Experimento
Sombras en la Azotea y Celos de Fuego
El cielo de Nueva York estaba teñido de un violeta eléctrico, ese color que solo la ciudad podía ofrecer cuando el sol se rendía ante las luces de neón. Johnny Storm, la Antorcha Humana, sobrevolaba los callejones de Queens con una elegancia perezosa. No estaba en una misión oficial; simplemente necesitaba sentir el viento golpeando su rostro para apagar el ruido mental que lo perseguía desde el incidente en el Edificio Baxter.
Habían pasado semanas, y aunque la relación con Peter se había estabilizado en una especie de amistad tensa y cargada de miradas que duraban un segundo de más, Johnny no podía quitarse de encima la sensación de posesividad. Ver a Peter vulnerable, haber sido el único capaz de "calmarlo", había despertado en él un instinto territorial que no sabía que poseía.
— Solo un par de vueltas más y vuelvo a casa —se dijo a sí mismo, dejando un rastro de brasas que se desvanecían en el aire.
Fue entonces cuando lo vio.
En la terraza de un edificio de oficinas a medio construir, una silueta roja y azul destacaba contra el hormigón gris. Era Spider-Man. Johnny sonrió para sus adentros, preparándose para descender y soltar algún chiste malo sobre lo mucho que le gustaba a la araña posar de forma dramática. Sin embargo, se detuvo en seco, flotando a una distancia prudencial.
Algo no iba bien. O quizás, iba demasiado "bien".
Peter no estaba patrullando. Estaba apoyado contra un muro bajo, con las manos enguantadas aferradas al borde del cemento con tanta fuerza que el material empezaba a agrietarse. Su espalda estaba arqueada y su cabeza colgaba hacia atrás, revelando la línea tensa de su cuello.
Johnny apagó sus llamas por completo, quedando en un modo de vuelo silencioso, oculto tras una gárgola de piedra de un edificio adyacente. Sus sentidos se agudizaron. Y entonces, lo escuchó.
— Ah... mmm... d-detente... no, no te detengas —el gemido de Peter llegó a los oídos de Johnny, filtrado por la brisa, pero inconfundible. Era un sonido húmedo, roto, cargado de una gratificación que Johnny reconoció al instante.
El corazón de Johnny dio un vuelco doloroso. Sus manos se cerraron en puños, sintiendo cómo el calor empezaba a acumularse bajo su piel, amenazando con estallar. ¿Qué demonios estaba pasando?
Vio cómo Peter se contraía, sus piernas temblando ligeramente bajo el traje de licra. De repente, una figura alta y robusta se alzó desde detrás del muro, justo detrás de las caderas de Spider-Man. Era un hombre con un traje rojo y negro, lleno de arneses y fundas de armas.
Deadpool.
Wade Wilson se asomó por encima del hombro de Peter, su máscara roja pegada a la cabeza del arácnido. Parecía estarle susurrando algo al oído, una pregunta que hizo que Peter soltara una risita nerviosa mezclada con un jadeo.
— ¿Te gusta así, Spidey-boy? ¿O prefieres que el tío Wade use un poco más de... entusiasmo? —la voz de Deadpool era un graznido burlón que hizo que a Johnny se le revolviera el estómago.
— Solo... solo cállate y sigue —respondió Peter con rapidez, su voz sonando extrañamente aguda y desesperada—. Si alguien nos ve... ah... ¡Wade!
Deadpool soltó una carcajada ahogada y volvió a agacharse, desapareciendo tras el muro y tras la espalda de Peter. Johnny, desde su escondite, sintió que el mundo se volvía rojo. No era solo rabia; era una traición visceral. Después de lo que habían pasado, después de la intensidad de aquella noche en el laboratorio, ver a Peter entregándose a un mercenario bocazas en una azotea mugrienta era más de lo que podía soportar.
Vio cómo el cuerpo de Peter reaccionaba a lo que sea que Deadpool estuviera haciendo allí abajo. El arácnido empujaba sus caderas hacia atrás, buscando el contacto, mientras sus gemidos se volvían más constantes, más desvergonzados. El traje de Spider-Man, esa segunda piel que Johnny había aprendido a respetar, estaba siendo profanado por las manos —y quién sabe qué más— de Wilson.
Johnny no pudo contenerse más. El aire a su alrededor empezó a distorsionarse por el calor.
— ¡Llamas a mí! —rugió, no como un grito de guerra, sino como una explosión de celos puros.
Se lanzó hacia la azotea como un meteorito, aterrizando con un estruendo que hizo vibrar el suelo. El impacto levantó una nube de polvo y chispas.
— ¡SUÉLTALO, WILSON! —gritó Johnny, sus llamas ardiendo con una intensidad azulada, el signo de su furia máxima.
Peter dio un salto de puro susto, casi cayéndose del muro, girándose con los ojos de la máscara dilatados al máximo. Deadpool, por su parte, emergió de detrás de él con una lentitud exasperante, limpiándose la comisura de la máscara con un gesto exagerado.
