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El Indicado

Calibración de la Ofensiva de Encanto

El tablero de ajedrez mental de Kaguya Shinomiya había sido completamente rediseñado. Donde antes había un único rey dorado —Miyuki Shirogane—, ahora había un tablero diferente. No era un juego de conquista, sino uno de cultivo. El objetivo no era un rey, sino una semilla solitaria y reacia a germinar: Yu Ishigami. La primera fase de la «Operación: Iluminar el Mundo de Ishigami» era, en teoría, sencilla. Con Shirogane, Kaguya sabía que sus sentimientos eran correspondidos; la batalla era sobre quién lo admitiría primero. Con Ishigami, el campo de batalla era su propio corazón. Él no estaba enamorado de ella. Ni siquiera le gustaba especialmente. Le temía.

Por tanto, el primer objetivo estratégico era claro: desmantelar el miedo y plantar una semilla de afecto. Kaguya era paciente. Sabía que esto no sería una victoria relámpago. Podría tomar días, semanas o incluso meses. Pero estaba decidida. Haría que Yu Ishigami se enamorara perdidamente de ella. Solo entonces, procedería con la siguiente fase de su plan maestro.

Y así comenzó.

**Semana 1: Operación «Buff de Nutrientes»**

El lunes siguiente al incidente del té, la atmósfera en la sala del consejo estudiantil era tensa. O, al menos, lo era para dos de sus ocupantes. Shirogane lanzaba miradas furtivas y analíticas a Kaguya, tratando de descifrar su nueva e indescifrable estrategia. Ishigami, por su parte, intentaba hacerse lo más pequeño posible en su rincón, como si quisiera fusionarse con la pared. Cada vez que Kaguya se movía, él se sobresaltaba. La había visto sonreírle a Shirogane de una forma extraña y enigmática, y luego le había ofrecido un té que sabía a cielo. La conclusión lógica para su mente pesimista era evidente: estaba atrapado en medio de una de sus batallas de genios. Era un peón, y los peones suelen ser los primeros en ser sacrificados.

A media tarde, Kaguya se levantó con su elegancia habitual. Se dirigió a su bolso y sacó un pequeño paquete envuelto en papel washi de alta calidad. Caminó directamente hacia el rincón de Ishigami.

El pánico se apoderó de él. Su corazón empezó a latir con la fuerza de un tambor de guerra. ¿Qué era eso? ¿Una carta bomba? ¿La cabeza de un caballo en miniatura? ¿Su sentencia de muerte escrita en un pergamino?

—Ishigami-kun.

—¡S-Sí! —chilló, casi cayéndose de la silla.

—He notado que a menudo te saltas el almuerzo y luego te quejas de fatiga por la tarde —dijo Kaguya, su voz un bálsamo de calma en medio de su tormenta interna—. Eso no es eficiente. Tu rendimiento decae.

Le tendió el paquete. Ishigami lo miró como si fuera una serpiente venenosa.

—He pedido a mi chef personal que prepare unas barritas energéticas. Contienen una mezcla de nueces de macadamia, chocolate negro del 85% de cacao de origen único y un extracto de ginkgo biloba. Según los estudios, esta combinación optimiza la función cognitiva y el tiempo de reacción durante aproximadamente tres horas.

Hizo una pausa, dándole el golpe de gracia.

—Un *buff* de inteligencia y destreza de tres horas. Ideal para tus sesiones de juego al llegar a casa.

Ishigami se quedó boquiabierto. La lógica era impecable. El lenguaje era el suyo. Pero la fuente era totalmente errónea. Era como si un dragón le estuviera ofreciendo un objeto mágico legendario, pero él sabía que los dragones solo queman aldeas y secuestran princesas.

—Yo… uhm… no, gracias, Shinomiya-senpai. No tengo hambre —tartamudeó, retrocediendo.

