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Un nuevo mundo

Rivalidad, Reflejos y un Día en el Centro Comercial

Al día siguiente, el ambiente en la Academia Itan estaba inusualmente cargado. Fuutarou Uesugi, con sus ojeras perpetuas y su mochila cargada de libros de texto, caminaba por los pasillos con una determinación sombría. Su objetivo era simple: reunir a las quintillizas Nakano para su sesión diaria de estudio. Sin embargo, al llegar a la cafetería, se encontró con una escena que no esperaba.

Las cinco hermanas estaban agrupadas alrededor de una mesa, pero no estaban estudiando. Incluso Miku, que solía estar perdida en su propio mundo de generales de la era Sengoku, tenía la mirada fija en el chico rubio que gesticulaba con entusiasmo mientras contaba una historia sobre un "entrenamiento de supervivencia" en un bosque lejano.

—¡Y entonces, el oso resultó ser solo un tronco viejo! —exclamó Naruto, soltando una carcajada que atrajo las miradas de media cafetería—. ¡Casi gasto toda mi energía saltando sobre él!

—¡Eres tan divertido, Naruto-kun! —rio Ichika, apoyando su barbilla en su mano—. Deberías venir con nosotros más a menudo.

Fuutarou carraspeó ruidosamente.

—Siento interrumpir este club de comedia —dijo con sarcasmo—, pero tenemos tres capítulos de matemáticas que cubrir antes de que termine el descanso. Miku, Nino, Ichika, Yotsuba, Itsuki... a la mesa de estudio. Ahora.

Las hermanas soltaron un suspiro colectivo de decepción. Naruto se giró, observando al chico de cabello oscuro con una curiosidad genuina.

—¿Oh? ¿Tú debes ser el famoso tutor del que hablaban? —preguntó Naruto, poniéndose de pie y extendiendo una mano—. Soy Naruto Uzumaki. Encantado de conocerte, Uesugi-san.

Fuutarou miró la mano de Naruto como si fuera un examen sorpresa sin previo aviso. La estrechó de mala gana, notando la firmeza y los callos en la palma del rubio.

—Uesugi Fuutarou. Y sí, soy el tutor. Mi trabajo es que estas cinco no reprueben, algo que se vuelve difícil cuando hay distracciones externas —respondió, lanzando una mirada punzante al rubio.

—¡No seas tan amargado, Fuu-kun! —exclamó Yotsuba, saltando sobre sus talones—. Naruto-san nos estaba contando cosas increíbles. ¡Dice que puede correr diez kilómetros sin sudar!

—Seguro —murmuró Fuutarou para sí mismo—. Y yo puedo resolver derivadas mientras duermo.

En ese momento, una presencia elegante se unió al grupo. Alisa Mikhailovna Kujou, acompañada por su hermana mayor Maria y su amigo Masachika Kuze, se acercó a la mesa. Alya cruzó los brazos bajo su pecho, mirando a Naruto con una mezcla de irritación y algo que no quería admitir.

—Uzumaki-kun —dijo Alya con frialdad—. El consejo estudiantil tiene que revisar tu expediente de inscripción. *Ty opyat' privlekayesh' k sebe slishkom mnogo vnimaniya* (Vuelves a atraer demasiada atención sobre ti).

Naruto parpadeó, reconociendo el tono pero no las palabras en ruso.

—¿Eh? ¿Otra vez con la música bonita, Alya? —Naruto le dedicó esa sonrisa marca registrada que hacía que las puntas de las orejas de la chica rusa se pusieran rojas—. Solo estaba haciendo amigos.

—¡Alya-chan! —Maria Kujou, la hermana mayor de Alya, se lanzó hacia adelante con una sonrisa radiante—. ¡Así que este es el chico nuevo del que todos hablan! Es mucho más brillante de lo que decían las fotos.

—¡Masha! —protestó Alya, tirando del brazo de su hermana—. No lo molestes. Solo es un estudiante distraído.

Masachika Kuze, que observaba la escena con su habitual pereza, intercambió una mirada de solidaridad con Fuutarou. Ambos parecían compartir el peso de lidiar con personalidades abrumadoras.

—Parece que tienes competencia, Uesugi —comentó Masachika en voz baja—. El rubio tiene carisma natural.

