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la verdad

El Vuelo del Fénix sobre el Abismo del Dragón

La mañana en la Academia Sobu no trajo la calma que Issei había esperado tras la tensa cena con la madre de Yukino. El aire se sentía estático, cargado de una electricidad invisible que solo aquellos con una sensibilidad espiritual aguda podían percibir. En el techo de la escuela, Issei Hyoudou observaba el horizonte, sintiendo cómo el poder de Ddraig pulsaba en sus venas como un río de lava contenida.

— Compañero, el equilibrio se está rompiendo más rápido de lo que previmos —la voz del Dragón de la Gales resonó en su mente, pesada y solemne—. No es solo Rizevim. Las "Causas" del mundo están reaccionando a tu ascenso. Eres el Dragón Celestial más fuerte, Issei, pero eso te convierte en el clavo que todos quieren martillar.

— Lo sé, Ddraig —susurró Issei, apretando el puño—. Pero no voy a retroceder. No ahora que Yukino y Yui me han confiado sus vidas.

La puerta del techo se abrió con un chirrido metálico. Issei no necesitó girarse para saber quiénes eran. El aroma a lavanda de Yukino y la fragancia floral y vibrante de Yui eran inconfundibles.

— Sabía que estarías aquí —dijo Yukino, acercándose con su elegancia habitual, aunque sus ojos reflejaban una preocupación profunda—. El consejo estudiantil ha recibido una notificación. La "Cumbre de Emergencia" no será en un lugar neutral. Será aquí, en Chiba, en una de las propiedades de mi familia que ha sido adecuada para recibir a las delegaciones sobrenaturales.

— ¡Issei-kun! —Yui corrió hacia él y entrelazó sus dedos con los del joven—. Hikki dice que hay gente extraña merodeando por las puertas de la escuela. Tipos con trajes negros que no parecen humanos. Tengo miedo, pero... pero también quiero pelear a tu lado.

Issei las miró, sintiendo una oleada de afecto que casi eclipsaba el rugido del dragón en su interior.

— No dejaré que nada les pase —prometió, besando la frente de Yui y luego la de Yukino, una muestra de afecto que hizo que la "Reina de Hielo" se sonrojara levemente—. Si la cumbre es en territorio Yukinoshita, tenemos la ventaja de casa. Pero necesitamos a Hachiman. Sus ojos ven las trampas que nosotros ignoramos.

— Hablando del rey de Roma —murmuró una voz apática desde la sombra de la entrada del techo.

Hachiman Hikigaya salió a la luz, rascándose la nuca y luciendo más exhausto que de costumbre. Sus ojos de pescado podrido recorrieron la escena: Issei rodeado por las dos chicas más deseadas de la escuela, irradiando un poder que podría nivelar montañas. El aguijón de los celos volvió a clavarse en su pecho, amargo y persistente.

— Es increíble cómo el destino se empeña en convertirme en el extra de una película de acción que odio —dijo Hachiman, suspirando—. Escuchen, "Trío de Oro". He estado observando a esos tipos de negro. No son solo demonios. Algunos llevan insignias del Vaticano y otros emanan una energía que huele a ángel caído. Rizevim no mintió; esto es una coalición. Todos están de acuerdo en una sola cosa: tú, Hyoudou, eres demasiado peligroso para andar suelto y con novia doble.

— ¿Creen que pueden dictar mi vida? —preguntó Issei, una pequeña llama dorada bailando en sus ojos.

— Creen que pueden "gestionarte" —corrigió Hachiman—. En su mundo, el poder es un recurso. Si no pueden controlarte, intentarán aislarte. Y la forma más fácil de hacerlo es atacando tus vínculos. Van a intentar convencer a Yukino y a Yui de que estar contigo es una sentencia de muerte para sus familias.

Yukino dio un paso al frente, su mirada afilada como un bisturí.

— Mi madre ya tomó una decisión, Hikigaya-kun. Ella prefiere apostar por el dragón que arrodillarse ante una coalición de extraños. Y yo... yo no soy una pieza que se pueda mover a voluntad.

— Eso lo sabemos nosotros —replicó Hachiman—, pero ellos no. Issei, si quieres ganar esta cumbre sin que Chiba se convierta en un cráter, vas a tener que jugar a su juego. Honestidad brutal, sí, pero con un toque de la crueldad que yo suelo usar. Tienes que demostrarles que no solo eres el más fuerte, sino que eres el más indispensable.

— Enséñame, Hachiman —dijo Issei, mirando a su amigo con total seriedad—. Enséñame cómo ganar donde los puños no sirven.

Hachiman se quedó mudo por un segundo. La humildad de Issei era lo que más le irritaba y, al mismo tiempo, lo que más respetaba.

