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Yo hija de goku caigo en el anime naruto (sasuke x yo)

El Despertar del Hambre y el Entrenamiento de los Dos Mundos

La casa de Tazuna era un refugio humilde pero acogedor, aunque el ambiente estaba cargado de una pesadez que no solo provenía del agotamiento físico. Kakashi Hatake yacía inconsciente en una de las habitaciones, víctima del sobreesfuerzo de su Sharingan, mientras el resto del grupo intentaba procesar los eventos del día.

Akira, por su parte, tenía un problema mucho más urgente que la geopolítica del País de las Olas o las técnicas de asesinato de la Niebla: su estómago.

—¡Tengo tanta hambre que podría comerme a ese dragón de agua que invocó el tipo de las vendas! —exclamó la joven saiyajin, dejándose caer sobre un cojín en la sala principal.

Tsunami, la hija de Tazuna, entró en la habitación con una bandeja de comida, pero al ver a Akira, su expresión de hospitalidad se transformó en una de pura consternación.

—He preparado arroz, pescado y sopa de miso —dijo Tsunami con timidez—, pero no estoy segura de si será suficiente para...

No terminó la frase. Antes de que pudiera dejar la bandeja en la mesa baja, Akira ya había devorado tres cuencos de arroz con una velocidad que desafiaba las leyes de la física. Naruto, que solía considerarse un experto en comer rápido gracias a sus visitas a Ichiraku, se quedó con la boca abierta y un palillo a medio camino.

—¡Oye! ¡Deja algo para los demás, Akira-chan! —protestó el rubio, lanzándose sobre el último trozo de pescado—. ¡A este paso, vas a dejar a la familia de Tazuna en la quiebra antes de que terminemos el puente!

—Lo siento, lo siento —dijo Akira con las mejillas infladas, tragando con un esfuerzo audible—. Es que mi cuerpo necesita mucha energía. Si no como, siento que mis músculos se apagan. Es parte de ser... bueno, de ser yo.

Sasuke, sentado en un rincón con los brazos cruzados, la observaba con una intensidad analítica. Había visto a ninjas con grandes reservas de chakra, pero lo de esta chica era diferente. No era solo una cuestión de reservas; era como si su metabolismo funcionara a una frecuencia distinta.

—Tu energía —intervino Sasuke, haciendo que todos guardaran silencio—. Dijiste que se llama "ki". He estado pensando en lo que hiciste en el bosque. Disipaste la niebla de Zabuza sin sellos, solo gritando. Eso no es un jutsu. Es pura liberación de energía bruta.

Akira se limpió la boca con la manga y se puso seria por un momento.

—Exacto. Ustedes usan esos movimientos de manos para moldear su energía, ¿verdad? Para mí, eso es como ponerle un embudo a una catarata. El ki fluye por todo el cuerpo, no solo por canales específicos. Si quiero que salga de golpe, simplemente lo empujo.

—¿Y podrías... enseñarnos? —preguntó Naruto, con los ojos brillando de emoción—. ¡Imagina si pudiera hacer explotar cosas solo con gritar! ¡Sería el Hokage más genial de la historia!

Akira soltó una carcajada traviesa.

—No es tan fácil, Naruto. Tienes que tener un control total sobre tu espíritu. Si te pasas, podrías explotar tú mismo. Pero mañana, cuando el jefe del pelo gris se despierte, tal vez podamos practicar algo.

La cena continuó entre las bromas de Naruto y los silencios cargados de Sasuke, hasta que el pequeño Inari, el nieto de Tazuna, entró en la sala. Su mirada era sombría, cargada de un resentimiento que Akira reconoció de inmediato. Era la mirada de alguien que había perdido la esperanza.

—¿Por qué se esfuerzan tanto? —preguntó el niño, con la voz temblorosa—. Gato los matará a todos. No importa cuánto entrenen o qué tan fuerte griten. En este mundo, los débiles mueren.

La sala se quedó en un silencio sepulcral. Sakura intentó decir algo amable, pero Akira se adelantó. Se puso de pie y caminó hacia el niño, quedando a su altura.

