Flecha arácnida
Bajo el muérdago de la pólvora y el hielo
La noche de Nueva York había caído con un peso gélido, una mezcla de humedad portuaria y el viento cortante que anunciaba el invierno. Clint Barton, cojeando levemente pero con la mirada de quien ha sobrevivido a mil emboscadas, guió al grupo a través de callejones laterales hasta un edificio de ladrillo visto en las profundidades de Brooklyn.
—No es el complejo de los Vengadores y, definitivamente, no tiene el servicio de habitaciones de la Torre Stark —dijo Clint mientras subían por una escalera de incendios que chirriaba bajo el peso inusual de Logan y el Ghost Rider—. Es un piso franco que mantengo para cuando las cosas se ponen... complicadas.
Al entrar, el contraste fue casi cómico. El apartamento estaba decorado con guirnaldas navideñas algo polvorientas y luces de colores que parpadeaban con un ritmo errático. Aunque apenas era finales de noviembre, la atmósfera festiva chocaba violentamente con la presencia de un esqueleto con chupa de cuero y un mercenario que no dejaba de tocar los adornos de plástico.
—¡Oh, adoro la Navidad! —exclamó Deadpool, agarrando una bola de cristal roja—. Es la época en la que todos perdonamos, aunque yo prefiero los regalos que disparan balas de nueve milímetros. ¡Miren, una bota navideña! ¿Creen que quepa una granada de fragmentación aquí dentro?
—Suelta eso, Wade —gruñó Logan, dejándose caer en un sofá desvencijado que protestó bajo su peso—. Necesitamos un plan, no una fiesta.
Peter Parker no dijo nada. Se quitó la máscara con movimientos lentos, revelando un rostro pálido, con ojeras profundas y una mirada que parecía perdida en algún punto infinito del suelo. Se sentó en una silla de madera en la esquina de la cocina, lejos de las luces parpadeantes. Sus dedos temblaban ligeramente mientras activaba la interfaz holográfica de su muñeca.
—Karen... —susurró Peter con la voz rota—. Muéstrame de nuevo... la última entrada del registro de hoy.
En el aire apareció una imagen nítida. No era un villano, no era un monstruo. Era MJ. Su MJ. Estaba en los pasillos del instituto, riendo con una ligereza que Peter pensó que solo le pertenecía a él. Y entonces, Flash Thompson la rodeaba con sus brazos. El beso fue largo, natural, carente de la culpa que Peter esperaba ver.
La sangre le hirvió. El vacío en su estómago se convirtió en un agujero negro que amenazaba con devorarlo. Había sido engañado por Mysterio, su vida había sido expuesta, su mentor había muerto... y ahora, el último ancla que lo mantenía unido a su humanidad lo había traicionado. Una lágrima solitaria recorrió su mejilla, pero la limpió con rabia antes de que alguien pudiera verla.
—No vale la pena llorar por alguien que no sabe lo que perdió, chico.
Peter levantó la vista. Kate Bishop estaba de pie frente a él, sosteniendo dos tazas de chocolate caliente que humeaban suavemente. No tenía la máscara puesta, y su expresión era de una ternura que Peter no sabía cómo procesar.
—No es solo eso, Kate —dijo Peter, cerrando el holograma de golpe—. Es todo. Siento que el mundo me está diciendo que no puedo ser feliz. Que Spider-Man solo existe para sufrir.
Kate dejó las tazas sobre la mesa y puso una mano cálida sobre la suya. El contacto fue eléctrico, una chispa de realidad en medio de su pesadilla personal.
—Todo estará bien —dijo ella con firmeza—. No estás solo en esto. Mira a tu alrededor, Peter. Sé que parecemos un circo de fenómenos y asesinos, pero estamos unidos. Como una familia disfuncional, rota y muy peligrosa... pero una familia.
Peter bajó la mirada a la mano de Kate. Era pequeña pero fuerte, llena de callos por el arco, una mano que sabía luchar pero que también sabía consolar. Soltó un suspiro tembloroso, una lágrima rebelde escapó de sus ojos, pero esta vez no la ocultó.
A pocos metros, en la sala de estar, el resto del grupo observaba la escena con diferentes niveles de interés.
—¡Miren eso! —susurró Deadpool, escondido detrás de una cortina navideña—. ¡El nivel de tensión romántica es de más de nueve mil! ¡Es el arco de redención amorosa que el fandom estaba pidiendo a gritos!
—Cierra la boca, Wade —masulló Frank Castle, limpiando su rifle—. El chico tiene que concentrarse en la misión. El amor es una distracción que te hace terminar en una tumba.
—¡Oh, Franky, siempre tan optimista! —Deadpool sacó un trozo de muérdago de quién sabe dónde—. Lo que el chico necesita es una mujer que sepa disparar flechas y que no lo engañe con un deportista de instituto que tiene el coeficiente intelectual de un tostador. ¡Tengo que intervenir!