— Bien —cedió Hachiman—. Pero te advierto: no te va a gustar. Vamos al salón del club. Tenemos una estrategia que diseñar y muy poco tiempo antes de que los dioses llamen a la puerta.

***

El día de la cumbre llegó con un cielo gris plomizo. La propiedad de los Yukinoshita, una mansión tradicional rodeada de extensos jardines y bosques privados, había sido rodeada por una barrera mágica de nivel superior. En el gran salón, la atmósfera era sofocante.

Sentados a una mesa circular estaban los representantes: Azazel, el líder de los ángeles caídos, lucía inusualmente serio; Sirzechs Lucifer, el Rey Demonio, mantenía una expresión de tristeza contenida; y Michael, el arcángel del cielo, rezaba en silencio. Pero también estaban otros: ancianos de clanes humanos, figuras sombrías del Vaticano y, en una esquina, Rizevim Livan Lucifer, sonriendo como si todo fuera un chiste privado.

Issei entró en la sala con paso firme. A su lado, Yukino y Yui caminaban con la cabeza en alto, vestidas con kimonos formales que resaltaban su belleza y su estatus. Detrás de ellos, como una sombra persistente, Hachiman Hikigaya observaba todo con sus manos en los bolsillos, analizando cada micro-gestión de los presentes.

— Issei Hyoudou —comenzó Sirzechs, su voz llenando la estancia—. No estamos aquí como enemigos, sino como preocupados arquitectos del orden. Tu nuevo poder... ha superado los límites de lo que las leyes de la naturaleza permiten.

— Las leyes de la naturaleza cambiaron el día que decidieron usarme como un peón en sus guerras —respondió Issei, sentándose en el único lugar vacío, con Yukino y Yui flanqueándolo—. He salvado el mundo más veces de las que puedo contar. ¿Y ahora soy un problema porque soy "demasiado fuerte"?

— Se trata de la estabilidad, joven dragón —intervino un anciano del Vaticano—. Un individuo con el poder de destruir panteones enteros, que además se vincula emocionalmente con humanas de familias influyentes... es un riesgo geopolítico. Proponemos que te retires a una zona neutral, bajo supervisión, y que tu relación con estas jóvenes sea... disuelta por el bien de la paz.

Yui apretó los dientes, a punto de estallar, pero Yukino le puso una mano en el brazo, siguiendo el plan de Hachiman.

— ¿Supervisión? —rio Issei, una risa que hizo que los cristales de las lámparas vibraran—. ¿Quién me va a supervisar? ¿Ustedes? He derrotado a bestias que harían que sus ejércitos huyeran despavoridos. Si quisiera destruir el mundo, ya lo habría hecho. Pero solo quiero terminar la preparatoria y estar con las personas que amo.

— El amor es una variable inestable —dijo Rizevim desde su rincón—. ¿Qué pasará cuando el dragón se aburra de sus juguetes humanos? ¿O cuando una de ellas muera de vieja mientras él permanece eterno? La ira de un dragón despechado es lo que temen, Issei.

Hachiman dio un paso al frente, ganándose las miradas de desprecio de los seres sobrenaturales.

— Es curioso que hablen de estabilidad —dijo Hachiman, su voz monótona pero cargada de veneno—. Ustedes, que han pasado milenios matándose entre sí por pedazos de tierra y conceptos abstractos de fe. Ahora que hay alguien que puede obligarlos a portarse bien, lo llaman "amenaza". No tienen miedo de que Issei destruya el mundo. Tienen miedo de que Issei los deje sin empleo. Sin guerras, ¿qué son ustedes? Solo burócratas con alas.

— ¿Quién es este humano impertinente? —preguntó un ángel caído, poniéndose de pie.

— Soy el que ve la hipocresía que ustedes intentan ocultar tras sus túnicas —respondió Hachiman sin pestañear—. Si intentan separar a Issei de Yukino y Yui, lo que obtendrán no será un dragón bajo control. Obtendrán un dragón sin nada que perder. Y créanme, he pasado toda mi vida sin tener nada que perder, y es el estado más peligroso del ser humano. Imaginen eso multiplicado por el poder de un Dios Dragón.

El silencio que siguió fue absoluto. Issei miró a Hachiman con sorpresa; no esperaba que su amigo se arriesgara tanto.

— Hikigaya-kun tiene razón —dijo Yukino, levantándose—. Mi familia no aceptará ninguna "zona neutral". Issei Hyoudou es el protector de la casa Yukinoshita y de Chiba. Cualquier intento de interferir con nuestra relación será visto como un acto de agresión directa contra los intereses humanos que representamos.

Azazel suspiró y se rascó la barba.

