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Besos amargos

Lecciones de Gravedad y Resiliencia

La mañana siguiente al incidente en el gimnasio, el campus de la universidad parecía vibrar con un murmullo eléctrico. Los rumores en una facultad pequeña corrían más rápido que el sistema circulatorio que Jenni tanto se esforzaba por memorizar. Sin embargo, ella caminaba por los pasillos con la barbilla en alto, sus gafas de lectura perfectamente colocadas y un vestido de flores que acentuaba su figura, ignorando las miradas de lástima o curiosidad que le lanzaban los demás estudiantes.

Sasha la interceptó cerca de la cafetería, con su cabello plateado recogido en una coleta desordenada y una expresión de indignación que no había logrado disipar en toda la noche.

—Jen, en serio, no sé cómo puedes estar tan tranquila —dijo Sasha, caminando a su lado a pasos rápidos para seguirle el ritmo—. Jina está pavoneándose por el pasillo de deportes como si hubiera ganado una medalla olímpica, y Jonathan... bueno, Jonathan parece un perro apaleado, pero eso no le quita lo idiota.

—Sasha, respira —respondió Jenni con calma, ajustándose la correa de su bolso—. No estoy tranquila porque no me importe, estoy tranquila porque tengo el control. Jonathan tomó una decisión y yo tomé la mía. No hay nada más que discutir. El drama consume energía, y yo necesito esa energía para mi examen de bioquímica.

—Eres de acero, de verdad —suspiró Sasha, haciendo sonar su piercing en la lengua—. Pero si necesitas que alguien le pinche las llantas al coche de Jonathan, sigo disponible.

Jenni soltó una pequeña risa y le apretó el brazo a su amiga.

—Gracias, pero no será necesario. Él mismo se está encargando de arruinar su reputación.

Al entrar en la zona de mesas, Jenni divisó una figura que destacaba entre la multitud de estudiantes de medicina y leyes. Luke estaba sentado en una mesa del rincón, ocupando el espacio de tres personas con su postura relajada. Llevaba una camiseta negra ajustada que dejaba ver los tatuajes de sus antebrazos y estaba concentrado... ¿leyendo?

Jenni se acercó, sorprendida al ver que el "bad boy" realmente tenía el libro de anatomía abierto.

—¿Llegaste temprano, Luke? ¿Es el fin del mundo y no me avisaron? —preguntó ella, sentándose frente a él.

Luke levantó la vista. Sus ojos castaños recorrieron el rostro de Jenni, buscando alguna grieta, algún rastro de ojos hinchados o tristeza, pero no encontró nada más que la determinación habitual.

—El mundo sigue girando, Ackerman —respondió él con su voz ronca, cerrando el libro con un golpe seco—. Simplemente no podía dormir. Demasiada cafeína... y demasiada curiosidad por saber si la "muñequita" se había roto durante la noche.

—Lamento decepcionarte, pero mis piezas están todas en su lugar —dijo ella, sacando sus propios apuntes—. Aunque admito que el sistema óseo se siente un poco más ligero sin el peso muerto que cargaba.

Luke sonrió, una sonrisa de medio lado que Jenni empezaba a encontrar peligrosamente familiar.

—Me gusta esa actitud. Sangre fría. Podrías ser una excelente cirujana o una asesina a sueldo muy eficiente —comentó él, inclinándose hacia adelante—. Por cierto, el imbécil de tu ex está a tres mesas de aquí, mirándote como si esperara que te desplomaras en cualquier momento.

Jenni no se giró. Ni siquiera parpadeó.

—Que mire lo que quiera. La observación es una herramienta científica, tal vez así aprenda algo por una vez en su vida —abrió su cuaderno en una página en blanco—. Ahora, deja de distraerte con el entorno. Ayer nos quedamos en el sistema nervioso. Hoy vamos a ver los pares craneales.

—¿En serio vas a ignorarlo así? —insistió Luke, arqueando una ceja—. Está literalmente levantándose para venir hacia acá.

Jenni suspiró, cerrando los ojos por un segundo. Sintió la presencia de Jonathan antes de escucharlo. El olor de su colonia, que antes le resultaba dulce, ahora le provocaba una ligera náusea.

—Jenni, ¿podemos hablar? —La voz de Jonathan era baja, cargada de una falsa humildad que buscaba redención.

Jenni levantó la vista lentamente. Jonathan estaba allí, de pie, con su chaqueta del equipo y esa expresión de "chico bueno" que ya no surtía efecto. A su lado, Luke se recostó en su silla, cruzando los brazos sobre el pecho y observando la escena con una intensidad depredadora.

—No tenemos nada de qué hablar, Jonathan —dijo Jenni con voz monótona—. Fui muy clara ayer.

—Solo fueron cinco minutos, Jen. Estaba confundido, la presión del equipo... —comenzó él, ignorando por completo la presencia de Luke.

—La confusión es no saber la respuesta de un examen, Jonathan —lo interrumpió ella, su voz cortante como un bisturí—. Lo que tú hiciste fue una elección. Y las elecciones tienen consecuencias. Mi tiempo es valioso y ahora mismo estoy trabajando. Vete.