Fuutarou apretó los dientes. No era que le importara la popularidad, pero siempre había sido el centro de la atención (aunque fuera por su estricta disciplina) cuando se trataba de las Nakano. Ver a las cinco escuchando embelesadas a un chico que parecía no saber la diferencia entre un logaritmo y un onigiri le resultaba... molesto.

—No es competencia —replicó Fuutarou—. Es una interferencia en el plan de estudios.

—¡Oigan! —intervino Ichika, detectando la tensión en el aire—. Mañana es sábado. Todas íbamos a ir al nuevo centro comercial que tiene esa piscina techada gigante. ¿Por qué no vienen todos? Naruto-kun, tú también.

—¿Una piscina? —Los ojos de Naruto se iluminaron—. ¡He oído que las piscinas de este tiempo tienen toboganes gigantes! ¡Cuenta conmigo!

—Yo no tengo tiempo para... —empezó Fuutarou, pero Itsuki lo interrumpió.

—Uesugi-san, dijiste que necesitábamos un descanso para "recargar procesos cognitivos". Además, si Naruto-san va, podrías aprovechar para... no sé, vigilar que no nos distraiga demasiado.

Fuutarou suspiró, derrotado por la lógica (y por la mirada de determinación de Itsuki).

—Está bien. Pero llevaremos las tarjetas de vocabulario.

***

El sábado llegó con un sol radiante que se filtraba por las cristaleras del centro comercial "Grand Itan". El lugar era un laberinto de tiendas de lujo, salas de juegos y, en el último piso, un parque acuático climatizado que era la envidia de la ciudad.

Naruto llegó vistiendo una camiseta blanca sencilla y unos pantalones cortos deportivos. No necesitaba mucho para destacar; su sola presencia, con sus marcas en las mejillas y su cabello dorado, hacía que las chicas que pasaban se dieran la vuelta.

—¡Naruto-kun! —Yotsuba fue la primera en saludar, agitando los brazos.

A su lado estaban las otras cuatro hermanas, cada una con un estilo diferente. Nino llevaba un vestido de diseñador que probablemente costaba más que el alquiler de Kenji, mientras que Miku prefería algo más recatado. Alya y Maria también estaban allí; Alya lucía un vestido veraniego azul que resaltaba sus ojos, y Masachika caminaba detrás de ellas con las manos en los bolsillos.

—Vaya, esto es enorme —dijo Naruto, mirando hacia el techo abovedado—. ¡Podría entrenar a todo un batallón aquí dentro!

—Es un centro comercial, Naruto, no un campo de entrenamiento —dijo Alya, aunque se acercó un poco más a él—. *Khochesh' poyti so mnoy v magazin odezhdy?* (¿Quieres venir conmigo a la tienda de ropa?).

—¿Qué has dicho? —preguntó Naruto, rascándose la nuca.

—He dicho que deberías fijarte por dónde caminas —mintió ella, desviando la mirada.

Fuutarou, que llevaba una pequeña mochila llena de libros, observaba desde la retaguardia. Notó cómo Nino, que usualmente era la más difícil de tratar, se acercaba a Naruto para preguntarle su opinión sobre unos accesorios en un escaparate.

—¿Qué tiene ese tipo? —murmuró Fuutarou—. Solo es... ruidoso.

—Es auténtico —dijo Masachika, apareciendo a su lado—. En un mundo donde todos intentan ser "cool" o mantener una fachada, alguien que simplemente dice lo que piensa es como un imán. Además, mira a Alya. Ella es el "Ídolo Plateado", pero con él, parece una chica normal tratando de llamar su atención.

Dentro de una tienda de deportes, la situación se intensificó. Naruto estaba fascinado con unas pesas de mano modernas.

—¡Mira esto, Uesugi! —dijo Naruto, levantando la pesa más pesada con un solo dedo—. ¡Es tan pequeña pero tiene buen peso! ¿Quieres probar?

Fuutarou lo miró con desdén.

—No me interesa la fuerza bruta. Prefiero ejercitar el cerebro.

—Oh, vamos, un poco de ejercicio ayuda a que la sangre llegue mejor a la cabeza —insistió Naruto con una sonrisa desafiante—. ¿O es que el tutor tiene miedo de sudar un poco?

Las quintillizas se detuvieron para observar. Nino soltó una risita.

