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Humano y híbrido

El despertar de los sentidos en la carretera

El aire húmedo de Luisiana ya empezaba a filtrarse por las rejillas de ventilación, pero no era nada comparado con el calor que emanaba del cuerpo de Klaus. Habían pasado seis días desde que salieron de Virginia, y para Stiles, el concepto de "normalidad" había sido incinerado y esparcido por la interestatal. Su cuerpo se sentía diferente: más pesado, más sensible, marcado por las manos de un hombre que no conocía la moderación.

Klaus conducía con una mano, mientras la otra jugueteaba con el control remoto que hacía vibrar el interior de Stiles. El Jeep de Stiles ya estaba en Nueva Orleans, pero ellos se habían tomado su tiempo, convirtiendo el viaje en una odisea de depravación y descubrimiento.

—Klaus, por el amor de todo lo que es sagrado, apaga eso —jadeó Stiles, hundiéndose en el asiento de cuero—. Mi cerebro se va a derretir y salir por mis oídos.

Klaus soltó una risa ronca, aumentando la intensidad del juguete antes de apagarlo finalmente.

—Eres tan ruidoso, Stiles. Me pregunto si serás igual de elocuente cuando usemos tu boca para algo más que quejarte.

Stiles se lamió los labios, sintiendo un nudo de anticipación. Había explorado mucho con Klaus, pero todavía había fronteras que cruzar. Miró hacia abajo, hacia el bulto prominente en los pantalones de Klaus, y sintió una mezcla de asombro y deseo.

—¿Quieres que lo haga ahora? —preguntó Stiles, su voz perdiendo el rastro de sarcasmo—. ¿Aquí mismo?

—Hay un mirador unos kilómetros más adelante —dijo Klaus, sus ojos brillando con una luz peligrosa—. Un lugar con una vista hermosa, aunque dudo que mires el paisaje.

Cuando llegaron al mirador, el sol comenzaba a teñir el cielo de naranja y violeta. Era un lugar apartado, rodeado de árboles, con una barandilla de madera que daba a un valle profundo. Klaus detuvo el motor, pero no bajó del coche. Simplemente reclinó su asiento y miró a Stiles con una expectativa silenciosa.

Stiles entendió el mensaje. Se desabrochó el cinturón y se deslizó hacia el suelo del coche, acomodándose entre las piernas de Klaus. Con manos temblorosas, bajó la cremallera del híbrido. Cuando Klaus se liberó, Stiles soltó un pequeño suspiro. Era imponente, oscuro y palpitante de poder.

—Es... guau —susurró Stiles—. Sigo sin acostumbrarme a que esto sea físicamente posible.

—Menos charla y más acción, amor —ordenó Klaus, hundiendo sus dedos en el cabello castaño de Stiles.

Stiles se inclinó y rodeó la punta con sus labios, probando la esencia de Klaus. El híbrido soltó un gruñido bajo que vibró en el pecho de Stiles. Animado, el joven comenzó a succionar con lentitud, aprendiendo el ritmo, dejando que su lengua explorara cada vena y cada centímetro de piel tensa. Stiles era inexperto, pero su deseo de complacer a Klaus lo hacía aprender rápido. Usó sus manos para acariciar la base mientras su boca trabajaba con una urgencia creciente.

—Así, Stiles... —gruñó Klaus, echando la cabeza hacia atrás—. Usa la lengua... eso es.

De repente, el sonido de otro motor rompió el silencio. Un coche viejo y destartalado se detuvo a unos pocos metros de ellos. Un hombre de mediana edad bajó para estirar las piernas, caminando hacia la barandilla del mirador.

Stiles se tensó, intentando apartarse, pero la mano de Klaus en su nuca se cerró con firmeza, manteniéndolo en su lugar.

—No te detengas —susurró Klaus, sus ojos fijos en el extraño que estaba fuera—. Deja que mire si quiere. Quiero que sepa que eres mío mientras me saboreas.

—Klaus, nos van a ver —murmuró Stiles contra su piel, pero la idea, lejos de asustarlo, encendió un fuego nuevo en su vientre. El exhibicionismo era una droga que no sabía que necesitaba.

Stiles continuó, ahora con más audacia. Se esforzó por meter a Klaus lo más profundo que pudo en su garganta, provocando que el híbrido arqueara la espalda. Fuera, el hombre se había dado cuenta de lo que sucedía dentro del SUV de cristales semi-tintados. Se quedó paralizado, mirando fijamente la silueta de Stiles moviéndose entre las piernas de Klaus.

Klaus, lejos de ocultarse, bajó un poco la ventanilla, permitiendo que el sonido de los jadeos de Stiles y el roce de la carne escaparan al aire libre. El extraño se lamió los labios, incapaz de apartar la vista.

—Mírame, Stiles —pidió Klaus en voz baja. El joven levantó la vista, con los ojos empañados y los labios brillantes por el exceso de saliva—. Eres una criatura tan fascinante.

