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El secreto del alfa

El Eco de un Instinto Feroz

La mañana en el ático de Win no fue como cualquier otra. El aire mismo parecía vibrar con una energía distinta, cargada con ese nuevo y dulce aroma que solo Win podía percibir con tal intensidad. Krit estaba sentado a la mesa del desayuno, devorando una mezcla extraña de mangos con sal y chile, mientras Win lo observaba con una devoción que rayaba en lo ridículo. Ya no era solo el alfa protector de su novio; ahora era el guardián de un milagro que apenas empezaba a procesar.

—Win, vas a llegar tarde a la reunión con el equipo de producción —dijo Krit, limpiándose la comisura de los labios con una servilleta, sus ojos brillando con esa picardía habitual—. Y deja de mirarme la barriga, todavía no hay nada que ver ahí fuera, aunque por dentro se sienta como un pequeño terremoto.

—No puedo evitarlo —admitió Win, acercándose para depositar un beso posesivo en la frente de Krit—. Siento que si te quito la vista de encima, el mundo se atreverá a molestarte.

—Estaré bien. Tata y Kinn vendrán a la tienda hoy. Tenemos que organizar el inventario de las esmeraldas que llegaron de Colombia —respondió Krit, dándole un empujoncito cariñoso—. Ve a trabajar, estrella de Tailandia.

Win suspiró, pero finalmente cedió. Sin embargo, antes de irse a la empresa, hizo una llamada. Necesitaba a su círculo de confianza cerca.

Unas horas más tarde, en la sala privada de GMMTV, el ambiente era de celebración contenida. Tee estaba allí, junto a un nuevo integrante del grupo, Dew, un alfa alto y de facciones elegantes que se había unido recientemente a un proyecto con Win. Lo curioso no era la presencia de Dew, sino la forma en que sus ojos seguían cada movimiento de Tee. Dew miraba a Tee con una mezcla de adoración y timidez que no pasaba desapercibida para nadie, excepto quizás para el propio Tee, que estaba demasiado ocupado asimilando la noticia que Win acababa de soltar.

—¡¿Embarazado?! —exclamó Tee, dejando caer su guion sobre la mesa—. ¡Win, por todos los dioses! Sabía que eran intensos, pero esto es... ¡esto es increíble! ¡Voy a ser el tío más ruidoso de la historia!

Dew, que estaba sentado al lado de Tee, sonrió con suavidad, extendiendo una mano para tocar el hombro de Tee y calmarlo, aunque su mirada permanecía fija en el rostro del omega travieso.

—Felicidades, Win —dijo Dew con voz profunda—. Es una noticia maravillosa. Un hijo es el vínculo más fuerte que dos personas pueden tener.

—Gracias, Dew —respondió Win, notando la tensión romántica entre los dos, pero demasiado concentrado en su propia felicidad—. Por ahora, solo ustedes lo saben. Y quiero que se mantenga así. La situación con Sky ayer fue... tensa.

—Ese tipo está loco —bufó Tee, cruzándose de brazos—. Se cree el protagonista de un drama de venganza. Pero no te preocupes, Dew y yo te cubriremos las espaldas aquí en la empresa. ¿Verdad, Dew?

—Cualquier cosa que necesites, Win —asintió Dew, sin apartar la vista de Tee—. Estaremos atentos.

Mientras tanto, al otro lado de la ciudad, en la exclusiva joyería de Krit, el ambiente era mucho menos festivo. Sky había pasado la noche en vela, consumido por un odio que se había transformado en algo patológico. No podía aceptar que Win, su Win, prefiriera a un "don nadie". Había seguido a Krit discretamente semanas atrás y sabía exactamente dónde estaba su tienda.

Sky entró en la boutique con paso firme. El tintineo de la campana anunció su llegada. Krit, que estaba revisando unas gemas en el mostrador principal, levantó la vista con su sonrisa profesional, que se desvaneció al instante al reconocer al intruso.

—Tú... eres el amigo de Win —dijo Krit, manteniendo la compostura—. ¿Sky, verdad? Si buscas un regalo, me temo que hoy solo atiendo con cita previa.

Sky no respondió. Caminó por la tienda, mirando las vitrinas con desprecio antes de clavar sus ojos en la figura de Krit. Su nariz captó el cambio en el ambiente. El aroma dulce, ese rastro de vida nueva, era innegable para cualquier alfa con los sentidos alerta.

—Así que es cierto —siseó Sky, su voz cargada de veneno—. Estás intentando amarrarlo con un cachorro. Qué truco tan barato para alguien que dice amar a Win.