—Escúchame bien, enano —dijo Akira, y su tono ya no era divertido, sino firme como el acero—. Yo he visto a gente enfrentarse a monstruos que podrían destruir este planeta entero con un dedo. He visto a mi familia caer y levantarse una y otra vez. ¿Sabes por qué lo hacen? No es porque sean invencibles, es porque se niegan a dejar que alguien más decida su destino.

Inari apretó los puños, con lágrimas en los ojos.

—¡Tú no sabes nada! ¡No sabes lo que es perder a alguien!

—Sé más de lo que crees —respondió Akira, pensando por un segundo en la desaparición de Bulma y en el vacío que sentía al no percibir el ki de su padre—. Pero llorar no va a traer de vuelta a nadie, ni va a construir ese puente. Si quieres cambiar las cosas, deja de mirar al suelo y empieza a mover los pies.

Sin decir nada más, Akira salió al balcón, dejando al niño desconcertado. Naruto la miró con una nueva profundidad de respeto. Ella era impulsiva y ruidosa, sí, pero tenía el corazón de un guerrero veterano.

A la mañana siguiente, Kakashi finalmente despertó, aunque todavía necesitaba muletas para caminar. Reunió al equipo en un pequeño claro cerca de la casa, rodeado de árboles altos y frondosos.

—Zabuza está vivo —anunció Kakashi, soltando una bomba que dejó a los genin helados—. El cazador ninja que se lo llevó usó agujas senbon para inducirle un estado de muerte aparente. Es una técnica de rescate. Tenemos poco tiempo antes de que regrese.

—¡Lo sabía! —exclamó Akira, golpeando la palma de su mano con el puño—. Su energía no se había apagado. Sabía que ese tipo de la máscara olía a problemas.

—Por eso —continuó Kakashi—, vamos a entrenar. Naruto, Sasuke, Sakura... van a aprender a controlar su chakra de forma más eficiente. Y Akira... me gustaría que trabajaras con ellos, aunque tu energía sea distinta.

El ejercicio consistía en caminar por los troncos de los árboles usando solo el chakra en los pies. Sakura lo logró al primer intento, demostrando su excelente control. Sasuke y Naruto, sin embargo, fallaron estrepitosamente, uno subiendo demasiado poco y el otro saliendo despedido por usar demasiada fuerza.

Akira observaba la escena con una ceja levantada.

—¿Tienen que hacer todo eso solo para trepar un árbol? —preguntó, confundida.

—Es una base fundamental, Akira —explicó Kakashi—. Si no pueden controlar su energía en la planta de sus pies, no podrán realizar jutsus complejos en batalla sin agotarse. ¿Tú cómo lo haces?

Akira se encogió de hombros y, sin tomar impulso, caminó hacia el árbol más cercano. No usó sus manos. Simplemente caminó de forma vertical, ignorando la gravedad, hasta llegar a la rama más alta. Luego, se soltó y se quedó flotando en el aire, boca abajo, mirando a los ninjas.

—Yo no necesito pegarme al árbol —dijo con una sonrisa—. Simplemente le digo a la gravedad que no me moleste. Es como... una extensión de mi voluntad.

—Increíble —murmuró Kakashi—. No hay flujo de chakra externo. Es una manipulación gravitacional interna. Akira, si puedes hacer eso, tal vez puedas ayudar a estos dos. Naruto usa demasiada energía y Sasuke es demasiado rígido.

Akira descendió y se colocó entre los dos chicos, que la miraban con una mezcla de envidia y determinación.

—Escuchen, par de lentos —dijo Akira, poniendo una mano en el hombro de cada uno—. El problema de ustedes es que están pensando demasiado. "Tengo que poner tanta cantidad de energía aquí", "tengo que hacer esto allá". ¡No! Sientan la energía como si fuera parte de su sangre. No es una herramienta, es ustedes mismos.

—¡Es fácil para ti decirlo! —gruñó Naruto, limpiándose el barro de la cara—. ¡Tú naciste volando!

—¡No es cierto! —replicó Akira, su orgullo saiyajin aflorando—. Tuve que entrenar hasta que mis huesos crujían para aprender a controlar mi ki. Mi padre no me regaló nada. Si quieren ser fuertes, dejen de quejarse y sientan el ritmo.