—¿No? Qué extraño —replicó Kaguya sin perder la compostura. Desenvolvió el paquete, revelando dos barritas de aspecto delicioso. Partió una por la mitad y se llevó un trozo a los labios, masticándolo con delicadeza—. Delicioso.

Lo miró fijamente, con sus ojos rojos brillando.

—No te preocupes, Ishigami-kun. No malgastaría un veneno de acción lenta y difícil de rastrear en un objetivo secundario como tú. Esas tácticas las reservo para oponentes más… estimulantes.

La lógica retorcida de su comentario fue, irónicamente, lo que lo calmó. Era cierto. ¿Por qué se molestaría en envenenarlo a él? No tenía sentido. Era un insulto, pero un insulto tranquilizador. Con mano temblorosa, aceptó la otra mitad de la barrita.

—G-gracias.

Dio un mordisco minúsculo. El sabor era increíble. Riko, complejo, y sintió una extraña claridad mental casi al instante. O quizás era solo la sugestión.

Kaguya regresó a su asiento, satisfecha. En su palacio mental, la juez Kaguya golpeó el mazo.

*Informe de progreso: El sujeto ha aceptado el segundo estímulo positivo. La reacción inicial de pánico (Nivel 9/10) fue mitigada con una negación plausible y un insulto velado. El sujeto ha consumido el artículo. Fase Uno: 1% completado.*

**Semanas 2 y 3: Operación «Infiltración Cultural»**

El terror inicial de Ishigami comenzó a mutar. Los gestos de Kaguya continuaron con una regularidad desconcertante. Un día, le dejó una botella de agua mineral importada en su escritorio, comentando que «la hidratación adecuada es clave para prevenir la fatiga ocular durante las largas sesiones frente a una pantalla». Otro día, mientras él se quejaba en voz baja de un error frustrante en una hoja de cálculo, ella se acercó y, en menos de treinta segundos, le señaló una fórmula incorrecta que él había pasado por alto durante una hora.

—Tu método era creativo, pero ineficiente —le dijo, antes de volver a su trabajo como si nada.

Ishigami ya no temía por su vida. Ahora, estaba sumido en una profunda y agónica confusión. ¿Qué estaba pasando? ¿Era esto una forma de tortura psicológica increíblemente elaborada? ¿Estaba intentando engordarlo con snacks gourmet antes de sacrificarlo a algún dios antiguo? Consultó a Shirogane.

—Presidente —susurró un día, arrinconándolo cerca de la máquina de café—. Shinomiya-senpai… está actuando raro conmigo.

Shirogane, que había estado observando todo con una creciente paranoia, frunció el ceño.

—¿Raro cómo?

—Me da cosas. Comida. Consejos. No me insulta tanto como antes. Ayer casi me sonrió. ¿Crees que… estoy a punto de morir?

Shirogane miró a Kaguya, que leía un libro con una serenidad sospechosa.

—No lo sé, Ishigami. Con Shinomiya, nunca se sabe. Podría ser un nuevo código. «Comida» podría significar «ataque», «consejo» podría significar «trampa». Mantente alerta. Y anota todo lo que te dé. Podría ser una pista.

El consejo del presidente solo aumentó la ansiedad de Ishigami. Pero la confusión seguía siendo el sentimiento dominante.

El punto de inflexión llegó un jueves por la tarde. El trabajo del consejo había terminado y él, como de costumbre, sacó su Nintendo Switch para matar el tiempo antes de irse a casa. Estaba inmerso en «Chronos Breaker VII», un JRPG que adoraba. De repente, una sombra se cernió sobre él.

Era Kaguya.

Ishigami se preparó para la reprimenda. «Ponte a hacer algo útil», «No malgastes tu vida en esas tonterías».

—Ese es «Chronos Breaker VII», ¿verdad? —dijo ella, su voz completamente neutra.

Ishigami se quedó helado.

