Yo en genshin impact con mí cuenta
El Susurro de los Pinos y el Vuelo del Dragón
El camino a través del Bosque de los Susurros era mucho más impresionante de lo que Damian recordaba desde la pantalla de su computadora. El aire olía a pino, a tierra húmeda y a esa energía mágica que solo Teyvat poseía. Aether caminaba a su lado, todavía lanzándole miradas furtivas de vez en cuando, tratando de procesar cómo era posible que alguien tuviera el rostro de su hermana pero la personalidad de un bromista relajado de otro planeta.
—Entonces... —comenzó Aether, rompiendo el silencio—, ¿dices que en tu mundo yo soy un personaje de un... "videojuego"?
Damian se ajustó un mechón de pelo rubio detrás de la oreja. Todavía se sentía raro tener el cabello tan sedoso, pero se estaba acostumbrando.
—Exacto, mi estimado viajero. Eres el protagonista. Bueno, tú o tu hermana, dependiendo de a quién elija el jugador —respondió Damian con una sonrisa traviesa—. Y yo, por azares del destino, terminé aquí atrapado en el cuerpo de Lumine, pero con todos los "trucos" de mi cuenta activados.
—¡Es muy confuso! —chilló Paimon, dando vueltas en el aire—. ¡Paimon no entiende nada de "cuentas" o "jugadores", pero sí entiende que esa comida que sacaste de la nada era deliciosa!
Damian soltó una carcajada y empezó a tararear *Best of Me* de Neffex. Sus pasos eran ligeros, casi como si flotara. Gracias a que tenía las estadísticas de su cuenta, su resistencia era prácticamente infinita. Mientras Aether empezaba a mostrar signos de cansancio por la caminata, Damian se sentía como si acabara de levantarse de una siesta de diez horas.
—"They can't stop me, I'm a beast, I'm a monster..." —canturreó Damian en voz baja, disfrutando de la acústica del bosque.
—Cantas mucho —observó Aether, aunque no parecía molesto—. Esas canciones... tienen un ritmo muy diferente al de las baladas que he escuchado en otros mundos.
—Es música para motivarse, Aether. Te da ese "punch" necesario para enfrentar dragones o, en nuestro caso, caminar kilómetros —Damian se detuvo en seco y señaló hacia adelante—. Shhh. Silencio. Estamos llegando a la parte interesante.
Aether y Paimon se agacharon instintivamente. Damian, haciendo gala de su conocimiento del juego, se movió con cautela hacia un claro oculto por grandes árboles y rocas. Al asomarse, la vista fue sobrecogedora.
Un enorme dragón de escamas celestes y seis alas estaba posado en el centro del claro. Frente a él, un joven vestido de verde con una lira en la mano parecía estar tratando de calmar a la bestia.
—No temas... He vuelto —susurró el chico de verde.
Dvalin, el Dragón del Este, rugió con una mezcla de dolor y furia. El viento sopló con tal fuerza que Paimon casi sale volando, de no ser porque Damian la agarró de la capa a tiempo.
—¡Cuidado, comida de emergencia! —susurró Damian.
—¡Que no soy...! —Paimon se calló al ver la intensidad de la escena.
De repente, un destello de luz roja brilló en el pecho del dragón. Dvalin se agitó violentamente, lanzando un rugido ensordecedor que sacudió los árboles. El chico de verde retrocedió sorprendido cuando el dragón emprendió el vuelo, desapareciendo entre las nubes y dejando tras de sí una atmósfera pesada y corrupta.
—Eso estuvo cerca —dijo Aether, saliendo de su escondite una vez que el peligro pasó—. Ese chico... estaba hablando con un dragón.
Damian se sacudió el polvo del vestido, mirando hacia donde el bardo de verde se había esfumado. Sabía perfectamente que ese era Venti, o mejor dicho, Barbatos, el Arconte Anemo. Pero no quería arruinar la sorpresa todavía.
—Un bardo con gustos peligrosos, supongo —dijo Damian con total naturalidad—. Pero miren lo que dejó atrás.
En el centro de la roca donde Dvalin había estado posado, brillaba una lágrima cristalina de color carmesí, imbuida de una energía oscura. Aether se acercó para recogerla, sintiendo un escalofrío al tocarla.
—Siento... odio en esto. Una tristeza muy profunda —murmuró Aether.
—Es una lágrima de dragón corrompida —explicó Damian, cruzándose de brazos—. No es algo que quieras guardar en el bolsillo de tu pantalón sin cuidado. Por suerte, mi inventario es básicamente un agujero negro dimensional.
