Idol
Bajo el refugio de las horas robadas
—¿Estás segura de que no necesitas ayuda con eso? —preguntó Chan, asomándose desde la cocina con un delantal oscuro que contrastaba extrañamente con su imagen de líder imponente—. El médico dijo reposo absoluto para esa muñeca, Ye-rim. Reposo absoluto significa que no deberías estar peleando con una almohada.
Rimi soltó un bufido divertido mientras intentaba acomodar el cojín en el sofá del pequeño apartamento seguro que la empresa les había facilitado bajo el pretexto de una "estancia de recuperación privada" para evitar el acoso de los paparazzis tras su lesión.
—Es solo una almohada, Chris —respondió ella, logrando finalmente su cometido con la mano izquierda—. Además, la férula no me impide mover el resto del cuerpo. Me siento como una muñeca de porcelana con tanto cuidado.
—Eres mi muñeca de porcelana —replicó él, acercándose para depositar un beso rápido en su frente antes de regresar a los fogones—. Y hoy, el chef Bang está a cargo. Así que siéntate, pon algo en la televisión y deja de intentar ser productiva. Es una orden de tu superior.
Rimi se rió, esa risa suave que siempre lograba desarmar a Chan. Se hundió en el sofá, observando la espalda de su novio mientras él tarareaba una melodía incompleta. Estos días eran un espejismo en medio del desierto de sus agendas. Debido a la lesión de Rimi, AERIS había pausado sus promociones grupales por una semana, y Chan, en un movimiento maestro de diplomacia y súplica ante su mánager, había logrado despejar tres días alegando que necesitaba tiempo para trabajar en la producción del próximo álbum en solitario.
La realidad era que estaban en una burbuja. Sin cámaras, sin maquillaje, sin la presión de ser "idols". Solo eran dos jóvenes descubriendo cómo era la vida doméstica que el destino les había negado.
—He pensado que deberíamos documentar esto —dijo Rimi de repente, sacando su pequeña cámara digital de bolsillo—. No para publicarlo, claro. Solo para nosotros. Un blog privado de nuestra "no-cita" de tres días.
Chan se giró, con una espátula en la mano y una sonrisa traviesa.
—¿Un vlog de Stray Kids x AERIS que nunca verá la luz? Me apetece. Pero con una condición: si salgo cocinando y algo se quema, esa parte se borra. Mi reputación como cocinero del grupo está en juego.
Rimi encendió la cámara y apuntó hacia él. La luz roja de grabación parpadeó, capturando la imagen de un Chan despeinado, con ropa cómoda y una mirada llena de una devoción que ninguna cámara profesional había logrado captar jamás.
—Día uno de la recuperación de Rimi —anunció ella a la lente—. El sujeto Bang Chan está intentando cocinar algo que huele sospechosamente a especias caras. ¿Algún comentario para sus fans, chef?
Chan hizo una pose exagerada, señalando la sartén con elegancia.
—Solo diré que el amor es el ingrediente secreto. Y un poco de ajo. Mucho ajo, en realidad.
Pasaron la tarde entre risas y pequeños desastres culinarios. En uno de los clips grabados, se veía a Chan intentando enseñarle a Rimi cómo cortar cebolla con una sola mano, una tarea que terminó con ambos muertos de risa y la cebolla rodando por el suelo. En otro, Rimi grababa a traición a Chan mientras él se quedaba concentrado frente al ordenador, con los auriculares puestos, trabajando en una base rítmica mientras ella le acariciaba el cabello con su mano sana.
—Mira esto —susurró Rimi a la cámara, enfocando el perfil de Chan—. Dice que está descansando, pero su cerebro nunca se apaga. Es el hombre más trabajador que conozco, y también el que más necesita un abrazo ahora mismo.
Dejó la cámara sobre la mesa y se acercó a él por detrás, rodeando su cuello con el brazo izquierdo. Chan se sobresaltó ligeramente, pero al sentir su aroma, se relajó de inmediato, echando la cabeza hacia atrás para apoyarla en el abdomen de ella.
—¿Te aburres, pequeña? —preguntó él, quitándose los auriculares y tomando la mano de Rimi para besarle los nudillos.
