Limón y Papel
El niño de la lluvia y el eco de otro mundo
La lluvia en el territorio Henituse solía ser una bendición para las cosechas, pero esa noche caía con una violencia que parecía querer lavar los pecados del mundo. Deruth Henituse, envuelto en una pesada capa de viaje, regresaba de una inspección tardía en las fronteras del condado. A su lado, cabalgando con una elegancia que ni el barro podía mancillar, Ron Molan mantenía los ojos fijos en la oscuridad del camino.
— Deberíamos habernos quedado en la posada del pueblo, mi señor —comentó Ron, su voz cortando el viento con la precisión de un cuchillo—. El camino se está volviendo peligroso para los caballos.
— Ya casi llegamos, Ron —respondió Deruth, aunque una extraña sensación de inquietud le oprimía el pecho.
De repente, un destello de luz blanca, que no era un rayo, iluminó el bosque cercano. Los caballos relincharon, asustados. Deruth frenó en seco. En medio del barro, junto a un árbol de raíces retorcidas, yacía una pequeña figura.
— ¡Ron, allí! —Deruth desmontó antes de que el mayordomo pudiera detenerlo.
Al acercarse, el corazón del Conde se detuvo. Era un niño. No podía tener más de cinco o seis años. Su piel estaba tan pálida que parecía traslúcida bajo la lluvia, y su ropa, unos harapos extraños que no pertenecían a ninguna moda del Reino de Roan, estaban empapados en sangre. Pero lo que horrorizó a Deruth no fue solo la sangre, sino las cicatrices y heridas que cubrían sus pequeños brazos y piernas; algunas eran frescas, otras parecían marcas de años de abuso.
— Por los dioses... —susurró Deruth, levantando al niño con una delicadeza infinita. El pequeño estaba helado, pero su corazón aún latía, débil y errático.
Ron se acercó, su mirada escaneando los alrededores en busca de una amenaza mientras sus manos enguantadas revisaban el pulso del pequeño. Sus ojos se entrecerraron.
— No hay huellas de nadie más, mi señor. Es como si hubiera caído del cielo. Y esas heridas... no son de un animal.
— No importa de dónde venga —sentenció Deruth, apretando al niño contra su pecho para darle calor—. No podemos dejarlo aquí. Volvamos a la mansión. Ahora.
***
Kim Rok Soo sentía que su cabeza iba a estallar. El dolor era un viejo amigo, pero este se sentía diferente. No era el dolor punzante de un ataque de un monstruo de grado superior, sino una agonía sorda que recorría cada fibra de un cuerpo que se sentía... demasiado pequeño.
Intentó abrir los ojos. La luz era suave, no la claridad cegadora de las lámparas de los refugios. Olía a sándalo, a sábanas limpias y a algo que no había olido en décadas: paz.
— Ha despertado.
La voz era profunda y cálida. Kim Rok Soo parpadeó, enfocando la vista. Frente a él estaba un hombre de cabello castaño y ojos llenos de una preocupación genuina. A su lado, un hombre mayor con una sonrisa que hizo que todos los instintos de supervivencia de Rok Soo gritaran "peligro".
"Espera", pensó Rok Soo, tratando de procesar la información. "Ese hombre... se parece a la descripción de Deruth Henituse. Y el otro... ¿Ron Molan?".
Había estado leyendo una novela llamada *El nacimiento de un héroe* antes de quedarse dormido tras un turno agotador. ¿Había transmigrado? Pero algo no cuadraba. En la novela, Deruth era un hombre que amaba a su familia pero que se sentía distante tras la muerte de su esposa, y Ron era un sirviente aterrador que eventualmente abandonaba el condado con el protagonista, Choi Han.
Sin embargo, la forma en que Ron estaba parado junto a Deruth... la mano del mayordomo descansaba con una familiaridad casi posesiva en el respaldo de la silla del Conde. No era la postura de un sirviente. Era la de un compañero.
— ¿Cómo te sientes, pequeño? —preguntó Deruth, acercándose para tocar su frente—. Tuviste una fiebre muy alta. Nos diste un susto de muerte.
Kim Rok Soo intentó hablar, pero solo salió un gemido seco. Sus manos, pequeñas y llenas de cicatrices, temblaron sobre la colcha de seda.
— No intentes hablar todavía —dijo Ron, dando un paso adelante con una taza de té humeante—. Bebe esto. Ayudará a tu garganta.
Rok Soo miró el té. Olía a limón. Sus instintos le decían que ese hombre podría matarlo en un parpadeo, pero por alguna razón, el veneno no parecía estar en el menú. Bebió con dificultad, sintiendo el calor recorrer su pecho.