— Tienen un punto, aunque sea uno muy molesto. Issei, no podemos obligarte a nada sin empezar una guerra que perderíamos. Pero las otras facciones... los panteones nórdicos y griegos... no son tan razonables como nosotros. Ellos enviarán a sus campeones.

— Que los envíen —dijo Issei, y en ese momento, su armadura carmesí se materializó parcialmente en su brazo, pero esta vez no era solo roja. Estaba veteada de un blanco puro y un dorado cegador, la evolución final—. Pero antes de que terminen esta reunión, quiero que quede algo claro.

Issei se levantó y la presión en la habitación aumentó hasta que los ancianos humanos cayeron de rodillas.

— No soy una herramienta. No soy un riesgo que gestionar. Soy Issei Hyoudou, el Dragón Celestial de la Supremacía. Yukino y Yui son mi corazón. Hachiman es mi mente. Si tocan a cualquiera de ellos, si intentan usar la política o la magia para separarnos, bajaré de los cielos y convertiré sus reinos en cenizas. ¿He sido lo suficientemente "honesto" para ustedes?

Michael bajó la cabeza.

— El mensaje ha sido recibido, Issei-kun. Rezaremos para que tu corazón siga siendo tan noble como tu poder.

Rizevim desapareció en un portal de risas, consciente de que la semilla del caos ya estaba plantada, pero también de que Issei ya no era el chico fácil de manipular.

Cuando los delegados se marcharon, dejando solo al grupo del Club de Servicio y a los líderes de las tres facciones aliadas, la tensión se rompió. Issei se desplomó en su silla, respirando con dificultad.

— Eso fue... intenso —dijo Yui, abrazando a Issei por el cuello—. Hikki, ¡estuviste increíble! Les dijiste sus verdades en la cara.

Hachiman se apoyó contra la pared, tratando de ocultar que sus piernas estaban temblando.

— Solo dije lo obvio —murmuró—. Pero prepárate, Hyoudou. Acabas de declararle la guerra a todo el que no sea nosotros. Tus "vacaciones" se han terminado oficialmente.

Yukino se acercó a Hachiman y, por primera vez, le dedicó una sonrisa llena de gratitud genuina, sin rastro de sarcasmo.

— Gracias, Hikigaya-kun. Por un momento, olvidé que eres un experto en ser el enemigo de todos por las razones correctas.

— Sí, bueno... es mi especialidad —respondió él, desviando la mirada hacia la ventana.

Ver a Issei sosteniendo las manos de Yukino y Yui seguía doliendo. El celo estaba ahí, un fuego sordo que le recordaba que él nunca sería el centro de ese tipo de devoción. Pero al ver la determinación en los ojos de Issei, Hachiman comprendió que su papel era vital. Issei era la espada, Yukino y Yui eran el escudo, y él... él era el estratega que se aseguraría de que la espada no se rompiera y el escudo no cayera.

— Compañero —dijo Ddraig, su voz vibrando con orgullo—, has encontrado a tu verdadera nobleza. No son demonios ni ángeles. Son estos humanos rotos y complicados los que te harán invencible.

Issei sonrió, mirando a sus tres compañeros.

— No sé qué pasará mañana —dijo Issei—, pero mientras estemos juntos en este club, no me importa si el cielo se cae.

— El cielo no se caerá —sentenció Yukino—. Y si lo hace, Issei lo sostendrá mientras nosotros le decimos cómo hacerlo con elegancia.

Yui rió, una risa clara que disipó la última sombra de la cumbre.

— ¡Hagamos una fiesta de celebración! —propuso Yui—. ¡Con galletas y té!

— Por favor, nada de galletas quemadas, Yuigahama —bromeó Hachiman, recuperando su tono habitual.

— ¡Oye! ¡He mejorado mucho!

Issei observó el intercambio, sintiendo que, a pesar de las amenazas divinas y los complots mundiales, la pequeña realidad del Club de Servicio seguía intacta. El Dragón Celestial más fuerte de todos los tiempos finalmente había encontrado algo por lo que valía la pena ser el más fuerte: la paz de una tarde ordinaria con las personas que, contra toda lógica y poder, lo hacían sentir simplemente como Issei.

Sin embargo, en las sombras de la mansión, una figura de cabello plateado observaba la escena. Vali Lucifer, la portadora del Dragón Blanco, sonreía mientras ajustaba su guantelete.

— Pronto, Issei —susurró Vali—. Pronto veremos si tu amor es más fuerte que nuestra rivalidad eterna.

La batalla por Chiba, y por el corazón del mundo, apenas estaba comenzando. Pero por esa noche, el dragón y sus amigos se permitieron el lujo de ser solo adolescentes, compartiendo té en medio de una tormenta que amenazaba con cambiarlo todo.