Damian extendió la mano y, con un par de toques en su interfaz invisible, la lágrima desapareció, almacenada de forma segura entre sus miles de materiales de ascensión.
—¡Increíble! —exclamó Paimon—. ¡Realmente tienes un espacio de almacenamiento infinito! ¿Crees que quepa un banquete entero ahí dentro?
—Podría guardar todo el restaurante "El Buen Cazador" si quisiera, Paimon —bromeó Damian, comenzando a caminar de nuevo—. Pero basta de distracciones. Mondstadt está justo después de esa colina. Y si no me equivoco, estamos a punto de tener un comité de bienvenida bastante... caballeroso.
A medida que avanzaban, el paisaje se abría. El lago de Sidra rodeaba la majestuosa ciudad de Mondstadt, cuyas murallas de piedra y molinos de viento se alzaban orgullosos contra el cielo. Damian no pudo evitar sentir una punzada de emoción. Había visto esta ciudad mil veces en su monitor, pero estar allí, sintiendo el olor a flores de Cecilia y escuchando el suave murmullo del agua, era otra cosa totalmente distinta.
—¡Es enorme! —dijo Aether, maravillado por la arquitectura.
—Y huele a libertad —añadió Damian, aunque en realidad estaba pensando en la sidra—. Y a vino. Mucho vino.
Justo cuando estaban por cruzar el puente de madera que llevaba a las puertas principales, una figura roja y veloz descendió desde un acantilado lateral, aterrizando con una pirueta perfecta justo frente a ellos.
—¡Alto ahí, viajeros! —exclamó la chica, vestida con un uniforme rojo de exploradora y llevando una cinta que parecía orejas de conejo sobre su cabeza—. Soy Amber, Caballero de Exploración de los Caballeros de Favonius. ¡Identifíquense!
Aether dio un paso adelante, algo nervioso, pero Damian simplemente se adelantó con una sonrisa relajada, casi como si estuviera saludando a una vieja amiga.
—¡Hola, Amber! Qué entrada tan dramática, 10 de 10 —dijo Damian, examinando el arco de la chica—. No te preocupes, no somos agentes de los Fatui ni nada parecido. Solo somos viajeros. Él es Aether, la cosa flotante es Paimon, y yo... bueno, llámame Damian.
Amber parpadeó, confundida por la confianza de la chica rubia frente a ella.
—¿Damian? Pero... pareces... —Amber miró a Aether y luego a Damian—. ¿Son gemelos?
—Es complicado —respondió Damian, guiñándole un ojo—. Digamos que somos familia en espíritu. Estamos buscando al Arconte Anemo para que ayude a mi amigo aquí presente a encontrar a su verdadera hermana.
Amber bajó un poco su arco, aunque seguía manteniendo su postura profesional.
—Un nombre extraño para una chica tan linda... pero bueno, Mondstadt da la bienvenida a todos, siempre y cuando no sean una amenaza. Sin embargo, con ese dragón rondando últimamente, no podemos ser demasiado precavidos.
—Entendemos perfectamente —dijo Aether—. Solo queremos entrar a la ciudad.
—Está bien —asintió Amber, suavizando su expresión—. Los escoltaré personalmente. Además, como Caballeros de Favonius, es nuestro deber ayudar a los ciudadanos y visitantes. ¡Síganme!
Mientras caminaban por el puente, Damian observaba a las palomas de Timmie. Por un momento, sintió el impulso irresistible de cambiar a un personaje de arco y lanzarle una habilidad definitiva para conseguir algo de carne de ave, pero se contuvo. "No, Damian, hay que causar una buena impresión primero", se dijo a sí mismo.
—"I'm dangerous, I'm loving it, I'm lighting up..." —empezó a susurrar Damian, esta vez una de las canciones más enérgicas de Neffex.
—¿Qué es esa melodía? —preguntó Amber, curiosa—. Suena muy diferente a las canciones de los bardos locales.
—Es rock, Amber. Música de donde vengo —respondió Damian—. Algún día te enseñaré a bailar, aunque con esas botas de exploradora igual es un poco difícil.
Amber se rió, empezando a sentirse cómoda con el extraño trío. Al cruzar las puertas de la ciudad, la actividad era frenética. Los mercaderes gritaban sus ofertas, los ciudadanos paseaban y el ambiente, a pesar de la amenaza del dragón, era vibrante.
