Una familia Parker-bishop
Pavo, pólvora y la ternura de los hombres duros
La cocina de los Parker-Bishop parecía el centro de control de una misión de los Vengadores, pero con mucho más olor a romero y mantequilla. Peter, con un delantal que decía "El mejor fotógrafo de la galaxia", terminaba de supervisar el puré de papas mientras Kate, con una precisión quirúrgica, cortaba las verduras para el ahumado.
Los primeros en llegar, fieles a su estilo de no tener nada mejor que hacer o simplemente por el deseo de compañía, fueron Bruce Banner, Yelena Belova y América Chávez. Bruce traía una botella de vino y una expresión de alivio por estar en un lugar donde nadie esperaba que se pusiera verde.
—¡Tía Yelena! ¡América! —gritó May-Day, corriendo hacia ellas con Lucky 2 pisándole los talones.
—Hola, pequeña saboteadora —dijo Yelena, cargándola con un brazo mientras con el otro le entregaba a Kate una bolsa de chocolates rusos—. Traje películas. De las que tienen explosiones, pero con finales felices para que tu padre no llore.
—¡Yo no lloro con las películas! —protestó Peter desde la cocina.
—La semana pasada lloraste con el comercial del perrito que buscaba a su dueño, Parker —le recordó América Chávez con una sonrisa burlona mientras abría un portal pequeño solo para depositar su abrigo en el perchero—. Vamos, May, veamos qué puso Yelena en la lista.
Las tres, junto al perro, se instalaron en el sofá, dejando a los adultos en una calma que duró exactamente quince minutos.
Entonces, el timbre sonó con la insistencia de alguien que no conoce los modales. Peter abrió la puerta y se encontró con la "alineación de los tipos duros": Wade Wilson, Matt Murdock, Frank Castle y Johnny Blaze.
Wade entró dando saltos, cargando una caja mal envuelta y vistiendo un suéter navideño que tenía un reno con una nariz roja que parpadeaba de verdad.
—¡Ya llegó la alegría de la fiesta! —exclamó Deadpool—. Traje chimichangas navideñas y un deseo incontrolable de cantar villancicos.
Peter lo detuvo en seco, poniéndole una mano en el pecho. Sus ojos se entrecerraron con una seriedad que solo reservaba para los villanos de clase interdimensional.
—Escúchame bien, Wade —susurró Peter con un tono gélido—. Si no te comportas, si dices una sola mala palabra frente a May o si intentas prenderle fuego a algo, te voy a cortar en pedazos tan pequeños que cabrán en una caja de zapatos. Te sellaré con telaraña reforzada y te mandaré al Polo Norte por correo prioritario sin retorno. ¿Entendido?
Wade parpadeó tras la máscara, haciendo un gesto de cerrar una cremallera sobre su boca.
—Fuerte y claro, Spidey. Seré un ángel. Un ángel con katanas.
Matt Murdock pasó al lado de ellos, usando su bastón con elegancia.
—Hueles a estrés, Peter —comentó Matt—. Y Frank trae un pavo ahumado que huele a pólvora y nogal. Yo que tú, no preguntaría cómo lo cocinó.
Frank Castle asintió rígidamente a Kate, dejando una enorme bandeja sobre la mesa. Johnny Blaze, por su parte, saludó con un gesto de cabeza, dejando un rastro sutil de olor a asfalto caliente mientras se sentaba en un rincón, tratando de no parecer demasiado intimidante.
Finalmente, cuando el hambre ya empezaba a hacer mella, llegaron los últimos invitados. Clint Barton entró con un aire de "estoy demasiado viejo para esto" pero con una sonrisa al ver a Kate, seguido de Carol Danvers, quien traía una botella de algo que brillaba sospechosamente en un tono dorado cósmico.
—¡Tío Clint! —Kate lo abrazó con fuerza—. Pensé que te quedarías atrapado en la granja por la nieve.
—Nada me impediría ver cómo Parker intenta no quemar la cena —bromeó Clint, estrechando la mano de Peter.
La cena fue un despliegue de abundancia y caos organizado. La mesa estaba repleta: el pavo dorado de Peter, el puré de papas cremoso, pechugas de pollo a las finas hierbas, carne asada aportada por Frank, papas hervidas, un enorme tazón de espagueti que May-Day había exigido y las verduras ahumadas de Kate.
—Esto está increíble —dijo Bruce, sirviéndose una segunda porción de puré—. Es agradable comer algo que no sea comida de laboratorio o sándwiches de gasolinera.
—El secreto es el amor —dijo Wade, con la boca llena de espagueti—. Y el hecho de que Peter usa sus redes para colar el caldo. Es un filtro orgánico.
—Wade, te dije que no dijeras eso en la mesa —gruñó Peter, aunque no pudo evitar sonreír al ver a todos sus amigos reunidos.
Después del banquete, la sala se convirtió en un refugio de paz cinematográfica. Pusieron una maratón de películas clásicas. Lo que más llamó la atención de Kate fue la disposición en el sofá grande. Logan, que había llegado discretamente poco después de la cena, y Frank Castle estaban sentados en los extremos. May-Day, sintiéndose la niña más protegida del mundo, se había acomodado justo en el medio, con una pierna sobre el regazo de Logan y la cabeza apoyada en el brazo de Frank.
—¿No está muy apretada ahí, May? —preguntó Peter, acercándose con una bandeja de galletas.
—No, papá. El tío Logan es calientito y el tío Frank es como una almohada de piedra —respondió la niña, sin apartar los ojos de la pantalla.