—¡Eso es, Naruto! Pon a Fuu-kun en su lugar. Siempre es tan aburrido.

Fuutarou sintió una punzada de orgullo herido. Dejó su mochila en el suelo y se acercó a la pesa.

—Solo una serie. Para demostrar que no es la gran cosa.

Fuutarou intentó levantar la pesa con la misma elegancia que Naruto, pero sus brazos, acostumbrados a sostener libros de texto y no metal, temblaron violentamente. Naruto, al ver que el chico realmente estaba sufriendo, puso su mano debajo para ayudarlo discretamente.

—¡Vaya, tienes un agarre firme! —mintió Naruto en voz alta para salvar el honor de Fuutarou—. Casi me ganas en técnica.

Fuutarou soltó la pesa, jadeando, y miró a Naruto. Se dio cuenta de que el rubio lo había ayudado a no quedar en ridículo frente a sus alumnas.

—Como sea —masculló Fuutarou, aunque su tono ya no era tan hostil.

Después de las compras, el grupo se dirigió a la zona de la piscina. El parque acuático era un paraíso de agua azul y toboganes que serpenteaban por las paredes.

Cuando Naruto salió de los vestidores, el tiempo pareció detenerse por un segundo. Su físico no era el de un chico de gimnasio común; tenía músculos definidos por años de combate real, cicatrices leves que contaban historias de batallas que nadie allí podía imaginar, y una postura de absoluta confianza.

—¡Cielos! —exclamó Ichika, bajándose las gafas de sol—. Eso sí que es un cuerpo de atleta.

Nino se cubrió la boca con la mano, sonrojada, mientras Miku hundía la mitad de su rostro en su toalla. Incluso Alya, que acababa de salir con un bikini blanco que la hacía parecer una diosa de hielo, se quedó paralizada.

—*On v khoroshey forme... ochen' khoroshey* (Está en buena forma... muy buena) —susurró Alya, sintiendo que el calor subía por su cuello.

—¡Naruto-kun, vamos a los toboganes! —gritó Yotsuba, corriendo hacia él y tomándolo de la mano.

Fuutarou, que vestía un bañador sencillo y se veía bastante delgado en comparación, sintió que su papel de "líder" del grupo se desvanecía por completo. Se sentó en una reposera, fingiendo leer un libro de fórmulas químicas, pero sus ojos no dejaban de seguir al rubio.

—¿Celoso? —preguntó Masachika, sentándose en la reposera de al lado.

—No sé de qué hablas —respondió Fuutarou sin levantar la vista.

—Bueno, antes eras el único chico en su círculo. Ahora hay alguien que no solo es más fuerte, sino que también parece entenderlas de una manera diferente.

Fuutarou cerró el libro de golpe.

—No es eso. Es solo que... él es impredecible. No encaja en ninguna categoría. Y eso me pone nervioso.

En la piscina, Naruto estaba en su elemento. El agua le recordaba a los entrenamientos bajo las cascadas, aunque esta era mucho más cálida y no tenía ninjas ocultos intentando atacarlo.

—¡Alya, mira esto! —gritó Naruto desde lo alto de un trampolín.

Antes de que nadie pudiera detenerlo, Naruto realizó una serie de acrobacias en el aire —giros que desafiaban la gravedad y que habrían sido imposibles para un humano normal— antes de entrar al agua con apenas un salpicón.

Al salir a la superficie, se sacudió el cabello como un perro, salpicando a las quintillizas que estaban cerca.

—¡Naruto! ¡Mi cabello! —se quejó Nino, aunque se estaba riendo.

—¡Increíble! —exclamó Itsuki—. ¿Cómo hiciste ese tercer giro? ¡Parecía que flotabas!

—Bueno, es solo cuestión de... equilibrio —dijo Naruto, guiñándole un ojo.

Alya se acercó nadando hacia él. El agua resaltaba su belleza plateada, y por un momento, Naruto se quedó callado.

—No deberías presumir tanto —dijo ella, tratando de sonar severa—. Podrías haberte lastimado.

—Sé cuidarme, Alya. Además, quería ver si podía hacerte sonreír. Siempre estás tan seria.

Alya se quedó sin palabras. *Durak... ty uzhe zastavil menya ulybat'sya vnutri* (Tonto... ya me hiciste sonreír por dentro).

