. Se detuvo al ver a Rimuru flotando, rodeada de papeles que brillaban con una tenue luz azul.

— Mentor Ji me dijo que estabas intentando aprender el arte de los símbolos por tu cuenta —dijo Jayden, cruzándose de brazos—. Es un proceso que a nosotros nos toma años de meditación y práctica física. No es algo que se pueda improvisar de la noche a la mañana.

Antes de que terminara la frase, Rimuru extendió un dedo. Con un movimiento rápido y fluido, dibujó en el aire el kanji de "Agua". Pero no era un símbolo normal; el trazo brillaba con un resplandor plateado y, en lugar de invocar un chorro de agua como lo haría Kevin, el aire mismo alrededor del símbolo se volvió denso y refrescante, como la bruma de una cascada en el bosque de Jura.

Jayden se quedó sin palabras. Se acercó al símbolo, extendiendo una mano para tocar la energía.

— Es... diferente —susurró él—. No se siente como el poder de un Ranger. Se siente como si el mundo mismo estuviera respondiendo a tu llamada.

— Es porque no estoy usando vuestra fuente de energía —explicó Rimuru, descendiendo suavemente hasta tocar el suelo—. Estoy usando mi propia energía mágica para imitar la estructura de vuestros símbolos. Raphael dice que es como traducir un libro de un idioma a otro. El significado es el mismo, pero el sonido cambia.

Jayden la miró con una mezcla de asombro y algo que no lograba identificar. Era una especie de alivio. Siempre había sentido que el peso de los símbolos era una carga solitaria, una responsabilidad que solo los del linaje Shiba podían comprender realmente. Ver a Rimuru manipular esa fuerza con tanta naturalidad le hacía sentir que, quizás, las reglas que lo encadenaban no eran tan absolutas.

— ¿Puedes enseñarme? —preguntó Jayden de repente.

Rimuru parpadeó, sorprendida por la petición del serio líder.

— ¿Yo? ¿Enseñarte a ti? Pero si tú eres el maestro aquí, Jayden.

— Tú ves cosas que yo no veo —insistió él, dando un paso hacia ella—. Ves la energía detrás del símbolo, no solo el deber de usarlo. Llevo toda la vida aprendiendo a controlar el fuego para que no me consuma. Quizás... si aprendo a verlo como tú, como algo que fluye, el peso sea menor.

Rimuru sonrió de esa forma juguetona que siempre logaba desarmar la seriedad del Red Ranger. Se acercó a él y, sin pedir permiso, le tomó la mano derecha. La piel de Jayden estaba callosa por el uso constante de la espada, pero la de Rimuru era suave y fría, casi como la seda.

— Está bien, Samurái. Pero te advierto que mi método es un poco... poco convencional. Cierra los ojos.

Jayden obedeció. Sintió que la mano de Rimuru guiaba la suya en el aire, trazando líneas invisibles.

— No pienses en el fuego como un arma —susurró ella cerca de su oído—. Piensa en él como el calor de un hogar, como el sol que hace crecer los árboles. El fuego no solo destruye, también transforma. Siente el latido de la energía en tu centro y deja que se mueva hacia tu mano, pero no la empujes. Deja que te guíe ella a ti.

Jayden respiró hondo. Por un momento, el ruido de sus propias dudas —el miedo a fallar, el recuerdo de su padre, la presión de Xandred— se desvaneció. Solo existía el contacto de la mano de Rimuru y la calidez que empezaba a brotar en su palma. Cuando abrió los ojos, frente a él flotaba el símbolo de "Fuego", pero no era el rojo agresivo de siempre. Era un naranja vibrante, cálido y constante, que no quemaba, sino que iluminaba la habitación.

— Lo lograste —dijo Rimuru, soltando su mano—. Esa es tu verdadera esencia, Jayden. Un fuego que protege, no uno que solo consume.

Jayden observó el símbolo hasta que este se desvaneció. Se sentía más ligero, como si hubiera soltado una armadura que no sabía que llevaba puesta.

— Gracias, Rimuru. Yo... nunca lo había sentido así.

El momento fue interrumpido por el sonido estridente de la alarma de la brecha. El Mentor Ji entró apresuradamente al dojo, con su abanico cerrado y el rostro tenso.

— ¡Jayden! ¡La actividad en el río Sanzu se ha disparado! No es un ataque normal. Algo está intentando desgarrar la realidad en el distrito del parque central.

