Volver al resumen

Con honor hasta el final

El Alquimista del Espíritu y la Forja de las Estrellas

La mañana siguiente a la invocación de Saber no trajo la paz, sino una tensión vibrante que se adhería a las paredes de la mansión Emiya como electricidad estática. En el comedor, la escena era casi surrealista: Rin Tohsaka intentaba explicar las reglas de la Guerra del Santo Grial con una vehemencia que rozaba la desesperación, mientras Saber escuchaba con una rectitud militar y Shirou... Shirou preparaba tortillas de arroz con una calma que resultaba insultante para la gravedad de la situación.

—¡Emiya! ¡¿Me estás escuchando?! —Rin golpeó la mesa, haciendo que las tazas de té tintinearan—. Tienes a la clase más fuerte, pero no tienes ni idea de cómo suministrarle maná. Tus circuitos son... extraños. Son potentes, sí, pero no parecen estar conectados a ella de la forma habitual.

Shirou dejó la espátula y se giró, secándose las manos con un paño. Sus ojos negros, profundos como el vacío del espacio que una vez recorrió, se fijaron en Rin.

—Tohsaka, ya te lo dije. No uso los circuitos para "transportar" energía. Los uso para sintonizar. Saber no necesita que yo le dé mi energía vital; ella necesita que yo le enseñe a extraerla del mundo de forma eficiente. El contrato es una formalidad. El espíritu es lo que importa.

Saber intervino, su expresión llena de una curiosidad cautelosa.

—Es cierto, Rin Tohsaka. Siento una conexión con Shirou, pero no es el drenaje habitual. Es como si estuviera sumergida en un manantial constante. Mi cuerpo espiritual se siente más denso, más... real.

—Eso es porque estoy usando el Control del Espíritu para anclar tu existencia —explicó Shirou, sentándose a la mesa—. En Yadrat aprendí que la forma y la energía son dos caras de la misma moneda. Si refuerzo tu concepto de "Héroe", el mundo deja de intentar borrarte.

Rin se hundió en su silla, frotándose las sienes.

—Hablas de la magia como si fueran matemáticas de otro planeta. La Proyección es una técnica de graduación inferior, Emiya. Es basura. Solo creas cáscaras vacías que desaparecen.

Shirou sonrió. Era la sonrisa de alguien que había visto a un guerrero de clase baja convertirse en un dios.

—¿Basura? Vamos al dojo. Quiero mostrarte algo sobre la "proyección" y el "refuerzo" que no está en tus libros de relojería.

El dojo estaba fresco, iluminado por la luz tamizada que atravesaba el papel de las puertas correderas. Shirou se colocó en el centro, con Saber y Rin observando desde el borde.

—La mayoría de los magos ven el Refuerzo como poner una capa de energía sobre un objeto —comenzó Shirou, extendiendo la mano hacia una vieja tubería de metal que había traído del cobertizo—. Pero eso es ineficiente. El verdadero Refuerzo es la armonización.

Cerró los ojos. En su mente, no solo vio la estructura molecular del hierro. Vio su "espíritu", la pequeña chispa de existencia que tiene todo lo que forma parte del universo.

—*Refuerzo: Sincronía de Masa* —susurró.

No hubo un brillo externo. Sin embargo, Rin dejó escapar un grito ahogado. Sus ojos de maga detectaron que la tubería no solo se hacía más dura; su densidad estaba aumentando exponencialmente sin cambiar de tamaño. El aire alrededor del metal comenzó a distorsionarse por el peso gravitatorio que ahora ejercía.

—He forzado a los átomos a ocupar el mismo espacio mediante la compresión de Ki —dijo Shirou, lanzando la tubería hacia Saber—. ¡Atrapa!

Saber extendió la mano con naturalidad, pero en cuanto sus dedos rozaron el metal, sus pies se hundieron varios centímetros en el suelo de madera del dojo.

—¡¿Pero qué...?! —Saber tuvo que usar ambas manos para sostener el objeto—. Shirou, esto pesa al menos cinco toneladas. ¡Es físicamente imposible para su volumen!

—Eso es Refuerzo real —dijo Shirou con calma—. Ahora, hablemos de la Proyección.

Se concentró. En lugar de imaginar una espada existente, decidió crear algo nuevo, algo que combinara su conocimiento de dos mundos.