Krit se tensó. Su instinto de alfa, usualmente alegre y juguetón, se erizó como el de un lobo protegiendo su guarida.

—No sé de qué estás hablando, Sky. Te voy a pedir que te retires ahora mismo —dijo Krit, su voz volviéndose inusualmente baja y peligrosa.

—Sé perfectamente lo que tienes ahí dentro —Sky dio un paso hacia el mostrador, sus ojos inyectados en sangre—. Win tiene un futuro brillante. Es una estrella global. No puede tener un lastre como tú, y mucho menos un hijo que arruine su imagen de soltero codiciado. Vine a darte una opción, Krit. Deshazte de eso. Ahora.

Krit sintió un frío glacial recorrerle la espalda, seguido de una llamarada de furia pura.

—Vete. De. Aquí —ordenó Krit, sus feromonas empezando a saturar el aire en un tono de advertencia violenta.

—No me voy a ir hasta que entiendas que ese bebé no va a nacer —Sky se abalanzó hacia el mostrador, intentando rodearlo para llegar a Krit—. Si no lo haces por las buenas, yo mismo me encargaré de que te lleves un susto suficiente para que tu cuerpo lo rechace.

En la empresa, a kilómetros de distancia, Win se detuvo en medio de una frase mientras hablaba con Dew y Tee. Un dolor agudo, una punzada de angustia que no era suya, le atravesó el pecho. El vínculo. Su alfa estaba llamando al suyo a través del hilo invisible que los unía.

—Algo está mal —dijo Win, su rostro palideciendo antes de transformarse en una máscara de rabia absoluta—. Es Krit. Está en peligro.

Sin dar explicaciones, Win salió corriendo hacia el estacionamiento. Dew y Tee, intercambiando una mirada de alarma, lo siguieron de inmediato.

—¡Yo conduzco! —gritó Dew, saltando al asiento del conductor de su deportivo, mientras Tee y Win se subían—. ¡Dime a dónde ir!

En la tienda, la situación se había vuelto violenta. Sky había logrado pasar detrás del mostrador y forcejeaba con Krit. A pesar de ser más bajo, Krit era un alfa y estaba luchando con uñas y dientes para proteger su vientre, pero el estado de gestación inicial lo hacía sentirse mareado y vulnerable ante la agresión física de Sky.

—¡Suéltame! —gritó Krit, empujando a Sky contra una vitrina de cristal, que se resquebrajó con un sonido estremecedor.

En ese momento, la puerta trasera se abrió de golpe. Tata y Kinn, que habían llegado para la reunión de inventario, se quedaron paralizados ante la escena.

—¡¿Qué demonios?! —gritó Tata, reaccionando primero—. ¡Kinn, graba esto! ¡Graba a este loco!

Kinn sacó su teléfono de inmediato, registrando cómo Sky intentaba abalanzarse nuevamente sobre Krit, quien respiraba con dificultad, con una mano protegida sobre su abdomen y la otra extendida en señal de defensa.

—¡Llama a la policía, Tata! —ordenó Kinn, sin dejar de apuntar con la cámara—. ¡Este tipo es el actor de GMMTV, el que acosa a Win!

Sky, al verse rodeado y grabado, pareció perder el último rastro de cordura.

—¡No me importa! ¡Win es mío! —gritó, lanzando un puñetazo que Krit apenas logró esquivar, tropezando con una silla.

Justo cuando Sky se preparaba para lanzarse sobre un Krit caído, la puerta principal de la joyería fue prácticamente arrancada de sus bisagras.

Win entró como un huracán de furia ciega. Su presencia alfa era tan abrumadora que incluso Tata y Kinn retrocedieron involuntariamente. Detrás de él, Tee y Dew entraron, jadeando.

—¡Aléjate de él! —El rugido de Win hizo vibrar los cristales de la tienda.

En un movimiento borroso por la velocidad, Win alcanzó a Sky antes de que este pudiera tocar a Krit. Lo tomó por el cuello de la camisa y lo lanzó con una fuerza sobrehumana contra la pared opuesta. Sky cayó al suelo, gimiendo, pero Win no se detuvo. Se posicionó sobre él, con el puño cerrado y los ojos inyectados en un rojo alfa que prometía destrucción.

—¡Win, detente! —gritó Tee, corriendo hacia ellos junto a Dew—. ¡No dejes que se convierta en algo peor, la policía está en camino!

Krit, desde el suelo, estaba en un estado de shock sensorial. Su instinto de protección seguía en modo de alerta máxima. Cuando vio a una figura alta acercarse a él, no reconoció a Win de inmediato. Sus sentidos estaban nublados por el miedo y la adrenalina.

