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La montaña

Planos ocultos y juegos de familia

El amanecer en Malibú tenía un color distinto desde que Kendall había decidido cambiar las reglas del juego. No más mensajes desesperados, no más apariciones "accidentales" en sus obras de construcción y, sobre todo, cero filtraciones a sus hermanas. Conocía a su familia; las Kardashian no eran sutiles. Si Kim o Khloé se enteraban de que Dante finalmente la había invitado a rodar por la montaña, convertirían una salida casual de ciclismo en un evento de compromiso nupcial antes de que ella pudiera ponerse el casco.

Kendall se miró al espejo. Estaba despeinada, con restos de tierra en las mejillas tras la ruta matutina con Dante, pero sus ojos brillaban de una forma que no podía ocultar. Habían pasado tres horas pedaleando en silencio y otras dos hablando sobre la importancia de la luz cenital en sus proyectos. Dante no la había besado, pero le había prestado su chaqueta cuando el viento de la costa refrescó, y eso, para Kendall, valía más que cualquier diamante.

—Mantén la calma, Jenner —se susurró a sí misma—. Si actúas normal, no sospecharán nada.

Sin embargo, actuar "normal" en la mansión de Kris Jenner era una misión imposible. Al bajar a la cocina para el almuerzo familiar, Kendall se encontró con el comité de bienvenida: Kim, Khloé y Scott Disick estaban sentados alrededor de la isla de mármol, rodeados de ensaladas en boles de plástico y una energía conspiradora que se podía cortar con un cuchillo.

—Mírenla —dijo Khloé, dejando su tenedor a un lado y entornando los ojos—. Esa no es la cara de alguien que ha estado haciendo Pilates. Tienes tierra en la oreja, Kenny.

Kendall se frotó la oreja rápidamente, sintiendo que el calor subía por su cuello.

—Estaba... explorando unos senderos —mintió, tratando de mantener la voz plana—. Me gusta la naturaleza, ¿recuerdan?

—Claro, y a mí me gusta pasar desapercibida en los aeropuertos —ironizó Kim, apoyando la barbilla en su mano—. No nos has hablado de Dante en dos semanas. Ni una queja, ni un drama, ni un "no me contesta los mensajes". Eso es sospechoso.

—Simplemente acepté que somos amigos —respondió Kendall, sirviéndose un vaso de agua con una calma ensayada—. Él tiene su vida, yo la mía. Fin de la historia.

—¿Ah, sí? —Khloé intercambió una mirada cómplice con Kim—. Porque estábamos hablando de algo importante. Sabes que Malika quiere tener otro bebé, ¿verdad?

Kendall asintió, confundida por el cambio de tema.

—Sí, lo mencionó el mes pasado. ¿Qué tiene que ver eso conmigo?

—Bueno —continuó Khloé, estirándose como un gato que acaba de atrapar a un ratón—, estábamos pensando que Malika necesita un donante con buenos genes. Alguien alto, atlético, con una estructura ósea impecable y, preferiblemente, con un cerebro brillante.

Kendall sintió un mal presentimiento instalándose en su estómago.

—¿A dónde quieren llegar con esto?

—Pensamos en Dante —soltó Kim con una sonrisa angelical—. Es perfecto. Es arquitecto, así que es inteligente. Es guapo, tiene esos ojos azules... y como tú dices que "solo son amigos" y que él no tiene interés romántico en ti, pensamos que no te importaría si le pedimos que ayude a Malika. Incluso podríamos organizar una cita para que se conozcan y vean si hay química para una... fertilización in vitro. O quizás algo más tradicional.

Kendall casi se atraganta con el agua. El vaso golpeó la encimera con un ruido seco.

—¡No pueden hablar en serio! —exclamó, sintiendo que el pánico empezaba a nublar su juicio—. Malika no puede... él no es un objeto de catálogo. Dante es muy reservado con su vida privada. Se sentiría insultado.

—¿Por qué se sentiría insultado? —preguntó Scott, interviniendo por primera vez con esa chispa de malicia que tanto le gustaba—. Es un cumplido. Le estamos diciendo que sus genes son de calidad superior. Además, si tú ya te rendiste con él, ¿qué más da?