—*Trace: On. Configuración de Espíritu: Acero Katchin* —pronunció.

Una luz dorada y azul brotó de sus palmas. Poco a poco, una espada comenzó a materializarse. No era una espada de caballero, sino una hoja recta, de un color gris mate, casi sin brillo, pero que parecía absorber la luz de la habitación.

—¿Katchin? Jamás he oído hablar de ese material —dijo Rin, acercándose con cautela—. No parece tener historia. Un objeto proyectado sin historia es débil contra los Fantasmas Nobles.

—Este material no necesita historia porque su estructura es perfecta —replicó Shirou—. En el universo del que vengo, es el metal más duro de la galaxia. He proyectado no solo la forma, sino la constante física de su dureza.

Shirou tomó la espada y, con un movimiento fluido, realizó un tajo en el aire. No se oyó un silbido; el aire simplemente se separó, dejando un vacío que tardó un segundo en cerrarse con un estallido sónico.

—Impresionante —admitió Saber, desenvainando su espada invisible—. Pero Rin tiene razón en algo, Shirou. En una guerra de Misterios, la antigüedad es poder. Esa espada es "nueva".

—Entonces démosle un poco de "Misterio" —dijo Shirou, cerrando el puño sobre la hoja.

Cerró los ojos y buscó en lo profundo de su ser. No usó maná. Usó la técnica de la *Fisión Espiritual* de Yadrat, pero a la inversa. En lugar de separar la energía, comenzó a fusionar su propia experiencia de siglos en el metal. Los recuerdos de las batallas contra Freezer, el calor del sol de Namek, la presión de la Cámara del Tiempo... todo eso fue inyectado en la estructura de la espada.

La hoja comenzó a vibrar y a emitir un zumbido de baja frecuencia. Runas que no pertenecían a este mundo aparecieron grabadas en el metal, brillando con un color plateado.

—He proyectado una "historia" que el mundo no puede refutar porque yo soy el testigo —dijo Shirou, entregándole la espada a Saber—. Pruébala contra tu Invisible Air.

Saber asintió, su espíritu guerrero encendido. Se puso en guardia y lanzó un ataque rápido. El aire comprimido que rodeaba su espada chocó contra la hoja de Shirou. Normalmente, una proyección se habría hecho añicos instantáneamente ante el poder de una construcción divina como la de Saber.

Pero no esta vez.

La espada de Shirou no solo resistió; comenzó a absorber el viento de Saber. El Ki imbuido en la hoja actuaba como un agujero negro para la energía mágica.

—¡Basta! —gritó Rin, viendo cómo el dojo empezaba a desmoronarse por la presión—. ¡Vas a echar abajo la casa!

Ambos se detuvieron. Saber miró la espada en su mano con asombro.

—Shirou... esta arma... se siente como si estuviera viva. No es una herramienta, es una extensión de una voluntad inmensa.

—Es Proyección de Grado Espiritual —dijo Shirou, recuperando el arma, que se desvaneció en partículas de luz—. Tohsaka, la magia de este mundo es hermosa, pero está limitada por sus propias reglas de "equivalencia de intercambio" y "linaje". El espíritu, sin embargo, no conoce esas leyes. Si puedes imaginarlo y tienes la voluntad para sostener la imagen, el universo no tiene más remedio que obedecer.

Rin se sentó en el suelo, completamente abrumada.

—Eres un monstruo, Emiya. Si la Asociación de Magos supiera lo que haces, te pondrían una Designación de Sellado en cinco minutos. Estás reescribiendo la Taumaturgia con... con artes marciales espaciales.

—Que lo intenten —dijo Shirou, ayudándola a levantarse—. Pero ahora tenemos un problema más real. Siento una firma de energía moviéndose hacia el parque de la ciudad. Es densa, pesada y huele a sangre vieja.

Saber se puso alerta al instante.

—¿Un Servant?

—Uno grande —confirmó Shirou—. Y no está solo. Siento a una niña con él. Su energía es similar a la de los Einzbern, pero está distorsionada.

—Illyasviel —susurró Rin, poniéndose seria—. Si ella ha llegado, significa que Berserker está en juego. Emiya, olvida las clases de cocina y de física cuántica. Berserker es la encarnación de la destrucción. Ninguna proyección común puede detenerlo.

