multiverso reacciona multiverso
El Destello de Cromo y el Sacrificio de un Genio
La pantalla no se apagó. Al contrario, el brillo blanco se intensificó hasta que las pupilas de los presentes —desde los ojos curtidos de Nick Fury hasta las iris llameantes de la Princesa Flama— tuvieron que adaptarse a una nueva frecuencia. La voz del multiverso, esa entidad sin rostro que manejaba los hilos de la sala, vibró con una nota de anticipación metálica.
—Habéis visto la perfección biológica de un dios nacido de la esperanza —tronó la voz, haciendo eco en las paredes de terciopelo—. Y habéis visto la podredumbre de un dios fabricado por el marketing. Ahora, veréis al hombre que decidió que no necesitaba ser un dios para salvar el mundo. Veréis el triunfo de la voluntad sobre el suero.
En la pantalla, la imagen del avión del Vuelo 37 —aquel que Homelander había abandonado con una sonrisa gélida— regresó. Pero algo era diferente. El tiempo parecía haberse rebobinado apenas unos segundos antes del impacto inevitable contra el océano.
—¿Otra vez esto? —masculló A-Train, hundiéndose en su asiento—. Ya sabemos cómo termina. Todos mueren, Homelander miente y nosotros seguimos cobrando los cheques de Vought. No necesito verlo en 4K.
—Cállate y mira, corredor —le espetó Rocket Raccoon desde la sección de los Guardianes de la Galaxia, ajustando una pieza de su arma—. Creo que vais a aprender lo que significa tener un cerebro que funcione bajo presión.
En la imagen, el cielo sobre el Atlántico se rasgó. No fue un estallido sónico de carne y hueso, sino el rugido ensordecedor de propulsores de repulsión. Un rastro de fuego blanco y oro cortó las nubes.
—¿Qué es eso? —preguntó Starlight, inclinándose hacia adelante, con sus ojos brillando con una chispa de curiosidad que no sentía desde que entró en los Siete—. No es un Súper. Es... es metal.
—Es ingeniería —respondió Tony Stark, con una sonrisa ladeada que ocultaba una tensión profunda. Se cruzó de brazos, reconociendo la silueta que aparecía en pantalla.
La armadura Mark 85 descendió en picado. El brillo del sol se reflejaba en las placas de oro y titanio rojo. Dentro del casco, la interfaz de HUD iluminaba el rostro de un Tony Stark que no bromeaba. Sus ojos escaneaban la integridad estructural del avión a una velocidad que dejaría en ridículo a cualquier analista de Vought.
—Viernes, dame un análisis de carga —dijo el Tony de la pantalla—. Si intento levantarlo por el centro, la física de estos genios de la aviación hará que se parta como una galleta.
—Calculando, jefe —respondió la voz sintética de la IA—. Sugiero distribuir la energía de los repulsores en tres puntos de presión críticos. Necesitará ayuda para estabilizar la cola.
—Entendido. Desplegando drones de rescate —ordenó Stark.
De la espalda de la armadura salieron pequeñas unidades robóticas que se adhirieron a las alas dañadas, inyectando una espuma polimérica que selló las grietas del fuselaje en segundos.
—¡Eso es imposible! —gritó Translúcido, golpeando el reposabrazos—. ¡Esa tecnología no existe! ¡Nadie tiene drones que puedan sellar una descompresión a esa altitud!
—En vuestro mundo, quizás no —dijo Bruce Banner, mirando de reojo al equipo de los Siete—. En el nuestro, Tony Stark construyó eso en un garaje... bueno, en un garaje muy caro, pero lo hizo él mismo. Sin inyectarse veneno azul en las venas.
En la pantalla, Iron Man se posicionó bajo el ala derecha, mientras sus drones compensaban el peso en la izquierda. Los propulsores rugieron al 200%. Se veía el metal de la armadura quejarse, las chispas saltando de las articulaciones mientras Stark luchaba contra la gravedad y la inercia de cientos de toneladas de acero y carne humana.
