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Muerte perpetua de yo mismo

El Renacer del Primer Vínculo

La quietud que siguió a la desaparición de X era casi irreal. El cielo de la ciudad de Tengu, antes desgarrado por energías de pesadilla, comenzó a recuperar su tono azulado, aunque las nubes aún conservaban jirones de color púrpura, como cicatrices en proceso de cierre. Shido, apoyado en el pecho de Tohka, sentía que cada fibra de su ser pesaba una tonelada. El silencio solo era interrumpido por el llanto ahogado de Yoshino y el zumbido lejano de los motores del Fraxinus descendiendo para recoger a los heridos.

—Se acabó... —susurró Tohka, acariciando el cabello de Shido con una ternura que contrastaba con la ferocidad de la batalla—. Shido, lo hiciste. Ese hombre... ya no está.

—No fui solo yo —logró articular Shido, forzando una sonrisa—. Fuimos todos.

Sin embargo, la sensación de alivio fue efímera. Antes de que Origami o las gemelas pudieran acercarse para ayudarlo a levantarse, una nueva fluctuación sacudió el aire. No era la presión opresiva y gélida que precedía a X, sino algo diferente: una vibración cálida, casi musical, que hizo que los cristales Sephira dentro de las chicas resonaran con una nota de nostalgia pura.

En el centro de la azotea, donde la realidad aún estaba debilitada, se abrió una grieta. Pero esta no era una herida negra en el espacio; era una fisura de un blanco inmaculado, brillante como el sol del mediodía, que emitía una luz que no cegaba, sino que reconfortaba.

—¿Otra vez? —Kotori gritó a través del comunicador, su voz llena de pánico—. ¡Shido, detectamos una nueva apertura dimensional! ¡Niveles de energía... estables! ¡No entiendo qué está pasando!

De la luz blanca surgió una figura. Shido entrecerró los ojos, preparándose para lo peor, pero lo que vio lo dejó sin aliento. El joven que salía de la grieta también era "él", pero desprendía una aura completamente distinta. Su cabello era de un negro claro, casi cenizo, y sus ojos, de un naranja suave y luminoso, brillaban con una sabiduría que parecía haber atravesado eones. Vestía un uniforme escolar impecable, pero rodeado por un aura de partículas de luz que flotaban a su alrededor como luciérnagas.

A diferencia del odio de X, este nuevo Shido sonreía. Era una sonrisa de calma absoluta, de alguien que finalmente ha encontrado la paz después de una tormenta eterna.

—¿Quién eres ahora? —preguntó Shido, tratando de ponerse de pie a pesar del dolor—. ¿Vienes a terminar lo que X empezó?

El recién llegado caminó con paso lento, sus pies apenas tocando el suelo carbonizado. Se detuvo a unos metros y observó a su alrededor, deteniendo su mirada en cada uno de los espíritus presentes. Sus ojos se humedecieron por un instante al ver a Tohka y a las demás con vida.

—No, Shido Itsuka de la novena línea —dijo el joven, su voz era melodiosa y profunda—. He venido a darte las gracias. De todas las versiones que han existido, de todos los caminos que se han bifurcado... tú has sido el mejor de todos nosotros.

Shido frunció el ceño, confundido por la falta de hostilidad.

—No entiendo... —dijo Shido—. Dijiste "nosotros". ¿Tú también eres...?

—Yo soy el origen —respondió el joven con suavidad—. En los registros de la entropía, se me conoce como el Shido Primero. Fui el primero en sellar un espíritu, el primero en creer que el amor podía salvar este mundo. Pero también fui el primero en fracasar.

El Shido de pelo negro claro bajó la mirada, y por un momento, la luz a su alrededor pareció temblar.

—X nació de mi propia debilidad —continuó el Shido Primero—. En mi línea temporal, cuando Westcott y DEM nos acorralaron, no fui lo suficientemente fuerte. Vi morir a mis espíritus uno por uno mientras intentaba protegerlas. X es la encarnación del remordimiento que sentí en mi último aliento; es el odio que surgió cuando mi alma se fragmentó al ver a Tohka caer. Él se convirtió en un monstruo para evitar el dolor, recorriendo el multiverso para "salvarlas" a través de la absorción.

Tohka apretó el brazo de su Shido, mirando al extraño con una mezcla de lástima y asombro.

—¿Entonces... tú moriste? —preguntó ella en voz baja.

—Morí enfrentando a X cuando él era solo una sombra de lo que viste hoy —asintió el Shido Primero—. Intenté detenerlo para defender lo que quedaba de mi mundo, pero su desesperación era más fuerte que mi esperanza. Desde entonces, mi conciencia ha vagado por el nexo de las realidades, observando cómo X devoraba la línea tras línea, Shido tras Shido.

El Shido Primero dio un paso más hacia adelante, extendiendo una mano hacia el Shido de la novena línea.