—¿Trabajando? ¿Con él? —Jonathan señaló a Luke con desdén—. Por favor, Jenni, todos sabemos que este tipo no sabe ni leer un termómetro. Solo lo estás usando para darme celos.

Luke soltó una carcajada seca y se puso de pie. Su estatura de 1.90 metros hizo que Jonathan tuviera que retroceder un paso por instinto. El ambiente en la cafetería se volvió pesado de repente.

—Cuidado, pelirrojo —dijo Luke, su voz bajando una octava hasta un tono amenazante—. La señorita Ackerman está tratando de educarme, algo que tú claramente necesitas más que yo. No querrás que te enseñe cómo funcionan las leyes de la física con un impacto directo en tu mandíbula, ¿verdad?

—Tú no te metas, Luke. Esto es entre mi novia y yo —espetó Jonathan, tratando de recuperar algo de dignidad.

—Exnovia —corrigió Jenni, poniéndose de pie también. A pesar de la diferencia de altura, se interpuso entre los dos hombres—. Jonathan, vete ahora mismo. No hagas que llame a seguridad. No voy a permitir que conviertas mi lugar de estudio en un circo.

Jonathan miró a Jenni, luego a Luke, y finalmente se dio cuenta de que no había vuelta atrás. La frialdad en los ojos de la chica que alguna vez lo amó era absoluta.

—Te vas a arrepentir, Jenni. Nadie te va a aguantar con ese carácter de sargento —escupió él antes de darse la vuelta y salir de la cafetería a zancadas.

Jenni se quedó mirando el espacio vacío que él había dejado por un momento. Sintió una mano pesada y cálida apoyarse brevemente en su hombro.

—Eres una mujer aterradora, Ackerman —murmuró Luke, volviendo a sentarse—. Y lo digo como un cumplido.

—Solo soy lógica, Luke —respondió ella, sentándose de nuevo y notando que sus manos temblaban ligeramente, no de tristeza, sino de la adrenalina contenida—. Ahora, por favor, dime que al menos leíste el capítulo sobre el nervio óptico, porque necesito concentrarme en algo que no sea la idiotez humana.

Luke la observó durante un largo silencio. Vio la rigidez de su espalda, la forma en que apretaba el bolígrafo y la determinación en su mirada tras los lentes. Por primera vez en su vida, Luke sintió algo parecido a la admiración genuina por alguien que no fuera él mismo.

—Lo leí —dijo él, suavizando su expresión—. El nervio óptico es el segundo par craneal y se encarga de transmitir la información visual desde la retina hasta el cerebro.

Jenni parpadeó, sorprendida por la precisión de la respuesta.

—Vaya... realmente lo hiciste.

—Te dije que no quería que perdieras tus créditos por mi culpa —Luke se encogió de hombros, restándole importancia—. Además, si voy a pasar horas sentado frente a ti, lo mínimo que puedo hacer es intentar que no me mires como si fuera un paramecio.

El resto de la mañana transcurrió en una calma productiva. Luke demostró tener una capacidad de retención sorprendente cuando se lo proponía, y Jenni descubrió que enseñar era una forma excelente de procesar su propio caos interno.

Al medio día, decidieron tomar un descanso. Caminaron hacia el patio central, donde el sol brillaba con fuerza. Sasha se les unió poco después, trayendo sándwiches y jugos.

—He oído que pusiste al capitán en su sitio frente a media facultad —dijo Sasha, dándole un codazo amistoso a Jenni—. Ya hay hilos en Twitter sobre la "Reina de Hielo" de Medicina.

—No me llames así —pidió Jenni, aunque una pequeña sonrisa apareció en sus labios—. Solo hice lo que tenía que hacer.

—Bueno, el "Rey de los Tatuajes" aquí presente también ayudó, ¿no? —añadió Sasha, guiñándole un ojo a Luke.

Luke, que estaba encendiendo un cigarrillo, simplemente levantó dos dedos en señal de saludo.

—Solo estaba observando la fauna local —dijo él, soltando el humo—. Pero debo decir que Ackerman tiene un gancho verbal bastante potente.

—Hablando de ganchos —Sasha cambió de tema rápidamente—, hay una fiesta esta noche en la casa de la fraternidad Sigma. Todo el mundo va a ir. Jen, tienes que venir. Necesitas distraerte, bailar, beber algo que no sea café cargado.

Jenni negó con la cabeza de inmediato.

—Tengo mucho que estudiar, Sasha. El examen es en dos días.

—Estudiarás mejor si despejas la mente —insistió Sasha—. Además, Jonathan va a estar allí con Jina. Si no vas, van a pensar que te estás escondiendo.

Jenni se tensó. La idea de que Jonathan pensara que ella estaba derrotada le molestaba más de lo que quería admitir.

—No me escondo de nadie —dijo con firmeza.

—Entonces ven —Sasha sonrió con triunfo—. Luke, tú también vas, ¿verdad? Tu equipo siempre está ahí.

Luke miró a Jenni, viendo la duda en sus ojos.

—Iré si la profesora va —dijo él, lanzando una mirada desafiante a Jenni—. Me vendría bien ver si esa rigidez académica se mantiene después de un par de cervezas.