— ¡Rangers, reúnanse! —gritó Jayden, recuperando su tono de mando, aunque esta vez sus ojos buscaron fugazmente los de Rimuru antes de salir corriendo.

— Esperadme —dijo Rimuru, ajustándose su túnica—. Raphael dice que la firma de energía es inestable. Esto huele a trampa.

Cuando llegaron al parque, la escena era dantesca. El cielo se había teñido de un color púrpura enfermizo y grietas rojizas se abrían en el pavimento, dejando escapar un vapor denso que olía a agua estancada y desesperación. En el centro de la perturbación no había moogers comunes, sino una figura que Rimuru reconoció por las descripciones del Mentor: Octoroo, el brazo derecho de Xandred, rodeado por una guardia de élite de Nighloks.

— ¡Ooh-ah-ooh! ¡Aquí está la anomalía! —chilló Octoroo, señalando a Rimuru con su bastón—. ¡El Maestro Xandred quiere tu esencia, pequeña niña plateada! Con tu poder, el río Sanzu no necesitará lágrimas humanas para desbordarse. ¡Se alimentará de tu magia!

— ¿Mi esencia? —Rimuru dio un paso al frente, cruzándose de brazos—. Me temo que soy un poco difícil de digerir. Raphael, análisis de la zona.

— Aviso: La distorsión espacial está siendo mantenida por tres anclas de energía negativa enterradas bajo el suelo —informó la Gran Sabia—. Si no se destruyen, la brecha se volverá permanente en quince minutos.

— Chicos, tenemos un problema —dijo Rimuru a los Rangers mientras estos sacaban sus Samuraizers—. Esas grietas no son solo portales, son raíces. Si no cortamos la fuente, este lugar se convertirá en una extensión del río Sanzu para siempre.

— ¡Nosotros nos encargaremos de los Nighloks! —exclamó Kevin, liderando al grupo—. ¡Jayden, tú y Rimuru id tras las fuentes de energía!

— ¡Entendido! —Jayden se volvió hacia Rimuru—. ¿Cómo las encontramos?

— Sígueme. Puedo sentir su "hedor" mágico.

Mientras los demás Rangers se enzarzaban en una batalla feroz contra la guardia de Octoroo, Jayden y Rimuru se abrieron paso hacia el corazón de la distorsión. Los Nighloks de élite eran más rápidos, pero Jayden se movía con una fluidez nueva. Sus ataques eran precisos, y la energía de su símbolo de fuego parecía resonar con una pureza que cortaba la defensa de los enemigos como si fueran de papel.

— ¡Allí! —señaló Rimuru hacia una estatua en el centro del parque que estaba siendo envuelta por tentáculos de energía oscura.

De repente, una figura descendió del cielo con un estruendo. Era un Nighlok de armadura pesada, portando una maza que parecía hecha de obsidiana. Su sola presencia hacía que el aire vibrara con malicia.

— Soy Gorthak, el Guardián del Abismo —rugió la criatura—. Nadie pasa de aquí.

— Yo me encargo de él —dijo Jayden, preparándose—. Rimuru, destruye el ancla.

— Jayden, este tipo es diferente —advirtió Rimuru, entrecerrando los ojos—. Su armadura está encantada para absorber ataques de fuego convencionales.

— Entonces no usaré fuego convencional —respondió Jayden con una confianza que sorprendió a Rimuru—. Usaré lo que me enseñaste hoy.

Jayden se lanzó al ataque. Gorthak rugió y descargó su maza, rompiendo el suelo, pero Jayden no retrocedió. En lugar de eso, giró sobre su propio eje y, en lugar de un ataque frontal, dibujó un símbolo en el aire con su espada mientras se movía. No era el símbolo de fuego explosivo, sino una versión que Rimuru reconoció como una adaptación de su técnica de flujo.

— ¡Símbolo de la Llama Danzante! —exclamó Jayden.

El fuego que brotó de su espada no fue una explosión sorda, sino una espiral de calor blanco que envolvió la maza del Nighlok, no para golpearla, sino para fundir sus articulaciones. Gorthak se quedó paralizado por un segundo, confundido por la falta de impacto físico.

Rimuru no perdió el tiempo. Saltó hacia la estatua, su mano brillando con una luz azul platino que eclipsaba la oscuridad circundante.

