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el legado de la magia

El Vuelo de la Mariposa de Cristal

El invierno llegó a Wiltshire con una elegancia gélida que parecía diseñada por el propio Draco Malfoy. Los terrenos de la mansión estaban cubiertos por una capa de escarcha que brillaba como diamantes bajo la pálida luz del sol, y las gárgolas de las cornisas llevaban pequeñas bufandas de lana que Lily y Narcissa les habían colocado en un arrebato de ternura. Dentro de la casa, el ambiente era radicalmente distinto: el calor de las chimeneas de mármol y el aroma a canela y resina de pino creaban un refugio acogedor frente al frío exterior.

Harry se encontraba en el despacho principal, terminando de revisar unos documentos del Ministerio sobre la protección de niños nacidos de muggles en hogares sin precedentes mágicos. A su lado, Draco estaba recostado en un sillón orejero, con una manta de piel de hidra sobre las piernas. Su vientre era ahora una curva prominente que Harry no podía evitar acariciar cada vez que pasaba a su lado.

—Potter, si sigues firmando esos pergaminos con tanta intensidad, vas a perforar la mesa —comentó Draco, cerrando los ojos con un suspiro de cansancio—. Relájate. Dudley y su familia llegarán en una hora para la cena de solsticio.

Harry dejó la pluma y se frotó las sienes, quitándose las gafas por un momento.

—Lo sé, Draco. Es solo que quiero que todo sea perfecto. Rose está cada vez más cerca de su undécimo cumpleaños y la carta de Hogwarts llegará en cualquier momento del próximo verano. Dudley está nervioso. Sarah está... bueno, Sarah está procesando el hecho de que su hija puede convertir sus guisantes en ranas si se enfada mucho.

Draco soltó una risita suave que terminó en un pequeño quejido cuando el bebé se movió.

—Esa niña tiene más temple que su padre a su edad, eso te lo aseguro. El otro día la encontré en la biblioteca intentando descifrar un texto de defensa básica. Tiene hambre de saber, Harry. Eso es lo que la salvará, no nuestras explicaciones.

—Lo que me preocupa es la integración —admitió Harry, acercándose para sentarse en el brazo del sillón de su esposo—. Ella es una Dursley. Mi tía Petunia... bueno, ella habría odiado esto. Y me pregunto si Rose siente ese peso, el peso de una familia que despreció lo que ella es ahora.

Draco tomó la mano de Harry y la llevó a su vientre, donde sintieron una patada rítmica y fuerte.

—Ella no es Petunia, Harry. Y Dudley tampoco es Vernon. Han elegido estar aquí. Han elegido abrir la puerta que sus padres cerraron con llave. Eso es lo que importa.

***

Punto de vista de Sarah

El coche de Dudley avanzaba por el camino flanqueado por estatuas, y Sarah sentía que su corazón latía al ritmo de los limpiaparabrisas. Cada vez que visitaban la mansión, se sentía como si estuviera atravesando el espejo de Alicia. Miró por el retrovisor a Rose, que iba sentada en el asiento trasero con un libro de "Historia de la Magia para Principiantes" abierto sobre las rodillas. La niña no tenía miedo; tenía una chispa en los ojos que Sarah envidiaba y admiraba a partes iguales.

—Dudley, ¿crees que deberíamos haber traído algo más? —preguntó Sarah por quinta vez—. Ese vino que compramos parece... ordinario comparado con lo que ellos tienen.

Dudley apretó el volante, pero sus hombros estaban más relajados que en meses anteriores.

—Sarah, a Harry no le importa el vino. Y Draco... bueno, Draco probablemente tiene una bodega que data de la época de Merlín, pero ha sido educado. Lo que importa es que estamos aquí. Harry me dijo que esta noche es importante. Es el solsticio. Algo sobre el renacimiento de la luz.

—Es una celebración de la familia, papá —intervino Rose desde atrás, sin levantar la vista del libro—. El tío Harry dice que en el mundo mágico, el solsticio es cuando la magia está más cerca de la superficie. ¡Quizás hoy pueda hacer el hechizo de la mariposa de cristal!

Sarah suspiró, intentando asimilar términos como "mariposa de cristal" mientras cruzaban el umbral de las puertas de hierro que se abrían solas.

Al bajar del coche, fueron recibidos por James, que ya tenía dieciséis años y vestía una túnica de viaje que lo hacía parecer mucho más adulto de lo que Dudley recordaba.

—¡Tío Dudley! ¡Sarah! —James bajó los escalones de tres en tres y abrazó a Rose, levantándola en el aire—. Pequeña, Scorpius y Albus han estado preparando una sorpresa en el salón de baile. ¡Dicen que han encontrado una forma de hacer que nieve dentro sin mojar los muebles!

—¡James, no le arruines la sorpresa! —gritó la voz de Albus desde el interior de la casa.

