Volver al resumen

Tn cae de un portal antes de que Reiner y bertol se transformen en Titanes

El Peso de la Verdad y el Fragor de la Batalla

– La tienda, apenas iluminada por la luz tenue de una lámpara de aceite, se sumió en un silencio tenso tras las palabras de Tn. Eren, con el ceño fruncido, se debatía entre la incredulidad y una punzada de algo que se parecía peligrosamente a la verdad. Mikasa, con su mirada inescrutable, procesaba cada fragmento de información, mientras Armin, con su mente analítica, ya comenzaba a trazar posibles escenarios.

– ¿La verdad? – preguntó Eren, su voz ronca, la incredulidad aún presente. – ¿Qué verdad? ¿Que Reiner y Bertholdt son Titanes? ¡Es una locura! Siempre han estado con nosotros, han luchado a nuestro lado.

– La lucha de Reiner y Bertholdt ha sido una fachada, Eren – respondió Tn, su voz suave pero firme. – Han vivido entre ustedes con un propósito: destruir los muros y robar el Titán Fundador. Su objetivo siempre ha sido el mismo.

– Pero... ¿por qué? – la pregunta de Armin, aunque lógica, sonaba teñida de desesperación.

– Por una guerra que no es suya, por un destino que les ha sido impuesto – explicó Tn, sus ojos ámbar reflejando una tristeza profunda. – Son soldados, como ustedes, pero de un lado diferente. De un mundo exterior que ustedes ni siquiera saben que existe.

– ¿Un mundo exterior? – Eren pareció aturdido, su mente luchando por asimilar la magnitud de lo que Tn estaba revelando.

– Sí, más allá de los muros – continuó Tn. – Un mundo donde la humanidad no está confinada, pero donde los Eldianos, como ustedes, son vistos como demonios, como armas vivientes. Reiner y Bertholdt son Eldianos, pero han sido adoctrinados para creer que su misión es la única forma de redención.

– La revelación era abrumadora. Las Murallas, el único refugio conocido de la humanidad, no eran más que una prisión para un grupo de personas, mientras que el resto del mundo vivía más allá, con sus propias guerras y prejuicios.

– Todo esto... es demasiado – murmuró Eren, cayendo sentado en un taburete.

– Lo sé – dijo Tn, con un atisbo de compasión en su voz. – Sé que es mucho para asimilar. Pero es la verdad, Eren. Y la verdad es lo único que puede salvarlos ahora.

– Mikasa, con su pragmatismo habitual, cortó la tensión. – Si lo que dices es cierto, Tn, ¿qué hacemos? No podemos enfrentarnos a dos Titanes cambiantes, y menos aún si están dentro de nuestras filas.

– Por eso los incapacité – dijo Tn. – Con mi dispositivo, pude interrumpir su capacidad de transformación. No los mató, pero los dejó sin poder. Al menos por un tiempo.

– ¿Y ese dispositivo? ¿Dónde está? – preguntó Armin, su curiosidad científica despertada a pesar de la gravedad de la situación.

– Los soldados de la Guarnición lo confiscaron – respondió Tn, con un suspiro. – Al igual que mi pulsera. Sin ellos, soy... menos efectiva.

– La pulsera en su muñeca, que había estado emitiendo un brillo suave, de repente parpadeó con más intensidad, como si respondiera a la mención de su importancia.

– ¡Está brillando! – exclamó Armin, señalando la muñeca de Tn.

– Tn miró su pulsera, una pequeña sonrisa se formó en sus labios. – Parece que no está tan inútil como pensaba.

– En ese instante, la tienda se abrió bruscamente, y un soldado de la Guarnición entró, su rostro pálido y sus ojos llenos de terror.

– ¡Un Titán! – gritó el soldado, apenas sin aliento. – ¡Un Titán anormal! ¡Está entrando por el distrito de Trost!

– El pánico se apoderó de la tienda. Trost era el distrito adyacente a Shiganshina, y la brecha en la muralla María significaba que los Titanes ahora tenían acceso directo.

– ¡Armin! ¡Mikasa! ¡Eren! – la voz de Tn resonó con una autoridad inesperada. – ¡Tenemos que ir! ¡No podemos permitir que Trost caiga!

– Pero... estás herida – dijo Eren, mirando a Tn, que intentaba ponerse de pie, con el dolor aún reflejado en su rostro.

– No hay tiempo para heridas, Eren – dijo Tn, con una determinación férrea en sus ojos ámbar. – Esta es la primera línea de defensa. Si Trost cae, la humanidad pierde otro muro.

