Bajo la sombra del escenario
El eco de la tormenta perfecta
La luz de la mañana se filtraba por las rendijas de las persianas en el dormitorio principal de Jungkook, iluminando las motas de polvo que flotaban en el aire denso y cálido. Hacía apenas dos semanas del colapso, y aunque el mundo exterior seguía girando con sus agendas apretadas y sus exigencias de ídolos perfectos, dentro de aquellas cuatro paredes el tiempo se había ralentizado.
Jungkook estaba sentado en la cama, rodeado de un nido que se negaba a desmantelar. Su piel tenía un brillo saludable, pero sus ojos estaban fijos en el pequeño objeto de plástico que sostenía entre sus dedos temblorosos. A su lado, Yoongi observaba la escena con una calma que contrastaba violentamente con el rugido de su pulso.
—Hyung —susurró Jungkook, su voz apenas un hilo—. Dijiste que los bloqueadores de alta potencia solían inhibir la fertilidad durante meses después de dejarlos.
Yoongi pasó una mano por su cabello oscuro, suspirando. Su alfa estaba en un estado de alerta máxima, protegiendo el espacio, pero su mente pragmática intentaba procesar la información.
—Eso es lo que dicen los manuales médicos de la empresa, Jungkook-ah. Se supone que el sistema tarda en reiniciarse. Pero también dicen que los ciclos de rebote son impredecibles.
Jungkook tragó saliva, mirando las dos líneas rosadas que se burlaban de su planificación y de sus miedos.
—Dos líneas. Yoongi... hay dos líneas.
El silencio que siguió fue absoluto, roto solo por el sonido distante de Hoseok riendo en la cocina y el televisor encendido en la sala. La realidad de lo que eso significaba para BTS, para su tour, para la empresa y para ellos mismos cayó sobre sus hombros como una losa de mármol.
—No entres en pánico —dijo Yoongi, aunque él mismo sentía que el suelo desaparecía bajo sus pies—. Primero, respira. Segundo, tenemos que estar seguros. Esos tests de farmacia pueden fallar por el desequilibrio hormonal del celo.
—Me he hecho tres, hyung —dijo Jungkook, levantando la vista con los ojos llenos de lágrimas—. Los tres dicen lo mismo.
Yoongi se acercó y lo envolvió en sus brazos, atrayéndolo hacia su pecho. El aroma de Jungkook había cambiado de nuevo; ya no era solo jazmín y lluvia, ahora había una nota profunda, terrosa y dulce, una señal biológica inconfundible que el alfa de Yoongi ya había empezado a reconocer antes que su cerebro.
—Estamos juntos en esto —murmuró Yoongi contra su cabello—. No importa lo que pase fuera de esta habitación.
Sin embargo, el destino tenía otros planes para su privacidad. La puerta de la habitación se abrió de golpe, sin previo aviso.
—¡Chicos! El desayuno está... —Seokjin se detuvo en seco. Su nariz, fina y entrenada, captó el cambio químico en el aire antes de que sus ojos procesaran la escena.
Jin miró a Jungkook, luego a Yoongi, y finalmente sus ojos descendieron hacia los objetos de plástico que Jungkook intentaba esconder inútilmente tras su espalda. El rostro del mayor pasó de la confusión a una palidez mortal en tres segundos exactos.
—Jeon Jungkook —dijo Jin, su voz peligrosamente baja—. Min Yoongi. Decidme que lo que estoy oliendo es una broma de mal gusto o que habéis derramado algún perfume experimental.
Jungkook se encogió, buscando refugio en el costado de Yoongi.
—Hyung, podemos explicarlo... —empezó Yoongi, levantando una mano en señal de paz.
—¿Explicar el qué? —El grito de Seokjin rompió la barrera del sonido, resonando por todo el pasillo del dormitorio—. ¡¿ME ESTÁIS DICIENDO QUE EL MAKNAE ESTÁ EN ESTADO?! ¡¿EN MEDIO DE LOS PREPARATIVOS DEL TOUR?! ¡MIN YOONGI, TE VOY A MATAR!