Durante las siguientes horas, Akira se convirtió en una instructora poco convencional. Mientras Kakashi supervisaba desde la distancia, ella obligaba a Naruto y Sasuke a cerrar los ojos y tratar de sentir el ki de los pájaros, del viento y de ella misma.

—¡Cierren los ojos! —ordenaba Akira—. Si dependen solo de lo que ven, Zabuza los matará antes de que parpadeen. Sientan la presión del aire.

—Siento... algo —murmuró Sasuke después de un rato. Sus ojos estaban cerrados con fuerza—. Es como una vibración. Viene de ti, Akira. Es enorme... como un incendio forestal.

—Eso es —dijo ella, suavizando el tono—. Ahora, toma esa vibración y sintonízala con la del árbol. No luches contra la madera, conviértete en parte de ella.

Naruto, por su parte, estaba teniendo dificultades para quedarse quieto. Su energía era caótica, salvaje.

—¡Ahhh! ¡No puedo, Akira-chan! ¡Es como intentar atrapar anguilas con las manos!

Akira se acercó a él y le dio un pequeño golpe en la frente.

—Cálmate, Naruto. Tienes muchísima energía, más que el chico de los ojos raros, pero eres un desastre distribuyéndola. Imagina que tu energía es un río. Ahora mismo estás intentando romper la presa. Solo abre una compuerta pequeña. Una sola.

Poco a poco, los resultados empezaron a verse. Sasuke logró llegar a la mitad del árbol con una fluidez que no tenía antes, y Naruto, aunque seguía tropezando, ya no salía volando con cada intento.

Sin embargo, el entrenamiento fue interrumpido por un estruendo que venía del lado del puente. Una explosión de energía, pero no era ki ni chakra convencional. Era algo frío y gélido.

—Ha vuelto —dijo Kakashi, poniéndose en pie con dificultad y guardando su libro—. Zabuza está en el puente.

—¡Finalmente! —Akira dio un salto, elevándose unos metros en el aire. Sus ojos negros brillaron con la emoción de la batalla. El cansancio del entrenamiento desapareció instantáneamente, reemplazado por la adrenalina saiyajin—. Estaba empezando a aburrirme de verlos trepar árboles.

—Akira, espera —la detuvo Kakashi—. Esta vez no será como en el bosque. Zabuza sabe de lo que eres capaz. Traerá refuerzos y tácticas para anular tu fuerza.

—Que lo intente —respondió ella, ajustándose los guantes de su traje de entrenamiento—. En mi mundo, aprendemos que cuando un enemigo es fuerte, tú solo tienes que ser más fuerte que él. Es una matemática muy simple.

Naruto y Sasuke se pusieron de pie, agotados pero con una chispa nueva en sus miradas. El entrenamiento con Akira no solo les había dado un mejor control, sino que les había contagiado una parte de su confianza inquebrantable.

—¡Vamos! —gritó Naruto—. ¡Le enseñaremos a ese tipo lo que el Equipo 7... y Akira... pueden hacer!

El grupo corrió hacia el puente, donde la niebla ya empezaba a cubrir las estructuras de madera y piedra. Al llegar, la escena era desoladora. Los trabajadores del puente yacían inconscientes en el suelo, y en medio del camino, rodeado por una neblina tan espesa que parecía sólida, estaba Zabuza Momochi.

Pero esta vez no estaba solo. A su lado, un joven con una máscara de rastreador y un kimono largo sostenía varios senbon entre sus dedos. Su presencia era gélida, casi inhumana.

—Veo que han traído a la niña voladora de nuevo —dijo Zabuza, su voz resonando con una vibración metálica—. Haku, ella es la prioridad. No permitas que use su fuerza bruta.

—Entendido, Zabuza-sama —respondió el joven de la máscara con una voz melodiosa y carente de emoción.

Antes de que Kakashi pudiera dar una orden, el joven llamado Haku realizó una serie de sellos con una sola mano, una hazaña que incluso sorprendió al Ninja que Copia.

—Jutsu Secreto: Espejos de Cristal de Hielo —susurró.

En un instante, Akira, Naruto y Sasuke se vieron rodeados por una cúpula de espejos hechos de hielo puro. Las imágenes de Haku se reflejaban en cada uno de ellos, creando una ilusión infinita.