— Predador: Forma de Disolución —susurró.

En lugar de consumir el ancla físicamente, Rimuru extendió su propia red de energía mágica, infiltrándose en la estructura del símbolo negativo de los Nighloks. En su mente, Raphael trabajaba a una velocidad de milisegundos, desmantelando el código de la brecha.

— Descompilando secuencia de energía negativa... Reemplazando con partículas de maná puro... Proceso completado al cien por cien.

Con un estallido de luz blanca, el ancla explotó, pero no en una onda de destrucción, sino en una lluvia de pétalos de luz que purificaron el aire a su alrededor. La brecha empezó a cerrarse visiblemente y el cielo púrpura comenzó a retroceder.

Gorthak, viendo que su misión fallaba, intentó un último ataque desesperado contra Rimuru, pero Jayden se interpuso. Su espada brillaba con una intensidad que rivalizaba con el sol.

— ¡Se acabó! —Jayden trazó un arco perfecto—. ¡Corte del Sol Poniente!

El Nighlok fue cortado de hombro a cadera por una línea de fuego purificador y desapareció en una nube de ceniza negra antes de que pudiera siquiera intentar regenerarse.

Octoroo, viendo que la situación se había vuelto en su contra, soltó un chillido de indignación.

— ¡Ooh-ah-ooh! ¡Esto no quedará así! ¡Habéis hecho trampa! ¡Esa mujer es un demonio! —Con un movimiento de sus tentáculos, se desvaneció en una grieta que se cerraba rápidamente.

El silencio volvió al parque. Los demás Rangers, jadeando pero ilesos, se acercaron a Jayden y Rimuru. El cielo recuperó su color azul y el olor a azufre fue reemplazado por el aroma de la hierba recién cortada.

— Eso fue... increíble —dijo Emily, guardando su flauta—. Nunca habíamos cerrado una brecha así de rápido.

— Fue gracias a Rimuru —dijo Jayden, quitándose el casco. Su rostro estaba sudado y cansado, pero por primera vez, sus ojos estaban llenos de una paz genuina—. Ella me enseñó que el poder no es solo una herramienta de guerra. Es una parte de nosotros.

Rimuru, que había vuelto a su postura relajada y juguetona, se acercó a Jayden y le dio un pequeño golpe amistoso en el hombro.

— Lo hiciste bien, Samurái. Te dije que fluir era mejor que ser de piedra.

— Aún tengo mucho que aprender —admitió él, mirándola fijamente, ignorando por un momento a sus compañeros que los observaban con curiosidad.

— Bueno, tenemos tiempo —Rimuru sonrió y luego miró a los demás Rangers—. ¿Quién tiene hambre? Porque después de tanta purificación, mi estómago de slime exige algo de ramen. ¡Y esta vez invito yo! O bueno... invitará Jayden, que yo todavía no tengo dinero de este mundo.

Los Rangers soltaron una carcajada colectiva, y Jayden no pudo evitar unirse a ellos, una risa corta pero sincera que dejó a Kevin y a Mike paralizados de la impresión.

Mientras caminaban de regreso a la finca, Jayden sintió que la pequeña esfera de luz que Rimuru le había dado el día anterior palpitaba en su bolsillo, cerca de su corazón. No era solo la magia de ella lo que sentía, sino una conexión que trascendía los símbolos y las dimensiones.

Sin embargo, en la oscuridad del Sanzu, el Maestro Xandred no estaba furioso. Estaba fascinado. Había visto a través de los ojos de Octoroo cómo Rimuru no solo destruyó el ancla, sino que transformó la energía negativa en luz pura.

— Esa mujer... no es solo un aliado para los Rangers —murmuró Xandred, bebiendo de su jarra de sake mientras el barco se mecía en las aguas rojas—. Es una fuente de creación. Si logro capturarla, no solo inundaré este mundo... lo reconstruiré a mi imagen. Prepara a los moogers de sombra, Octoroo. La próxima vez, no iremos por el Samurái. Iremos por el corazón de la slime.

Ajena a los planes del villano, Rimuru caminaba junto a Jayden, contándole historias exageradas sobre un dragón llamado Veldora que solía quejarse de los mismos problemas de seriedad que él. Por un momento, la guerra parecía algo lejano, y mientras miraba de reojo a Jayden, Rimuru decidió que proteger este lugar valdría cualquier esfuerzo.