V
Espejos de lo que Fuimos
El apartamento de Namjoon siempre olía a una mezcla reconfortante de libros antiguos, incienso de sándalo y café recién hecho. Era un refugio diseñado para el pensamiento y la calma, un espacio que parecía existir fuera del tiempo y de las agendas frenéticas que dictaban sus vidas como estrellas globales. Sin embargo, para Eun-sol, cruzar ese umbral se sentía cada vez más como caminar sobre una cuerda floja.
—Llegas justo a tiempo, Sol-ah —dijo Namjoon, asomándose desde la cocina con un delantal oscuro sobre su ropa informal. Su sonrisa era amplia, mostrando esos hoyuelos que transmitían una paz casi paternal—. Navi está terminando de preparar la ensalada.
—Sabes que no me gusta llegar tarde a las reuniones familiares —respondió Eun-sol con una sonrisa suave, dejando su bolso sobre el aparador de la entrada.
Llamarlo "reunión familiar" era una forma de suavizar la realidad. Eran cuatro de las personas más influyentes de la industria musical coreana, escondidas en un ático de lujo para poder ser, simplemente, seres humanos.
—¡Unnie! —Nawinda, o Navi, como la conocía el mundo, apareció desde la cocina. Su rostro estaba iluminado de una forma que Eun-sol rara vez veía cuando estaban bajo las luces de los escenarios. Había una suavidad en sus ojos, una falta de tensión en sus hombros que solo Namjoon lograba evocar—. Pensé que el ensayo de hoy se alargaría más.
—Puse mano dura —bromeó Eun-sol, abrazando a su compañera de grupo—. Les dije que la líder tenía planes importantes.
—Planes que incluyen vino y comida casera, espero —intervino una voz profunda desde el salón.
El corazón de Eun-sol dio un vuelco predecible, pero ella no permitió que se reflejara en su rostro. Taehyung estaba sentado en uno de los sillones de cuero, con un libro de fotografía abierto sobre las piernas. Llevaba una sudadera gris holgada y gafas de montura fina. Parecía tan cómodo, tan integrado en ese espacio, que por un segundo Eun-sol sintió un deja vú que la golpeó en el estómago.
—Taehyung-ssi —saludó ella, manteniendo la nota de cordialidad profesional que se había convertido en su escudo—. No sabía que vendrías hoy.
—Namjoon hyung me prometió que abriría una de esas botellas especiales de Italia —respondió él, cerrando el libro y poniéndose de pie—. Y además, alguien tiene que equilibrar la energía de AERIS en esta casa.
—Como si pudieras hacerle sombra a Navi en su propio terreno —replicó Eun-sol, caminando hacia el sofá opuesto.
La dinámica era extraña. Durante los últimos meses, estas cenas se habían vuelto recurrentes. Lo que empezó como una coincidencia se transformó en una rutina silenciosa. Namjoon y Navi estaban en esa etapa de la relación donde el mundo exterior no existía; eran estables, públicos dentro de su círculo íntimo, y profundamente cómplices. Y ahí, en el fondo, estaban ellos: Eun-sol y Taehyung. Los ex amantes que ahora jugaban a ser los "mejores amigos de la pareja".
—La cena está lista —anunció Namjoon, extendiendo una mano hacia Navi.
Ella la tomó con una naturalidad que dolió ver. No era un gesto para las cámaras, no era fan-service. Era simplemente un hombre sosteniendo la mano de la mujer que amaba. Se sentaron a la mesa redonda de madera maciza. Namjoon a la cabecera, Navi a su derecha, Taehyung a la izquierda y Eun-sol frente a su compañera.
—¿Cómo va la preparación del nuevo álbum, Sol-ah? —preguntó Namjoon mientras servía el vino—. Escuché un par de demos en el estudio el otro día. Suenan... potentes.
—Estamos intentando algo más experimental —explicó ella, agradecida por el cambio de tema—. La presión después del último Billboard es real. A veces siento que la gente espera que inventemos un nuevo color cada vez que regresamos.
—Lo haréis —dijo Navi con convicción, mirando a Namjoon—. Unnie es la mejor líder que conozco. No deja que nada se escape.
—A veces demasiado —añadió Taehyung, con un tono juguetón que escondía una observación afilada—. Recuerdo que en 2019 solías revisar las mezclas de sonido hasta que los ingenieros querían llorar.
El silencio que siguió fue breve, pero denso. Mencionar 2019 era invocar un fantasma. Era el año en que todo empezó para ellos. Eun-sol sintió que el aire se volvía un poco más pesado.
—El perfeccionismo es un vicio difícil de dejar —respondió ella, clavando la vista en su copa—. Pero supongo que tú también lo sabes. He visto tus fotos para la nueva campaña de moda. Cada ángulo parece calculado para detener el corazón de alguien.
—Solo hago lo que me piden —dijo él, encogiéndose de hombros—. Pero prefiero los momentos donde no hay cámaras. Como este.