Dudley sonrió, una sonrisa genuina que le llegaba a los ojos. Al entrar en el gran vestíbulo, Harry los esperaba con los brazos abiertos. Se veía impecable, con una túnica de terciopelo esmeralda que hacía juego con sus ojos, pero su sonrisa seguía siendo la del chico que Dudley conocía.

—Bienvenidos —dijo Harry—. Pasad, por favor. Draco está en el salón pequeño; el médico de San Mungo le ha pedido que no camine demasiado hoy.

***

Punto de vista de Harry

La cena fue un caos maravilloso. Ver a los gemelos Malfoy-Potter intentar explicarle a Sarah cómo funcionaba el correo por lechuza mientras ella trataba de aplicar la lógica de los correos electrónicos fue uno de los momentos más divertidos que Harry recordaba.

—Entonces... ¿la lechuza simplemente sabe dónde está la persona? —preguntaba Sarah, incrédula—. ¿Incluso si se están moviendo?

—Es el rastro mágico, Sarah —explicó Scorpius con paciencia, mientras Narcissa le pasaba una bandeja de panecillos encantados que daban vueltas sobre sí mismos—. La magia no es una dirección postal, es una intención. Si quieres que alguien reciba algo, la magia encuentra el camino.

Draco, sentado a la cabecera de la mesa, observaba la escena con una satisfacción silenciosa. A pesar de su cansancio, sus ojos brillaban de orgullo al ver a sus hijos interactuar con los parientes muggles de Harry.

—Dudley —dijo Draco, bajando el tono de voz para que solo los adultos lo escucharan—, Harry me ha contado que te preocupa la educación de Rose.

Dudley dejó los cubiertos y asintió, algo cohibido por la atención del aristócrata.

—No quiero que ella se sienta diferente a nosotros, Draco. Pero sé que ya lo es. Me da miedo que, al entrar en vuestro mundo, termine viéndonos como... bueno, como personas aburridas y sin gracia. Como mis padres veían a Harry.

Draco dejó su copa de agua y miró a Dudley con una seriedad que impuso silencio en su pequeño rincón de la mesa.

—Escúchame bien, Dudley Dursley. La magia es una herramienta, no una medida del valor de un hombre. Harry es el hombre más poderoso que conozco, y no es por su varita, sino por su capacidad de amar a pesar de haber crecido en un armario. Rose no os verá como seres inferiores si vosotros no os veis así. Ella necesitará vuestro mundo para mantener los pies en la tierra. Un mago que olvida sus raíces es un mago peligroso.

Harry puso su mano sobre la de Draco, conmovido por sus palabras. Dudley pareció procesar aquello, mirando a su hija, que en ese momento estaba riendo a carcajadas porque una de las gemelas le había hecho crecer orejas de conejo momentáneamente.

—Gracias —susurró Dudley—. Realmente necesitaba oír eso.

Después de la cena, se trasladaron al gran salón, donde el árbol de Navidad mágico se elevaba hasta el techo, decorado con hadas reales que revoloteaban entre las ramas.

—¡Ahora, Rose! —exclamó Lily—. ¡Intenta el hechizo!

Rose se puso de pie en el centro del salón. Harry y Draco se miraron. Rose aún no tenía varita, pero los niños de familias mágicas a menudo mostraban ráfagas de magia accidental o canalizada antes de los once años. Harry le había estado enseñando a enfocar su energía.

La niña cerró los ojos y extendió las manos. El silencio se apoderó de la habitación. Dudley y Sarah se tomaron de la mano, conteniendo la respiración.

—*Vitreus Papilio* —susurró Rose.

Al principio no pasó nada. Pero entonces, un brillo plateado comenzó a emanar de sus palmas. Poco a poco, la luz tomó forma, solidificándose en una delicada mariposa de cristal translúcido que comenzó a batir las alas con un tintineo musical. La mariposa voló por la habitación, dejando un rastro de polvo de estrellas, y se posó suavemente sobre el hombro de Sarah.

Sarah soltó un grito ahogado, pero no de miedo, sino de pura maravilla. Extendió un dedo y tocó el ala de cristal, que se sentía cálida al tacto.

—Es... es hermosa, Rose —dijo Sarah con la voz quebrada.

—Es magia, mamá —respondió Rose, con los ojos brillando de emoción—. Es lo que soy.

Dudley se acercó a su hija y la abrazó con una fuerza que hizo que Rose soltara una risita. Harry sintió una calidez inmensa en el pecho. Había pasado años intentando reconciliar su pasado con su presente, y ver ese abrazo era la prueba final de que el ciclo de odio se había roto para siempre.

***

Punto de vista de Dudley

Más tarde esa noche, mientras los niños jugaban a los juegos de mesa mágicos que gritaban insultos cada vez que alguien hacía una mala jugada, Dudley se encontró a solas con Harry en el balcón. El frío era intenso, pero Harry había murmurado algo y un aura de calor los rodeaba.

—¿Te acuerdas de cuando me salvaste de los dementores, Harry? —preguntó Dudley, mirando hacia los bosques oscuros que rodeaban la propiedad.