El estruendo fue tal que en cuestión de segundos, el resto de la manada apareció en la puerta. Namjoon llegó primero, con los ojos muy abiertos, seguido de Jimin y Taehyung, que tropezaron entre ellos, y Hoseok, que aún sostenía una espátula.
—¿Qué pasa? ¿Quién se está muriendo? —preguntó Namjoon, su aura de líder alfa activándose al notar la agitación de Jin.
—¡Él! —señaló Jin a Yoongi con un dedo acusador—. ¡Él va a morir hoy! ¡Ha dejado al cachorro embarazado!
El silencio que siguió al grito de Jin fue, si cabe, más pesado que el anterior. Jimin se tapó la boca con ambas manos, Taehyung se dejó caer contra el marco de la puerta con una expresión de asombro absoluto, y Namjoon simplemente se olvidó de cómo cerrar la boca.
—¿Embarazado? —susurró Jimin, sus ojos brillando con una mezcla de terror y una alegría que no podía reprimir—. ¿Un cachorro? ¿De verdad?
Yoongi se puso de pie, colocando a Jungkook detrás de él en un gesto instintivo de protección territorial. Su mirada era gélida, enfrentando la histeria de Jin.
—Baja la voz, Seokjin. Estás asustando a Jungkook.
—¡¿Que baje la voz?! —Jin estaba al borde de un colapso nervioso—. ¡La empresa nos va a despellejar vivos! ¡Bang PD va a tener un síncope! ¡Y tú, Min Yoongi, se supone que eras el responsable, el pragmático! ¿Dónde estaban los anticonceptivos? ¡¿Dónde estaba el sentido común?!
Jungkook salió de detrás de Yoongi, sus hombros temblando, pero no por miedo, sino por una mezcla de vergüenza y desafío.
—¡No es culpa de Yoongi-hyung! —exclamó Jungkook—. Yo... yo le pedí que se quedara. Los bloqueadores debían protegerme, se supone que mi cuerpo estaba "apagado". No sabíamos que el celo de rebote sería tan fértil.
Hoseok, que había permanecido en silencio procesando la noticia, caminó hacia la cama y se sentó al lado de Jungkook, rodeándolo con un brazo.
—Jin-hyung, cálmate —dijo Hoseok con suavidad, aunque sus ojos reflejaban la misma preocupación—. Gritar no va a cambiar las dos líneas del test. Lo que importa ahora es Jungkook.
Namjoon finalmente reaccionó, frotándose las sienes con frustración.
—Esto es un desastre logístico —admitió el líder—. Un desastre monumental. Pero... —miró a Jungkook, y su mirada se suavizó instantáneamente al ver la vulnerabilidad en el maknae—. Pero es nuestro cachorro. Y si él tiene un cachorro, entonces es de todos nosotros.
Jin soltó un bufido, aunque su postura empezó a relajarse. La ira se estaba transformando en esa preocupación maternal hiperactiva que lo caracterizaba.
—Voy a tener que cocinar cosas específicas —masculló Jin, empezando a caminar de un lado a otro—. Nada de esfuerzos innecesarios. Jungkook, no vas a practicar la coreografía de 'Seven' nunca más hasta que ese bebé tenga tres años. Y Yoongi, tú... tú vas a dormir en el sofá hasta que yo decida que no quiero cortarte las manos.
—Hyung, vivo aquí —recordó Yoongi con una ceja levantada.
—¡Me da igual! —gritó Jin de nuevo—. ¡Has roto al maknae!
—No estoy roto —intervino Jungkook, con una pequeña sonrisa asomando en sus labios por primera vez—. Solo estoy... expandiendo la familia.
Jimin se lanzó sobre la cama, abrazando a Jungkook con cuidado.
—¡Voy a ser el mejor tío del mundo! —exclamó Jimin—. Le compraré toda la ropa de marca. Será el bebé con más estilo de Seúl.
—Yo le enseñaré a jugar a los videojuegos —añadió Taehyung, sentándose a los pies de la cama, su rostro iluminado por una idea—. Y a pintar. Será un artista.
Namjoon se cruzó de brazos, mirando a Yoongi. La conversación silenciosa entre los dos alfas fue rápida. *¿Estás listo para esto?*, preguntaba la mirada de Namjoon. *Lo protegeré con mi vida*, respondía la de Yoongi.
