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Yo hija de goku caigo en el anime naruto (sasuke x yo)

Niebla, Sangre y el Despertar del Guerrero

El camino hacia el País de las Olas se volvía más denso con cada paso. La humedad se pegaba a la piel de Akira como una manta pesada, algo muy distinto al aire seco y vibrante de las mesetas donde solía entrenar. Caminaba al lado de Naruto, quien no había cerrado la boca desde que ella se unió al grupo. A pesar de la situación —estar varada en una dimensión desconocida y haber perdido a Bulma—, la energía hiperactiva del chico rubio le resultaba extrañamente reconfortante.

—Entonces, ¿dices que no usas sellos de manos? —preguntó Naruto por décima vez, imitando torpemente una posición de manos—. ¿Ni siquiera para lo de volar? ¡Eso es trampa, de veras!

Akira soltó una risita y se puso las manos tras la nuca, caminando con una confianza que contrastaba con la tensión de los demás.

—Ya te lo dije, Naruto. El ki es energía vital. Está en todas partes y dentro de nosotros. Solo tienes que saber cómo empujarla hacia afuera. No necesito hacer dibujitos con las manos para eso.

—Se llama chakra —intervino Sasuke desde unos pasos atrás, con su tono gélido habitual—. Y lo que tú haces debe tener una explicación lógica. Nadie tiene tanta energía acumulada sin agotarse.

Akira se detuvo un segundo y lo miró por encima del hombro. El chico de cabello azabache era un amargado, le recordaba un poco a los relatos que su padre le contaba sobre los inicios de Vegeta.

—Tal vez es que ustedes tienen muy poca —respondió ella con una sonrisa provocadora—. O tal vez es que yo soy diferente.

Kakashi, que hasta ese momento parecía sumergido en su libro erótico, levantó la mirada. Su ojo visible analizó la postura de Akira. No había aberturas. Incluso mientras caminaba despreocupada, sus músculos estaban listos para reaccionar. "No es solo una niña con suerte", pensó el jōnin. "Esa presión que sentí cuando despertó... era como estar frente a una bestia salvaje contenida".

De repente, Kakashi se detuvo. Su cuerpo se tensó y su mano derecha bajó imperceptiblemente hacia su bolsa de armas.

—¡Al suelo! —rugió.

El instinto de Akira reaccionó milésimas de segundo antes que el de los demás. No se tiró al suelo; dio un salto hacia atrás, elevándose un par de metros en el aire. Un enorme objeto metálico pasó zumbando justo por debajo de sus pies, cortando el aire con un silbido aterrador.

*¡CLANG!*

Una espada gigantesca se incrustó en el tronco de un árbol cercano. Segundos después, un hombre apareció de la nada, de pie sobre la empuñadura de la espada. Tenía el torso desnudo, la mitad inferior de la cara cubierta por vendas y una mirada que destilaba sed de sangre.

—Zabuza Momochi —susurró Kakashi, su voz perdiendo toda la pereza anterior—. El Demonio de la Niebla Oculta.

—Vaya, vaya —dijo el hombre, ignorando a los niños y fijando su vista en Kakashi—. El Ninja que Copia. No esperaba encontrarte en una misión de escolta tan aburrida.

Akira, que seguía flotando en el aire, observó al recién llegado con curiosidad. Podía sentir su ki. Era oscuro, afilado y mucho más fuerte que el de los chicos, pero comparado con las amenazas que su familia solía enfrentar, no le pareció algo imposible. Sin embargo, el ambiente cambió. Una niebla espesa comenzó a cubrirlo todo, reduciendo la visibilidad a apenas unos centímetros.

—¡Cuidado, chicos! —gritó Sakura, posicionándose frente a Tazuna con un kunai en la mano—. ¡No se separen!

—Oigan, ¿qué es esto? —preguntó Akira, descendiendo hasta el suelo—. No veo nada. ¿Es algún tipo de truco de magia?

—Es el Jutsu de Ocultación en la Niebla —explicó Kakashi, mientras se levantaba la banda ninja, revelando un ojo rojo con tres aspas negras—. Quédense cerca de Tazuna. Sasuke, Naruto, Akira... no bajen la guardia. Él es un asesino profesional.

La voz de Zabuza resonó en todas direcciones, como si la niebla misma hablara.

—Ocho puntos... laringe, columna, pulmones, hígado, yugular, arteria subclavia, riñones, corazón. ¿Cuál prefieren que elija?

El miedo se apoderó de los genin. Sasuke comenzó a temblar, la presión asesina de Zabuza era como un peso físico sobre sus hombros. Akira, sin embargo, frunció el ceño. No le gustaba que la amenazaran, y mucho menos que alguien jugara con su mente.

—¡Ya basta de juegos! —gritó la Saiyajin.

Cerró los puños a los costados y tensó sus músculos. Un aura blanca y vibrante estalló a su alrededor, creando una onda de choque que disipó la niebla en un radio de cinco metros. El suelo bajo sus pies se agrietó.