—He leído las críticas —continuó, mirando la pantalla por encima de su hombro—. El consenso general es que el sistema de batalla por turnos es un retroceso anacrónico en comparación con el combate de acción de su predecesor, el «Chronos Breaker VI: Eclipse». Sin embargo, muchos coinciden en que la trama, con sus múltiples paradojas temporales y su comentario sobre el determinismo, es una de las mejores escritas en la historia del género. ¿Estás de acuerdo con esa evaluación?

El cerebro de Ishigami sufrió un cortocircuito. ¿Kaguya Shinomiya, la princesa de hielo, la heredera multimillonaria, estaba citando reseñas de videojuegos y preguntando su opinión? El mundo debía de estar acabándose.

Sin pensarlo, la pasión de un verdadero fanático se apoderó de él.

—¡No! ¡Los críticos son unos idiotas! —soltó, antes de darse cuenta de con quién hablaba—. Q-quiero decir… su perspectiva es… limitada. El sistema por turnos no es un retroceso, es una declaración temática. El juego trata sobre el destino y la imposibilidad de cambiar ciertos eventos. El combate por turnos refleja eso: tus acciones están predeterminadas hasta cierto punto, tienes que pensar estratégicamente dentro de un marco fijo, igual que el protagonista luchando contra su destino. ¡Es brillante!

Habló durante casi dos minutos, gesticulando con la consola, explicando las sinergias entre la mecánica y la narrativa. Cuando terminó, se dio cuenta de que toda la sala estaba en silencio. Fujiwara lo miraba con la boca abierta. Shirogane parecía estar intentando descifrar el significado oculto de «paradoja temporal». Y Kaguya… Kaguya lo escuchaba. Con atención genuina.

Ishigami se sonrojó violentamente y se encogió sobre sí mismo.

—P-perdón, yo…

—No te disculpes —lo interrumpió Kaguya, su voz suave—. Tu análisis es mucho más profundo que el de cualquier crítico que haya leído. Entiendo mejor el juego ahora. Gracias por la explicación, Ishigami-kun.

Se dio la vuelta y regresó a su asiento, dejando a un Ishigami completamente desconcertado. No había habido burla. No había habido condescendencia. Había habido… respeto.

*Evaluación de progreso*, pensó Kaguya, ocultando una sonrisa de triunfo. *El sujeto ha pasado de la comunicación monosilábica a un discurso expositivo. La confusión ha superado al miedo, generando una apertura para el intercambio de información. Fase Uno: 3% completado.*

**Semanas 4 y 5: Operación «Escudo Shinomiya»**

La confusión de Ishigami evolucionó hacia una cautelosa curiosidad. Empezó a observar a Kaguya, tratando de encontrar la trampa. Pero no la había. Sus acciones eran consistentemente… amables. No de la forma efusiva y caótica de Fujiwara, sino de una manera tranquila, eficiente y casi invisible.

Un día, Fujiwara, en uno de sus arranques de energía, estaba intentando «alegrar» a Ishigami.

—¡Ishigami-kun, tu aura es tan sombría que está marchitando mis flores imaginarias! —dijo, revoloteando a su alrededor—. ¡Sonríe un poco! ¡O la gente pensará que la sala está embrujada y no querrán unirse al consejo el año que viene!

Ishigami estaba a punto de soltar su habitual «Ojalá fuera un fantasma para poder desaparecer», cuando una voz fría como el hielo cortó el aire.

—Secretaria Fujiwara.

Todos se giraron hacia Kaguya. Su mirada era gélida.

—La eficiencia del Tesorero Ishigami en la gestión de las finanzas del consejo es impecable. Su «aura», como tú la llamas, es irrelevante para sus deberes. De hecho —añadió, lanzando una mirada cortante a la secretaria—, su concentración silenciosa y su capacidad para trabajar sin interrupciones es mucho más productiva para este consejo que tu constante bullicio y tus distracciones infantiles.

