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Tn cae de un portal antes de que Reiner y bertol se transformen en Titanes

El Eco del Futuro Roto

– El caos se desató. Los gritos de los civiles se mezclaron con el estruendo de los escombros y el rugido primario del Titán Colosal. El aire se llenó de polvo, de miedo y del inconfundible olor a sangre y destrucción. Eren, Mikasa y Armin, paralizados por un instante, se encontraron en el ojo de la tormenta, con la figura inconsciente de Tn a sus pies y Reiner y Bertholdt tendidos, gimiendo.

– ¡Eren, Mikasa, Armin! – la voz de Hannes, el capitán de la guarnición, rompió el estupor, llena de una urgencia desesperada. – ¡Tenemos que evacuar! ¡Los Titanes están entrando!

– Pero... – Eren miró a Tn, luego a Reiner y Bertholdt. La imagen de la mujer desplomándose, su advertencia y el pulso de energía que había incapacitado a los dos cadetes, se repetían en su mente. – ¡No podemos dejarlos!

– ¡No hay tiempo, mocoso! – Hannes se abalanzó, sus ojos llenos de terror, arrastrando a Eren. – ¡Tu madre! ¡Tenemos que encontrar a tu madre!

– Mikasa, con su habitual pragmatismo, ya había cargado a Tn sobre sus hombros. La mujer, a pesar de su complexión, era sorprendentemente pesada, y su cuerpo ya mostraba el agotamiento de la caída y la herida.

– ¡Armin, ayuda a Hannes! – ordenó Mikasa, su voz firme a pesar del tumulto. – ¡Yo me encargo de ella!

– Armin asintió, su rostro pálido pero resuelto. Se apresuró a ayudar a Hannes a guiar a los civiles que corrían despavoridos, mientras Eren, con el corazón desgarrado, se debatía entre la urgencia de su madre y la extraña mujer que había caído del cielo.

– ¡Reiner! ¡Bertholdt! – gritó Eren, lanzando una última mirada a sus compañeros caídos.

– Los dos Titanes en potencia seguían en el suelo, retorciéndose de dolor. El pulso de energía de Tn los había golpeado con una fuerza psíquica y física que les impedía incluso pensar en transformarse. Sus cabezas palpitaban con un dolor insoportable, y sus mentes se sentían como si hubieran sido golpeadas por un martillo invisible. El plan, tan meticulosamente orquestado, se había desmoronado en el momento crucial. El Titán Colosal había abierto la brecha, pero ellos, los Titanes Acorazado y Colosal, estaban incapacitados.

– Mikasa, con Tn en brazos, se movía con una agilidad asombrosa entre la multitud. Sus ojos, siempre vigilantes, escaneaban el entorno, buscando un camino seguro. La herida de Tn sangraba más de lo que parecía, y Mikasa sabía que necesitaba atención médica urgente. Pero en medio de la invasión de los Titanes, la prioridad era la supervivencia.

– La ciudad se convirtió en un infierno. Los Titanes, con sus grotescas sonrisas y sus cuerpos desproporcionados, comenzaron a irrumpir, sembrando el pánico y la muerte. El rugido del Titán Colosal, que ahora había desaparecido tan misteriosamente como había aparecido, fue reemplazado por los gritos de sus víctimas.

– En medio de la huida, Mikasa notó que la pulsera de Tn, que antes brillaba débilmente, ahora emitía una luz pulsante. Era un brillo suave, casi imperceptible, pero constante, como un latido.

– ¿Qué es esto? – se preguntó Mikasa, su mente analítica intentando procesar la extraña tecnología.

– Mientras tanto, Eren y Hannes llegaron a su casa, solo para encontrarla destruida y a Carla Jaeger atrapada bajo los escombros. El horror de la escena, la impotencia de Eren, el sacrificio de Hannes, todo se desarrolló como en la línea temporal original, pero con un matiz diferente. La ausencia de Reiner y Bertholdt como Titanes en ese momento crucial, aunque no evitó la tragedia de Carla, sí cambió la dinámica de la evacuación y la percepción de los cadetes.