—¡Si quieres pelear, sal de ahí y pelea como un hombre! —desafió Akira, sus ojos negros brillando con una intensidad salvaje.

Zabuza, oculto entre los árboles, se sorprendió. Esa niña acababa de disipar su jutsu solo con pura presión de energía. "Imposible", pensó. "No ha hecho ni un solo sello".

Sin previo aviso, el asesino apareció detrás de Naruto y los demás, balanceando su enorme espada. Kakashi reaccionó a tiempo para interceptarlo, pero Zabuza era rápido. Un clon de agua se materializó cerca de Akira, lanzando un tajo horizontal.

—¡Cuidado, Akira! —gritó Sakura.

La chica no se inmutó. En lugar de esquivar, levantó su antebrazo izquierdo. El metal de la *Kubikiribōchō* chocó contra la piel de la joven con un sonido metálico seco.

—¿Qué...? —el clon de agua de Zabuza se quedó paralizado. La espada no había cortado el brazo de la niña. Ni siquiera le había hecho un rasguño.

—¿Eso es todo? —preguntó Akira con una sonrisa burlona—. Mi abuelo pega más fuerte que tú.

Con un movimiento fluido, Akira lanzó un puñetazo directo al estómago del clon. El impacto fue tan potente que el agua que formaba el cuerpo del enemigo salió disparada en todas direcciones, deshaciendo la técnica instantáneamente.

—¡Increíble! —exclamó Naruto, con los ojos como platos—. ¡Le dio un golpe y lo hizo explotar!

Sin embargo, la batalla real estaba ocurriendo más allá. El verdadero Zabuza había logrado atrapar a Kakashi en una esfera de agua.

—¡Kakashi-sensei! —gritó Sakura con desesperación.

—¡Escuchen! —la voz de Kakashi sonaba amortiguada desde dentro de la Prisión de Agua—. ¡Tomen a Tazuna y huyan! No pueden ganar contra él. Mientras me mantenga aquí, no podrá moverse, ¡corran!

Zabuza rió entre dientes, manteniendo su mano dentro de la esfera.

—Es inútil. Sus pequeños estudiantes morirán aquí mismo. Primero los chicos, y luego la niña extraña. No importa qué tan dura sea su piel, el agua la ahogará igual.

Sasuke y Naruto intercambiaron una mirada. Sabían que no podían huir. Si lo hacían, Tazuna moriría y su honor como ninjas quedaría destruido. Pero antes de que pudieran trazar un plan con shurikens, Akira ya se había adelantado.

—¡Oye, cara vendada! —gritó ella, caminando hacia Zabuza—. Suelta al tipo del pelo gris. Ahora.

—¿O si no qué, mocosa? —Zabuza creó otro clon de agua—. No sabes con quién te estás metiendo.

—Te lo advertí —dijo Akira.

En un parpadeo, desapareció de la vista de todos. Ni siquiera el Sharingan de Sasuke pudo seguir su movimiento. Solo se escuchó un estallido sónico. Akira reapareció frente al clon de agua, pero esta vez no se detuvo. Lo atravesó como si fuera papel y continuó hacia el Zabuza original.

Zabuza, sorprendido por la velocidad, se vio obligado a retirar su mano de la Prisión de Agua para defenderse, liberando a Kakashi. Akira lanzó una patada ascendente que el asesino apenas logró bloquear con el plano de su espada. El impacto lo envió volando hacia atrás, deslizándose sobre la superficie del agua del río cercano.

Kakashi cayó de rodillas, tosiendo y recuperando el aliento. Miró a Akira, que ahora estaba de pie sobre el agua, sin hundirse, simplemente flotando a unos centímetros de la superficie.

—¿Estás bien, Kakashi? —preguntó ella, sin quitarle la vista a Zabuza.

—Sí... gracias —respondió el jōnin, todavía procesando lo que acababa de ver. La fuerza física de esa niña era comparable, o incluso superior, a la de Tsunade-sama, una de las legendarias Sannin.

Zabuza se puso de pie, limpiándose un rastro de agua de la cara. Su mirada ya no era de desprecio, sino de cautela extrema.

—Esa velocidad... esa fuerza... No eres una ninja normal. ¿De qué aldea vienes?

Akira se encogió de hombros, haciendo crujir sus nudillos.

—Ya te lo dije, no soy de por aquí. Pero si le haces daño a mis nuevos amigos, te las verás conmigo.

—¡No te lleves toda la gloria, Akira! —gritó Naruto, lanzándose al ataque con sus clones de sombra—. ¡Yo también soy un ninja!

La batalla se reanudó con una intensidad renovada. Mientras Naruto y Sasuke colaboraban en una táctica brillante para distraer a Zabuza, Akira observaba, lista para intervenir. Le impresionaba la coordinación de los chicos. Aunque eran mucho más débiles que ella en términos de potencia pura, su ingenio era algo que no solía ver en los combates de su mundo, donde a menudo todo se decidía por quién tenía el nivel de ki más alto.