Shirou caminó hacia la salida del dojo, deteniéndose solo para mirar el cielo nocturno que empezaba a asomarse.

—Berserker, ¿eh? Heracles, el hombre de los doce trabajos.

—¿Cómo sabes su identidad? —preguntó Saber, sorprendida.

—He leído mucho —mintió Shirou con una sonrisa enigmática—. Pero no importa quién sea. En mi vida anterior, vi a un hombre con el pelo de punta enfrentarse a monstruos que podían destruir sistemas solares enteros solo gritando. Un semidiós griego es un reto interesante, pero sigue estando hecho de espíritu.

—¿Qué piensas hacer? —preguntó Rin, siguiéndolo—. No podemos enfrentarlo de frente. Necesitamos un plan, una trampa...

—El plan es sencillo —dijo Shirou, y por un momento, su aura se expandió, llenando el dojo con una presión tan vasta que Rin y Saber sintieron que el tiempo mismo se ralentizaba—. Saber lo mantendrá ocupado. Tú, Tohsaka, proporcionarás apoyo a distancia para distraerlo.

—¿Y tú? —preguntó Saber—. ¿Qué harás tú, Shirou?

Shirou se llevó dos dedos a la frente, un gesto que se había convertido en instinto a lo largo de los eones.

—Yo voy a usar el Refuerzo en algo que los magos siempre olvidan reforzar.

—¿En qué? —preguntó Rin.

—En el espacio mismo —respondió Shirou—. Voy a convertir este campo de batalla en mi propia Cámara del Tiempo. Si Berserker quiere una guerra de desgaste, le enseñaré lo que significa luchar contra alguien que ha entrenado durante mil años en un solo día.

El grupo salió de la mansión. Mientras caminaban hacia el parque, Shirou comenzó a realizar movimientos sutiles con las manos, tejiendo la energía ambiental. No estaba activando circuitos; estaba preparando una red de Ki que cubriría toda la zona de combate.

Al llegar al claro del parque, la figura de Berserker se alzaba como una montaña de músculos y odio. A su lado, la pequeña Illya sonreía con una crueldad infantil, su cabello blanco brillando bajo la luna.

—Buenas noches, Onii-chan —dijo Illya, su voz como campanillas de plata en el aire frío—. He venido a matarte, tal como prometí.

Shirou dio un paso adelante, ignorando las advertencias de Rin. Miró a la niña con una tristeza profunda.

—Illya, te dije en el castillo que el próximo Grial sería el último. Pero parece que tu abuelo tiene prisa por ver cómo este mundo se rompe.

—¡Cállate! —gritó Illya—. ¡Berserker, despedázalo!

El gigante rugió, un sonido que hizo vibrar los huesos de los presentes, y se lanzó hacia adelante con una velocidad que desafiaba su tamaño. Su hacha-espada descendió como un meteorito.

Saber se lanzó al encuentro, pero Shirou fue más rápido. No se movió físicamente, pero sus manos trazaron un arco en el aire.

—*Refuerzo Espacial: Densidad de Eventos* —exclamó.

De repente, Berserker pareció entrar en una zona de melaza invisible. Sus movimientos se volvieron lentos, pesados, como si estuviera luchando bajo la gravedad de un planeta diez veces más grande que la Tierra.

—¡Ahora, Saber! —ordenó Shirou.

Saber, aprovechando la apertura, conectó un golpe devastador en el pecho del gigante, lanzándolo hacia atrás contra una hilera de árboles.

—¡¿Qué has hecho?! —chilló Illya, perdiendo su compostura—. ¡Berserker es invencible! ¡Su piel no puede ser dañada por armas mundanas!

—No he dañado su piel —dijo Shirou, cuyos ojos ahora brillaban con una intensidad plateada—. He reforzado la gravedad alrededor de su cuerpo. El Control del Espíritu de Yadrat no se limita a lo que hay dentro de uno, Illya. Se extiende a todo lo que el espíritu toca. Y ahora mismo, este parque me pertenece.

Shirou extendió ambos brazos y, por primera vez en este mundo, comenzó a formar una esfera de energía entre sus manos. No era una bola de fuego, ni un hechizo de luz. Era una masa de Ki puro, azul y blanco, que giraba con una violencia controlada.

