Un nuevo mundo
El Despertar de un Vínculo y el Secreto en el Techo
El lunes por la mañana, la Academia Itan parecía haber cambiado su eje de rotación. El rumor sobre el "atleta rubio" y su exhibición de acrobacias en la piscina se había extendido como pólvora, y Naruto Uzumaki se encontraba en el centro de un torbellino de atención que ni siquiera su entrenamiento como shinobi le había enseñado a manejar con sutileza.
—¡Es él! ¡El que hizo el triple salto mortal! —susurraban unas chicas de primer año mientras Naruto pasaba por el pasillo.
Naruto, vestido con su uniforme perfectamente ajustado pero con la corbata ligeramente floja, rascó su nuca con una sonrisa nerviosa.
—Vaya, creo que me pasé un poco de la raya el sábado —murmuró para sí mismo.
—Un poco es decir poco, idiota —dijo una voz gélida a sus espaldas.
Alya estaba allí, con los brazos cruzados y su cabello plateado brillando bajo las luces fluorescentes del pasillo. Sus ojos azules lo examinaban con una mezcla de reproche y admiración oculta.
—*Ty privlekayesh' vnimaniye, kak budto eto tvoya rabota* —susurró ella en ruso, antes de cambiar al japonés—. Deberías ser más discreto. El consejo estudiantil no quiere que la escuela se convierta en un circo.
—¡Vamos, Alya! Solo fue un clavadito —respondió Naruto, acercándose a ella con una confianza que siempre la descolocaba—. Además, tú también te veías increíble. Parecías una princesa de hielo bajo el sol.
Alya sintió que la sangre subía a sus mejillas de inmediato. Dio un paso atrás, tratando de recuperar su compostura.
—*Pochemu on vsegda govorit takiye veshchi s takim chestnym litsom?* —murmuró ella, dándose la vuelta—. ¡No digas tonterías! Ve a clase. Uesugi-kun te está buscando y parece que no ha dormido nada preparando tus exámenes de práctica.
Naruto soltó una carcajada y se dirigió al salón de estudio. Al entrar, se encontró con una escena familiar: las quintillizas estaban dispersas por la mesa, pero Fuutarou Uesugi presidía el lugar con una montaña de papeles que parecía una fortaleza de papel.
—Llegas dos minutos tarde, Uzumaki —dijo Fuutarou sin levantar la vista de un libro de cálculo—. Siéntate. He diseñado un plan de estudio intensivo para ti. Si quieres seguir el ritmo de las Nakano, vas a tener que trabajar el triple.
—¡Hola a todos! —saludó Naruto, ignorando el tono sombrío de Fuutarou—. ¡Hola, Miku! ¿Ese es un libro sobre el clan Takeda? ¡Se ve genial!
Miku levantó la vista, sus auriculares rodeando su cuello, y asintió tímidamente.
—Es... es sobre sus tácticas de caballería. Me recordaron a cómo te mueves tú —dijo ella en un susurro, haciendo que Nino rodara los ojos.
—Por favor, no lo alimentes más —bufó Nino, aunque no pudo evitar mirar de reojo el físico de Naruto mientras este se quitaba la chaqueta del uniforme—. Oye, Naruto, ¿es verdad que entrenas todas las mañanas antes de venir? Yotsuba dice que te vio corriendo por el parque a las cinco de la mañana cargando troncos.
Naruto se tensó por un segundo. Había olvidado que Yotsuba era una madrugadora nata.
—¡Ah, sí! Es... una tradición familiar —mintió Naruto rápidamente—. Mi abuelo decía que si no puedes cargar un tronco antes del desayuno, no eres un hombre.
—¡Eso es increíblemente varonil! —exclamó Yotsuba, levantando un puño—. ¡Mañana iré contigo!
—¡Ni hablar! —intervino Fuutarou, golpeando la mesa con un lápiz—. ¡Nadie cargará troncos hasta que Uzumaki resuelva estas ecuaciones de segundo grado! Naruto, ven aquí.
Naruto suspiró y se sentó frente a Fuutarou. Durante la siguiente hora, el salón se sumió en un silencio tenso, interrumpido solo por los suspiros de Itsuki al fallar un problema y el sonido del lápiz de Naruto rascando el papel.
Fuutarou observaba a Naruto con una curiosidad analítica. Había algo en la caligrafía del rubio; era firme, pero sus trazos a veces parecían más dibujos que letras. Sin embargo, su capacidad de absorción era aterradora. Lo que a las quintillizas les tomaba semanas entender, Naruto lo procesaba en minutos una vez que lograba visualizarlo.
—Terminé —dijo Naruto, entregando la hoja.
Fuutarou revisó las respuestas. Todas correctas. Su ceño se frunció.
—¿Cómo lo hiciste? Este método no es el que te enseñé.
—Bueno —Naruto se inclinó hacia adelante—, imaginé que los números eran soldados en un campo de batalla. Si el grupo X ataca por el flanco izquierdo y el grupo Y se divide... la solución es el punto de encuentro. Es lógica pura, ¿no?