—No me he rendido, es solo que... —Kendall se detuvo justo a tiempo, dándose cuenta de la trampa—. Es solo que es una falta de respeto profesional. Él es el hijo de Alejandra Guzmán, no un semental de alquiler.

—Ay, por favor, Kenny —dijo Khloé, sacando su teléfono—. Vamos a llamarlo. Alejandra me dio su número directo para "emergencias". Y esto es una emergencia reproductiva.

—¡No! ¡Khloé, detente! —Kendall intentó arrebatarle el teléfono, pero su hermana fue más rápida y puso el altavoz.

El tono de llamada resonó en la cocina, cada "bip" golpeando los nervios de Kendall como un martillo. Ella se quedó paralizada, con las manos temblorosas y una expresión de ansiedad que sus hermanas devoraban con deleite.

—¿Hola? —La voz de Dante sonó clara, profunda y con ese ligero deje de cansancio que Kendall sabía que significaba que estaba concentrado en sus planos.

—¡Dante! Soy Khloé Kardashian —dijo ella con una voz excesivamente animada—. Siento interrumpir tus vigas y tus columnas, pero tengo una propuesta de vida para ti.

—¿Khloé? —Se escuchó una risa ligera al otro lado—. ¿Está todo bien? ¿Kendall está bien?

Kendall cerró los ojos, deseando que la tierra se la tragara. El hecho de que su nombre fuera lo primero que saliera de su boca la hizo estremecer.

—Oh, Kendall está fantástica, aquí mismo la tengo —dijo Khloé, ignorando las señas desesperadas de su hermana—. Escucha, tengo una amiga muy cercana, Malika. Es hermosa, exitosa y está buscando un donante de... bueno, de excelencia. Pensamos que tú eres el candidato ideal. ¿Qué te parece una cita para discutir los términos de una fertilización? O si prefieres conocerla primero...

Hubo un silencio sepulcral en la línea. Kendall contenía la respiración, segura de que Dante colgaría y nunca volvería a hablarle.

—¿Una fertilización? —Dante soltó una carcajada genuina, una de esas risas abiertas que Kendall solo escuchaba cuando estaban solos en la montaña—. Khloé, eres increíble. Dile a tu amiga que me siento muy halagado, de verdad, pero mi ADN está muy ocupado diseñando museos ahora mismo. Además, soy un romántico a la antigua. No creo que pueda donar nada sin que haya... bueno, un poco de historia previa.

—¿Entonces es un no? —insistió Khloé, mirando a Kendall, quien estaba pálida.

—Es un "no" rotundo, pero con mucho respeto —respondió Dante, y su tono se volvió un poco más suave—. Y dile a Kendall que si quiere protegerme de sus hermanas locas, tendrá que esforzarse más la próxima vez que salgamos a rodar. Nos vemos luego, chicas.

El teléfono hizo "clic" al colgar.

El silencio que siguió fue denso. Kendall sentía que el corazón le iba a mil por hora. Sus hermanas la miraban con una mezcla de triunfo y burla.

—"La próxima vez que salgamos a rodar" —repitió Kim en un tono cantarín—. Así que... ¿solo amigos que aceptaron su destino, eh?

—¡Eres una mentirosa, Kenny! —gritó Khloé, riendo—. ¡Estás saliendo con él a escondidas!

Kendall explotó. La presión de las últimas semanas, el miedo al rechazo de Dante, la timidez que él le provocaba y el constante escrutinio de su familia estallaron en un solo momento de honestidad brutal.

—¡Sí! ¡Estamos saliendo! —gritó Kendall, golpeando la mesa con las palmas de las manos—. Bueno, no "saliendo" oficialmente, pero nos vemos. Pasamos horas juntos y es la primera vez en mi vida que un hombre no me mira como si fuera un trofeo o un cheque en blanco.

Sus hermanas se quedaron calladas, sorprendidas por la intensidad de su reacción. Kendall tenía los ojos llorosos y las mejillas encendidas.

—¿Tienen idea de lo difícil que es para mí? —continuó, con la voz quebrada—. Siempre tengo que ser la perfecta, la que "atrae" y no "persigue". Pero con Dante nada de eso funciona. Él es reticente, es terco, prioriza su trabajo y su bicicleta sobre cualquier alfombra roja. Y me encanta. Me encanta que no le importe quién soy ante las cámaras.