—¡No me toques! —gritó Krit, lanzando un manotazo al aire cuando Win intentó acercarse a él después de soltar a Sky—. ¡Aléjate de mi bebé!

Win se detuvo en seco, con el corazón roto al ver el terror en los ojos de su amado. El aroma de Krit ya no era dulce; era agrio, metálico, el olor del pánico puro.

—Krit... soy yo. Soy Win —dijo con voz suave, bajando sus feromonas agresivas para intentar calmar el ambiente—. Estás a salvo. Estoy aquí.

Krit parpadeó, sus ojos desenfocados buscando la fuente de la voz. Dew y Tee mantenían a Sky inmovilizado en el suelo mientras Tata hablaba por teléfono con las autoridades.

—¿Win? —susurró Krit, su voz quebrándose—. Win, intentó... él quería hacerle daño...

Win se arrodilló y, con una lentitud infinita, envolvió a Krit en un abrazo protector. En cuanto el aroma de sándalo de Win envolvió a Krit, los hombros del pequeño alfa se relajaron y comenzó a sollozar con fuerza, escondiendo el rostro en el cuello de su pareja.

—Lo sé, lo sé —susurró Win, acariciando su espalda mientras lanzaba una mirada de puro odio hacia Sky, que estaba siendo esposado por los oficiales que acababan de entrar—. Te juro, Krit, que ese hombre no volverá a ver la luz del sol fuera de una celda. Voy a destruir su carrera, su nombre y todo lo que ama. Nadie toca lo que es mío. Nadie toca a nuestra familia.

Tee se acercó, poniendo una mano en el hombro de Win, mientras Dew permanecía cerca, observando la escena con una seriedad solemne.

—Win, Kinn tiene todo grabado —dijo Tee, su voz inusualmente seria—. El intento de agresión, las amenazas... Sky está acabado. GMMTV no podrá protegerlo después de esto.

—No quiero que lo protejan —sentenció Win, levantándose con Krit todavía en sus brazos—. Quiero que se aseguren de que el mundo sepa exactamente qué tipo de monstruo es.

Kinn se acercó con el teléfono, mostrando el video a los oficiales.

—Aquí está todo —dijo Kinn—. Intentó provocarle un aborto a la fuerza. Es un intento de homicidio y agresión agravada.

Mientras la policía se llevaba a un Sky que gritaba incoherencias sobre el destino y el amor, la tienda quedó en un silencio tenso. Tata se acercó a Krit, ofreciéndole un vaso de agua que Krit tomó con manos temblorosas.

—¿Estás bien, pequeño diamante? —preguntó Tata con preocupación.

—Sí... —respondió Krit, apoyándose en Win—. Solo estoy asustado. Pero el bebé... siento que está bien. Solo fue el susto.

Win lo apretó más contra sí, como si quisiera fusionar sus cuerpos. Miró a sus amigos: a Tee, que estaba visiblemente afectado; a Dew, que le daba un apoyo silencioso; y a Tata y Kinn, que habían arriesgado su seguridad por Krit.

—Gracias a todos —dijo Win, su voz recuperando su firmeza habitual—. Dew, gracias por conducir. Tee, gracias por estar aquí. Tata, Kinn... no tengo palabras para agradecerles por cuidar de él hasta que llegué.

—Somos familia, Win —dijo Dew, mirando de reojo a Tee—. Y a la familia se la protege a toda costa.

Esa noche, el ático volvió a ser un refugio, pero uno mucho más vigilado. Win no se separó de Krit ni un segundo, rodeándolo con su cuerpo en la cama, escuchando los latidos de su corazón hasta que ambos quedaron exhaustos. La carrera de Sky terminó esa misma noche; el video de Kinn se filtró "misteriosamente" a las redes sociales, y la indignación pública fue tan masiva que la empresa no tuvo otra opción que rescindir su contrato y emitir un comunicado de repudio total.

Bajo la luz de la luna que entraba por el ventanal, Win besó el vientre de Krit. El peligro había pasado, y aunque el mundo ahora sabía que Win Metawin tenía a alguien a quien amaba ferozmente, ya no le importaba. El secreto había muerto para dar paso a una verdad mucho más poderosa: un alfa que no temía mostrar su vulnerabilidad para proteger su tesoro más preciado.

—Nada volverá a brillar más que nosotros tres —susurró Win en la oscuridad, recibiendo como respuesta un suave suspiro de Krit, quien finalmente dormía en paz, protegido por el hombre que movería el cielo y la tierra por él.