—Tenemos que hablar con Sejin-hyung —dijo Namjoon finalmente—. Y con el equipo médico de confianza. Nada de hospitales públicos. Tenemos que gestionar esto con la máxima discreción hasta que decidamos cómo contarlo.
—La empresa va a querer que Jungkook se oculte —dijo Yoongi, su voz volviéndose sombría—. Van a querer que el embarazo sea un "descanso por motivos de salud".
Jungkook apretó la mano de Yoongi, que seguía entrelazada con la suya.
—No quiero esconderme, hyung. Pasé años escondiendo que era un omega. Pasé años fingiendo que no sentía nada. No voy a esconder a mi hijo como si fuera algo de lo que avergonzarse.
—No lo harás —aseguró Yoongi—. Si intentan obligarte, quemaré el edificio de HYBE con mis propias manos.
—¡Yoongi! —exclamó Jin—. ¡No des ideas! Aunque... tengo algunos contactos en la prensa que nos deben favores. Podemos controlar la narrativa.
La habitación, que hacía diez minutos era el epicentro de un terremoto, se convirtió en una sala de guerra improvisada. Los siete miembros de BTS, la manada más famosa del mundo, estaban cerrando filas. El miedo seguía ahí, latente y real, pero la lealtad era más fuerte.
—Tengo hambre —anunció Jungkook de repente, rompiendo la tensión—. Quiero fresas. Y ramen. Pero con mucho picante.
Jin se llevó las manos a la cabeza.
—¿Fresas y ramen picante? ¡Son las ocho de la mañana! —Se detuvo, suspiró y se dirigió a la puerta—. Está bien, iré a la cocina. Pero Yoongi, si te veo cerca de él con intenciones de... de *eso* otra vez, te juro que te castro con la espátula de Hoseok.
Yoongi soltó una risa seca, la primera en mucho tiempo.
—Entendido, hyung. Control de daños activado.
Cuando los demás salieron de la habitación para empezar a organizar el caos, Yoongi y Jungkook se quedaron solos una vez más. El silencio era diferente ahora; estaba lleno de una promesa de futuro.
—¿Tienes miedo? —preguntó Yoongi, acariciando la mejilla de Jungkook.
—Mucho —admitió el menor—. Pero por primera vez, no siento que el miedo sea una debilidad. Es como si... como si tuviera una razón para ser fuerte que es más grande que yo mismo.
Yoongi se inclinó y besó su frente.
—Eres el omega más fuerte que he conocido, Jeon Jungkook. Y este cachorro... va a ser el ser más amado de este planeta.
Jungkook se apoyó en el hombro de Yoongi, cerrando los ojos. Fuera, escuchaba a Jin gritándole a Namjoon porque había roto un plato, a Jimin y Taehyung discutiendo sobre nombres de bebés, y a Hoseok poniendo música suave. Era ruidoso, era caótico y era absolutamente perfecto.
—Hyung —dijo Jungkook antes de quedarse dormido de nuevo—. Creo que las dos líneas son el mejor fallo que he tenido en mi sistema.
Yoongi no respondió con palabras, solo apretó su agarre, prometiéndose a sí mismo que no importaba cuántas tormentas vinieran, él sería el ancla que mantendría a su familia a salvo en el puerto. El Golden Maknae ya no tenía que brillar solo; ahora tenía una constelación entera protegiéndolo, y una nueva estrella empezando a brillar en su interior.
El camino por delante sería difícil. Habría contratos que renegociar, escándalos que evitar y una industria que desafiar. Pero mientras Yoongi escuchaba la respiración acompasada de Jungkook, supo que el alfa pragmático que siempre había sido había encontrado su causa definitiva.
—Descansa, Kook-ah —susurró Yoongi al aire—. El mundo no sabe lo que le espera, pero nosotros estamos listos.
El eco del grito de Jin todavía resonaba en las paredes, un recordatorio de que la vida, en toda su gloria desordenada y biológica, finalmente se había abierto paso a través de las grietas de su armadura de oro. Y no había vuelta atrás. Solo quedaba seguir adelante, juntos, como la manada que ninguna empresa, ninguna industria y ninguna regla podría jamás romper.