Yo en genshin impact con mí cuenta
El Despertar del Rayo y el Té con los Caballeros
La batalla en el cielo de Mondstadt no se parecía en nada a pulsar botones en una pantalla táctica. Damian, en el cuerpo de Lumine, sentía el viento gélido azotando su rostro y la presión atmosférica comprimiendo sus pulmones mientras ascendía tras la estela de Dvalin. El dragón era una masa imponente de escamas celestes y energía de viento corrompida, pero Damian no sentía miedo; sentía una euforia eléctrica.
—¡A ver si aguantas este ritmo, lagartijo! —gritó Damian, su voz perdiéndose entre el rugido de los tornados.
En su mente, la interfaz de su cuenta de Genshin brillaba con una claridad absoluta. Cambió instantáneamente de Ganyu a la Shogun Raiden. No hubo una transformación física visible para los que estaban abajo, pero el aire a su alrededor se saturó de ozono y electricidad estática. Sus ojos dorados emitieron un breve destello púrpura.
—¡Brilla! —exclamó, desatando una serie de tajos coordinados de energía Electro que cortaron las corrientes de aire de Dvalin.
El dragón, sorprendido por la agresividad del ataque, soltó un rugido de dolor y giró bruscamente, batiendo sus seis alas para crear una onda de choque. Damian cerró las alas de su planeador justo a tiempo, dejándose caer en picado para ganar velocidad antes de volver a abrirlas con un giro acrobático. Mientras caía, comenzó a tararear *Unstoppable* de Sia, dejando que la melodía le diera el compás a sus movimientos.
—"I'm unstoppable, I'm a Porsche with no brakes..." —canturreó con una sonrisa depredadora.
Abajo, en la plaza de la fuente, Aether, Paimon y Amber miraban hacia arriba con el cuello rígido. La gente de Mondstadt se había refugiado en las casas, pero muchos se asomaban por las ventanas para ver el espectáculo imposible.
—¡Esa chica está loca! —gritó Paimon, agarrándose con fuerza a la bufanda de Aether—. ¡Está peleando contra Stormterror como si estuviera jugando en un parque!
—No está solo peleando —observó Aether, cuyos ojos no perdían detalle—. Se está moviendo con las corrientes de aire de una forma que ni siquiera yo comprendo. Y esos rayos... ¿cómo puede usar tantos elementos?
Dvalin, sintiendo que no podía sacudirse a su perseguidora, lanzó un último rugido de frustración y se alejó volando hacia las montañas, dejando que las nubes negras se disiparan. La tormenta cesó tan rápido como había comenzado, dejando a la ciudad en un silencio sepulcral, solo roto por el sonido de los molinos volviendo a girar lentamente.
Damian descendió con elegancia, aterrizando en el centro de la plaza con la ligereza de una pluma. Se sacudió el vestido blanco, que milagrosamente no tenía ni una mancha, y se ajustó las flores de su cabello.
—Bueno, eso fue un buen calentamiento —dijo Damian, soltando un suspiro de satisfacción—. Aunque ese dragón tiene un aguante tremendo. Necesita un poco de bálsamo labial y mucha terapia.
Amber corrió hacia él, seguida de cerca por Aether y Paimon. La exploradora tenía una expresión que oscilaba entre la admiración extrema y el pánico burocrático.
—¡Eso fue... increíble! ¡Y aterrador! ¡Y contra las normas de seguridad de vuelo! —Amber gesticulaba frenéticamente—. ¡Has repelido a Stormterror tú sola! Bueno, casi sola. ¡Pero usaste poderes que no deberían ser posibles sin una Visión!
—Trucos de magia, Amber, solo trucos de magia —respondió Damian con un guiño, volviendo a su actitud relajada y algo perezosa—. Por cierto, ¿hay algún lugar donde vendan comida de verdad? La adrenalina me da un hambre de lobo.
—¡Paimon también tiene hambre! —secundó el hada, flotando alegremente—. ¡La pelea de Damian fue muy emocionante de ver, y eso consume muchas calorías de espectador!
Antes de que Amber pudiera responder, una voz pausada y elegante, cargada de un sarcasmo magnético, resonó desde las sombras de los soportales de la plaza.
—Realmente ha sido un espectáculo digno de las leyendas más antiguas de Mondstadt.
Un hombre alto, de piel morena, cabello azul marino y un parche en el ojo, se acercó aplaudiendo lentamente. Su vestimenta gritaba "Caballero de Favonius" pero con un toque de pirata sofisticado.