—No me aburro —respondió ella, entrelazando sus dedos—. Solo pensaba en lo extraño que es esto. El silencio. No hay nadie gritando nuestros nombres, no hay coreógrafos corrigiendo mis pies, no hay mánagers mirando el reloj. Es... aterradoramente perfecto.
Chan suspiró, cerrando los ojos.
—A veces me pregunto si podríamos sobrevivir a una vida normal. Ya sabes, una donde esto fuera lo habitual y no la excepción.
—Creo que nos volveríamos locos de tranquilidad en una semana —bromeó Rimi, aunque su tono tenía un tinte de melancolía—. Pero estos días... me hacen sentir que valió la pena cada momento de ocultamiento. Si este es el premio por ser discretos, lo acepto mil veces.
La noche cayó sobre Seúl, pero dentro del apartamento, el tiempo parecía haberse detenido. Se acomodaron en el sofá con una manta compartida para ver una película de la que apenas prestaron atención. El contacto físico, tan escaso y vigilado en su vida pública, se volvió constante, casi desesperado. Chan no dejaba de acariciar el brazo vendado de Rimi con una delicadeza extrema, como si sus dedos pudieran transmitirle la curación que el tiempo aún no le daba.
—¿Te duele mucho todavía? —preguntó él en un susurro, mientras ella apoyaba la cabeza en su pecho, escuchando el latido rítmico de su corazón.
—Casi nada —mintió ella un poco, solo para no preocuparlo—. Estar contigo es mejor que cualquier analgésico. Además, me gusta que me mimes. Podría acostumbrarme a que me cortes la fruta y me ayudes a ponerme los calcetines.
—Podría hacerlo el resto de mi vida —respondió Chan con una seriedad que hizo que Rimi levantara la vista—. No es broma, Ye-rim. Cuando te vi caer en aquel ensayo, sentí que mi mundo se desmoronaba. Me di cuenta de que no importa cuánto éxito tengamos o cuántos estadios llenemos... si tú no estás bien, nada de eso tiene sentido.
Rimi sintió que sus ojos se humedecían. Se incorporó un poco, quedando a pocos centímetros de su rostro. La luz de la televisión bañaba sus facciones en tonos azules y sombras suaves.
—Chan-ah... —comenzó ella, pero él la interrumpió con un beso.
Fue un beso lento, cargado de todas las palabras que no podían decirse en los pasillos de las emisoras de televisión o en los eventos de alfombra roja. Era un beso que sabía a alivio, a posesión silenciosa y a una promesa de lealtad que iba mucho más allá de un contrato de idol. Rimi respondió con la misma intensidad, olvidando por completo su muñeca lesionada mientras sus manos buscaban el calor de la nuca de Chan.
—Te quiero —susurró él contra sus labios, su voz ronca por la emoción—. Te quiero tanto que a veces me asusta.
—No tengas miedo —respondió ella, acariciándole la mejilla—. Estamos juntos en esto. Aunque el mundo intente separarnos, siempre encontraremos el camino de vuelta a este sofá.
Al día siguiente, decidieron que era el momento de ser "bobos", como decía Rimi. Se pasaron la mañana grabando clips divertidos para su vlog secreto. En uno, intentaban hacer un reto de baile de TikTok, pero con la limitación de la muñeca de Rimi, lo que resultó en una serie de movimientos torpes y ataques de risa incontrolables.
—¡Espera, espera! —gritaba Chan mientras intentaba hacer un giro y terminaba enredado en las cortinas—. ¡Esto no va a salir en el "Behind the Scenes" de Stray Kids, te lo aseguro!
—¡Es oro puro! —reía Rimi, sosteniendo la cámara con la mano izquierda mientras intentaba no caerse de la risa—. Los fans pagarían millones por ver al gran Bang Chan derrotado por una cortina de salón.
—Mi dignidad ha muerto hoy —declaró él, dejándose caer en el suelo y arrastrando a Rimi con él—. Pero si es por verte reír así, que la entierren profundamente.
Se quedaron tumbados en la alfombra, mirando el techo, con las respiraciones entrecortadas por la risa. Fue en ese momento de calma cuando Rimi se giró hacia él, observando su perfil.