– Mikasa, sin dudarlo, se acercó a Tn y la ayudó a levantarse. – Voy contigo.

– Eren y Armin, aunque aún conmocionados por las revelaciones, no pudieron ignorar la urgencia de la situación. La amenaza de los Titanes era real e inmediata.

– ¡Vamos! – gritó Eren, saliendo de la tienda, con Mikasa y Tn pisándole los talones, y Armin detrás de ellos.

– Las calles del campamento de refugiados eran un caos. Los gritos de los soldados, las órdenes de evacuación, el estruendo lejano de los pasos de los Titanes, todo se mezclaba en una sinfonía de terror.

– ¡Tn, tu pulsera! – exclamó Armin, mientras corrían. – ¡Está brillando más!

– Tn miró su muñeca. La pulsera ahora emitía una luz azul constante, y podía sentir una extraña energía fluyendo a través de ella.

– Parece que mi tecnología se está recargando – dijo Tn, con una sonrisa débil. – O tal vez, está respondiendo a la urgencia.

– Al llegar al borde del campamento, pudieron ver la nube de polvo y los edificios derrumbándose en la distancia, una señal inequívoca de la devastación que se estaba produciendo en Trost.

– ¡Tenemos que llegar a la vanguardia! – gritó Eren, con su habitual imprudencia.

– No, Eren, no podemos ir de frente – dijo Tn, su mente ya procesando estrategias. – Necesitamos una visión general. Necesitamos saber qué tipo de Titán es y dónde está la brecha.

– Mikasa, sin embargo, ya estaba moviéndose. Con su equipo de maniobras tridimensionales, se lanzó hacia los edificios más altos, buscando un punto de observación.

– ¡Mikasa! – gritó Eren.

– La seguiremos – dijo Tn, y con una fuerza renovada, comenzó a correr, el dolor en su costilla disminuyendo ligeramente bajo la influencia de la energía de la pulsera.

– Armin, con su mente estratégica, siguió a Tn, mientras Eren, con su furia inherente, se lanzó tras Mikasa.

– Al llegar a un punto elevado, pudieron ver la magnitud del desastre. Un Titán anormal, de unos quince metros de altura, con una sonrisa grotesca y una velocidad inusual, estaba sembrando el caos en Trost. Los soldados de la Guarnición, superados en número y en pánico, intentaban inútilmente contenerlo.

– Es el Titán Sonriente – murmuró Tn, su voz tensa. – Pero no debería estar aquí.

– ¿El Titán Sonriente? – preguntó Eren, su rostro contorsionado por la ira.

– Sí, es el Titán que... – Tn se detuvo, el recuerdo de la madre de Eren, Carla, siendo devorada, aún fresco en su mente. – Es un Titán de la línea temporal original. Pero su aparición aquí, ahora... significa que algo está cambiando.

– Mientras observaban, el Titán Sonriente se abalanzó sobre un grupo de soldados, sus grotescas manos agarrando a uno de ellos. El grito del soldado se ahogó en el aire, y su cuerpo fue destrozado.

– ¡Maldito Titán! – gritó Eren, su ira estallando. Se preparó para lanzarse al ataque, pero Tn lo detuvo.

– ¡Espera, Eren! – dijo Tn, su mano agarrando su brazo con fuerza sorprendente. – No podemos ir a ciegas. Necesitamos un plan.

– ¿Un plan? ¡La gente está muriendo! – Eren intentó liberarse.

– Y morirán más si no pensamos – dijo Tn, sus ojos ámbar fijos en él. – Este Titán es rápido y anormal. No podemos subestimarlo.

– Mikasa, que había estado observando la escena con su habitual frialdad, se volvió hacia Tn. – ¿Qué sugieres?

– Necesitamos distraerlo, atraerlo a un lugar donde podamos inmovilizarlo – dijo Tn, su mente trabajando a toda velocidad. – Si podemos cortarle la nuca, lo detendremos. Pero es demasiado rápido para un ataque frontal.

– ¿Y cómo lo inmovilizamos? – preguntó Armin, su mente ya buscando soluciones.

– La pulsera... – dijo Tn, su mirada fija en el brillo azul de su muñeca. – Creo que puedo usarla. Pero necesito acercarme.

– Es demasiado peligroso – dijo Mikasa, su voz carente de emoción.

– No tenemos otra opción – dijo Tn. – Si este Titán sigue avanzando, llegará al distrito interior.

