El guerrero sayajin
El Despertar del Guerrero Dorado y el Peso de la Amistad
El rocío de la mañana aún humedecía la hierba del campo de entrenamiento privado de los Gremory. Tras un par de días de ejercicios físicos intensos, el grupo se encontraba exhausto, pero Gohan, con esa disciplina heredada de su entrenamiento con Piccolo y su padre, sabía que era el momento de elevar el nivel.
Goku estaba sentado sobre una roca, observando a Issei y a los demás con una sonrisa relajada, mientras Gohan se adelantaba hacia el centro del claro. Rias y Akeno lo miraban con atención, admirando la seriedad que el joven de doce años proyectaba cuando se trataba de artes marciales.
—Rias-san, Akeno-san —comenzó Gohan, cruzándose de brazos—, para que su cuerpo pueda canalizar el Ki de manera eficiente, necesitan una vestimenta que no restrinja sus movimientos pero que aplique la presión adecuada. Mi padre y yo trajimos algo para ustedes.
Gohan sacó de una cápsula de la Corporación Cápsula varios conjuntos de ropa elástica de color azul oscuro, muy similares a los que usaban los guerreros de su raza bajo las armaduras.
—Es una fibra especial —explicó Gohan—. Es extremadamente resistente. Por favor, póngansela.
Las chicas se retiraron a la mansión y, minutos después, regresaron al campo. El silencio fue sepulcral. Los trajes, diseñados para la anatomía Sayayin que solía ser más musculosa y compacta, se ajustaban a las curvas de Rias y Akeno de una manera casi escandalosa. Issei, al verlas, sintió que el mundo daba vueltas.
—¡DIOS MÍO! —exclamó Issei, mientras un chorro de sangre salía disparado de su nariz como si fuera una fuente a presión—. ¡Ese traje es la bendición más grande de este mundo! ¡Gohan, eres un genio!
—¡Cállate, pervertido! —gritó Koneko, apareciendo de la nada y propinándole un golpe en la nuca que lo mandó directamente a besar el suelo, inconsciente.
Gohan, totalmente ajeno a la naturaleza de la reacción de Issei, rascó su mejilla con inocencia.
—¿Eh? ¿Pasa algo malo con la ropa? Es la que usamos siempre para entrenar... En fin, ahora viene lo importante. Pónganse estas muñequeras.
Gohan les entregó un par de muñequeras y tobilleras de color negro. Rias tomó una y, para su sorpresa, casi se le cae de las manos al suelo.
—¡Pesa muchísimo! —exclamó Rias, haciendo un esfuerzo por colocársela—. Gohan-kun, ¿cuánto pesa esto?
—Unos cincuenta kilos cada una —dijo Gohan con una sonrisa dulce—. Pero no se preocupen, se acostumbrarán.
Akeno, haciendo un esfuerzo por mantener su compostura seductora, se colocó las suyas.
—Vaya, Gohan-kun... eres un maestro muy estricto —dijo ella, aunque su respiración ya empezaba a agitarse por el peso extra de 200 kilos repartidos en sus extremidades.
—Bien —ordenó Gohan—, ahora quiero que hagan 500 sentadillas y 500 flexiones. No se quiten las muñequeras pase lo que pase.
Pasaron cinco horas de tortura física. Rias y Akeno estaban empapadas en sudor, sus piernas temblaban y sentían que el suelo las succionaba. Lo que ellas no sabían era que, cada hora, Gohan se acercaba discretamente y, usando una pequeña perilla en las pesas, aumentaba el tonelaje.
—Ya es suficiente —dijo Gohan finalmente—. Pueden quitárselas.
Rias y Akeno se despojaron de las pesas, que cayeron al suelo produciendo un estruendo sordo, hundiéndose ligeramente en la tierra. Ambas suspiraron de alivio, sintiéndose extrañamente ligeras, como si estuvieran flotando.
—Gohan-kun... —jadeó Rias—, juraría que pesaban más al final que al principio.
—Es porque aumenté el peso cada hora —confesó Gohan con una risita cómplice—. Empezaron con 50 kilos y terminaron con 200 en cada extremidad.
—¡¿Qué?! —gritaron ambas al unísono, mientras Kiba y Asia las miraban con horror.
—¡Eso es una locura! —dijo Kiba—. ¡Cualquier humano habría muerto aplastado!
—Pero ustedes no son humanos —intervino Goku, acercándose con los brazos en jarras—. Son demonios, tienen una resistencia superior. Gohan hizo bien, la mejor forma de fortalecer el espíritu es desafiando al cuerpo.