—Kenny, solo estábamos bromeando... —empezó Khloé, suavizando el tono.

—¡No es una broma para mí! —la interrumpió Kendall—. Estoy enamorada de él. No es un capricho, no es un reto. Me gusta cómo huele a serrín y a aire libre. Me gusta que me corrija cuando digo algo estúpido sobre arquitectura. Y me aterra que ustedes, con sus juegos, lo asusten. Él no quiere este circo, Khloé. Él quiere una vida real, y yo estoy intentando desesperadamente demostrarle que puedo ser real para él.

Kendall se dejó caer en una de las sillas, cubriéndose la cara con las manos. El silencio en la cocina ahora era de apoyo, no de burla. Kim se acercó y le puso una mano en la espalda.

—Lo sentimos, Kenny. No sabíamos que era tan profundo —dijo Kim con sinceridad—. Solo queríamos que admitieras que algo pasaba.

—Es que él es tan... difícil —susurró Kendall entre sus dedos—. A veces siento que estoy ganando terreno y, al día siguiente, se encierra en su oficina durante veinte horas y se olvida de que existo. No sé cómo conquistarlo sin perder mi propia dignidad en el proceso.

—La dignidad está sobrevalorada cuando se trata del hombre correcto —dijo Khloé, sentándose a su lado—. Pero Dante no parece el tipo de hombre que se asusta fácilmente. Si te invitó a salir de nuevo después de esta llamada ridícula, es porque realmente le importas.

—¿Tú crees? —preguntó Kendall, levantando la vista con esperanza.

—Cariño, cualquier otro hombre habría bloqueado nuestros números —dijo Scott desde la esquina—. El tipo se rió. Tiene temple. Y lo más importante, se aseguró de que supiéramos que tiene planes contigo. Eso es marcar territorio a su manera.

Kendall respiró hondo, tratando de calmar los latidos de su corazón. El secreto había salido a la luz, y aunque se sentía expuesta, también sentía un extraño alivio. Ya no tenía que fingir que Dante era solo un conocido.

—Prométanme que no volverán a hacer algo así —pidió Kendall—. No más donaciones de esperma falsas, no más citas a ciegas con Malika. Dejen que esto fluya a su ritmo. Él es muy reticente a las relaciones porque sus ex novias lo dejaron por su trabajo. No quiero ser otra persona en esa lista.

—Te lo prometemos —dijo Kris, que acababa de entrar en la cocina tras haber escuchado la última parte de la conversación—. Pero Kendall, recuerda lo que te dije. Dante es un hombre que valora la verdad. Si estás enamorada de él, tarde o temprano tendrás que decírselo de frente, sin estrategias de marketing.

Kendall asintió. Sabía que su madre tenía razón. Dante Guzmán era un arquitecto; él entendía de cimientos sólidos, no de fachadas de cartón piedra.

Esa tarde, Kendall recibió un mensaje de texto. No era una lista de restaurantes, ni un pulgar arriba.

"Me divertí mucho hoy, a pesar del acoso telefónico de tu hermana. Tienes una familia... interesante. Pero me gusta que seas tú quien me defienda. ¿Cenamos mañana en mi estudio? Pediré pizza, tengo que terminar unos planos de una casa en la playa y no puedo salir."

Kendall sonrió frente a la pantalla. No era Nobu, no era una cena romántica a la luz de las velas con paparazzi en la puerta. Era pizza en un estudio lleno de polvo y planos. Era perfecto.

—Te veo mañana —escribió ella—. Y llevaré el vino. Uno que no sea para "amigos".

Dante no respondió de inmediato, pero Kendall ya no sintió ansiedad. Sabía que él estaba ahí, construyendo algo, y que ella, poco a poco, empezaba a formar parte de su estructura más importante. La conquista de Dante Guzmán no sería rápida, pero Kendall Jenner estaba decidida a que fuera eterna.

Mientras tanto, en la cocina, Khloé y Kim ya estaban planeando qué ponerse para una futura boda en México, ignorando por completo la promesa de no interferir. Al fin y al cabo, eran las Kardashian, y si Kendall había encontrado finalmente al hombre que la hacía perder la compostura, ellas se encargarían de que el mundo entero se enterara, aunque tuvieran que hacerlo un plano a la vez.