– De repente, un rugido ensordecedor resonó en el aire, y el suelo tembló. Otro Titán, aún más grande y grotesco, apareció en la distancia, sembrando el pánico entre los refugiados.

– ¡Otro! – exclamó Eren.

– No es un Titán, Eren – dijo Tn, su rostro pálido. – Es el Titán Acorazado. Reiner... ha logrado transformarse.

– La revelación golpeó a todos como un rayo. La incapacitación de Tn no había sido suficiente. Reiner, con su voluntad férrea y su determinación inquebrantable, había encontrado la forma de superar el ataque.

– ¡Pero cómo! – gritó Armin, su voz llena de desesperación.

– No lo sé – dijo Tn, su voz tensa. – Mi dispositivo no lo mató, solo lo aturdió. Su cuerpo de Titán debe haberlo curado, o tal vez... tal vez la urgencia de la situación fue demasiado para mi ataque.

– El Titán Acorazado, con su armadura de piel endurecida, comenzó a cargar hacia el Titán Sonriente, como si fuera a atacarlo.

– ¡No! – gritó Tn. – ¡No están peleando entre ellos! ¡Está abriendo el camino para el Titán Sonriente! ¡Está protegiéndolo!

– La verdad era aún más aterradora. Reiner no estaba atacando al Titán Sonriente; lo estaba guiando, protegiéndolo, asegurando que pudiera continuar su masacre.

– ¡Tenemos que detenerlos a ambos! – gritó Eren, su furia renovada.

– Sí, pero no podemos luchar de frente contra el Acorazado – dijo Tn. – Es demasiado fuerte. Necesitamos enfocarnos en el Sonriente. Mikasa, Eren, ustedes distraigan al Titán Sonriente. Armin, busca un punto débil, algo que pueda inmovilizarlo, incluso si es solo por un segundo. Yo intentaré usar mi pulsera.

– Mikasa asintió, su mirada fija en el Titán Sonriente. Eren, aunque aún furioso, confió en el plan de Tn. Armin, con su mente brillante, ya estaba analizando el terreno y la forma de actuar de los Titanes.

– ¡Vamos! – gritó Eren, lanzándose hacia el Titán Sonriente con su equipo de maniobras tridimensionales. Mikasa lo siguió de cerca, su velocidad y agilidad incomparables.

– Tn, con la pulsera brillando intensamente, se lanzó hacia el Titán Sonriente, buscando el momento oportuno para acercarse. La energía que fluía a través de ella le daba una fuerza y una agilidad que antes no tenía.

– Mientras tanto, el Titán Acorazado, con su imponente presencia, se movía por el distrito, derribando edificios y abriendo más brechas para que los Titanes menores entraran. Su mirada, detrás de la armadura, era fría y calculadora.

– ¡Armin, busca un punto ciego! ¡Algo que pueda cegarlo o aturdirlo! – gritó Tn, mientras esquivaba un golpe del Titán Sonriente.

– ¡Entendido! – respondió Armin, lanzándose hacia los edificios, buscando un ángulo de ataque o una debilidad.

– Eren, con su furia como combustible, se lanzó al ataque, cortando la carne del Titán Sonriente, pero sin lograr alcanzar la nuca. Mikasa, más precisa, intentó un corte limpio, pero la velocidad del Titán hacía que fuera casi imposible.

– ¡Necesito más tiempo! – gritó Eren.

– ¡Lo sé! – respondió Tn, su mirada fija en la pulsera. La energía se concentraba en su mano, formando una pequeña esfera de luz azul.

– Con un grito de dolor, Tn se lanzó hacia el Titán Sonriente, justo cuando este intentaba atrapar a Eren. Con una velocidad sorprendente, Tn golpeó la pierna del Titán con la esfera de energía.

– Un estruendo ensordecedor resonó en el aire, y el Titán Sonriente se tambaleó, un gemido de dolor escapando de su boca. La pierna del Titán, donde Tn había golpeado, comenzó a desintegrarse, como si hubiera sido afectada por un ácido corrosivo.

– ¡Funciona! – gritó Tn, la energía de la pulsera disminuyendo ligeramente. – ¡Pero no lo detendrá por mucho tiempo!

– ¡Ahora, Eren! – gritó Mikasa, aprovechando la distracción.

– Eren, con una determinación renovada, se lanzó hacia la nuca del Titán Sonriente, su espada brillando bajo la luz del sol. Con un corte limpio y preciso, la nuca del Titán fue seccionada. El cuerpo del Titán se desplomó, y el vapor comenzó a emanar de él.

