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Slime x Rp Samuraí

El Símbolo del Destino y el Filo de la Eternidad

La marca en el brazo de Rimuru, que antes brillaba con un tono púrpura enfermizo, ahora parecía una simple cicatriz plateada bajo la luz del sol matutino. Gracias a la intervención de Raphael, lo que pretendía ser un grillete se había convertido en una curiosidad analizada y contenida. Sin embargo, para Jayden Shiba, esa marca era un recordatorio constante de que el peligro no solo acechaba en las grietas de la ciudad, sino que había vulnerado la seguridad de su propio hogar.

Esa mañana, el entrenamiento en el patio de la Finca Shiba era más intenso de lo habitual. Kevin, Mike, Emily y Mia se movían al ritmo de las órdenes de Jayden, cuyas instrucciones eran más cortantes y precisas que nunca. Rimuru observaba desde el porche, sentada con las piernas cruzadas y sosteniendo una taza de té verde que el Mentor Ji le había preparado con una mirada de profunda preocupación.

— Informe: La eficiencia de combate de los Rangers ha aumentado un 8%, pero sus niveles de fatiga están alcanzando el umbral crítico —comentó la voz de Raphael en la mente de Rimuru—. El sujeto Jayden Shiba está proyectando su ansiedad en el régimen de entrenamiento.

— Lo sé, Raphael. Está asustado por lo de ayer —pensó Rimuru, dejando la taza a un lado—. Cree que si no son lo suficientemente fuertes, Xandred me atrapará. Es un tipo noble, pero a veces su nobleza es un poco sofocante.

Rimuru se puso en pie y saltó hacia el centro del patio, aterrizando justo entre Jayden y Kevin mientras cruzaban sus espadas de madera. El impacto de su aterrizaje creó una onda de aire suave que obligó a los Rangers a retroceder.

— ¡Basta por hoy! —exclamó Rimuru con una sonrisa brillante pero firme—. Si seguís así, vais a estar demasiado cansados para luchar contra un Mooger, y mucho menos contra un Nighlok de élite.

— Rimuru, aparta —dijo Jayden, aunque bajó su espada. Su rostro estaba perlado de sudor y sus ojos reflejaban una determinación casi febril—. Después de lo que pasó ayer, no podemos permitirnos ni un segundo de debilidad. Xandred sabe dónde estás.

— Y yo sé dónde está él, más o menos —respondió Rimuru, caminando hacia él y quitándole la espada de madera de las manos con una facilidad pasmosa—. Jayden, mírame. No soy una damisela en apuros. Soy un Slime, un Señor de los Demonios en mi mundo, y tengo a la mejor computadora biológica del multiverso en mi cabeza. Lo de ayer fue un error de cálculo, no una derrota.

Jayden suspiró, dejando caer los hombros. Los demás Rangers aprovecharon el momento para sentarse en la hierba, jadeando y agradeciendo internamente la intervención de la joven de cabello platino.

— No es solo eso —admitió Jayden en voz baja, para que solo ella lo oyera—. Es que... cuando te vi envuelta en esa oscuridad, sentí que el Símbolo de Fuego no era suficiente. Por primera vez en mi vida, el poder de mi linaje me pareció pequeño.

Rimuru suavizó su expresión. Entendía ese sentimiento; ella misma lo había sentido cuando perdió a amigos queridos antes de su ascensión. Puso una mano en el pecho de Jayden, justo sobre donde latía su corazón y donde la esfera de energía que ella le había dado residía en secreto.

— El poder no es algo que solo heredas, Jayden. Es algo que construyes con los que están a tu lado —dijo ella—. ¿Quieres ser más fuerte? Entonces deja de luchar como un Shiba solitario y empieza a luchar como parte de algo más grande. Incluso conmigo.

— ¿A qué te refieres? —preguntó él, intrigado por la intensidad de su mirada dorada.

— Raphael —llamó Rimuru—. ¿Es posible?

— Respuesta: Es posible sincronizar la energía mágica del usuario con el Sistema de Símbolos de Poder de los Rangers mediante una interfaz de partículas de maná. Esto permitiría la creación de un "Sello de Alianza". Probabilidad de éxito: 94%.

Rimuru sonrió de par en par.

— Chicos, reuníos —llamó a los demás—. Vamos a intentar algo que el Mentor Ji probablemente llamaría sacrilegio, pero que yo llamo "optimización de recursos".

Los Rangers se acercaron, curiosos. Rimuru les pidió que formaran un círculo y que Jayden se colocara en el centro con ella.

— Jayden, invoca tu Símbolo de Fuego, pero no lo lances. Solo mantenlo flotando entre nosotros —instruyó Rimuru.

Jayden obedeció, dibujando el kanji en el aire con sus dedos. El símbolo rojo vibró con calor. Rimuru, por su parte, extendió su mano y comenzó a trazar un círculo rúnico de su propio mundo, una geometría compleja de luz azul que empezó a entrelazarse con el fuego del samurái.

— ¡Rimuru! ¿Qué estás haciendo? —preguntó Kevin, con los ojos como platos.