Fuutarou dejó el papel sobre la mesa, sintiendo una mezcla de alivio y una extraña envidia. Él había tenido que estudiar hasta el cansancio para obtener ese tipo de intuición, y este chico parecía tenerla de forma innata.
—Eres un bicho raro, Uzumaki —dijo Fuutarou, aunque esta vez no había veneno en sus palabras.
—¡Oigan! —interrumpió Ichika, que había estado observando la interacción con una sonrisa pícara—. Ya que Naruto-kun es tan bueno, ¿por qué no nos ayuda a estudiar también? Fuutarou-kun parece cansado.
Fuutarou se tensó. La idea de que Naruto tomara su lugar, aunque fuera por un momento, le molestaba más de lo que quería admitir. Desde que Naruto llegó, el aura de "tutor indispensable" de Fuutarou se había visto amenazada.
—Yo estoy perfectamente —replicó Fuutarou—. Naruto todavía tiene mucho que aprender sobre literatura moderna.
—En realidad —dijo Naruto, poniéndose de pie—, me gustaría tomar un descanso. Necesito aire fresco. ¿Alguien sabe dónde está la azotea?
—Está prohibido subir allí —dijo Itsuki, cruzándose de brazos—. Es contra las reglas de la escuela.
—Las reglas están hechas para romperse, ¿verdad, Alya? —Naruto miró hacia la puerta, donde la chica rusa acababa de asomarse para entregar unos documentos del consejo.
Alya se puso rígida.
—Como vicepresidenta, te prohíbo terminantemente ir a la azotea, Uzumaki-kun. *Khotya tam seychas deystvitel'no krasivo* (Aunque realmente está hermoso allí ahora).
Naruto sonrió. Había captado el tono de nostalgia en su voz rusa.
—¡Entonces es una cita! —exclamó Naruto, y antes de que nadie pudiera reaccionar, salió disparado del salón con una velocidad que dejó los papeles de Fuutarou volando por los aires.
—¡Oye! ¡Vuelve aquí! —gritó Fuutarou, pero Naruto ya había desaparecido.
Alya, suspirando con fingida molestia, salió tras él.
—¡Tengo que detenerlo! —exclamó ella, aunque su corazón latía con una emoción que no sentía en las reuniones del consejo.
Las quintillizas se miraron entre sí.
—Esto se va a poner interesante —dijo Ichika, guardando sus cosas—. ¿Vamos?
Fuutarou se quedó solo en el salón por un momento, mirando su mochila. Suspiró, se ajustó la mochila al hombro y caminó hacia la puerta.
—Ese idiota nos va a meter en problemas a todos —masculló, pero sus pasos eran rápidos.
En la azotea de la Academia Itan, el viento soplaba con fuerza, agitando el cabello rubio de Naruto mientras observaba la ciudad de Tokio desde lo alto. Para él, era una vista extraña. No había bosques infinitos ni rostros tallados en una montaña, solo acero, cristal y una energía frenética que nunca se detenía.
—Te dije que no podías estar aquí —dijo Alya, cerrando la puerta tras ella.
Naruto no se giró.
—Es un poco diferente a mi hogar —dijo en voz baja—. Allí, el aire olía a tierra y a fuego. Aquí huele a... electricidad y metal.
Alya se acercó lentamente, sorprendida por el tono melancólico de Naruto. Se detuvo a su lado, apoyando los brazos en la barandilla.
—¿De dónde vienes realmente, Naruto? —preguntó ella—. No hablas como alguien de una zona rural. A veces pareces un niño, pero otras veces... parece que has visto el fin del mundo.
Naruto la miró. Sus ojos azules, usualmente brillantes y traviesos, estaban cargados de una seriedad que hizo que Alya contuviera el aliento.
—Vengo de un lugar donde la paz era un sueño difícil de alcanzar —respondió él—. Pero ahora estoy aquí. Y quiero proteger esta paz, aunque sea estudiando matemáticas aburridas con Uesugi.
Alya sintió un nudo en la garganta. Sin pensarlo, colocó su mano sobre la de él en la barandilla.
—*Ty ne odin, Naruto* —susurró ella—. *My zdes' s toboy* (No estás solo, Naruto. Nosotros estamos aquí contigo).
Naruto sonrió, y esta vez la sonrisa no llegó a sus labios, sino a sus ojos.
—Sabes, Alya, algún día me cansaré de no entender lo que dices en ruso y tendré que besarte para que te quedes callada.
Alya se puso roja como un tomate maduro. Abrió la boca para protestar, pero en ese momento la puerta de la azotea se abrió de golpe.
—¡Lo sabía! —gritó Nino, entrando seguida por sus hermanas y un Fuutarou que parecía a punto de desmayarse por la carrera—. ¡Están teniendo un momento romántico en el lugar prohibido!
—¡No es lo que parece! —exclamó Alya, saltando lejos de Naruto como si hubiera recibido una descarga eléctrica—. ¡Solo estaba dándole una advertencia oficial!
—¡Naruto-kun! —Yotsuba corrió hacia la barandilla—. ¡Mira! ¡Desde aquí se ve el campo de deportes! ¿Crees que podrías saltar desde aquí hasta la red de fútbol?