– ¡Lo logramos! – gritó Eren, su voz llena de euforia.

– Pero la celebración fue de corta duración. El Titán Acorazado, que había estado observando la escena, comenzó a cargar hacia ellos, su mirada fija en Tn.

– ¡Viene a por mí! – gritó Tn, su rostro pálido. – ¡Sabe que soy una amenaza!

– Mikasa se interpuso entre Tn y el Titán Acorazado, sus espadas listas para el combate. – ¡No te acerques a ella!

– Eren, con su furia renovada, se preparó para el ataque, pero Tn lo detuvo.

– No, Eren, no puedes enfrentarte a él – dijo Tn, su voz urgente. – No ahora. No sin el poder del Titán.

– El Titán Acorazado se acercó, su imponente figura proyectando una sombra ominosa sobre ellos. Los soldados de la Guarnición, que habían estado observando la batalla desde la distancia, se quedaron paralizados de terror.

– ¡Tenemos que huir! – gritó Armin, su voz llena de pánico.

– No podemos huir de él – dijo Tn, sus ojos ámbar fijos en el Titán Acorazado. – Es demasiado rápido, demasiado fuerte.

– De repente, la pulsera de Tn brilló con una intensidad cegadora, y un pulso de energía azul emanó de ella, golpeando al Titán Acorazado. El Titán se tambaleó, un gemido de dolor escapó de su boca, y su cuerpo comenzó a emitir vapor.

– ¡Qué es eso! – exclamó Eren, asombrado.

– Es mi último recurso – dijo Tn, su voz débil. – No puedo mantenerlo por mucho tiempo.

– El Titán Acorazado, aunque herido, no se detuvo. Con una determinación feroz, se lanzó hacia Tn, sus ojos llenos de una ira silenciosa.

– ¡Tn! – gritó Mikasa, lanzándose hacia el Titán, intentando distraerlo.

– Pero era demasiado tarde. El Titán Acorazado agarró a Tn con su gigantesca mano, apretando su cuerpo. Un grito de dolor escapó de los labios de Tn, y la pulsera en su muñeca dejó de brillar.

– ¡No! – gritó Eren, su corazón encogiéndose de terror.

– El Titán Acorazado levantó a Tn, su cuerpo ya inerte, y la arrojó al suelo. Un golpe sordo resonó en el aire, y el cuerpo de Tn quedó tendido, inmóvil.

– ¡Tn! – gritó Mikasa, lanzándose hacia ella.

– Eren, con una furia incontrolable, se lanzó hacia el Titán Acorazado, sus ojos verdes ardiendo con un odio primario.

– ¡Te mataré! – gritó Eren, su voz llena de desesperación.

– Pero antes de que pudiera alcanzar al Titán, el suelo tembló violentamente, y una explosión de luz y vapor emanó del cuerpo de Eren. Un Titán, de unos quince metros de altura, con una piel musculosa y una mandíbula feroz, apareció en el lugar donde Eren había estado.

– ¡Eren! – gritó Armin, su voz llena de asombro y terror.

– ¡El Titán de Ataque! – exclamó Mikasa, su rostro pálido.

– El Titán Acorazado, que había estado a punto de aplastar a Mikasa, se detuvo, su mirada fija en el Titán de Ataque. La aparición de Eren como Titán había sido inesperada, incluso para Reiner.

– El Titán de Ataque, con un rugido ensordecedor, se lanzó hacia el Titán Acorazado, una furia incontrolable ardiendo en sus ojos. La batalla por la supervivencia de la humanidad había tomado un giro inesperado, y el futuro, que Tn había intentado cambiar, ahora estaba más incierto que nunca. La verdad había sido revelada, pero el precio de esa verdad había sido la vida de la mensajera. O eso parecía.

– Mikasa se arrodilló junto al cuerpo inerte de Tn, sus ojos fijos en la pulsera, que ahora estaba rota y sin brillo. La esperanza, o al menos la guía, que Tn había traído, se había extinguido.

– Pero el eco del futuro roto aún resonaba. Y en medio del caos, la batalla entre el Titán de Ataque y el Titán Acorazado había comenzado, un presagio de lo que estaba por venir. El destino de la humanidad, ahora más que nunca, estaba en manos de Eren, Mikasa y Armin, y de las verdades que Tn les había revelado. La guerra había comenzado, y esta vez, no había vuelta atrás.