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Kaa en dxd

El placer de la Reina y el aroma de la inocencia

La habitación de invitados del Club de Investigación Oculta estaba sumida en una penumbra rota únicamente por la suave luz de la lámpara de noche. El aire se había vuelto denso, cargado con el perfume de Akeno y el sudor febril de Gasper. El joven vampiro, atrapado bajo el cuerpo de la Reina de Gremory, sentía que sus sentidos lo traicionaban. Su corazón latía con tal fuerza que temía que se le escapara del pecho, mientras sus pulmones luchaban por obtener una bocanada de aire cada vez que Akeno le permitía un respiro.

—Mmm... Gasper-kun, ¿por qué tiemblas tanto? —susurró Akeno, inclinándose sobre él. Sus ojos violetas, ahora transformados en un caleidoscopio de espirales hipnóticas que giraban sin cesar, estaban a pocos centímetros de los de él—. ¿Es la fiebre... o es que te gusta que tu superiora te cuide de esta manera tan especial?

—A-Akeno-san... por favor... esto no está bien... —balbuceó Gasper, con el rostro encendido. Intentó empujarla suavemente por los hombros, pero sus manos se hundieron en la suavidad de su piel y perdió toda la fuerza—. Tus ojos... me dan vueltas... no puedo pensar...

—No pienses, pequeño —respondió ella con una voz que era puro terciopelo, una réplica exacta de la persuasión de Kaa—. El Amo Kaa dice que pensar es agotador. Es mucho mejor sentir... obedecer... y disfrutar.

Akeno volvió a sentarse sobre el rostro de Gasper, esta vez con más firmeza. El joven sintió la textura de la falda del uniforme de la Academia Kuoh contra su nariz y mejillas. El peso de la pelinegra era una presión constante que, aunque lo asfixiaba ligeramente, también le provocaba oleadas de un placer prohibido que no sabía cómo gestionar. Gasper emitía sonidos ahogados, sus manos agitándose espasmódicamente sobre las sábanas. Akeno, mientras tanto, cerró sus propios ojos en espiral, disfrutando de la sumisión total del chico.

Fuera, en la rama del gran roble, Kaa observaba la escena con una satisfacción casi tangible. Podía sentir la energía de la hipnosis fluyendo, cómo la voluntad de Akeno se había disuelto para convertirse en una extensión de su propio capricho.

—Sssí... muy bien, mi preciosa marioneta —siseó Kaa para sí mismo, balanceando su cola rítmicamente—. Haz que el jovencito olvide ssu enfermedad... haz que sse ahogue en tu afecto...

De repente, la serpiente captó un movimiento cerca de la entrada del edificio. Era Asia Argento. La joven de cabellos rubios caminaba de regreso desde el jardín trasero, llevando un cuenco con agua fresca y algunas hierbas que había recogido. Su rostro reflejaba una devoción pura, ajena por completo al drama erótico que se desarrollaba en el piso de arriba.

Kaa se deslizó silenciosamente por el tronco, moviéndose con la agilidad de una sombra. Sabía que Akeno terminaría pronto su primera fase y que necesitaba asegurar a la siguiente pieza del tablero.

—La pequeña monja... —murmuró Kaa, ocultándose tras un seto justo en el camino de Asia—. Tan dulce... tan ingenua... sserá un deleite ver cómo ssu pureza sse dobla ante mis sspirales.

Asia se detuvo un momento para ajustar el cuenco en sus manos. El bosque estaba extrañamente silencioso, y por un momento, sintió un escalofrío recorrer su espalda.

—¿Hola? ¿Hay alguien ahí? —preguntó Asia, mirando hacia las sombras—. ¿Akeno-san? ¿Eres tú?

—No esss Akeno... pero ssoy un amigo... sssí... un gran amigo —la voz de Kaa emergió de la oscuridad, suave y sibilante, rodeando a Asia como una neblina.

La chica dio un salto, casi derramando el agua. Al girarse, se encontró con la enorme cabeza de la serpiente emergiendo de entre las hojas, a la altura de su rostro. Asia retrocedió, con los ojos muy abiertos por la sorpresa, pero no por el miedo inicial que uno esperaría ante un reptil de ese tamaño.

—¡Oh! Una... ¿una serpiente que habla? —Asia parpadeó, confundida—. ¿Eres un familiar de algún demonio? No te había visto antes por aquí.

—Sssolo ssoy un vissstante... un admirador de tu bondad, pequeña Asssia —dijo Kaa, comenzando a balancear su cabeza rítmicamente frente a ella—. He oído que estás muy preocupada por tu amigo... el pobre Gasssper.

Asia asintió con tristeza, bajando la guardia ante las palabras aparentemente compasivas de la criatura.