Jenni lo miró fijamente. Sabía que Luke la estaba provocando, pero también sentía que necesitaba cerrar ese capítulo de manera definitiva, demostrarse a sí misma que podía estar en el mismo espacio que su pasado sin que este la afectara.

—Está bien —cedió Jenni—. Iré. Pero solo un par de horas.

—¡Esa es mi chica! —exclamó Sasha.

La noche llegó más rápido de lo esperado. Jenni se preparó en su departamento con la ayuda de Sasha. Se puso un vestido ajustado de color negro, corto, que resaltaba sus curvas y su piel clara. Dejó su cabello rizado suelto, cayendo con volumen sobre sus hombros, y se aplicó un labial rojo intenso que le daba un aire de autoridad y sofisticación.

—Estás increíble, Jen —dijo Sasha, que llevaba un conjunto plateado a juego con su cabello—. Jonathan se va a arrepentir de haber nacido.

—No lo hago por él, Sasha —respondió Jenni, mirándose al espejo—. Lo hago por mí.

Cuando llegaron a la fiesta, el ruido de la música y el olor a alcohol eran casi abrumadores. La casa estaba repleta de gente. Jenni mantuvo su expresión serena, caminando con paso firme entre la multitud.

No tardó mucho en verlos. Jonathan y Jina estaban en el centro de la pista, exagerando sus movimientos para llamar la atención. En cuanto Jonathan vio entrar a Jenni, su expresión cambió de la diversión a la sorpresa total. No esperaba verla allí, y mucho menos luciendo tan radiante.

Jenni lo ignoró por completo y se dirigió a la barra.

—Un agua mineral, por favor —le pidió al chico que servía las bebidas.

—Vaya, qué salvaje —dijo una voz conocida a su espalda.

Jenni se giró y se encontró con Luke. Llevaba unos jeans oscuros y una camisa de botones entreabierta que dejaba ver el inicio de los tatuajes en su pecho. Se veía peligrosamente atractivo bajo las luces de neón.

—Tengo que mantener las neuronas activas, Luke —respondió ella con una sonrisa juguetona—. No todos podemos permitirnos el lujo de vivir en una nube de humo.

—Hoy te ves... diferente, Ackerman —dijo Luke, su mirada recorriéndola con una lentitud que hizo que Jenni sintiera un calor inusual—. Menos "señorita de los libros" y más...

—¿Más qué?

—Más peligrosa —concluyó él, acercándose un poco más.

En ese momento, la música cambió a un ritmo más lento y pesado. Jonathan, en un intento desesperado por recuperar el control de la narrativa, se acercó a ellos, dejando a Jina plantada en la pista.

—Jenni, tenemos que hablar a solas —dijo él, tratando de sonar autoritario, pero el alcohol en su aliento lo delataba.

Jenni ni siquiera lo miró. Se volvió hacia Luke.

—¿Sabes bailar, Luke? —preguntó ella, ignorando a Jonathan.

Luke arqueó una ceja, sorprendido por la audacia de la chica. Luego, miró a Jonathan con una sonrisa de pura victoria.

—Por ti, puedo aprender lo que sea, enana.

Luke tomó la mano de Jenni y la dirigió hacia la pista. Jonathan se quedó allí, parado como un idiota, mientras la música los envolvía.

A pesar de la diferencia de estatura, Luke se movía con una gracia natural. Envolvió la cintura de Jenni con sus manos grandes, atrayéndola hacia él. Jenni apoyó sus manos en los hombros de Luke, sintiendo la firmeza de sus músculos bajo la tela de la camisa.

—¿Estás usando esto para deshacerte de él? —susurró Luke al oído de Jenni, su aliento rozando su piel.

—Tal vez al principio —admitió ella, mirando hacia arriba, encontrándose con los ojos oscuros de Luke—. Pero ahora... creo que solo quiero disfrutar del momento.

—Me parece justo —respondió él—. Aunque te advierto, Ackerman, que bailar conmigo tiene efectos secundarios.

—¿Ah, sí? ¿Como cuáles?

—Podrías empezar a pensar que los chicos malos no son tan malos después de todo —dijo él con un guiño.

Jenni soltó una risa suave. Por primera vez en mucho tiempo, no estaba pensando en el futuro, ni en las notas, ni en la traición de Jonathan. Estaba allí, viva, sintiendo la fuerza de Luke y la libertad de haber dejado atrás lo que ya no le servía.

Desde la distancia, Jonathan los observaba con rabia contenida, pero ya no importaba. Jenni Ackerman había demostrado que no necesitaba que nadie la rescatara. Ella era su propia heroína, y si en el camino decidía bailar con el "bad boy" de la universidad, era simplemente porque ella así lo quería.

La noche continuó, y entre las luces y la música, Jenni se dio cuenta de que la vida, al igual que la anatomía, estaba llena de sorpresas. A veces, las piezas que parecen no encajar son las que terminan creando la imagen más interesante. Y mientras Luke la hacía girar en la pista, Jenni supo que este era solo el comienzo de una nueva lección, una donde ella dictaba las reglas.