—Lo vi todo —dijo con una sonrisa llena de orgullo—. Vi cómo te negaste a rendirte incluso cuando él te mostró su dolor. Vi cómo usaste el poder de los espíritus no como armas, sino como un vínculo compartido. Al derrotar a X, no solo salvaste este mundo, Shido. Has liberado las almas de todos los Shidos y todos los espíritus que él había consumido. Has vengado a los que no tuvimos una oportunidad.

Shido sintió un nudo en la garganta. La carga de la batalla, el miedo a perder a sus amigas y la visión de la oscuridad de X habían pesado mucho sobre él, pero escuchar las palabras del "original" le dio una validación que no sabía que necesitaba.

—Yo solo... no podía dejar que les hiciera daño —dijo Shido, bajando la cabeza—. Ellas son mi vida. No podía permitir que sus existencias fueran borradas para alimentar un trono de soledad.

—Y por eso ganaste —concluyó el Shido Primero—. X tenía el poder de diez Sephiras, pero tú tenías la voluntad de las personas que las portan. El poder sin corazón es solo ruido; tú creaste una sinfonía.

De repente, el cuerpo del Shido Primero comenzó a volverse más traslúcido. Las partículas de luz a su alrededor se intensificaron, y la grieta blanca a su espalda empezó a cerrarse lentamente.

—Mi tiempo aquí es breve —dijo el Primer Shido, mirando al cielo—. Con la derrota de X, el equilibrio se está restaurando. Todas las almas que él atrapó están encontrando su camino de regreso al ciclo de la vida, incluyéndome a mí. Pero antes de irme, quería que supieras que el futuro de todas las realidades ahora brilla gracias a ti.

—Espera —gritó Shido, dando un paso hacia él—. ¿Qué pasará ahora? ¿Habrá otros como X?

El Shido Primero negó con la cabeza, su figura ya casi fundiéndose con la luz blanca.

—X era una anomalía nacida de una tragedia absoluta. Al vencerlo, has roto el ciclo de la entropía. Cuida de ellas, Shido noveno. Cuídalas como yo no pude. En este mundo, y en todos los que vendrán, tú eres la prueba de que el amor es la fuerza más poderosa del universo.

El joven de ojos naranja claro miró a Tohka, Yoshino, Origami y las demás por última vez. Sus labios se movieron en un silencioso "gracias" antes de que su cuerpo se transformara completamente en un torrente de luz que se disparó hacia el firmamento.

La grieta se cerró con un sonido similar al de una campana de cristal, dejando tras de sí un aire limpio y una sensación de paz que la ciudad de Tengu no había conocido en mucho tiempo.

Shido se quedó mirando el lugar donde el Shido Primero había estado. Sintió una calidez en su pecho, justo donde X había intentado arrancar su esencia. Ya no había rastro de la energía oscura ni del vacío.

—Shido... —Tohka lo llamó suavemente, rompiendo el silencio—. ¿Él era tú?

—Era una parte de lo que soy —respondió Shido, volviéndose hacia ella y hacia las demás que se acercaban—. Era el comienzo de nuestra historia. Y gracias a él, ahora sé que nuestro final será diferente.

Kotori aterrizó poco después, bajando de un transporte del Fraxinus. Sus ojos estaban rojos, pero mantenía su expresión de mando, aunque sus manos temblaban un poco al ajustar sus cintas negras.

—Los sensores indican que todas las anomalías dimensionales se han disipado —informó Kotori, deteniéndose frente a su hermano—. Ese tal "Primero"... sus niveles de energía eran puros. No dejó rastro de distorsión. Realmente parece que se acabó.

Shido asintió y miró a su alrededor. Yoshino se acercó tímidamente y tomó su mano; las gemelas Yamai se apoyaron una en la otra, suspirando de alivio; Origami mantenía su vigilancia, pero su postura se había relajado.

—Vamos a casa —dijo Shido, sintiendo por fin que el peso del mundo se levantaba de sus hombros.

—¡Sí! —exclamó Tohka, recuperando su energía habitual—. ¡Tengo mucha hambre! ¡Shido, prometiste que harías una cena especial si ganábamos el entrenamiento de hoy!

Shido soltó una carcajada, la primera risa genuina desde que X había llegado a su mundo.

—Tohka, esto fue un poco más que un entrenamiento —dijo Shido, aunque la rodeó con el brazo mientras caminaban hacia el transporte—. Pero tienes razón. Haremos la cena más grande que hayamos tenido.

Mientras el grupo se alejaba de la azotea de la Academia Raizen, el sol terminó de ocultarse, dando paso a una noche estrellada. En lo alto, una de las estrellas pareció brillar con un tono naranja claro por un breve instante, un guiño lejano del primer Shido que, por fin, podía descansar sabiendo que su legado estaba en buenas manos.

La novena línea temporal continuaría, no como una estadística en un multiverso de tragedias, sino como el faro de esperanza que el Shido Primero siempre soñó. Shido Itsuka ya no era solo un joven que sellaba espíritus; era el guardián de un vínculo que había desafiado al destino mismo, y mientras caminaba rodeado de las personas que amaba, supo que no importaba cuántas sombras intentaran cruzar el umbral, él siempre estaría allí para convertirlas en luz.