—Nosotros también —intervino Navi, apoyando la cabeza en el hombro de Namjoon por un segundo—. Es tan difícil encontrar gente en quien confiar, ¿verdad? Por eso valoramos tanto que ustedes dos estén aquí. Se siente... correcto. Como si estuviéramos entre familia.
Eun-sol forzó una sonrisa. Miró a Namjoon, quien observaba a Navi con una adoración tan pura que resultaba casi obscena para alguien que estaba pasando por una sequía emocional. Namjoon le susurró algo al oído a Navi y ella soltó una risita, golpeándolo suavemente en el brazo.
Era un espejo. Un espejo cruel que le devolvía a Eun-sol imágenes de su propio pasado.
Hubo un tiempo en que ella y Taehyung se sentaban así en apartamentos alquilados con nombres falsos. Hubo un tiempo en que él le robaba comida del plato y ella le regañaba entre risas, antes de que el peso de ser "V" y "SOLA" se volviera una armadura demasiado pesada para compartir la misma cama.
—¿Sol-ah? —la voz de Taehyung la trajo de vuelta—. Te has quedado mirando la pasta como si intentaras descifrar un código secreto.
—Solo pensaba en el cronograma de mañana —mintió ella con maestría—. Tenemos grabación a las seis de la mañana.
—Siempre el trabajo —suspiró Namjoon—. Deberías aprender de Taehyung. Él ha aprendido a desconectar un poco desde que regresó.
—Es más fácil cuando tienes a alguien que te recuerda que el mundo no se acaba si no eres perfecto todo el tiempo —dijo Taehyung, y por un microsegundo, sus ojos se encontraron con los de Eun-sol.
Fue una mirada fugaz, pero cargada de una electricidad estática que amenazaba con hacer saltar los fusibles de la habitación. Eun-sol supo que él también lo estaba sintiendo. El dolor de ver lo que podrían haber sido si hubieran tenido un poco más de paciencia, o un poco menos de miedo.
La cena continuó entre risas y anécdotas de la industria, pero para Eun-sol, cada gesto de cariño entre Namjoon y Navi era como una pequeña punzada de aguja. No era envidia; era una melancolía profunda. Quería que sus amigos fueran felices, de verdad lo quería. No quería arruinar su burbuja con la tensión residual de su relación fallida. Por eso fingía. Por eso Taehyung fingía.
Eran actores de método, interpretando el papel de "amigos maduros" para no incomodar el romance de los demás.
—Voy a ayudar a Namjoon con el postre —dijo Navi, levantándose y arrastrando a Namjoon hacia la cocina—. Ustedes quédense aquí, no tarden.
De repente, el salón quedó sumido en un silencio que solo el zumbido del aire acondicionado se atrevía a romper. Eun-sol se concentró en el resto de vino que quedaba en su copa, evitando mirar a Taehyung.
—Es difícil, ¿verdad? —preguntó él de repente. Ya no usaba el tono juguetón de antes. Su voz era baja, privada.
—¿El qué? —preguntó ella, fingiendo demencia.
—Verlos —Taehyung dejó su copa sobre la mesa y se inclinó hacia adelante, apoyando los codos en las rodillas—. Verlos y recordar que nosotros también solíamos tener esa mirada.
Eun-sol suspiró, dejando caer la máscara por un momento.
—A veces me pregunto si ellos saben que nos estamos muriendo un poco por dentro cada vez que se toman de la mano.
Taehyung soltó una risa seca, carente de alegría.
—Namjoon hyung es muy inteligente, pero cuando está con Navi, el resto del mundo desaparece. No creo que lo noten. Y es mejor así. No quiero que se sientan culpables por ser felices delante de nosotros.
—Yo tampoco —asintió ella—. Pero es agotador, Tae. Actuar como si 2019 fuera una vida anterior que no me afecta. Como si no recordara el sabor de tus besos cada vez que te veo reír de la misma forma en que lo hacías entonces.
Taehyung se levantó y caminó hacia el gran ventanal que daba a la ciudad. Las luces de Seúl parpadeaban como estrellas caídas.
—A veces pienso que terminar fue el error más grande de mi vida —confesó él, de espaldas a ella—. Y otras veces, cuando veo lo famosa que eres ahora, lo mucho que brillas... pienso que fue lo correcto. Que no habría podido protegerte de todo este ruido si hubiéramos seguido juntos.
Eun-sol se levantó también, movida por un impulso que no pudo controlar. Se detuvo a un metro de él.
—No necesitaba que me protegieras, Taehyung. Necesitaba que estuvieras.
Él se giró lentamente. La luz de la luna entraba por el ventanal, esculpiendo sus facciones con una dureza elegante.
—Estoy aquí ahora —dijo él—. Pero parece que el espacio entre nosotros es más grande que cuando estaba en el ejército.
—Es porque ahora hay expectativas —respondió ella, con la voz quebrada—. Ahora somos "leyendas". Y las leyendas no tienen permitido tener debilidades. Tú eres mi debilidad, Tae. Siempre lo has sido.