El silencio que siguió fue absoluto. Chika Fujiwara se quedó helada, sus mejillas se inflaron en un puchero ofendido antes de retirarse a un rincón a lloriquear. Miko Iino, que estaba a punto de saltar en defensa de Ishigami como solía hacer, se quedó con la boca abierta, mirando a Kaguya con una mezcla de shock y profunda sospecha.

Pero la reacción más importante fue la de Ishigami. Estaba completamente inmóvil. La había defendido. Kaguya Shinomiya, la mujer que una vez lo había llamado «un germen», lo había defendido públicamente. No solo eso, había elogiado su trabajo. Sintió una extraña calidez extenderse por su pecho. Era una sensación desconocida y desconcertante.

Levantó la vista y sus ojos se encontraron con los de Kaguya por una fracción de segundo. Ella le dio un asentimiento casi imperceptible antes de volver a su libro. No fue un acto para la galería. Fue un gesto simple y directo.

Esa tarde, mientras recogía sus cosas, Ishigami se detuvo junto al escritorio de Kaguya. Ella levantó la vista.

—¿Sí, Ishigami-kun?

Él tragó saliva.

—Gracias… por lo de antes.

Kaguya cerró su libro.

—No tienes por qué agradecerme. La lógica dictaba que tu contribución era más valiosa en ese momento que la de la secretaria. Fue una simple evaluación de activos.

La respuesta era tan clínica, tan típicamente Kaguya, que debería haberlo enfriado. Pero no lo hizo. Porque debajo de las palabras corporativas, el mensaje era claro: ella lo valoraba.

*La curiosidad ha dado paso a la reciprocidad positiva*, analizó Kaguya más tarde, en la seguridad de su coche. *El sujeto ha iniciado contacto para expresar gratitud. Se ha establecido un precedente de protección. Fase Uno: 6% completado.*

**Semana 6: Operación «Normalización y Contacto Físico»**

Seis semanas después del inicio de la operación, el ecosistema de la sala del consejo había encontrado un nuevo y extraño equilibrio. La llegada de Kaguya con un té especial o un snack para Ishigami ya no era un evento alarmante, sino una parte de la rutina diaria. Ishigami ya no se sobresaltaba cuando ella se acercaba. Incluso mantenía breves conversaciones con ella sobre su trabajo o, en raras ocasiones, sobre algún juego nuevo, siempre con Kaguya dirigiendo la conversación con preguntas precisas y bien investigadas. Había alcanzado la normalidad.

Kaguya decidió que era el momento de escalar. La aclimatación estaba completa. Era hora de introducir un estímulo más directo.

Era viernes por la tarde. Kaguya estaba repartiendo los informes para la reunión de la próxima semana. Dejó los de Shirogane y Fujiwara en sus mesas y luego se dirigió al rincón de Ishigami. Él levantó la vista de su portátil, esperándola. No había miedo, ni confusión. Solo una tranquila expectación.

—Ishigami-kun, los informes financieros —dijo, su voz suave.

Se inclinó para dejar la pila de papeles en su escritorio. Y entonces, lo hizo. Deliberadamente, dejó que sus dedos rozaran el dorso de la mano de él. No fue un toque fugaz y accidental. Duró un segundo. Quizás dos. Lo suficiente para que fuera innegablemente intencional.

Para Ishigami, fue como si un rayo le recorriera el brazo. Sintió la suavidad y la calidez de su piel, un contraste abrumador con la frialdad que siempre había asociado con ella. Se quedó paralizado, con los ojos fijos en el punto de contacto. Su mente se quedó en blanco.

Cuando ella retiró la mano, él levantó la vista bruscamente, con el corazón martilleándole en el pecho. Buscó en su rostro una señal de burla, la sonrisa cruel que le diría que todo era un juego para humillarlo. Pero no la encontró. La expresión de Kaguya era serena, quizás con un atisbo de algo más suave en sus ojos.