— ¡Vaya, vaya! Si es la Cerilla Humana —dijo Deadpool, extendiendo los brazos—. Llegas justo a tiempo para el postre, aunque me temo que no hay suficientes porciones para todos, a menos que quieras compartir, y Spidey es muy suyo con su... "entrada".
— ¡Johnny! —exclamó Peter, su voz cargada de pánico mientras intentaba recomponer su postura y bajarse la parte inferior del traje que, para horror de Johnny, estaba claramente desajustada—. ¡No es lo que parece! ¡Puedo explicarlo!
— ¡¿Explicar qué, Peter?! —Johnny dio un paso adelante, el calor que emanaba hacía que el asfalto bajo sus pies empezara a derretirse—. ¡Te he visto! ¡Te he oído! ¡Estás aquí arriba con este... este psicópata, gimiendo como si...!
Johnny se interrumpió, incapaz de terminar la frase por el nudo de rabia en su garganta. Miró a Deadpool, que parecía estar disfrutando de la escena, apoyado casualmente contra el muro.
— ¡Tú! —Johnny señaló al mercenario—. Aléjate de él antes de que te convierta en un montón de cenizas regenerativas.
— ¡Uy, qué miedo! —dijo Wade, haciendo un gesto de temblor con las manos—. Mira, rubio, el chico tenía una... necesidad. Una picazón que solo el buen Wade sabe rascar. ¿Verdad, Petey-Pie? Tiene esa entrada rosita tan dulce que...
— ¡CÁLLATE, WADE! —gritó Peter, cubriéndose la cara con las manos.
Johnny no esperó más. Lanzó una ráfaga de fuego controlada hacia Deadpool, obligándolo a rodar por el suelo para evitar ser rostizado.
— ¡Johnny, detente! —Peter se interpuso entre ambos, extendiendo los brazos—. ¡No le hagas daño!
— ¡¿Lo estás defendiendo?! —Johnny se detuvo, sus llamas parpadeando por la incredulidad—. Después de lo que pasó en el laboratorio... después de cómo me miraste... ¿te vienes aquí con él? ¿Es que no significó nada para ti?
Peter se quedó helado. La mención del laboratorio fue como un balde de agua fría. Miró a Johnny, y por un momento, la vergüenza en sus ojos fue reemplazada por algo más complejo: una chispa de desafío.
— Lo que pasó en el laboratorio fue un accidente, Johnny —dijo Peter, su voz ahora más firme—. Me salvaste, sí. Y te lo agradezco. Pero no eres mi dueño. No puedes aparecerte aquí y decidir con quién paso mi tiempo o qué hago con mi cuerpo.
— ¡No es eso, Peter! ¡Es que es Deadpool! —Johnny señaló al mercenario, que ahora estaba sentado en el suelo, observándolos como si estuviera viendo una telenovela—. Es un asesino, es inestable, y tú eres... tú eres mejor que esto.
— ¿Mejor que qué? —preguntó Deadpool, levantándose y sacudiéndose el polvo—. ¿Mejor que disfrutar de un poco de acción anal de calidad? No seas tan puritano, antorcha. A Spidey le encanta cómo le saboreo la entrada. Deberías ver cómo se retuerce cuando...
Johnny lanzó otra bola de fuego, esta vez más rápida, que pasó a milímetros de la cabeza de Wade.
— ¡He dicho que te calles!
— ¡Johnny, basta! —Peter agarró a Johnny por los hombros. A pesar de que Johnny estaba envuelto en llamas, Peter no retrocedió; su traje reforzado y su propia resistencia al calor le permitían sostenerlo—. Escúchame. Wade me estaba ayudando.
— ¡¿Ayudando?! —Johnny soltó una carcajada amarga—. ¡Estaba literalmente comiéndote el culo en una azotea!
Peter se sonrojó violentamente bajo la máscara, pero no soltó a Johnny.
— El químico, Johnny... el X-14. Reed dijo que se había ido, pero los efectos secundarios... a veces vuelven. Siento oleadas de calor, una necesidad de... de fricción. Wade estaba patrullando cerca y me vio colapsar. Él sabía lo que pasaba.
Johnny entrecerró los ojos, sus llamas disminuyendo ligeramente.
— ¿Y su solución fue esa?
— Fue mi idea —susurró Peter, bajando la cabeza—. No podía llamarte a ti. No después de la vergüenza que pasé. No quería que me vieras así otra vez, como un animal necesitado. Wade no juzga. A Wade no le importa si pierdo el control. Con él es... simple.
El silencio que siguió fue sepulcral. Johnny sintió que la rabia se evaporaba, dejando en su lugar un vacío frío y doloroso. La idea de que Peter prefiriera a Deadpool antes que a él por miedo a ser juzgado le dolió más que cualquier golpe de un supervillano.
— Yo nunca te juzgaría, Pete —dijo Johnny, su voz apenas un susurro. Sus llamas se apagaron por completo, dejándolo bajo la luz de la luna en su uniforme azul—. Pensé que lo sabías.
Peter soltó los hombros de Johnny y dio un paso atrás, suspirando.