Gohan se puso en guardia frente a ellas.
—Ahora, quiero que me ataquen. Las dos a la vez.
—¿Qué? No, Gohan-kun, no podríamos —dijo Rias preocupada—. Ahora que estamos sin las pesas, podríamos lastimarte sin querer. Nos sentimos demasiado rápidas.
—Por favor, inténtenlo —insistió Gohan—. No me pasará nada, se los prometo.
Rias y Akeno se miraron y asintieron. En un estallido de velocidad que ni ellas mismas esperaban, se lanzaron contra el niño. Rias lanzó un puñetazo cargado de energía carmesí y Akeno un golpe de tajo envuelto en electricidad. Sin embargo, Gohan ni siquiera se movió de su sitio. Con dos movimientos fluidos de sus palmas, desvió ambos ataques, haciendo que las chicas pasaran de largo por la inercia.
—¡Es increíble! —exclamó Akeno, mirando sus manos—. Soy mucho más rápida que antes. Mis movimientos son... fluidos.
—Eso es porque sus músculos se acostumbraron a trabajar bajo una gravedad artificial —explicó Gohan—. Al quitarse el lastre, su velocidad base ha aumentado al menos tres veces.
Goku asintió con orgullo.
—Buen trabajo, Gohan. Ese plan fue excelente. Ahora, creo que es momento de lo que todos estaban esperando. Vamos a enseñarles a manifestar su Ki.
Goku y Gohan reunieron a todo el clan. Les explicaron que el Ki no era magia, sino la energía vital que fluye en cada célula.
—Cierren los ojos —instruyó Goku con voz profunda—. No busquen la energía fuera de ustedes. Búsquenla en su centro, justo debajo del ombligo. Imaginen una pequeña llama que comienza a expandirse.
Rias fue la primera. Un aura de color rojo intenso, mezclada con chispas negras de su poder destructivo, brotó de su cuerpo. Akeno la siguió con un aura violeta eléctrica. Kiba manifestó un Ki blanco y afilado como una espada, mientras que Asia logró un aura verde suave y cálida. Issei, tras mucho esfuerzo, liberó un Ki rojizo y turbulento que hacía vibrar su Sacred Gear.
Sin embargo, Koneko permanecía inmóvil, con los ojos cerrados pero con una expresión de dolor.
Goku se acercó a ella y se puso en cuclillas para estar a su altura.
—Koneko, sé por qué te resistes —dijo Goku con suavidad—. Tienes miedo de que este poder te convierta en algo que no quieres ser. Pero el Ki es puro. No pertenece a ninguna raza, pertenece a la vida misma.
Gohan se acercó también y le tomó la mano.
—Koneko-chan, el poder no te define. Lo que define a una persona es cómo usa ese poder para proteger a quienes ama. Míranos a nosotros... somos guerreros, pero preferimos estar aquí, comiendo y riendo con ustedes.
Koneko abrió los ojos, que brillaban con una determinación nueva. Exhaló un largo suspiro y, de repente, una explosión de Ki blanco y puro rodeó su cuerpo. Dos orejas de gato blancas brotaron de su cabeza y una cola esponjosa apareció tras ella. Su presencia era abrumadora, una mezcla perfecta de Senjutsu y Ki.
—Lo... lo hice —susurró Koneko, mirando a Gohan con un pequeño pero sincero sonrojo.
Tras el éxito del entrenamiento, el grupo decidió descansar. Mientras el sol se ponía, Rias y Gohan se sentaron en el porche de la mansión, observando las estrellas que empezaban a asomarse.
—Gohan-kun... —comenzó Rias, mirando al joven de perfil—. No sé cómo agradecerte todo esto. Has hecho más por nosotros en unos días que lo que muchos han hecho en años. Me has dado la esperanza de que realmente puedo ser libre.
—No tienes que agradecer nada, Rias-san —respondió Gohan, mirando al horizonte con serenidad—. Para eso están los amigos, ¿no? Mi papá siempre dice que si tienes el poder para ayudar a alguien, tienes la responsabilidad de hacerlo.
Rias sintió un vuelco en el corazón. La madurez de Gohan, combinada con su inocencia infantil, era algo que la cautivaba profundamente. Se acercó un poco más a él, sintiendo el calor que emanaba su cuerpo.
—Eres alguien muy especial, Son Gohan —murmuró ella, aunque el joven Sayayin, distraído por el vuelo de una luciérnaga, no notó el matiz romántico en sus palabras.