En un momento crítico, cuando Zabuza intentó lanzar sus agujas senbon para contraatacar a un Naruto desprevenido, Akira se movió. No voló, simplemente corrió, convirtiéndose en un borrón dorado. Con una mano, atrapó todas las agujas en el aire antes de que tocaran al rubio.

—¡Ten más cuidado, cabeza hueca! —le regañó Akira, arrojando las agujas al suelo.

—¡Gracias! —respondió Naruto con una sonrisa nerviosa.

Finalmente, Kakashi, recuperado, utilizó su Sharingan para copiar los jutsus de estilo de agua de Zabuza, abrumándolo con el Gran Dragón de Agua. El asesino, agotado y herido, fue lanzado contra un árbol.

Justo cuando Kakashi se disponía a dar el golpe de gracia, dos agujas volaron desde la espesura y se clavaron en el cuello de Zabuza. El hombre cayó desplomado, aparentemente muerto.

Un joven con una máscara de cazador ninja (Oin-nin) apareció sobre una rama.

—Gracias —dijo el joven con voz suave—. He estado persiguiendo a Zabuza durante mucho tiempo. Yo me encargaré del cuerpo.

Akira entrecerró los ojos. Su instinto Saiyajin, ese sentido agudo para la supervivencia, le decía que algo no estaba bien. El ki de Zabuza no había desaparecido por completo; se había vuelto tenue, casi imperceptible, pero seguía ahí, como una llama pequeña en la oscuridad.

—Oye, tú —dijo Akira, dando un paso hacia el enmascarado—. Ese tipo no está...

Kakashi le puso una mano en el hombro, deteniéndola.

—Tranquila, Akira. Es un rastreador de la Aldea de la Niebla. Es su trabajo encargarse de los desertores.

Akira quiso protestar. Quería decirles que el "ki" no mentía, que el hombre de las vendas seguía vivo. Pero vio el cansancio en el rostro de Kakashi y la alegría de Naruto por haber ganado su primera batalla real. Además, ella misma se sentía un poco mareada; el uso de su energía en este mundo parecía agotarla más rápido de lo normal, como si la atmósfera opusiera resistencia a su ki.

El cazador ninja desapareció con el cuerpo de Zabuza en un torbellino de hojas.

—Bueno, eso fue intenso —dijo Akira, soltando un largo suspiro y dejando que sus pies tocaran tierra firme de nuevo.

—¡Fuiste increíble, Akira-chan! —gritó Naruto, saltando a su alrededor—. ¡Ese golpe que le diste al clon fue como ¡PUM! y luego ¡ZAS! Tenemos que entrenar juntos, ¡tienes que enseñarme a hacer eso!

Sasuke se acercó, guardando su kunai. Miró a Akira a los ojos, con una mezcla de respeto y una rivalidad ardiente.

—Ese poder... no es algo que se consiga solo entrenando —dijo el Uchiha—. Algún día, me dirás qué eres realmente.

Akira le devolvió la mirada con una sonrisa desafiante.

—Soy una Saiyajin. Aunque dudo que sepas lo que eso significa.

El grupo continuó su camino hacia la casa de Tazuna. Kakashi, sin embargo, colapsó repentinamente debido al uso excesivo del Sharingan. Akira reaccionó rápido, atrapándolo antes de que golpeara el suelo.

—¡Kakashi-sensei! —exclamaron Sakura y Naruto al unísono.

—Está bien, solo está agotado —dijo Akira, cargando al hombre sobre su hombro con una facilidad pasmosa, como si no pesara nada—. Vamos, lleven al viejo del puente a su casa. Yo me encargo del jefe.

Mientras caminaban, Akira miró hacia el bosque. Sabía que la amenaza no había terminado. Zabuza volvería, y probablemente no vendría solo. Pero por primera vez desde que cayó del cielo, no se sentía perdida. Tenía un propósito: proteger a este extraño equipo que la había acogido.

—Mamá siempre decía que las mejores aventuras empiezan con un gran estruendo —susurró Akira para sí misma, mirando el cielo nublado—. Creo que este mundo va a ser mucho más divertido de lo que pensaba.

Al llegar a la humilde morada de Tazuna, frente al mar, el sol comenzaba a ponerse, tiñendo el agua de un rojo anaranjado. Akira dejó a Kakashi en una cama y salió al balcón. El olor a salitre le recordaba a la casa de su abuelo en la montaña Paozu, aunque el paisaje fuera distinto.

—Bulma, donde quiera que estés, espero que estés bien —pensó, apretando el puño—. Porque yo voy a volverme mucho más fuerte en este lugar. Y cuando nos volvamos a ver, tendré muchas historias que contarte.

En la habitación de al lado, Naruto la observaba a través de la puerta entreabierta. Había algo en Akira, una chispa de determinación que él reconocía muy bien. No sabía de dónde venía ni cómo podía volar, pero sabía una cosa: con ella a su lado, tal vez el sueño de convertirse en Hokage no estaba tan lejos.

La noche cayó sobre el País de las Olas, trayendo consigo promesas de entrenamiento, peligros ocultos y el inicio de una leyenda que uniría dos mundos para siempre.