Un calor intenso le subió por el cuello hasta las orejas. Apartó la mano como si se hubiera quemado y murmuró un apenas audible:

—G-gracias, senpai.

Kaguya no se alejó. Se quedó allí, inclinando la cabeza ligeramente. Su mirada se posó en su cabello.

—Por cierto, Ishigami-kun —dijo, su voz un poco más baja de lo normal, casi un susurro—. Te has cortado el pelo.

Él se tocó el flequillo, cohibido.

—Ah, sí… un poco.

—Te queda bien —afirmó ella. Sus ojos rojos se encontraron con los suyos—. Despeja tu rostro. Es una pena ocultarlo.

Y con eso, se dio la vuelta y se dirigió a su asiento, dejándolo en un estado de completo colapso sistémico. Un toque. Un cumplido. Un cumplido sobre su apariencia. De Kaguya Shinomiya. Su cerebro, que había empezado a acostumbrarse a la nueva normalidad, fue arrojado de nuevo a un caos absoluto, pero esta vez no era un caos de miedo, sino de algo mucho más peligroso y embriagador.

Esa noche, en el Rolls-Royce, Hayasaka leía su informe desde una tablet con su habitual tono monótono.

—Informe final de la semana seis, Operación «Rehabilitación del Activo Depresivo». El sujeto Ishigami ha alcanzado un estado de «normalidad conductual» en respuesta a los estímulos positivos continuos. Hoy se ha registrado una respuesta fisiológica de rubor de Nivel 4, extendiéndose desde el cuello hasta las orejas, tras la aplicación del protocolo de «Contacto Físico Casual» y el «Cumplido Directo sobre Apariencia». El tartamudeo ha regresado temporalmente, indicando una sobrecarga emocional positiva.

Kaguya miraba las luces de Tokio pasar, pero en su mente solo veía el intenso sonrojo en las orejas de Ishigami y sus ojos oscuros y abiertos por la sorpresa.

—El período de aclimatación ha sido un éxito rotundo, Hayasaka —declaró Kaguya, una sonrisa de pura satisfacción en sus labios—. El miedo ha sido erradicado y reemplazado por una receptividad nerviosa. La semilla ha sido plantada.

—¿Progreso hacia el objetivo principal? —preguntó Hayasaka, levantando una ceja—. ¿Indicios de afecto recíproco?

—Aún no. No estamos ni cerca —admitió Kaguya—. Él está confundido, halagado, pero todavía no es amor. Sin embargo, la tierra ha sido arada y fertilizada. Las defensas exteriores han sido neutralizadas. Diría que… la Fase Uno está completa en un 8%.

Hayasaka suspiró.

—Seis semanas de esfuerzo concentrado, una inversión considerable en tés exóticos y análisis de datos de videojuegos… para un 8% de progreso. La tasa de retorno de la inversión es abismal, señorita.

—No subestimes la fortaleza, Hayasaka —replicó Kaguya, su voz llena de una nueva y alegre determinación—. El corazón de Ishigami-kun está más fortificado que la bóveda del Banco de Japón. Pero ninguna fortaleza es inexpugnable.

Se reclinó en su asiento, con los ojos brillando con anticipación.

—El terreno está preparado. Ahora, es momento de pasar a la siguiente etapa de la Fase Uno. Es hora de aumentar la intensidad. Es hora de que empiece a verme no solo como una senpai amable, sino como… una mujer.

Hayasaka tecleó en su tablet.

—Registrado. Iniciando protocolo para la sub-fase «Aumento de la Tensión Romántica». ¿Alguna directiva específica, señorita?

Kaguya sonrió, una sonrisa peligrosa y llena de promesas.

—Sí. Investiga todos los festivales de verano, fuegos artificiales y eventos culturales de los próximos dos meses. Encuentra el escenario perfecto. Una batalla no se gana solo con tácticas. El terreno es crucial. Y voy a elegir el campo de batalla más romántico posible.