— Lo sé. Pero después de lo que hicimos... de cómo me penetraste en esa camilla... no puedo mirarte a la cara sin recordar el placer y la humillación al mismo tiempo. Con Wade no hay sentimientos involucrados. Es solo... alivio.
Deadpool, sintiendo que el drama estaba llegando a su punto álgido, se acercó a paso lento.
— Bueno, esto se ha vuelto muy "Dawson's Creek" de repente —dijo Wade, poniendo una mano en el hombro de Peter—. Mira, Cerilla, el chico tiene razón. Yo soy el rebote perfecto. Sin ataduras, sin dramas familiares, y tengo una lengua que hace maravillas. Pero si quieres tomar el relevo, por mí no hay problema. Soy un tipo compartido.
Johnny miró a Deadpool con asco, pero luego miró a Peter. El arácnido evitaba su mirada, jugando con un hilo de telaraña en sus dedos.
— No voy a dejar que él te use así, Peter —dijo Johnny con firmeza—. Si necesitas ayuda con los efectos secundarios del químico, vendrás al Edificio Baxter. O yo iré a tu apartamento. Pero no en una azotea, y no con él.
— ¿Y qué vas a hacer tú, Johnny? —preguntó Peter, finalmente levantando la vista. Había un desafío en sus ojos—. ¿Vas a darme lo que necesito? ¿Vas a follarme hasta que los gemidos se oigan en todo Manhattan solo porque "te preocupa mi salud"? ¿O es que estás celoso de que Wade haya probado lo que tú creías que era tuyo?
La franqueza de Peter golpeó a Johnny como un puñetazo. Se quedó sin palabras por un momento, procesando la pregunta. ¿Estaba celoso? Por supuesto que sí. Estaba furioso de que alguien más hubiera tocado a Peter de esa manera.
— Sí —respondió Johnny, dando un paso decidido hacia Peter, acortando la distancia—. Estoy celoso. Y sí, si eso es lo que necesitas para estar bien, lo haré. Pero no porque sea un tratamiento médico, sino porque quiero hacerlo. Porque desde esa noche no he podido pensar en otra cosa.
Deadpool soltó un silbido largo.
— ¡Eso es! ¡Confesiones ardientes! ¡Me encanta! —Wade empezó a aplaudir—. Venga, Spidey, elige a tu luchador. El mercenario con la lengua de oro o el chico de oro con el... bueno, con el fuego interno.
Peter miró a ambos, visiblemente abrumado. La tensión en la azotea era casi insoportable. Por un lado, la seguridad y la complejidad de Johnny; por otro, la simplicidad carnal y despreocupada de Wade.
— Yo... yo no puedo elegir ahora —dijo Peter, dando un paso atrás hacia el borde del edificio—. Necesito pensar.
— Peter, espera —dijo Johnny, extendiendo una mano.
— No, Johnny. Tienes razón, esto en la azotea... fue un error. Pero tus celos también lo son. No me digas qué hacer.
Sin previo aviso, Peter se lanzó hacia atrás, cayendo al vacío antes de disparar una telaraña y columpiarse entre los edificios, desapareciendo rápidamente en la oscuridad de la noche.
Johnny se quedó en el borde, mirando hacia donde se había ido su amigo. La frustración le quemaba en el pecho.
— Bueno, eso ha sido intenso —dijo Deadpool, acercándose a Johnny y dándole un codazo amistoso—. Oye, ya que el plato principal se ha ido... ¿te apetece un taco? Conozco un sitio que...
Johnny se giró hacia él, sus ojos brillando con una chispa peligrosa.
— Vuelve a tocarlo, Wilson, y te juro que ni tu factor de curación podrá salvarte de lo que te haré.
Deadpool levantó las manos en señal de rendición, aunque su tono seguía siendo burlón.
— Mensaje recibido, Hot Stuff. Pero te daré un consejo gratis: Spidey no quiere a alguien que lo proteja de sí mismo. Quiere a alguien que arda con él. Y ahora mismo, tú solo estás echando humo.
Wade hizo un saludo militar y, con una agilidad sorprendente, saltó del edificio por el lado opuesto, dejando a Johnny solo en la azotea.
Johnny Storm se quedó allí, bajo las estrellas de Nueva York, sintiendo el frío de la noche por primera vez en mucho tiempo. Miró sus manos, las mismas que habían sujetado a Peter con fuerza en el laboratorio, y se dio cuenta de que Deadpool tenía razón en algo.
Peter no necesitaba un médico, ni un guardaespaldas. Necesitaba a alguien que no tuviera miedo de la oscuridad que el químico había despertado en él. Y si Johnny quería ser ese alguien, tendría que aprender a manejar no solo su fuego, sino también las sombras que Peter intentaba ocultar.
— Esto no ha terminado, Peter —susurró Johnny al viento—. La próxima vez, no habrá mercenarios de por medio. Solo tú y yo. Y te prometo que el incendio que provocaremos hará que esta ciudad se olvide de cómo respirar.
Con un estallido de llamas, Johnny se elevó en el aire, persiguiendo el rastro de una araña que, aunque intentaba huir, ya estaba marcada por el fuego.