Durante los días siguientes, el piso franco de Clint se convirtió en una base de operaciones tensa. Barton salía a recolectar información sobre los movimientos de Fisk, volviendo siempre con mapas y horarios de patrullas. Mientras tanto, el ambiente dentro del apartamento se volvía cada vez más extraño gracias a las "intervenciones" de los demás.
Deadpool se había autoproclamado el "Cupido del Multiverso". Aprovechando que todavía había decoraciones, Wade movía estratégicamente el muérdago por todo el apartamento, intentando que Peter y Kate coincidieran bajo él en cada oportunidad.
—¡Vaya, qué coincidencia! —exclamó Deadpool una tarde, cuando Peter y Kate se encontraron en el pasillo estrecho hacia el baño—. Están bajo el muérdago reglamentario según el artículo cinco de la convención de Ginebra sobre el amor. ¡Tienen que besarse o el universo colapsará!
Logan, que pasaba por allí, agarró a Deadpool por el cuello del traje y lo arrastró lejos.
—Déjalos en paz, imbécil —gruñó el mutante—. Pero... —Logan se detuvo y miró a Peter por encima del hombro—. Niño, si vas a dar el paso, hazlo pronto. La vida es corta, incluso para los que no podemos morir. No dejes que el pasado te convierta en un amargado como yo.
Peter se sonrojó violentamente, mirando a Kate, quien soltó una risita nerviosa.
—Ignóralos —dijo ella—, están locos. Aunque... Logan tiene razón en algo. No puedes vivir en el ayer, Peter.
Incluso Daredevil, con su calma estoica, aportaba su grano de arena. Una noche, mientras Peter practicaba sus reflejos en la azotea del edificio, Matt Murdock se acercó a él.
—Puedo oír tu corazón, Peter —dijo Matt, mirando hacia el horizonte que no podía ver—. Late con fuerza cuando ella entra en la habitación. No tengas miedo de confiar de nuevo. La amabilidad no es una debilidad, es lo que nos diferencia de los hombres que estamos persiguiendo.
Incluso el espíritu más sombrío del grupo parecía estar de acuerdo. Johnny Blaze, en sus raros momentos de control humano, se sentaba a observar a los jóvenes. Una vez, mientras limpiaba las cadenas de su montura, Ghost Rider dejó escapar una voz cavernosa que resonó en la habitación.
—El alma de la chica brilla con una lealtad pura —sentenció la entidad—. Es un ancla necesaria para el equilibrio del tejedor.
—¡Ven! —gritó Deadpool desde la cocina, donde intentaba cocinar tacos—. ¡Hasta el espíritu de la venganza es "Team Kate"! ¡Es el destino, Spidey! ¡Es el canon!
La tensión alcanzó su punto máximo una noche de lluvia intensa. Clint había regresado con la ubicación exacta de Kingpin: una gala benéfica en la Torre Fisk. El equipo estaba preparándose, revisando armas y ajustando trajes.
Peter estaba en el balcón, mirando la lluvia caer. Kate salió y se puso a su lado, envuelta en una chaqueta de Clint que le quedaba grande.
—¿Estás listo? —preguntó ella.
—No lo sé —confesó Peter—. Siento que si entro en esa torre, el Peter Parker que conocía MJ morirá definitivamente.
—Ese Peter Parker ya murió, y está bien —dijo Kate, girándose para quedar frente a él—. Ahora hay alguien nuevo. Alguien más fuerte. Alguien que no tiene que cargar con el mundo solo.
Kate se acercó un paso más. El olor a lluvia y chocolate caliente la rodeaba. Peter sintió que su sentido arácnido no le advertía de un peligro, sino que le gritaba que este era el momento. Olvidó por un segundo a Flash, olvidó la traición, olvidó el dolor de la pérdida de Tony. Solo existía el calor de Kate en la fría noche de Brooklyn.
—Gracias, Kate —susurró Peter—. Por no dejarme caer.
—No te dejaré caer nunca, Spider-Man —respondió ella con una sonrisa traviesa—. Pero si te pones sentimental de nuevo, dejaré que Deadpool te organice la boda.
Peter soltó una carcajada auténtica, la primera en mucho tiempo. En ese momento, desde el interior del apartamento, se oyó un grito de alegría de Wade Wilson.
—¡SÍ! ¡EL BARCO HA ZARPADO! ¡LOGAN, PÁGAME LOS DIEZ DÓLARES!
—Cierra la boca, Wade —dijeron todos al unísono, pero por primera vez, hubo una armonía real en el grupo.
La batalla contra Kingpin los esperaba, y el peligro era real. Pero mientras se ponían las máscaras y preparaban sus armas, Peter Parker ya no sentía el vacío. Tenía un equipo, tenía un propósito y, quizás, tenía una nueva razón para volver a casa cuando todo terminara. El invierno estaba llegando, pero en aquel piso franco decorado de forma absurda, el fuego de la esperanza había vuelto a encenderse.