—Sí, está muy enfermo. Estoy haciendo todo lo posible para ayudarlo, pero su fiebre no baja. Es muy frustrante no poder hacer más.

—Tal vezss... tal vezss no estás usando el método correcto —siseó Kaa, acercándose un poco más. Sus ojos amarillos empezaron a brillar con una luz tenue—. A vecesss, la medicina no esstá en las hierbass... sssino en el contacto... en la entrega total...

—¿A qué te refieres? —preguntó Asia, ladeando la cabeza con curiosidad. Sus ojos verdes se fijaron involuntariamente en los de la serpiente.

Kaa no perdió un segundo.

—Me refiero a que debess confiar en mí... sssolo en mí —susurró la serpiente.

En ese instante, las pupilas de Kaa estallaron en un frenesí de colores. Las espirales comenzaron a girar, expandiéndose y contrayéndose en un baile hipnótico de tonos psicodélicos. Amarillo limón, verde esmeralda, azul eléctrico y violeta profundo se mezclaban en un torbellino visual que capturó la mirada de Asia de inmediato.

—¡Ah! —exclamó Asia. Intentó cerrar los ojos, sintiendo un mareo repentino, pero la voz de Kaa la ancló al sitio.

—No cierress los o joss, pequeña... mira el arcoírisss... mira la pazzz que te ofrezsco... confía en mí... sssolo en mí... sssí...

—Yo... debo... ir con Gasper-san... —dijo Asia, pero su voz sonaba lejana, como si estuviera hablando bajo el agua. Sus manos, que sostenían el cuenco, empezaron a temblar, y finalmente el recipiente cayó al suelo, derramando el agua sobre la hierba.

—Olvida el agua... olvida tus preocupaciones... —continuó Kaa, acercando su rostro hasta que su nariz casi rozó la de la chica—. Ahora todo esss brillante y hermossso... ¿no esss verdad?

Asia dejó de resistirse. Sus ojos verdes, antes llenos de determinación, comenzaron a reflejar el mismo patrón de espirales que los de Kaa. El brillo de la hipnosis se apoderó de sus pupilas, y una expresión de absoluta sumisión y calma vacía se instaló en su rostro.

—Sí... todo es brillante... y hermoso... —repitió Asia con voz monótona.

Kaa soltó una risita triunfal y comenzó a rodear el cuerpo de la chica con sus anillos, deslizándose con suavidad sobre sus hombros.

—Muy bien, mi pequeña monja. Ahora, essscucha con atención. Tu amigo Gasssper necesssita un tipo de consuelo que ssolo tú puedes darle. Quiero que vayas a ssu habitación. Veráss que Akeno ya ha empezado a cuidarlo... pero ella necesssita un dessscansso.

—Sí... Akeno-san necesita un descanso... —dijo Asia, balanceándose levemente.

—Cuando lleguess, quiero que te encarguess de él —ordenó Kaa, siseando directamente en su oído—. Quiero que sseass muy atrevida... que te sssientess en ssu rostro, como ha hecho Akeno, y que ussess tus manoss para tocarlo de formass que nunca te habríass atrevido a imaginar... Hazle ssentir cossass ssuciasss... muy ssuciasss... por el bien de ssu recuperación... sssí...

—Haré cosas sucias... por su recuperación... —Asia asintió, y sus ojos en espiral brillaron con una intensidad renovada—. Lo haré, Amo Kaa.

—Vee, entoncesss... ve y demuesstra cuánto lo quieresss —concluyó la serpiente, liberándola de su abrazo.

Asia se dio la vuelta y comenzó a caminar hacia el edificio con pasos mecánicos pero decididos. Su habitual timidez había desaparecido, reemplazada por una voluntad ajena que la impulsaba hacia la lujuria bajo el pretexto de la obediencia.

Mientras tanto, en la habitación, Akeno finalmente se levantó del rostro de Gasper. El chico estaba jadeando, con la mirada perdida en el techo y el uniforme completamente desordenado.

—Ah... eso ha sido refrescante, ¿no crees, Gasper-kun? —dijo Akeno, arreglándose el cabello mientras sus ojos seguían mostrando las espirales de colores—. Pero ahora me siento un poco cansada. Creo que me sentaré en el sofá un momento... a esperar nuevas órdenes.

Akeno caminó hacia el sofá que había en la esquina de la habitación y se sentó, manteniendo esa sonrisa vacía y los ojos fijos en la nada, esperando la siguiente señal de su amo.

Gasper apenas tuvo tiempo de procesar lo que acababa de suceder cuando la puerta se abrió de nuevo. Esperaba ver a Rias, pero para su sorpresa, fue Asia quien entró. Sin embargo, no era la Asia de siempre. Su mirada era intensa, y sus ojos... esos ojos tenían el mismo patrón extraño que los de Akeno.