Logan soltó un gruñido que pretendía ser de molestia, pero sus dedos acariciaban distraídamente el cabello de la niña. Frank, el hombre que hacía temblar a los criminales más peligrosos de Nueva York, ni siquiera se movió, permitiendo que May-Day usara su brazo como apoyo mientras él observaba la película con una intensidad inusual.
—Míralos —susurró Kate al oído de Peter—. Los hombres más peligrosos del planeta, derrotados por una niña de cinco años y una película animada.
—Es el efecto Parker-Bishop —respondió Peter, rodeando a Kate con su brazo—. Nadie es inmune.
Llegó el momento de los regalos. Fue un intercambio lleno de risas y sorpresas. Bruce le dio a May-Day un kit de química para niños que "no explotaba" (según él). Yelena le regaló un chaleco táctico miniatura con muchos bolsillos para guardar dulces.
—¡Mi turno! —exclamó Wade, entregándole a May-Day una caja alargada.
Peter se puso tenso, listo para saltar, pero cuando la niña abrió el regalo, resultó ser una pistola Nerf personalizada, pintada de rojo y negro.
—Es para que practiques tu puntería, pequeña —dijo Wade—. Pero recuerda, nunca apuntes a la cara... a menos que sea la de tu padre cuando te diga que no puedes comer postre.
—¡Gracias, tío Wade! —May-Day inmediatamente le disparó un dardo de espuma en el pecho.
Mientras May-Day, América, Carol y Yelena se sentaban en la alfombra para jugar juegos de mesa navideños —una competencia que se volvió sorprendentemente feroz cuando Carol empezó a usar sus conocimientos de estrategia militar para ganar al Monopoly—, el ambiente en el patio trasero tomó un rumbo diferente.
Wolverine, Deadpool, Punisher y Ghost Rider habían decidido que la cena no había sido suficiente carne y encendieron la parrilla exterior para un asado nocturno. Entre las brasas y el frío de la noche, sacaron algunas botellas de una bebida fuerte que Johnny había traído de Arizona.
—Te digo que mi moto corre más que cualquier cosa que Stark haya construido —decía Johnny, con la voz ya un poco arrastrada por el alcohol.
—Tú y tu estúpida moto —gruñó Logan, bebiendo directamente de una botella—. Mi factor de curación me permite beber esto como si fuera agua, y aun así siento que estoy perdiendo neuronas escuchándote.
—¡Pelea de borrachos! —gritó Wade, tambaleándose mientras intentaba darle la vuelta a un filete con una katana—. ¡Apostemos! ¡Cinco dólares a que Frank le dispara a la parrilla antes de medianoche!
Frank no dijo nada, simplemente bebió su trago y miró a Wade con una intensidad que habría sobrio a cualquier otro hombre, pero Deadpool solo se rió y trató de abrazarlo, terminando ambos en el suelo tras un breve forcejeo que Peter tuvo que salir a detener antes de que destruyeran el jardín.
—¡Chicos, hay niños adentro! —gritó Peter desde el porche—. ¡Compórtense o los manguereo con agua helada!
—¡Él empezó! —gritaron Logan y Wade al unísono, señalándose mutuamente.
Finalmente, la noche empezó a decaer. Los invitados comenzaron a despedirse. Bruce fue el primero, agradeciendo la hospitalidad. Carol y América se fueron a través de un portal, prometiendo volver para el cumpleaños de May. Clint le dio un abrazo a Kate y un apretón de manos a Peter.
—Tienen una buena vida aquí, chicos —dijo Clint antes de salir—. No la den por sentada.
Incluso los "duros" se suavizaron al final. Logan le dio un pequeño toque en la nariz a May-Day antes de irse, y Frank simplemente asintió hacia Peter, un gesto que en su lenguaje significaba un respeto profundo por el hogar que había construido. Johnny se fue haciendo rugir su moto, y Wade fue escoltado hasta la acera por Peter para asegurarse de que no intentara entrar de nuevo por la chimenea.
La casa quedó en un silencio acogedor, impregnada de los restos de risas, el olor a pino y la calidez de la amistad.
Peter y Kate subieron las escaleras cargando a una May-Day que ya se había quedado dormida en el sofá. La acostaron con cuidado en su cama, arropándola bajo su manta de estrellas. Lucky 2, con su suéter navideño todavía puesto, se subió a los pies de la cama, soltando un bostezo largo y acomodándose para vigilar los sueños de su pequeña dueña.
—Lo logramos —susurró Kate, apoyando su cabeza en el hombro de Peter mientras miraban a su hija dormir—. Una Navidad perfecta. Sin invasiones, sin villanos, solo familia.
—Y sin que Wade explotara nada importante —añadió Peter, dándole un beso en la sien—. Es un milagro de Navidad.
Bajaron a la sala para apagar las luces del árbol. Peter miró el salón vacío pero lleno de recuerdos de la noche. Se sintió inmensamente agradecido. A sus treinta años, después de haber perdido tanto en su juventud, finalmente tenía todo lo que siempre había soñado: un hogar, una esposa que era su mejor aliada y una hija que era su mayor alegría.
—Feliz Navidad, Kate —dijo Peter, rodeándola por la cintura.
—Feliz Navidad, Peter —respondió ella, mirándolo con esos ojos que siempre le daban fuerzas—. Gracias por darme esta familia.
Se quedaron un momento abrazados frente al resplandor de las luces navideñas, sabiendo que, aunque el mañana trajera nuevos desafíos o amenazas, esa noche, en ese pequeño rincón de Queens, todo estaba exactamente como debía estar. Fue, sin duda alguna, la mejor Navidad para May-Day, y el comienzo de muchas más para los Parker-Bishop.