Taehyung dio un paso hacia ella, rompiendo la zona de seguridad que habían establecido. Eun-sol pudo sentir el calor que emanaba de su cuerpo, el mismo calor que tantas veces la había arrullado hasta el sueño en noches de ansiedad.
—¿Y qué pasa si decidimos ser débiles solo por una noche? —susurró él, extendiendo una mano pero sin llegar a tocarla—. ¿Qué pasa si dejamos de actuar para Namjoon y Navi, y empezamos a ser honestos con nosotros mismos?
Eun-sol miró hacia la cocina. Podía oír el sonido de los platos y la risa amortiguada de Navi. Estaban a salvo, en su propio mundo. Volvió a mirar a Taehyung. Sus ojos oscuros eran un pozo de promesas y arrepentimientos.
—No podemos —dijo ella, aunque su corazón gritaba lo contrario—. Si empezamos algo de nuevo, no será como antes. Ya no somos esos chicos de 2019. Ahora todo el mundo es dueño de un pedazo de nosotros.
—Me importa una mierda el mundo —dijo Taehyung con una intensidad que la sobresaltó—. Me importa que cuando te veo reír con ellos, me duele no ser yo quien causó esa risa. Me importa que todavía guardo tu número como "Mi Sol" en mi teléfono personal, aunque nunca te llame.
Eun-sol sintió una lágrima traicionera resbalar por su mejilla. Taehyung, esta vez, no dudó. Acortó la distancia y la limpió con el pulgar. El contacto fue como una quemadura.
—Estamos fingiendo tan bien que nos estamos convenciendo a nosotros mismos de que estamos bien —continuó él, su rostro a centímetros del de ella—. Pero no lo estamos. Tú no lo estás, y yo ciertamente no lo estoy.
—¿Qué quieres de mí, Taehyung? —preguntó ella en un susurro desesperado.
—Quiero que dejes de tratarme como a un colega de empresa. Quiero que, aunque sea solo cuando estemos en estas cenas, dejes de ser SOLA y seas solo Eun-sol. La chica que me regañaba por no usar calcetines en invierno.
Eun-sol cerró los ojos, apoyando la frente contra su hombro. El olor a sándalo la envolvió, y por un momento, el peso de AERIS, de las giras mundiales y de la imagen pública desapareció.
—Es tan difícil —sollozó ella silenciosamente.
—Lo sé —dijo él, rodeándola con sus brazos por primera vez en años. Fue un abrazo casto, de consuelo, pero para ambos significó el fin de una guerra fría—. Pero no tienes que hacerlo sola.
En ese momento, el sonido de pasos regresando desde la cocina los obligó a separarse con una rapidez dolorosa. Para cuando Namjoon y Navi entraron con una bandeja de fruta y pastel, Taehyung estaba de nuevo mirando por la ventana y Eun-sol se estaba retocando el cabello, de espaldas a la luz.
—¡Espero que tengan hambre! —exclamó Navi, dejando la bandeja en la mesa de centro—. Namjoon intentó robarse un trozo de pastel, pero lo detuve a tiempo.
—Solo quería comprobar la calidad —se defendió Namjoon, riendo.
Eun-sol se giró, con su sonrisa de líder perfectamente colocada en su sitio.
—Parece delicioso, Navi. Gracias.
Taehyung regresó a la mesa, sentándose de nuevo en su lugar. Su expresión era de nuevo la del ídolo encantador y relajado, pero sus ojos buscaron los de Eun-sol por un breve instante. Había un nuevo entendimiento entre ellos. Una tregua.
La cena terminó una hora después. Las despedidas fueron efusivas entre las chicas y respetuosas entre los hombres. Namjoon y Navi se quedaron en la puerta, despidiéndolos con la mano como una pareja de recién casados.
Ya en el ascensor, el silencio entre Eun-sol y Taehyung fue diferente. Ya no era tenso, sino expectante.
—¿Te llevo a tu dormitorio? —preguntó él mientras bajaban hacia el estacionamiento privado.
—Mi mánager me espera abajo —respondió ella—. Pero... gracias por el café de hoy, Taehyung.
Él asintió, metiendo las manos en los bolsillos de su sudadera.
—Sol-ah.
Ella se detuvo antes de salir del ascensor.
—¿Sí?
—La próxima vez que estemos con ellos... no finjas tanto. Me gusta más cuando tus ojos se ponen tristes porque eso significa que todavía sientes algo. Prefiero tu tristeza a tu indiferencia profesional.
Eun-sol no respondió. No podía. Salió del ascensor y caminó hacia la camioneta negra que la esperaba, sintiendo que el aire de la noche era más ligero de lo habitual.
Había cosas sin resolver, por supuesto. Había un pasado que pesaba y un futuro que daba miedo. Pero mientras veía el coche de Taehyung alejarse por el espejo retrovisor, Eun-sol supo que la fachada de "solo amigos" había empezado a agrietarse. Y por primera vez en mucho tiempo, no tenía prisa por repararla.