—¡Yotsuba, no le des ideas! —gritó Fuutarou, acercándose a Naruto con el dedo índice levantado—. Uzumaki, esto es una infracción grave. Como tu tutor, soy responsable de tu comportamiento. Si te expulsan, mi historial quedará manchado.
Naruto se rió, rodeando el cuello de Fuutarou con su brazo de forma amistosa.
—Relájate, Fuutarou. Nadie nos vio. Además, mira esta vista. ¿No es mejor que estar encerrados con esos libros?
Fuutarou miró hacia el horizonte. El sol comenzaba a descender, tiñendo los rascacielos de un color púrpura y dorado. Por un segundo, permitió que sus hombros se relajaran.
—Es... aceptable —admitió Fuutarou—. Pero no pienses que esto te libra del examen de mañana.
—¡Yo también quiero ver! —dijo Miku, acercándose al otro lado de Naruto.
Pronto, los ocho estaban alineados contra la barandilla. Las cinco hermanas Nakano, el tutor estricto, la vicepresidenta rusa y el ninja de otro tiempo. Era una combinación imposible, un grupo que no debería existir, y sin embargo, allí estaban, compartiendo el silencio de la tarde.
—Oye, Naruto —dijo Itsuki, rompiendo el silencio—, ¿por qué siempre llevas esas marcas en las mejillas? ¿Es maquillaje?
Naruto tocó las marcas de su rostro, sintiendo la textura de su piel.
—Es... una marca de nacimiento. Representan quién soy. Un recordatorio de que siempre tengo que seguir adelante, sin importar lo difícil que sea el camino.
—Son lindas —comentó Ichika, guiñándole un ojo—. Te dan un aire de "chico malo" pero con corazón de oro.
—*On prosto neotrazim, kogda tak govorit* —murmuró Alya para sí misma, pensando que nadie la entendía.
Pero Masachika Kuze, que acababa de llegar a la puerta de la azotea buscando a Alya, se detuvo en seco al escucharla. Sonrió para sus adentros y decidió no interrumpir. Se dio la vuelta y se sentó en las escaleras, mirando su teléfono.
—Parece que el nuevo ha causado un terremoto en esta escuela —pensó Masachika—. Y lo mejor es que ni siquiera se ha dado cuenta.
De vuelta en la barandilla, Naruto sintió una calidez en su pecho que no tenía nada que ver con el sol. Miró a Fuutarou, que ahora estaba discutiendo con Nino sobre si el helado de chocolate era mejor que el de vainilla, y a Alya, que intentaba mantener su dignidad mientras Yotsuba intentaba medir sus bíceps.
—Sabes, Kurama —pensó Naruto, hablando con el rincón más profundo de su mente—, este futuro no es tan malo después de todo.
Aunque no hubo respuesta del gran zorro, Naruto sintió una vibración de calma en su interior.
—¡Muy bien! —exclamó Naruto, saltando sobre el borde de la barandilla y manteniéndose en equilibrio sobre el estrecho borde, lo que provocó un grito de terror de Fuutarou e Itsuki—. ¡El último en llegar a la cafetería paga las bebidas!
—¡Naruto, bájate de ahí! —gritó Alya, extendiendo la mano hacia él.
Naruto le dio una última mirada, una que prometía aventuras, secretos y quizás algo más, antes de dejarse caer hacia atrás.
—¡Naruto! —gritaron todos, corriendo hacia el borde.
Pero Naruto no cayó al suelo. Usando su agilidad sobrehumana, se enganchó en el marco de una ventana del piso inferior, dio una voltereta en el aire y aterrizó suavemente en el césped del patio, saludando hacia arriba con dos dedos en V.
—¡Ese tipo es un monstruo! —exclamó Fuutarou, aunque su voz estaba llena de una extraña admiración.
—¡Es increíble! —gritó Yotsuba, ya corriendo hacia las escaleras—. ¡No me ganarás, Naruto-kun!
Las quintillizas salieron disparadas tras ella, dejando a Fuutarou y Alya solos en la azotea por un momento.
—Es un problema andante —dijo Fuutarou, limpiándose el sudor de la frente.
—Sí —coincidió Alya, mirando hacia abajo, donde Naruto ya estaba corriendo hacia la entrada principal—. Pero es el problema más brillante que he conocido.
Fuutarou la miró y asintió.
—Supongo que tienes razón. Vamos, Kujou-san. Si no nos apuramos, nos hará pagar la cuenta a nosotros.
Mientras bajaban las escaleras, la Academia Itan bullía con una nueva energía. El ninja que no quería ser ninja, el tutor que solo quería estudiar y las chicas que buscaban su propio camino se habían entrelazado en una historia que apenas estaba comenzando. Y en algún lugar de la ciudad, Kenji, el científico, miraba sus monitores y sonreía, sabiendo que el experimento de traer al pasado al presente estaba funcionando mucho mejor de lo que jamás imaginó.
Porque Naruto Uzumaki no solo había traído consigo su fuerza; había traído la capacidad de unir a las personas, incluso en un mundo de smartphones, exámenes de ingreso y amores complicados bajo el cielo de Tokio.