—¡Capitán Kaeya! —Amber se puso firme de inmediato—. Estos son los viajeros de los que te hablé... bueno, en realidad solo conocía a dos, la tercera apareció de forma... explosiva.
Kaeya se detuvo frente a Damian, evaluándolo con su único ojo visible. Damian no se amilanó; al contrario, le devolvió la mirada con una sonrisa de suficiencia. Sabía perfectamente quién era Kaeya: el maestro de las intrigas y el hombre que siempre tenía un plan B.
—Vaya, vaya —dijo Kaeya, rodeando a Damian como un depredador curioso—. Te pareces mucho al joven viajero, pero emanas una energía... diferente. Casi como si llevaras un arsenal entero escondido bajo ese vestido tan delicado.
—Tengo un armario muy grande, Capitán —respondió Damian, cruzándose de brazos—. Y si buscas el recibo de mis poderes, me temo que se perdió en el correo interdimensional.
Kaeya soltó una carcajada genuina, algo raro en él.
—Me gusta tu actitud. Soy Kaeya, Capitán de Caballería de los Caballeros de Favonius. Dado que acabas de salvar a la ciudad de un desastre mayor, creo que lo mínimo que puedo hacer es invitarlos a la sede para hablar con nuestra Maestra de la Orden en funciones. Y quizás, después, podamos discutir eso de la comida.
—¿Maestra Jean? —preguntó Aether—. ¿Ella podrá ayudarnos a encontrar a mi hermana?
—Si alguien tiene los recursos para buscar a una persona desaparecida en Teyvat, son los Caballeros —aseguró Kaeya—. Síganme, por favor.
Mientras caminaban hacia el imponente edificio de los Caballeros de Favonius, Damian se puso a caminar al lado de Aether, que seguía algo callado.
—Oye, rubio —le susurró Damian, dándole un codazo amistoso—. No te comas la cabeza. Sé que todo esto es raro, y sé que verme con la cara de tu hermana debe ser un viaje emocional de los gordos. Pero estoy de tu lado. Vamos a encontrarla, aunque tenga que usar a todos mis personajes de nivel 90 para derribar las puertas del Abismo.
Aether miró a Damian y, por primera vez, vio algo más que una extraña impostora. Vio una determinación feroz bajo esa fachada de bromista.
—Gracias, Damian —respondió Aether con sinceridad—. Aunque todavía no entiendo la mitad de las cosas que dices.
—Nadie lo hace, amigo. Ni siquiera yo —rio Damian, empezando a tararear *Believer* de Imagine Dragons—. "First things first, I'ma say all the words inside my head..."
Entraron en la sede de los caballeros. El lugar olía a cera de madera y papel antiguo. Kaeya los condujo hasta una gran puerta de roble y, tras llamar suavemente, entraron en el despacho de la Maestra de la Orden.
Jean Gunnhildr estaba de pie junto a su escritorio, rodeada de pilas de documentos. Su expresión era de cansancio absoluto, pero sus ojos se iluminaron con alivio al ver a Kaeya entrar con los visitantes. Al lado de la ventana, una mujer de cabellos morados y sombrero de bruja hojeaba un libro con elegancia: Lisa, la bibliotecaria.
—Jean, te traigo a los héroes del momento —anunció Kaeya con un gesto dramático—. Especialmente a esta señorita, que ha decidido que los dragones son excelentes compañeros de baile.
Jean se acercó a ellos, estrechando la mano de Aether y luego la de Damian.
—He oído los informes de los ciudadanos. Mondstadt tiene una deuda de gratitud con ustedes —dijo Jean con voz firme pero cálida—. Soy Jean, Gran Maestra en funciones. Amber me ha contado su situación.
—¡Y yo soy Lisa, la bibliotecaria! —intervino la bruja, acercándose a Damian con una mirada de curiosidad científica—. Vaya, pequeña... tienes una firma elemental de lo más caótica. Nunca había visto algo así. Es como si fueras un foco de energía que cambia de frecuencia cada segundo.
—Es que soy multitasarea, Lisa —respondió Damian, recordando lo mucho que le gustaba el diseño de Lisa en el juego—. Un poco de esto, un poco de aquello. Ya sabes, variedad es la sal de la vida.
—Interesante... —murmuró Lisa, pasando un dedo cerca del brazo de Damian, sintiendo las chispas residuales de la Shogun—. Me encantaría estudiarte más de cerca en la biblioteca algún día.