— ¿Quién... quiénes son? —logró preguntar, su voz sonando como la de un niño asustado, lo cual, técnicamente, era cierto ahora.
— Soy Deruth Henituse, el señor de estas tierras —dijo el Conde con una sonrisa reconfortante—. Te encontramos en el bosque. Estás a salvo ahora. ¿Recuerdas tu nombre? ¿De dónde vienes?
Rok Soo guardó silencio. No podía decir que venía de la Tierra después de un apocalipsis de monstruos. Miró sus propias manos, las cicatrices de su vida anterior que, por alguna razón mágica, se habían trasladado a este nuevo cuerpo infantil.
— Rok Soo... —susurró—. Solo Kim Rok Soo. No tengo a nadie.
Deruth intercambió una mirada con Ron. El Conde sintió que se le rompía el corazón. Un niño tan pequeño con tantas marcas de dolor no debería existir. Sin pensarlo mucho, movido por un instinto protector que incluso Ron encontró sorprendente, Deruth tomó la mano del niño.
— Pues ahora nos tienes a nosotros, Kim Rok Soo. Si quieres, puedes quedarte aquí. Te cuidaremos.
Rok Soo parpadeó, aturdido. "¿Quedarme? ¿En la casa de la Basura de la Familia del Conde?". Esto definitivamente no estaba en la novela.
***
La llegada del nuevo integrante no fue recibida con alegría por todos. Cale Henituse, el legítimo heredero de cabello rojo, observaba desde el marco de la puerta cómo su padre alimentaba con sopa al intruso de cabello negro.
Cale sentía un nudo en el estómago. Desde que su madre murió, su mundo se había reducido a su padre y a Ron. Había aceptado la relación entre ellos porque veía que su padre volvía a sonreír, pero ver a Deruth dedicarle esa misma mirada llena de ternura a un extraño... le dolía.
— Es solo un niño que necesita ayuda, joven maestro —dijo Beacrox, apareciendo detrás de él con una bandeja de frutas.
— Ya tenemos suficiente con nosotros —gruñó Cale, apretando los puños—. Papá va a olvidar que yo estoy aquí. Ahora tiene a ese niño herido para jugar a ser el héroe.
Cale dio media vuelta y corrió hacia los jardines, ignorando las llamadas de Beacrox.
Dentro de la habitación, Kim Rok Soo, o mejor dicho, el nuevo "Rok Soo Henituse" (como Deruth insistía en llamarlo mentalmente), observaba la dinámica de la casa con una confusión creciente.
— Ron —llamó Deruth sin apartar la vista de Rok Soo—. ¿Podrías traer más mantas? El niño todavía está temblando.
— Por supuesto, mi señor —respondió Ron. Antes de salir, se inclinó y ajustó la capa de Deruth con un gesto tan íntimo que Rok Soo casi se atraganta con la sopa.
"Definitivamente, esto no es *El nacimiento de un héroe*", pensó Rok Soo. "En el libro, Deruth se casaba con Violan. Aquí... ¿Deruth y Ron están juntos? ¿Qué clase de fanfic es este?".
A pesar de su confusión, Rok Soo se sentía extrañamente atraído por Deruth. El Conde emanaba una calidez honesta, una falta de segundas intenciones que Rok Soo no había conocido en su vida anterior como huérfano y luego como empleado de una compañía de seguridad. Cuando Ron se acercaba, Rok Soo se ponía tenso; sus instintos de supervivencia detectaban al depredador que era el ex-asesino. Pero con Deruth... con Deruth se sentía seguro.
— Conde —murmuró Rok Soo, tirando de la manga de Deruth cuando Ron salió de la habitación.
— Puedes llamarme padre si quieres, pequeño —dijo Deruth, acariciando su cabeza.
— Usted... —Rok Soo dudó—. ¿Por qué es tan bueno conmigo?
Deruth suspiró, sentándose en el borde de la cama.
— Porque cuando te vi en ese bosque, vi a alguien que había luchado demasiado solo. Nadie debería tener tantas cicatrices a tu edad, Rok Soo. Quiero que este sea tu lugar de descanso.
Rok Soo sintió un nudo en la garganta. Su plan original de "comer y escapar" empezó a desmoronarse.
***
Unos días después, Rok Soo pudo levantarse de la cama. Sus heridas estaban sanando gracias a las pociones y a los cuidados constantes. Fue entonces cuando se encontró con Cale en el pasillo.
El niño pelirrojo lo miró con desdén, bloqueándole el paso.