– Reiner y Bertholdt, aún aturdidos por el ataque de Tn, fueron finalmente rescatados por otros soldados de la Guarnición. Estaban débiles, confusos y con un dolor de cabeza insoportable, pero vivos. Sin embargo, su incapacidad para transformarse en el momento clave fue un golpe devastador para su misión.

– ¡Qué demonios fue eso! – Reiner gruñó, su voz ronca, mientras los soldados lo ayudaban a ponerse de pie. Su mirada se dirigió hacia la dirección donde Tn había caído.

– No lo sé, Reiner – Bertholdt susurró, su rostro pálido. – Pero ella... ella sabía. Sabía lo que íbamos a hacer.

– La revelación de Tn, su advertencia, su conocimiento del "futuro", se cernía sobre ellos como una sombra ominosa. ¿Quién era esa mujer? ¿De dónde venía? Y, lo más importante, ¿cómo sabía tanto?

– Mientras Shiganshina caía, los sobrevivientes fueron evacuados hacia el Muro Rose. Mikasa, con Tn aún inconsciente, la llevó al punto de reunión. El doctor de la Guarnición, el Dr. Yeager en la línea temporal original, ahora era otro médico, ya que Carla y Grisha estaban ausentes en esta versión. El médico, con la mirada cansada y las manos temblorosas, examinó a Tn.

– Tiene una conmoción cerebral, una costilla rota y varias contusiones – dijo el médico, mientras limpiaba la herida de su cabeza. – Además, está muy débil. Ha perdido mucha sangre.

– ¿Se recuperará? – preguntó Mikasa, su voz un murmullo.

– No lo sé. Su cuerpo es... inusual. Y esas ropas... nunca había visto algo así.

– La pulsera de Tn seguía pulsando suavemente, un enigma en medio del desastre.

– Durante los días siguientes, la evacuación y el reasentamiento de los refugiados se convirtieron en la prioridad. Eren, Mikasa y Armin, ahora huérfanos y traumatizados, se unieron a la corriente de supervivientes. Eren, con la imagen de su madre en la mente y el juramento de venganza contra los Titanes ardiendo en su corazón, se mantuvo firme en su decisión de unirse al Cuerpo de Exploración. Mikasa y Armin, como siempre, lo siguieron.

– Tn permaneció inconsciente, cuidada por Mikasa en la medida de lo posible. Su presencia era un recordatorio constante de lo que había sucedido, un cabo suelto en la ya caótica realidad. Los soldados de la Guarnición la consideraban una "extraña", una posible amenaza o una fuente de información. La pulsera y el dispositivo que había usado para atacar a Reiner y Bertholdt fueron confiscados y estudiados, pero nadie pudo descifrar su funcionamiento.

– Reiner y Bertholdt, mientras tanto, se recuperaron lentamente del ataque de Tn. El dolor de cabeza disminuyó, pero el impacto de su fracaso y la aparición de la mujer misteriosa los dejó profundamente perturbados.

– ¿Crees que ella es... como nosotros? – preguntó Bertholdt a Reiner una noche, mientras observaban el cielo estrellado desde el campamento de refugiados.

– No lo sé – respondió Reiner, su voz áspera. – Pero lo que hizo... fue más allá de cualquier cosa que hayamos visto. Y sabía quiénes éramos.

– La idea de que alguien más, de alguna manera, conociera su verdadera identidad y sus planes, era aterradora. Habían sido descubiertos, no por la Legión de Reconocimiento, sino por una mujer que había caído del cielo.

– ¿Y si ella viene de Marle? – sugirió Bertholdt, su voz llena de incertidumbre.

– Reiner negó con la cabeza. – No. Sus ropas, su tecnología... no es nada que hayamos visto. Y ese acento... no es de aquí.