—Vaya... esto es mucho más real que los gráficos en ultra —murmuró Damian para sí mismo, tocando la piedra de una de las casas.
—¡Miren eso! —señaló Paimon—. ¡Hay una tienda de comida! ¡Y otra de recuerdos!
—Primero lo primero —dijo Amber—. Tengo que informar de su llegada, pero antes, les prometí un regalo por cooperar. ¡Un planeador de viento!
Damian sonrió. Sabía que ahora vendría el tutorial de vuelo, pero para él, que ya tenía el mapa completo y años de experiencia "volando" en el juego, esto iba a ser pan comido.
—Acepto el regalo —dijo Damian—. Pero te advierto, Amber, que soy bastante buena en el aire.
—¿Ah, sí? —Amber lo miró con un desafío amistoso—. ¡Ya veremos eso! Vamos hacia la plaza de la catedral, es el mejor lugar para probarlos.
Mientras subían las escaleras hacia la parte alta de la ciudad, Damian se sentía en su elemento. A pesar de estar en un cuerpo que no era el suyo, en un mundo que debería ser ficticio, la sensación de libertad era embriagadora. Se sentía poderoso, no solo por los personajes y armas en su inventario, sino por la oportunidad de vivir la historia desde adentro.
Sin embargo, la calma no duró mucho. El cielo comenzó a oscurecerse de forma antinatural. Unas nubes negras y pesadas cubrieron el sol en cuestión de segundos, y un viento violento empezó a azotar las calles de Mondstadt.
—¿Qué está pasando? —gritó Aether, cubriéndose los ojos del polvo.
—¡Es él! ¡Stormterror está atacando la ciudad! —exclamó Amber, alarmada.
Varios tornados gigantescos comenzaron a formarse en las calles, levantando carretas y asustando a la gente. Damian vio cómo uno de los tornados se dirigía directamente hacia Aether.
—¡Cuidado! —gritó Damian.
Sin pensarlo, Damian activó su interfaz. "Kazuha", pensó. Sintió una ligereza absoluta en sus pies. De un salto que desafiaba la gravedad, se interpuso entre Aether y el tornado.
—¡Nubes blancas, escuchen mi llamado! —exclamó Damian, usando la habilidad elemental del samurái errante.
Una ráfaga de viento esmeralda chocó contra el tornado, desviando su trayectoria y disolviéndolo en una lluvia de hojas de arce que no deberían estar allí. Aether y Amber se quedaron petrificados.
—¿Eso fue... Anemo? —preguntó Amber con los ojos como platos—. ¡Pero si no tienes una Visión!
—Te dije que tenía mis trucos —respondió Damian, recomponiéndose—. Pero no hay tiempo para charlas. ¡Miren arriba!
Dvalin sobrevolaba la ciudad, rugiendo con una furia desatada. Damian sintió una descarga de adrenalina. Esto era lo que había estado esperando.
—Aether, quédate con Amber y ayuda a la gente en tierra —ordenó Damian, su voz sonando con una autoridad que sorprendió incluso a Paimon—. Yo me encargaré de ese lagarto superdesarrollado.
—¿Qué vas a hacer? —preguntó Aether preocupado.
Damian no respondió con palabras. En su lugar, invocó sus alas (unas alas doradas de edición limitada que tenía en su cuenta) y se lanzó al aire, aprovechando las corrientes ascendentes creadas por el dragón.
—"I'm a natural! A beating heart of stone!" —rugió Damian a pleno pulmón, dejando que la música de Imagine Dragons llenara su mente mientras ascendía hacia el cielo—. ¡Oye, Dvalin! ¡Es hora de que alguien te dé una lección de buenos modales!
En pleno vuelo, Damian cambió de "estilo". Sintió el peso de un arco en sus manos y la energía de Ganyu fluyendo por sus venas. Apuntó hacia los cristales de corrupción en la espalda del dragón mientras giraba en el aire con una gracia inhumana.
—¡Cae! —gritó, soltando una flecha de hielo que explotó en una flor de escarcha al impactar.
Desde abajo, los ciudadanos de Mondstadt, los Caballeros de Favonius y un muy confundido Aether observaban cómo una chica rubia, vestida de blanco y dorado, bailaba en el cielo contra una de las Cuatro Vientos, cantando canciones de un mundo lejano y dominando elementos que no debería poseer.
Damian sonrió en medio de la tormenta. Sí, definitivamente, esta iba a ser la mejor partida de su vida. Y esto era solo el comienzo del primer acto.