Klaus no esperó a que Stiles terminara con su boca. Lo levantó con una fuerza sobrenatural y lo obligó a salir del coche. El aire frío golpeó la piel desnuda de Stiles mientras Klaus lo empujaba contra el capó del SUV, a plena vista del hombre que seguía allí, estupefacto.

—Pon las manos en el metal —ordenó Klaus. Su voz no admitía réplicas.

Stiles obedeció, sintiendo el frío del coche bajo sus palmas y el calor del cuerpo de Klaus detrás de él. Por primera vez, Klaus lo obligó a ponerse de rodillas sobre el capó, pero luego le indicó que se inclinara más, quedando en cuatro patas, con la espalda arqueada y el trasero expuesto hacia la carretera.

—Por favor, Klaus... —suplicó Stiles, sintiéndose vulnerable y excitado a partes iguales.

Klaus no respondió con palabras. En su lugar, levantó la mano y descargó una nalgada sonora sobre la carne pálida de Stiles. El sonido resonó en el mirador silencioso.

—¡Ah! —Stiles soltó un grito que no fue de dolor, sino de puro impacto erótico.

—Eso es por intentar detenerte antes —dijo Klaus, propinando otra nalgada en la otra mejilla, dejando una marca roja que contrastaba con la piel de Stiles—. Tienes que aprender a ser un buen chico para tu Rey.

Klaus lo preparó rápidamente, sus dedos entrando en Stiles con una brusquedad necesaria. El joven se retorcía, sus gemidos llenando el espacio abierto. El hombre que los observaba dio un paso adelante, hipnotizado por la escena. Klaus le lanzó una mirada de advertencia, un destello de sus ojos de híbrido que decía claramente: "Mira, pero no toques".

Sin más preámbulos, Klaus se posicionó detrás de él y se hundió en Stiles de un solo impulso.

—¡Dios! —Stiles enterró la cara en el metal del capó, sus dedos arañando la pintura—. ¡Klaus, es demasiado!

—Aguanta, amor —susurró Klaus al oído de Stiles, mientras comenzaba a embestir con una fuerza rítmica y despiadada.

En esa posición, en cuatro patas, Stiles sentía cada centímetro de Klaus. Era una invasión total, una reclamación que lo dejaba sin aliento. Klaus lo sujetaba por las caderas, sus dedos hundiéndose en su piel, mientras lo golpeaba con una cadencia que hacía que el SUV se balanceara.

Stiles perdió la noción de dónde estaban. Ya no importaba el extraño que miraba, ni la carretera, ni Nueva Orleans. Solo existía la sensación de Klaus llenándolo, el dolor sordo de las nalgadas que Klaus seguía intercalando entre las embestidas, y el placer abrumador que lo hacía ver estrellas.

—Eres mío, ¿lo entiendes? —gruñó Klaus, mordiendo el hombro de Stiles hasta sacarle sangre—. No importa a dónde vayamos, no importa quién nos mire. Eres la única cosa pura que he tenido en siglos.

—Tuyo... —logró articular Stiles entre gemidos—. Soy tuyo, Klaus.

El clímax llegó como una explosión. Stiles se corrió contra el capó del coche sin siquiera tocarse, sus músculos espasmándose alrededor de Klaus. Segundos después, Klaus soltó un rugido y se vació dentro de él, manteniéndolo apretado contra su cuerpo mientras ambos recuperaban el aliento.

El hombre del mirador, dándose cuenta de que la función había terminado y temiendo por su vida ante la mirada asesina que Klaus le dirigió después, subió rápidamente a su coche y huyó a toda prisa.

Klaus ayudó a Stiles a levantarse, limpiándolo con una ternura que parecía imposible después de la violencia de su pasión. Lo subió de nuevo al coche y lo envolvió en su chaqueta.

—¿Estás bien, amor? —preguntó Klaus, acariciándole la mejilla.

Stiles asintió, todavía temblando, con una sonrisa aturdida en el rostro.

—Creo que... creo que me gusta Luisiana. Si el resto del viaje es así, puede que no sobreviva para ver el Barrio Francés, pero moriré con una sonrisa.

Klaus rió y puso el coche en marcha.

—Oh, Stiles. Todavía no has visto nada. En Nueva Orleans, tenemos camas mucho más cómodas, pero escenarios mucho más peligrosos. Me pregunto cómo reaccionarás cuando te presente a mis hermanos.

—Probablemente les lanzaré algún comentario sarcástico sobre su sentido de la moda —dijo Stiles, cerrando los ojos mientras el cansancio empezaba a ganarle—. Pero primero, necesito dormir unas diez horas. Y tal vez una bolsa de hielo para mi trasero.

Klaus tomó la mano de Stiles y la entrelazó con la suya, conduciendo hacia la ciudad que pronto aprendería a temer y amar al joven humano que había capturado el corazón del gran híbrido original. El viaje por carretera había terminado, pero su historia apenas comenzaba bajo las sombras de los robles y el sonido del jazz que ya se empezaba a escuchar a lo lejos.