– La posibilidad de que Tn viniera de un lugar "más allá" de los muros, o incluso de un "futuro", como ella había afirmado, era una idea demasiado extraña para comprenderla. Pero no podían ignorar el hecho de que había frustrado su misión, al menos parcialmente.

– Tres semanas después de la caída de Shiganshina, Tn abrió los ojos. La luz del sol que se filtraba por una rendija en la pared la cegó por un momento. Su cabeza seguía doliendo, y su cuerpo se sentía como si hubiera sido atropellado por un camión.

– ¿Hola? – una voz suave y familiar la saludó.

– Tn giró la cabeza con dificultad. Mikasa estaba sentada a su lado, observándola con sus ojos serios. Su rostro, aunque joven, ya mostraba las cicatrices emocionales de la tragedia.

– ¿Dónde estoy? – preguntó Tn, su voz ronca.

– En un campamento de refugiados, cerca del Muro Rose – respondió Mikasa. – Hace tres semanas que estás inconsciente.

– Tres semanas... – Tn intentó levantarse, pero un punzante dolor en su costilla la detuvo. – La brecha... ¿Lo lograron?

– Mikasa asintió lentamente. – Shiganshina cayó.

– Tn cerró los ojos, un gemido de dolor escapó de sus labios, no solo físico, sino emocional. Había fallado. Había llegado demasiado tarde. A pesar de su intervención, la historia se había repetido.

– ¿Y ellos? – preguntó Tn, abriendo los ojos y fijándolos en Mikasa. – ¿Reiner y Bertholdt?

– Están aquí – respondió Mikasa, su voz carente de emoción. – Incapacitados por lo que les hiciste.

– Tn suspiró, un alivio momentáneo mezclado con la amargura de la derrota. Al menos eso. Al menos no habían podido transformarse.

– ¿Quién eres? – preguntó Mikasa directamente, sin rodeos. – ¿Y cómo sabías lo de Reiner y Bertholdt?

– Tn la miró, sus ojos ámbar llenos de una tristeza profunda. – Mi nombre es Tn. Y vengo de un futuro donde esto ya ha pasado. Ya lo he visto.

– Mikasa la observó, su expresión impasible. – ¿Un futuro? No entiendo.

– Tn intentó explicarlo, su mente aún confusa por la conmoción cerebral. – En mi tiempo, esta historia es... bueno, es una historia. Un pasado. Sé lo que va a pasar, o sabía. Quise cambiarlo.

– ¿Y por qué Reiner y Bertholdt? ¿Qué te hicieron? – la voz de Mikasa era fría, protectora.

– Ellos... – Tn dudó. ¿Cómo explicarles la complejidad de la guerra entre Marley y Eldia? ¿Cómo explicarles que Reiner y Bertholdt eran solo peones en un juego mucho más grande y cruel? – Ellos son los Titanes que rompieron el muro. Reiner es el Titán Acorazado, y Bertholdt es el Titán Colosal.

– Mikasa se quedó en silencio por un momento, procesando la información. Sus ojos se abrieron ligeramente, una rara muestra de sorpresa. – ¿Qué?

– Lo sé, es difícil de creer – dijo Tn. – Pero es la verdad. Vinieron a destruir Shiganshina, a abrir el camino para los Titanes.

– La revelación fue un shock. Mikasa, con su mente aguda, ya había sospechado de Reiner y Bertholdt en el pasado, pero nunca había tenido pruebas. Ahora, una extraña del "futuro" se lo confirmaba.

– ¿Y por qué están aquí ahora? – preguntó Mikasa, su voz un susurro.

– Para recuperar el Titán Fundador – respondió Tn. – Y para destruir la humanidad dentro de los muros.

– La información era abrumadora, pero Mikasa, con su determinación inquebrantable, no se inmutó. – ¿Y por qué nos dices esto?