— Estoy creando un puente —explicó ella, concentrada—. Si Xandred quiere usar mi energía como llave, vamos a cambiar la cerradura. Desde ahora, mi magia y vuestros símbolos estarán resonando en la misma frecuencia. Si uno de nosotros es atacado, los demás lo sentirán. Y si uno necesita poder, podrá tomar prestado un poco del mío.

El patio se iluminó con un resplandor cegador. Jayden sintió una oleada de calma absoluta recorriendo sus venas, enfriando el fuego abrasador de su responsabilidad y convirtiéndolo en una llama constante y reconfortante. El símbolo de fuego se volvió dorado por un instante antes de integrarse en el círculo rúnico y desaparecer en el pecho de todos los presentes.

— Increíble... —susurró Emily, mirando sus manos—. Me siento... ligera. Como si el bosque entero estuviera respirando conmigo.

— Se llama armonización —dijo Rimuru, secándose una gota de sudor inexistente—. Ahora, Xandred tendrá que luchar contra todos nosotros como una sola entidad.

La paz del momento se rompió cuando el Samuraizer de Jayden empezó a emitir su señal de alerta. Pero esta vez, no fue solo un sonido. Todos los Rangers sintieron una punzada en la nuca, una dirección clara grabada en sus mentes.

— El muelle... —dijo Jayden, sorprendido—. Puedo sentirlo. Es un ataque masivo.

— Es la conexión —asintió Rimuru—. Vamos. Es hora de probar el juguete nuevo.

Cuando llegaron al puerto, el panorama era sombrío. Octoroo no estaba solo; lo acompañaba una figura masiva, un Nighlok llamado Malakador, cuya armadura parecía estar hecha de cascos de barcos hundidos. Cientos de Moogers rodeaban la zona, pero no estaban atacando a los civiles. Estaban vertiendo cubos de agua del río Sanzu directamente en el océano, creando un vórtice de corrupción.

— ¡Ooh-ah-ooh! ¡Llegáis justo a tiempo para el bautismo! —chilló Octoroo—. ¡Maestro Xandred se cansó de esperar! Si no vienes por las buenas, plateada, convertiremos este puerto en una sucursal del infierno.

— No lo creo —dijo Jayden, dando un paso al frente con una confianza renovada—. ¡Rangers, listos!

— ¡Samurái para siempre! —gritaron al unísono.

La transformación fue diferente esta vez. El destello de luz no fue solo de los colores individuales, sino que hilos de energía azul platino se tejieron entre ellos durante el proceso. Jayden, en su armadura roja, sentía que su espada pesaba menos y que sus sentidos estaban agudizados al extremo.

— ¡Moogers, al ataque! —ordenó Malakador.

La horda se lanzó sobre ellos. Mike y Kevin se movieron como un torbellino. Mike, usando su símbolo de bosque, no solo invocó plantas, sino que estas ahora brillaban con una energía mágica que las hacía tan duras como el acero, atrapando a los Moogers en una red de espinas indestructibles.

— ¡Esto es asombroso! —gritó Mike mientras derribaba a cinco enemigos de un solo tajo—. ¡Siento que tengo energía para luchar durante una semana!

Rimuru, que no se había transformado pero cuya aura era visible, se movía entre los enemigos como un fantasma. Usaba sus habilidades de mimetismo para crear cuchillas de agua que cortaban las armaduras de los Moogers como si fueran papel.

— ¡Tú! —rugió Malakador, dirigiéndose hacia Rimuru—. ¡El Maestro te quiere viva, pero no dijo nada sobre tus piernas!

El Nighlok lanzó un ancla gigantesca atada a una cadena de energía oscura. Rimuru se quedó quieta, esperando el impacto.

— ¡Rimuru! —gritó Jayden, pero no fue un grito de pánico, sino de coordinación.

Gracias al vínculo, Jayden supo exactamente lo que Rimuru planeaba. Se lanzó hacia ella, pero no para empujarla, sino para usarla como apoyo. Rimuru le tomó la mano, lo hizo girar en el aire y le transfirió una carga masiva de energía mágica directamente a su *Spin Sword*.

— ¡Corte de Fuego Astral! —exclamó Jayden.

La hoja de su espada se alargó con una llama azulada que cortó la cadena del Nighlok como si fuera mantequilla. Jayden aterrizó suavemente al lado de Rimuru, espalda contra espalda.

— Buena combinación —dijo ella, divertida.

— Apenas estamos empezando —respondió él tras el casco.

Malakador, furioso, empezó a absorber el agua del Sanzu que los Moogers habían vertido en el mar, creciendo en tamaño y poder. Su armadura se volvió incandescente y una neblina tóxica empezó a cubrir el muelle.

— ¡Vais a morir ahogados en vuestra propia esperanza! —bramó el monstruo.

— Raphael, análisis de debilidad —ordenó Rimuru.

— Informe: El núcleo del enemigo es inestable debido a la absorción rápida de energía externa. Un ataque combinado en el punto central del pecho, sincronizado con una purificación mágica, causará una reacción en cadena.

— Rangers, escuchadme —dijo Rimuru a través del vínculo mental que ahora compartían—. Necesito que todos canalicéis vuestro poder hacia Jayden. No solo vuestros símbolos, sino vuestra voluntad. Yo pondré el catalizador.