—Lo recuerdo —dijo Harry, apoyándose en la barandilla—. Pensé que me iban a expulsar de Hogwarts por usar magia frente a ti.

—Esa noche... yo no solo vi la oscuridad, Harry. Te vi a ti. Vi lo que tenías que cargar. Nunca te lo dije adecuadamente, pero ver a Rose hoy, haciendo esa mariposa... me hizo pensar en lo que te robamos. Te robamos la oportunidad de ser un niño orgulloso de lo que era.

Harry suspiró, y su aliento formó una pequeña nube de vapor que se disipó rápidamente.

—No puedes cambiar el pasado, Dudley. Pero mira lo que tenemos ahora. Rose va a ir a Hogwarts con sus primos. Va a tener una familia que la apoye. No va a tener que esconder su varita bajo una tabla del suelo. Eso es lo único que importa.

—Ella te admira mucho —dijo Dudley—. Sarah también. Draco... bueno, Draco me intimida un poco, pero se nota que ama a su familia. Gracias por dejarnos entrar, Harry. Sé que no tenías por qué hacerlo.

—Somos familia, Dudley —repitió Harry, las mismas palabras que le había dicho meses atrás—. Y en esta familia, nadie se queda atrás.

De repente, un grito emocionado llegó desde el interior de la casa.

—¡Papá! ¡Padre! ¡Rápido!

Harry y Dudley entraron corriendo al salón. Draco estaba sentado en el sofá, rodeado por los siete niños, con una expresión de sorpresa y una leve mueca de dolor.

—¿Qué pasa? —preguntó Harry, arrodillándose de inmediato al lado de su esposo—. ¿Es el bebé?

Draco asintió, tomando la mano de Harry con fuerza. Sus nudillos estaban blancos.

—Parece que... nuestro séptimo hijo tiene prisa por conocer a sus primos —dijo Draco con una sonrisa forzada—. Potter, creo que el solsticio va a ser más animado de lo que planeamos.

El caos se desató de inmediato, pero era un caos organizado. James empezó a dar instrucciones a sus hermanos menores, Albus fue a buscar el kit de emergencia médica y las gemelas corrieron a avisar a los elfos domésticos.

Sarah se acercó a Draco, dejando de lado su timidez.

—He tenido a Rose, sé lo que se siente —dijo con voz firme—. Harry, ayúdalo a respirar. Dudley, ve por agua tibia y mantas limpias, ahora mismo.

Dudley no lo dudó ni un segundo. Salió disparado hacia la cocina, siguiendo las órdenes de su esposa. Harry miró a Sarah con gratitud infinita. En ese momento, las barreras entre lo mágico y lo muggle desaparecieron por completo. Solo eran personas ayudando a traer una nueva vida al mundo.

***

Punto de vista de Harry

Horas después, cuando el primer rayo de sol del nuevo día comenzó a asomar por el horizonte, el silencio volvió a reinar en Malfoy Manor, pero era un silencio lleno de vida. En la habitación principal, Draco descansaba, pálido pero radiante, con un pequeño bulto envuelto en mantas de seda azul en sus brazos.

Harry estaba sentado a su lado, exhausto pero inmensamente feliz. Los niños estaban asomados por la puerta, hablando en susurros. Dudley y Sarah estaban un poco más atrás, observando con respeto.

—Es un niño —anunció Harry hacia la puerta—. Venid a conocer a vuestro hermano.

Los niños entraron en fila india. James fue el primero en acercarse, mirando al bebé con una mezcla de asombro y responsabilidad.

—¿Cómo se llamará? —preguntó Scorpius.

Draco miró a Harry, y Harry asintió, sabiendo lo que habían acordado semanas atrás.

—Se llama Leo —dijo Draco—. Leo Regulus Potter-Malfoy.

Rose se acercó al final, mirando al bebé con curiosidad. El pequeño Leo abrió los ojos por un momento, revelando un gris plateado que prometía ser idéntico al de su padre.

—Hola, Leo —susurró Rose—. Soy tu prima Rose. Te voy a enseñar a hacer mariposas de cristal cuando seas grande.

Dudley puso una mano en el hombro de Harry. No hacían falta palabras. El nacimiento de Leo en el solsticio de invierno, rodeado de magos y muggles unidos por el afecto, era el símbolo final de la redención de su linaje.

—Siete hijos, Harry —murmuró Dudley—. Realmente no haces nada a medias, ¿verdad?

Harry soltó una carcajada cansada y apoyó la cabeza en el hombro de Draco.

—Supongo que no, Dudley. Supongo que no.

Mientras la familia se acomodaba para las primeras horas del nuevo día, Harry Potter, el Jefe de la Casa Potter y Consorte de la Casa Malfoy, cerró los ojos por un momento. Había sobrevivido a guerras, a la oscuridad y a la soledad, pero nada de eso se comparaba con la victoria de ver a su familia completa, unida y, por fin, en paz. El futuro de Rose, de sus siete hijos y del mundo que estaban construyendo juntos era, sencillamente, mágico.