—¡Lisa, por favor, no asustes a nuestros invitados! —la reprendió Jean con un suspiro—. Viajeros, Mondstadt está pasando por un momento difícil. Stormterror, el dragón que vieron, era antes uno de los Cuatro Vientos, un protector de la ciudad. Su corrupción es un misterio que estamos intentando resolver.
Damian dio un paso adelante, sintiendo que era el momento de mover la trama.
—Sabemos que hay algo más detrás, Jean —dijo Damian, adoptando un tono un poco más serio—. Encontramos esto en el bosque.
Haciendo gala de su inventario, Damian hizo aparecer la lágrima cristalina corrompida en la palma de su mano. El cristal emitía un brillo rojizo maligno que hizo que Jean y Lisa retrocedieran un paso.
—¿Una lágrima de Stormterror? —Jean se llevó una mano al pecho—. La energía que emana es puramente negativa. No es de extrañar que el pobre Dvalin esté sufriendo tanto.
—Aether pudo tocarla sin corromperse —añadió Paimon, señalando al viajero—. ¡Y Damian la guardó en su bolsillo mágico!
—Eso confirma mis sospechas —dijo Lisa, examinando el cristal sin tocarlo—. Ustedes tienen una purificación natural o una resistencia elemental que va más allá de lo normal. Viajeros, su llegada a Mondstadt no parece ser una coincidencia.
—Sea como sea —continuó Jean—, necesitamos su ayuda para estabilizar las tres templos de los Cuatro Vientos que están alimentando el poder de Stormterror. Si logramos limpiar la energía allí, quizás podamos salvar al dragón y a la ciudad.
—¡Cuenten con nosotros! —dijo Aether, decidido.
—Yo me apunto —asintió Damian—. Pero con una condición.
Jean arqueó una ceja.
—¿Cuál?
—Necesito que alguien me diga dónde sirven la mejor sidra de manzana de la ciudad y si puedo pagar con estas monedas que tengo aquí —Damian sacó un puñado de Moras de su inventario—. Tengo como diez millones, supongo que eso alcanza para una ronda, ¿no?
Kaeya soltó otra carcajada, mientras Jean simplemente parpadeaba, confundida por la prioridad de la chica.
—Diez millones... —murmuró Amber, que estaba al fondo de la sala—. ¡Eso es una fortuna!
—Bueno —dijo Kaeya, poniendo un brazo sobre los hombros de Damian—, me parece que después de salvar templos, el Capitán de Caballería tiene el deber moral de mostrarles la taberna "El Obsequio del Ángel". El dueño es un poco... seco, pero la bebida es excelente.
—¡Trato hecho! —exclamó Damian.
Salieron de la sede de los caballeros con un plan trazado. Amber los guiaría a los templos mientras Jean coordinaba la defensa de la ciudad. Damian se sentía como si estuviera siguiendo las misiones principales, pero con la libertad de un mundo abierto real.
Mientras bajaban por las escaleras hacia la entrada de la ciudad, Damian se detuvo un momento a mirar la estatua gigante de Barbatos en la plaza de la catedral.
—"Wake up, wake up, it's time to be the one..." —cantó suavemente, una estrofa de *Wake Up* de Neffex.
—¿Qué dices, Damian? —preguntó Paimon, flotando a su lado.
—Nada, Paimon. Solo pensaba que este mundo es mucho más ruidoso de lo que pensaba. Y que me gusta el ruido.
—¡A Paimon también le gusta el ruido si viene acompañado de comida! —el hada dio una voltereta—. ¡Vamos, Amber dice que el primer templo no está lejos!
Damian echó a correr, sintiendo la brisa de Mondstadt en su cara. No era solo un jugador atrapado en un cuerpo de waifu; era una fuerza de la naturaleza con una lista de reproducción de rock en la cabeza y el mapa del destino bajo sus dedos.
—¡Oye, Aether! —gritó Damian mientras corría—. ¡Si llegamos rápido al templo, te enseñaré cómo se hace un ataque descendente con una espada de luz!
—¡Espérame! —Aether salió corriendo tras ella, riendo por primera vez en mucho tiempo.
Mondstadt estaba a salvo por ahora, pero las sombras del Abismo y los secretos de los Arcontes aún aguardaban. Y Damian, con su excentricidad y sus poderes de cuenta "maxeada", estaba más que listo para romper todas las reglas de Teyvat. Al fin y al cabo, ¿qué es la vida sin un poco de música y un par de explosiones elementales?
—"I'm the one who's gonna make it, I'm the one who's gonna take it..." —su voz se desvaneció entre los pinos mientras el grupo abandonaba la ciudad, listos para su próxima aventura.