— Así que tú eres el "huérfano" que mi padre recogió —dijo Cale, intentando sonar altivo, aunque sus ojos delataban su inseguridad.
Rok Soo lo miró con calma. Sabía quién era Cale: en el futuro, se convertiría en un borracho que sería golpeado por Choi Han. Pero ahora, solo era un niño asustado de perder el amor de su padre.
— No quiero quitarte nada, Cale Henituse —dijo Rok Soo con su voz monótona de adulto en cuerpo de niño—. Solo quiero vivir una vida tranquila. No me interesa el título, ni el dinero, ni reemplazar a nadie.
Cale se quedó helado. No esperaba una respuesta tan directa y madura.
— ¡Mientes! —exclamó Cale—. Todos quieren algo. Mi padre te mira como si fueras un tesoro.
— Me mira así porque tiene un corazón demasiado grande —respondió Rok Soo, dando un paso hacia adelante—. Y tú deberías estar feliz por eso. Si no fuera un hombre así, no te amaría tanto como lo hace.
Cale retrocedió, confundido por la lógica del niño de cabello negro.
— Además —continuó Rok Soo, bajando la voz—, si te preocupa que alguien te quite la atención, deberías mirar más a menudo a Ron. Él es quien realmente tiene a tu padre comiendo de su mano.
Cale parpadeó, su enfado transformándose en sorpresa.
— ¿Tú también lo has notado? —susurró Cale, olvidando por un momento su hostilidad.
— Es difícil no notarlo —dijo Rok Soo con un suspiro—. Se miran como si el resto del mundo no existiera.
Cale guardó silencio por un momento. Miró a Rok Soo de arriba abajo. El niño se veía débil, pequeño y todavía tenía vendas en los brazos. Sintió una punzada de culpa. Su madre siempre le decía que los Henituse debían proteger a los suyos.
— Si vas a quedarte —dijo Cale, cruzándose de brazos—, tendrás que aprender a comportarte. No puedes ir por ahí con esa cara de muerto viviente.
— Haré lo que pueda —respondió Rok Soo, sintiendo que acababa de formar una alianza inesperada.
***
Esa noche, Deruth y Ron estaban en el despacho. El Conde revisaba unos documentos mientras Ron le servía su acostumbrado té de limón.
— Parece que el joven maestro Cale y el pequeño Rok Soo han tenido una conversación —comentó Ron, con una sonrisa enigmática—. Beacrox dice que Cale le pidió que preparara una porción extra de postre para "el niño nuevo".
Deruth levantó la vista, radiante.
— Me alegra tanto oír eso, Ron. Temía que Cale se sintiera desplazado. Rok Soo ha pasado por tanto... necesita un hermano tanto como necesita un padre.
Ron se acercó, colocando una mano sobre el hombro de Deruth.
— Usted tiene un don para unir a las personas, mi señor. Aunque debo admitir que el pequeño Rok Soo es... inusual. Me mira como si supiera exactamente cuántas dagas llevo escondidas.
Deruth rió, cubriendo la mano de Ron con la suya.
— Es un niño perceptivo. Pero se siente cómodo conmigo. El otro día se quedó dormido apoyado en mi brazo.
— Lo prefiere a usted, eso está claro —dijo Ron, y por un momento, hubo un rastro de algo parecido a los celos en su voz, aunque suavizado por el afecto—. Parece que tendré que esforzarme más para ganarme su confianza.
— Dale tiempo —dijo Deruth, levantándose para quedar frente a Ron—. Tenemos todo el tiempo del mundo.
Deruth se inclinó y besó a Ron, un gesto lleno de la paz que ambos habían jurado proteger.
Desde la puerta entreabierta, Kim Rok Soo observaba la escena. Se frotó las sienes, sintiendo que su futura vida de "vago" en este mundo iba a ser mucho más complicada de lo que imaginaba.
"Bueno", pensó Rok Soo mientras se alejaba en silencio hacia su habitación, "al menos el té de limón aquí es excelente y nadie está tratando de destruir el mundo... todavía. Si tengo que vivir en este AU extraño donde mi 'padre' sale con un asesino aterrador, que así sea. Mientras pueda dormir la siesta y comer bien, no me quejaré".
Por primera vez en dos vidas, Kim Rok Soo cerró los ojos sin miedo al mañana. Tenía un padre que lo amaba, un hermano malhumorado que empezaba a aceptarlo y un mayordomo letal que, al menos por ahora, solo usaba sus cuchillos para pelar fruta.
Era una vida extraña, pero era suya. Y estaba decidido a conservarla.