– Porque quiero detenerlo – dijo Tn, su voz apenas un susurro. – Quería detenerlo. Pero llegué demasiado tarde para la brecha. Tal vez... tal vez no sea demasiado tarde para el resto.

– En ese momento, la puerta de la tienda se abrió, y Eren entró, seguido de cerca por Armin. Sus ojos se posaron en Tn, luego en Mikasa, y una mezcla de curiosidad y desconfianza llenó su rostro.

– Mira quién despertó – dijo Eren, su voz teñida de escepticismo. – La mujer misteriosa.

– Eren, ella... – Mikasa comenzó, pero Tn la interrumpió.

– Hola, Eren – dijo Tn, su voz suave. – Lamento haber llegado tarde para tu madre.

– Eren se detuvo en seco, sus ojos verdes se abrieron de par en par. – ¿Cómo... cómo sabes lo de mi madre?

– Porque lo sé todo, Eren – dijo Tn, su mirada fija en él. – Sé lo que te pasó, sé lo que te pasará. Sé lo que harás.

– Eren frunció el ceño, su escepticismo mezclado con una creciente incomodidad. – ¿De qué estás hablando?

– Hablo del futuro – dijo Tn. – De un futuro donde tú te conviertes en el Titán de Ataque. Donde te conviertes en el Titán Fundador. Donde luchas contra Reiner y Bertholdt. Donde descubres la verdad de este mundo.

– Las palabras de Tn golpearon a Eren como un rayo. El Titán de Ataque, el Titán Fundador... Eran conceptos que aún no comprendía, pero la forma en que Tn los pronunciaba, con tanta certeza, le infundía un escalofrío.

– ¿Estás loca? – preguntó Eren, su voz llena de ira. – ¿Qué sabes tú de mí?

– Sé que el odio te consumirá – dijo Tn, su voz suave pero firme. – Sé que buscarás venganza. Sé que lucharás por la libertad. Pero también sé que el camino que tomas es un camino de dolor y destrucción.

– Armin se acercó, su rostro pálido. – ¿De verdad vienes del futuro?

– Sí – dijo Tn. – Y lo que les digo es la verdad. Reiner y Bertholdt son Titanes. Son nuestros enemigos.

– La revelación dejó a Eren sin palabras. El shock, la incredulidad y la furia se mezclaron en su rostro. Sus compañeros, sus amigos... ¿enemigos?

– ¡Es una locura! – gritó Eren. – ¡Reiner y Bertholdt son nuestros compañeros!

– Mikasa, sin embargo, ya había comenzado a conectar los puntos. Las sospechas, las extrañas conversaciones, la intuición... Todo encajaba con las palabras de Tn.

– No es una locura, Eren – dijo Mikasa, su voz grave. – Ella los incapacitó. Y ella sabía lo que iba a pasar.

– Tn miró a Eren, sus ojos ámbar llenos de una determinación renovada. – Llegué tarde para Shiganshina. Pero no es demasiado tarde para el resto. Tengo que detenerlos. Tengo que evitar que la historia se repita.

– Entonces, ¿qué hacemos? – preguntó Armin, su mente analítica buscando una solución.

– Tenemos que prepararnos – dijo Tn. – Tenemos que luchar. Pero esta vez, con conocimiento. Con la verdad.

– La pulsera de Tn volvió a brillar, esta vez con más intensidad, como si respondiera a su determinación. El pequeño dispositivo que había usado para atacar a Reiner y Bertholdt, que había sido confiscado, seguía siendo un misterio.

– Pero ahora, Tn estaba despierta. Y con ella, una nueva esperanza, o quizás, una nueva carga de conocimiento y responsabilidad, había llegado a este mundo al borde de la aniquilación. El eco del futuro roto resonaba en el presente, y la batalla por la supervivencia de la humanidad estaba a punto de tomar un giro inesperado. La pregunta ya no era si el futuro podía ser cambiado, sino si el presente estaba preparado para la verdad que Tn traía consigo.