—¿Sabes qué es lo que más voy a extrañar cuando volvamos al trabajo mañana? —preguntó ella.
—¿Mi cocina de cinco estrellas? —bromeó él.
—No —ella se puso seria, tomando su mano—. Voy a extrañar poder mirarte a los ojos sin tener que buscar cámaras por el rabillo del ojo. Voy a extrañar poder decir tu nombre en voz alta sin que suene a secreto.
Chan apretó su mano, sintiendo el peso de la realidad volviendo a caer sobre ellos. Mañana volverían a ser los líderes, los profesionales, las figuras públicas que se saludaban con reverencias formales. Volverían a los mensajes cifrados y a las notas escondidas en los bolsillos.
—Lo sé —dijo él—. Pero recuerda lo que grabamos hoy. Cuando te sientas sola en el camerino o cuando el estrés sea demasiado, mira estos videos. Recuerda que este Chris existe, y que le pertenece solo a Ye-rim. Bang Chan es para el mundo, pero yo soy tuyo.
Rimi asintió, sintiendo una calidez reconfortante en el pecho.
La última noche de su retiro la pasaron en el balcón, envueltos en una sola manta para protegerse del frío nocturno de Seúl. Desde allí, las luces de la ciudad parecían un mar de estrellas distantes.
—Mira —señaló Rimi hacia un cartel publicitario gigante a lo lejos, donde la cara de un idol famoso brillaba bajo los focos—. Algún día, el mundo se cansará de nosotros. Nuevos grupos vendrán, las luces se apagarán y las cámaras buscarán otros rostros.
—¿Te asusta eso? —preguntó Chan, rodeándola con su brazo.
—Al contrario —respondió ella, apoyando la cabeza en su hombro—. Me emociona. Porque el día que las luces se apaguen para Stray Kids y para AERIS, finalmente podremos caminar por el río Han de la mano. Podremos ir a cenar a ese sitio de ramen que tanto te gusta sin usar mascarillas. Ese día, seremos libres.
Chan sonrió, imaginando ese futuro lejano pero brillante.
—Entonces, esperaré ese día con ansias. Pero mientras tanto... —se giró hacia ella, tomando su rostro con ternura—, me conformaré con estos momentos robados. Porque un minuto contigo en la sombra vale más que una eternidad bajo los focos sin ti.
Se quedaron en silencio, observando la ciudad, disfrutando del último rastro de paz antes de que el mundo volviera a reclamarlos. La muñeca de Rimi estaba sanando, pero su corazón se sentía más fuerte que nunca. Habían logrado vivir su romance, aunque fuera por unos pocos días, en la más absoluta y hermosa privacidad.
Cuando finalmente regresaron a sus respectivos dormitorios a la mañana siguiente, la transición fue dolorosa pero necesaria. Rimi volvió a ponerse su máscara de dulzura reservada, y Chan recuperó su armadura de líder inquebrantable.
En el primer evento musical donde coincidieron tras la recuperación, se cruzaron en el pasillo. Había fotógrafos por todas partes y otros grupos observando.
—Me alegra ver que su muñeca está mejor, Rimi-ssi —dijo Chan con una cortesía impecable, haciendo una reverencia formal.
—Muchas gracias, Chan-sunbaenim. Gracias por su preocupación —respondió ella con una sonrisa suave, bajando la mirada de forma educada.
Nadie notó que, mientras se cruzaban, Rimi le guiñó un ojo casi imperceptiblemente, un recordatorio del vlog secreto, del desastre con la cebolla y de los besos en el sofá. Nadie notó que la mano de Chan se cerró en un puño por un segundo, como si todavía pudiera sentir el calor de la mano de ella entre la suya.
Eran idols, eran figuras públicas, eran el sueño de millones. Pero bajo las capas de seda y los flashes de las cámaras, seguían siendo dos humanos que habían encontrado su propio universo en un apartamento de dos habitaciones. Y mientras el mundo seguía analizando sus "interacciones profesionales", ellos sonreían para sí mismos, sabiendo que la mejor parte de sus vidas era la que nadie, absolutamente nadie, podía ver.