—No digas tonterías —respondió ella en japonés, dándose la vuelta para ocultar su sonrisa real.

Mientras tanto, Fuutarou decidió que ya había tenido suficiente de ser un espectador. Se levantó y se acercó al borde de la piscina.

—¡Escuchen! —gritó, tratando de recuperar el control—. ¡Es hora de la merienda y de repasar los verbos irregulares!

—¡Oh, vamos, Fuutarou-kun! —rogó Ichika—. ¡Estamos en medio de una competencia de natación! Naruto contra todas nosotras.

—¿Una competencia? —Fuutarou arqueó una ceja—. Si yo gano, ¿estudiarán dos horas extra mañana?

—¡Hecho! —dijo Nino—. ¡Pero si Naruto-kun gana, nos comprarás helado a todas!

Fuutarou miró a Naruto. El rubio le tendió la mano en el agua.

—¿Qué dices, tutor? ¿Te unes al equipo de las chicas o quieres intentar ganarme tú solo?

Fuutarou se quitó las gafas, se las entregó a Itsuki y se lanzó al agua.

—Tú solo contra mí, Uzumaki. Estilo libre. Ida y vuelta.

La carrera fue intensa. Fuutarou puso cada gramo de su frustración y esfuerzo en sus brazadas. Por un momento, pensó que realmente tenía una oportunidad; Naruto parecía estar nadando con calma, disfrutando del agua. Pero en el último tramo, Naruto simplemente aceleró. No fue un movimiento humano; fue como si un motor se encendiera dentro de él.

Naruto llegó primero, tocando el borde con un segundo de ventaja.

Fuutarou emergió, jadeando, con el cabello pegado a la frente. Naruto lo estaba esperando, ofreciéndole la mano para ayudarlo a salir.

—Ha sido una buena carrera, Fuutarou. Tienes mucha resistencia.

Fuutarou aceptó la mano, agotado.

—Perdí... supongo que debo los helados.

—No te preocupes por eso —dijo Naruto, bajando la voz para que solo él lo oyera—. Me has impresionado. No muchos se atreven a desafiarme cuando ven de lo que soy capaz. Eres un buen tipo, Uesugi.

Fuutarou se quedó helado. Por primera vez, vio algo en los ojos de Naruto que no era alegría o travesura. Vio una profundidad antigua, una sabiduría que no pertenecía a un chico de su edad.

—Tú... no eres un estudiante normal, ¿verdad? —susurró Fuutarou.

Naruto se puso un dedo en los labios y le guiñó un ojo.

—Solo soy un chico que quiere aprender historia y comer buen ramen. Vamos, los helados invitan las chicas, ¡que para eso perdieron contra nosotros!

—¡Oye! —protestaron las quintillizas al unísono.

Al final del día, mientras el sol se ponía tras los edificios de la ciudad, el grupo caminaba hacia la estación de tren. Naruto iba en medio, con Yotsuba a un lado y Alya al otro, mientras las demás hermanas discutían sobre qué sabor de helado era mejor.

Fuutarou caminaba un poco más atrás, observando la espalda del rubio. Ya no sentía celos, o al menos no de la misma manera. Sentía una extraña curiosidad. Sabía que la vida en la Academia Itan acababa de volverse mucho más complicada, pero también mucho más interesante.

—Uesugi-san —dijo Itsuki, caminando a su lado—, gracias por venir hoy. Creo que... creo que a Naruto-san le vendría bien un amigo como tú. Alguien que lo mantenga con los pies en la tierra.

Fuutarou miró a Naruto, que en ese momento estaba tratando de explicarle a Maria por qué el ramen de miso era superior a cualquier otra comida.

—Alguien tiene que asegurarse de que no destruya la escuela con su "entusiasmo" —respondió Fuutarou con una pequeña sonrisa—. Mañana, a las ocho. Y dile a Uzumaki que si llega tarde a la sesión de estudio, le pondré el doble de ejercicios.

Naruto, como si hubiera escuchado su nombre desde la distancia, se giró y saludó con la mano, su silueta recortada contra el cielo anaranjado. El héroe de otro tiempo finalmente había encontrado un lugar donde, a pesar de las diferencias, podía ser simplemente él mismo.