—¿A-Asia-san? —preguntó Gasper, con la voz quebrada—. ¿Tú también? ¿Qué está pasando?

Asia no dijo nada al principio. Se acercó a la cama con una sonrisa que Gasper solo pudo describir como "predadora", algo totalmente impropio de la dulce ex-monja. Al pasar junto a Akeno, ambas se miraron un segundo, pero no intercambiaron palabras; simplemente había un entendimiento silencioso entre las dos esclavas de la serpiente.

—Gasper-san... he venido a terminar lo que Akeno-san empezó —dijo Asia, su voz cargada de una dulzura artificial—. El Amo Kaa dice que todavía tienes mucha fiebre acumulada aquí...

Asia puso una mano sobre la entrepierna de Gasper, quien soltó un grito ahogado de pura vergüenza.

—¡Asia-san! ¡Tú no eres así! ¡Por favor, detente! —suplicó el joven vampiro, intentando cubrirse con las sábanas.

—Oh, Gasper-san, no seas tímido —Asia se subió a la cama con una agilidad sorprendente—. Solo quiero ayudarte a sentirte mejor... haciendo cosas muy, muy sucias.

Sin más preámbulos, Asia imitó la posición de Akeno anteriormente. Se sentó directamente sobre el rostro de Gasper, pero a diferencia de la Reina, Asia comenzó a moverse con un entusiasmo casi infantil, frotándose contra él mientras sus manos buscaban el contacto directo con la piel del chico, desabrochando los botones de su camisa con una torpeza que resultaba extrañamente excitante para el pobre Gasper.

—¡Mmph! ¡Mmmph! —los gritos de Gasper quedaron amortiguados una vez más. Podía oler el suave aroma a flores de Asia, pero la situación era tan surrealista que su mente estaba al borde del colapso.

Asia, mientras tanto, sentía una liberación que nunca había experimentado. Bajo la hipnosis de Kaa, todas sus inhibiciones y su estricta educación moral habían sido borradas. Solo existía la orden de su amo y el placer de ver al joven bajo ella retorcerse de placer y confusión.

—Sientes esto, ¿verdad? —susurró Asia, bajándose un poco para que Gasper pudiera oírla, aunque sin dejar de presionar su trasero contra su boca—. Es por tu bien... el Amo Kaa sabe lo que es mejor para nosotros.

Gasper miró hacia el sofá y vio a Akeno sentada allí, observando la escena con sus ojos en espiral, asintiendo levemente como si estuviera aprobando la técnica de Asia. El medio vampiro se sintió completamente atrapado en una pesadilla ecchi de la que no podía despertar.

En el exterior, Kaa se sentía el rey del mundo. Había logrado someter a dos de las mujeres más poderosas y puras del entorno de Rias Gremory. Pero su ambición no se detenía ahí. Sus ojos se fijaron en la ventana del salón principal, donde sabía que Rias llegaría tarde o temprano.

—Dos de tresss... —siseó Kaa, saboreando cada palabra—. La "Reina" y la "Sssantita" ya ssson mías. Sssolo falta el "Rey"... la orgullossísima Riasss Gremory. Sserá el postre perfecto para esssta velada.

La serpiente se acomodó mejor en la rama, preparándose para esperar. Sabía que la hipnosis en Akeno empezaría a flaquear en un par de horas si no la reforzaba, pero eso solo le daba una excusa para volver a jugar con ella. Por ahora, dejaría que Asia continuara con su "tratamiento" sobre el exhausto Gasper.

Dentro de la habitación, el ambiente era de un erotismo caótico. Asia había comenzado a besar el cuello de Gasper mientras seguía sentada sobre él, dejando pequeñas marcas rojas que hacían que el chico gimiera sin control. La fiebre parecía haber pasado a un segundo plano, reemplazada por una sobrecarga sensorial que amenazaba con hacerle perder el conocimiento.

—Eres tan lindo, Gasper-san... —decía Asia entre besos, con sus ojos en espiral brillando en la oscuridad—. Vamos a divertirnos mucho más... el Amo Kaa tiene muchos planes para nosotros.

Gasper, con las lágrimas asomando en sus ojos por la intensidad de la situación, solo pudo cerrar los párpados y dejarse llevar. No tenía fuerzas para luchar contra dos de sus superiores, especialmente cuando ellas parecían estar bajo el control de algo mucho más antiguo y astuto que cualquier demonio que hubiera conocido. La sombra de la serpiente se alargaba sobre el club, y el juego de Kaa apenas estaba alcanzando su clímax.