La cena fue, como era de esperarse, un espectáculo cómico. Milk no estaba allí para regañarlos, así que Goku y Gohan se entregaron a su naturaleza glotona. Platos de carne, tazones de arroz y bandejas de pescado desaparecían en segundos.
—¡Oigan, dejen algo para los demás! —gritaba Issei, intentando pinchar un trozo de carne que Goku ya había engullido—. ¡Comen como si el mundo se fuera a acabar mañana!
—¡Es que el entrenamiento abre mucho el apetito! —dijo Goku con la boca llena, riendo mientras Gohan asentía frenéticamente, devorando un muslo de pollo de un bocado.
Al terminar la cena, Issei, con una curiosidad que no podía contener más, se acercó a los dos guerreros.
—Oye, Gohan... Goku-san... han hablado mucho de esa transformación. El "Supersayayin". ¿Podrían mostrándonosla? Por favor, quiero saber a qué nos enfrentamos realmente en este mundo.
Goku miró a Gohan y le guiñó un ojo.
—Gohan, ¿por qué no lo haces tú? Tu poder cuando te pones serio es incluso más impresionante que el mío a veces.
Gohan se puso de pie, asintiendo con seriedad. Se alejó unos cincuenta metros de la mansión, hacia el centro del campo. El clan Gremory se agrupó en la terraza, expectante.
—Recuerden —dijo Goku con tono de advertencia—, manténganse atrás. El aire se va a poner un poco pesado.
Gohan cerró los ojos y comenzó a concentrarse. Al principio, el silencio fue absoluto. Luego, una brisa ligera empezó a soplar, convirtiéndose rápidamente en un vendaval. La tierra bajo los pies de Gohan empezó a agrietarse.
—¡Aaaahhhhh! —un grito bajo empezó a salir de la garganta de Gohan.
De repente, una columna de luz blanca rodeó su cuerpo. La presión era tal que los árboles cercanos se doblaron y las ventanas de la mansión vibraron violentamente. El Ki base de Gohan era ya superior a cualquier cosa que Rias hubiera sentido jamás, superando incluso a los demonios de clase suprema.
—¡Y esto es solo el principio! —gritó Gohan—. ¡HAAAAA!
En un estallido cegador, el cabello negro de Gohan se erizó y se tornó de un dorado brillante. Sus ojos cambiaron de negro a un turquesa gélido y penetrante. Un aura de fuego dorado lo envolvía, emitiendo un sonido crepitante como si el aire mismo se estuviera quemando.
Rias cayó de rodillas, abrumada por la presión. Issei sentía que sus pulmones no podían inhalar aire debido a la densidad de la energía.
—Es... es un dios —susurró Kiba, temblando—. No, es algo más. Es el poder puro de la destrucción y la creación al mismo tiempo.
—Este es el Supersayayin —dijo Gohan, su voz ahora sonaba más profunda y calmada, pero cargada de una vibración de poder infinito.
—¡No te quedes solo ahí, Gohan! —exclamó Goku, transformándose también en un estallido dorado—. ¡Vamos a mostrarles una pelea de verdad!
Lo que siguió fue algo que el clan Gremory nunca olvidaría. Goku y Gohan desaparecieron. No es que se movieran rápido; es que para el ojo de un demonio, simplemente habían dejado de existir en el espacio físico. Solo se escuchaban los estruendos: *¡BOOM! ¡BOOM! ¡BOOM!*
Cada vez que sus puños chocaban, una onda de choque recorría kilómetros. El cielo, antes despejado, se llenó de nubes que giraban en un vórtice sobre ellos. Se veían destellos dorados chocando en el aire como relámpagos.
—¡Kamehameha! —gritaron ambos al unísono.
Dos torrentes de energía azul colosal chocaron en el centro del campo. La luz fue tan intensa que todos tuvieron que cubrirse los ojos. La explosión resultante sacudió la montaña entera.
Cuando el humo se disipó, Goku y Gohan estaban de pie, de vuelta en su forma normal, riendo y chocando los cinco. El campo de entrenamiento, sin embargo, era un desastre: cráteres por doquier, árboles calcinados y el suelo reducido a cenizas.
—Vaya, creo que nos pasamos un poco —dijo Goku rascándose la nuca mientras miraba el desastre.
Rias y sus siervos estaban en completo silencio, mirando el paisaje apocalíptico que dos personas habían creado en menos de tres minutos de "juego". En ese momento, Rias comprendió que con Gohan a su lado, Raiser Phenex no era más que una sombra insignificante frente al sol. El entrenamiento había terminado, y el mundo de DxD estaba a punto de conocer el verdadero poder de un Sayayin.