—Tohsaka, Saber, alejaos —advirtió Shirou—. Voy a probar si los doce trabajos de Heracles pueden resistir una técnica diseñada para borrar el espíritu de los malvados.

Rin observó la esfera de energía y sintió que su comprensión de la realidad se desmoronaba. Lo que Shirou tenía entre las manos no era maná; era una densidad de existencia que no debería caber en un cuerpo humano.

—Eso... eso no es magia —susurró Rin, retrocediendo junto a Saber.

—No —dijo Shirou, nivelando la esfera hacia el gigante que ya empezaba a romper las cadenas gravitatorias—. Es el resultado de un chico que amaba el anime y que terminó aprendiendo que la voluntad es la única ley verdadera del multiverso.

Berserker se puso de pie, rugiendo con una furia renovada, su piel brillando con la activación de *God Hand*. Se lanzó de nuevo, esta vez rompiendo la presión de Shirou por pura fuerza bruta.

—*Big Bang...* —comenzó Shirou, con una sonrisa que recordaba a un príncipe de cabellos dorados que una vez conoció— *...Spirit Impact!*

Lanzó la esfera. El proyectil no viajó por el aire; simplemente existió en el pecho de Berserker un instante después. No hubo una gran explosión de fuego, sino un estallido de luz pura que pareció succionar el sonido del mundo.

Cuando la luz se disipó, Berserker estaba de rodillas. Su cuerpo masivo estaba cubierto de grietas de luz azul, y por primera vez en la historia de la Guerra, el Espíritu Heroico de la locura parecía estar experimentando algo parecido al miedo. Había perdido tres vidas de un solo golpe, no por daño físico, sino porque el ataque de Shirou había "desconectado" su espíritu del concepto de inmortalidad por un breve momento.

Illya retrocedió, con los ojos llenos de lágrimas de frustración y asombro.

—¿Quién eres tú? —preguntó con voz quebrada—. ¡Tú no puedes ser Shirou Emiya!

Shirou caminó hacia ella, disipando la energía de sus manos. Su rostro volvió a ser el del chico relajado y simpático de siempre, pero la sabiduría en sus ojos permanecía.

—Soy Shirou Emiya —dijo con suavidad—. Pero también soy alguien que aprendió que no necesitas ser un Héroe de la Justicia para salvar a las personas. Solo necesitas ser lo suficientemente fuerte como para decir "no" al destino.

Miró a Berserker, que empezaba a regenerarse lentamente.

—Llevaos a vuestro Servant, Illya. Esta noche ya ha habido suficiente demostración. Pero recuerda esto: el Grial es una mentira. Y yo estoy aquí para decir la verdad, incluso si tengo que grabarla en el cielo con mis propias manos.

Illya guardó silencio, mirando al chico que acababa de humillar al espíritu más fuerte de la historia. Sin decir una palabra más, se dio la vuelta y se desvaneció en la niebla junto a su gigante.

Rin y Saber se acercaron a Shirou. Rin parecía querer gritar, preguntar y desmayarse, todo al mismo tiempo. Saber, por otro lado, simplemente puso una mano en el hombro de su Maestro.

—Shirou —dijo Saber—, me temo que has dejado de ser un simple participante en esta guerra. Ahora eres el objetivo de todos los que buscan el Grial.

—Lo sé —respondió Shirou, mirando sus manos, que aún conservaban el calor de la energía—. Pero que vengan. Después de enfrentarme a dioses de la destrucción y sobrevivir al borrado de universos, un par de magos y héroes legendarios me parecen... un buen entrenamiento de calentamiento.

Rin soltó un suspiro largo y dramático.

—Definitivamente, voy a necesitar que me enseñes a cocinar esa tortilla de arroz. Presiento que va a ser lo único normal que veré en los próximos días.

Shirou se rió y comenzó a caminar de regreso a casa. La Quinta Guerra del Santo Grial acababa de convertirse en algo completamente diferente. Ya no era una lucha por un deseo, sino el escenario donde un maestro del espíritu demostraría que, cuando un hombre alcanza la cima de su propia voluntad, ni siquiera los mitos pueden detenerlo.

Bajo la luna de Fuyuki, el eco de un poder infinito acababa de despertar, y el mundo del Misterio nunca volvería a ser el mismo.