Los Rangers se colocaron en formación de abanico detrás de su líder. Kevin, Mia, Mike y Emily pusieron sus manos sobre los hombros del compañero frente a ellos, creando una cadena de energía. Jayden sintió cómo el poder de la tierra, el aire, el agua y el bosque fluían hacia él, fusionándose con su fuego.

Rimuru se colocó frente a Jayden y puso sus manos sobre la empuñadura de su espada.

— Hagámoslo, Jayden. Un símbolo que Xandred nunca podrá replicar.

Juntos, dibujaron en el aire un kanji que no existía en los pergaminos de la familia Shiba. Era el símbolo de "Unión".

— ¡Ataque de la Alianza Eterna! —gritaron todos.

Un rayo de energía purificadora, que mezclaba los cinco elementos con la magia primordial de Rimuru, salió disparado desde la espada de Jayden. El ataque atravesó la neblina tóxica y golpeó de lleno en el pecho de Malakador. El Nighlok ni siquiera tuvo tiempo de gritar; su cuerpo explotó en una miríada de partículas de luz blanca que cayeron sobre el puerto, limpiando incluso el agua del Sanzu que había infectado el océano.

Octoroo, viendo la derrota total, chilló de terror.

— ¡Ooh-ah-ooh! ¡Esto es imposible! ¡Esa magia está corrompiendo nuestra oscuridad! ¡Tengo que avisar al Maestro! —Y desapareció en una grieta antes de que pudieran atraparlo.

El silencio volvió al muelle. Los Rangers deshicieron su transformación, cayendo al suelo por el cansancio, pero con sonrisas de triunfo en sus rostros. Jayden, sin embargo, permaneció de pie, mirando su espada y luego a Rimuru.

— Lo logramos —dijo él, con la voz llena de asombro—. Realmente lo logramos.

— Te lo dije —Rimuru se acercó y le recolocó el cuello de la chaqueta—. El agua y el fuego no tienen por qué destruirse. Pueden crear algo nuevo.

Jayden la miró, y por un momento, el mundo a su alrededor desapareció. Se olvidó de los Moogers, de Xandred y de su deber. Solo estaban ellos dos en el muelle, bajo el sol que volvía a brillar con fuerza.

— Rimuru... gracias —dijo él, dando un paso hacia ella—. No solo por la batalla. Por hacerme sentir que... que puedo ser algo más que un arma.

— Eres mucho más que un arma, Jayden Shiba —respondió ella en voz baja, con una ternura que rara vez mostraba—. Eres un hombre que protege lo que ama. Y eso es lo más poderoso que existe, en este mundo o en el mío.

Jayden extendió la mano y, con una vacilación que desapareció al contacto, acarició la mejilla de Rimuru. Ella no se apartó; al contrario, se inclinó hacia su toque. El vínculo que habían creado en el dojo todavía vibraba entre ellos, transmitiendo sentimientos que las palabras no podían expresar: respeto, admiración y un afecto que crecía con cada latido.

— No dejaré que te lleven —prometió Jayden, con una voz firme y profunda—. Lucharemos juntos hasta el final.

— Lo sé —sonrió Rimuru—. Y después de ese final, todavía me debes ese ramen.

De regreso en la Finca Shiba, el Mentor Ji los recibió con una mezcla de alivio y asombro tras escuchar el relato de la batalla. Mientras los demás Rangers se retiraban a descansar, Jayden y Rimuru se quedaron en el porche, observando las estrellas.

— Sabes —dijo Rimuru, rompiendo el silencio—, Raphael dice que la marca en mi brazo ha desaparecido por completo. La energía de la Alianza la borró.

Jayden tomó su mano, entrelazando sus dedos con los de ella.

— Entonces ya no eres su objetivo marcado —dijo él—. Ahora eres nuestra compañera de pleno derecho.

— Siempre lo fui, Jayden. Solo necesitabas un poco de magia para darte cuenta.

Mientras tanto, en el barco del río Sanzu, el Maestro Xandred lanzó su jarra de sake contra la pared, rompiéndola en mil pedazos. El aura de los Rangers había cambiado; ya no era el fuego predecible de los Shiba. Era algo nuevo, algo que brillaba con la pureza de un mundo que él no podía comprender.

— Así que han unido sus almas... —gruñó Xandred, con los ojos inyectados en sangre—. Creen que han ganado un escudo, pero solo han creado un objetivo más grande. Si no puedo corromper a la slime, destruiré todo lo que ella intenta proteger. Prepara a los Nighloks de la Guardia Sombría, Octoroo. La verdadera guerra empieza ahora.

Pero en la finca, ajenos a la furia del villano, Jayden y Rimuru compartían un momento de paz. Por primera vez en generaciones, el Red Ranger no sentía el peso del mundo sobre sus hombros, porque sabía que, a su lado, una pequeña Slime de cabello plateado estaba lista para desafiar a los dioses mismos por él. Y Rimuru, mirando el perfil decidido de Jayden, supo que su viaje a este mundo no había sido un error de la magia, sino un encuentro destinado entre el acero y el alma.