—¿Hielo? —Akira lanzó un puñetazo hacia uno de los espejos. El impacto fue tremendo, pero el espejo no se rompió; simplemente vibró y absorbió la fuerza del golpe—. ¡Oye! ¡Esto está muy frío!

—Es un Kekkei Genkai —advirtió Kakashi desde fuera, mientras Zabuza lo interceptaba—. ¡Akira, Naruto, Sasuke! ¡Tengan cuidado! ¡Desde dentro de esos espejos, él es más rápido que la vista!

Haku comenzó a moverse entre los espejos a una velocidad cegadora, lanzando agujas desde todos los ángulos. Naruto y Sasuke apenas podían cubrirse, pero Akira, usando sus instintos, lograba desviar la mayoría de los proyectiles con movimientos rápidos de sus manos.

—¡Es demasiado rápido! —gritó Naruto, sintiendo el pinchazo de una aguja en su hombro—. ¡No puedo verlo!

Akira cerró los ojos, recordando lo que les había dicho en el bosque.

—¡No lo miren con los ojos, chicos! —rugió Akira. Su aura dorada empezó a parpadear sutilmente a su alrededor—. ¡Sientan su ki! ¡Aunque sea hielo, su energía tiene que moverse de un espejo a otro!

Akira se concentró. Podía sentir la pequeña llama de energía de Haku saltando de un lugar a otro. Era rápido, sí, pero no era instantáneo. Para un saiyajin entrenado en seguir movimientos de guerreros que superaban la velocidad de la luz, esto era solo un juego de niños... si lograba coordinar su cuerpo con la densidad de este mundo.

—¡Ahí estás! —gritó Akira.

Lanzó una ráfaga de ki, una esfera de luz azul brillante, hacia uno de los espejos superiores. El impacto no destruyó el hielo, pero el calor de la energía hizo que Haku tuviera que frenar su avance por un segundo.

—¡Ahora, Sasuke! ¡Fuego! —ordenó Akira.

Sasuke, entendiendo el plan, realizó el sello del tigre.

—¡Estilo de Fuego: Jutsu Gran Bola de Fuego!

Las llamas chocaron contra el hielo, creando una cortina de vapor que, combinada con la energía de Akira, empezó a agrietar la técnica de Haku. El joven enmascarado se vio obligado a materializarse en el centro para recuperar el control.

—Son persistentes —dijo Haku, mirándolos con tristeza—. No deseo matarlos, pero por el bien de Zabuza-sama, lo haré.

Akira dio un paso al frente, su cabello negro erizándose levemente por la presión de su propia energía.

—Eres fuerte, chico del hielo. Y pareces buena persona. Pero te equivocas en algo: pelear por alguien que solo te usa como una herramienta no es fuerza. ¡La verdadera fuerza viene de querer proteger a los que están a tu lado porque los quieres!

Con un grito de guerra, Akira se lanzó hacia adelante. Esta vez no hubo explosiones de luz, sino un movimiento de pura potencia física. Haku intentó regresar a sus espejos, pero Akira fue más rápida. Lo tomó del brazo y, con un giro de cadera, lo lanzó contra uno de sus propios muros de hielo con tal fuerza que toda la estructura comenzó a desmoronarse.

El estruendo del hielo rompiéndose resonó en todo el puente. Kakashi y Zabuza detuvieron su combate por un momento, mirando hacia la cúpula que se caía a pedazos.

De entre los escombros de cristal, Akira emergió caminando tranquilamente, con Naruto y Sasuke a sus espaldas.

—Este mundo es extraño —dijo Akira, mirando a Zabuza con un desafío feroz—, y sus técnicas son complicadas. Pero al final del día, un golpe bien dado sigue siendo un golpe bien dado. ¿Quién sigue?

Zabuza apretó los dientes, dándose cuenta de que la niña del cielo no era solo una anomalía; era el factor que iba a destruir todos sus planes. Pero para Akira, esto era solo el comienzo. En su sangre hervía el deseo de superación, y mientras miraba a sus compañeros del Equipo 7, supo que, aunque echaba de menos su hogar, había encontrado un nuevo campo de batalla donde su leyenda apenas comenzaba a escribirse.