—¡Vamos, preciosa, no me falles ahora! —gruñó el Stark de la pantalla, con los dientes apretados por el esfuerzo G.
—¡Podría haberlo hecho! —Queen Maeve se puso en pie, con los ojos inyectados en sangre, señalando la pantalla—. ¡Miradlo! ¡No es un dios! ¡Es solo un hombre en una lata de café! ¡Y está sosteniendo el avión que Homelander dijo que era una causa perdida!
—Esa es la diferencia, Maeve —dijo Steve Rogers con voz suave pero firme—. Para Homelander, si no era fácil, no valía la pena. Para Tony, si es difícil, es lo único que vale la pena hacer.
La escena en la pantalla cambió drásticamente. Ya no era solo el rescate. La pantalla se dividió en múltiples cuadros que mostraban la reacción del mundo de "The Boys" ante este nuevo evento.
Se veía a la gente en las calles de Nueva York, amontonada frente a las pantallas gigantes de Times Square. No veían el logo de Vought. Veían una transmisión pirateada, una señal que Stark había lanzado al mundo entero para que nadie pudiera ocultar la verdad.
—¿Quién es ese? —preguntaba un civil en la pantalla, con lágrimas en los ojos mientras veía al hombre de rojo y oro aterrizar el avión suavemente en el aeropuerto JFK—. ¿Es un nuevo Súper de Vought?
—No tiene capa —decía otro, señalando la pantalla con asombro—. Y no está sonriendo a la cámara. Está ayudando a una anciana a bajar por la rampa.
La cámara de un noticiero se acercó a Iron Man mientras este se quitaba el casco. El rostro de Tony Stark, sudoroso y exhausto, apareció ante millones de personas en ese universo.
—"Mi nombre es Tony Stark" —dijo el hombre de la pantalla, ignorando a los agentes de Vought que intentaban rodearlo con armas en mano—. "Y no trabajo para ninguna corporación de cosméticos con delirios de grandeza. El avión está a salvo. De nada".
—¡Maldita sea! —Butcher soltó una carcajada que resonó en toda la sala, golpeándose el muslo—. ¡Miradles las caras! ¡Mirad a esos cerdos de Vought! ¡Están perdiendo la narrativa! ¡Un tipo con un traje de hojalata acaba de dejar en evidencia que sus dioses son unos completos inútiles!
En la pantalla, se veía a Ashley Barrett, la jefa de relaciones públicas de Vought, arrancándose mechones de pelo mientras veía cómo las acciones de la empresa caían en picado en tiempo real. Homelander aparecía en un rincón de la imagen, observando un televisor en una sala privada. Su rostro estaba rojo, sus venas palpitaban y sus ojos brillaban con un carmesí asesino.
—"¿Quién... es... este... hombre?" —siseaba el Homelander de la pantalla, rompiendo el televisor con un puñetazo que atravesó la pared.
—Es tu peor pesadilla, John —comentó Tony Stark desde su asiento en la sala de cine, cruzando las piernas con suficiencia—. Es alguien que no te tiene miedo porque sabe que tu poder es solo una propiedad intelectual, no un carácter.
La Princesa Flama observaba la pantalla con una fascinación renovada. Sus llamas, antes furiosas, ahora bailaban con un ritmo curioso.
—Él no tiene fuego interno —observó Phoebe, señalando a Iron Man—. Pero su mente es una fragua. Ha construido su propia luz para combatir la oscuridad de otros. Eso es... noble.
—Es un ególatra con complejo de héroe —dijo Sasuke Uchiha, con los ojos entrecerrados—. Pero al menos tiene la decencia de respaldar su arrogancia con resultados. En mi mundo, los que dependen de herramientas externas suelen ser débiles, pero este hombre... ha convertido su herramienta en una extensión de su alma.
La pantalla mostró entonces una escena que hizo que el equipo de los Siete se estremeciera. Era una confrontación en el cielo de Nueva York, días después del rescate del avión. Homelander volaba frente a Iron Man. El dios de laboratorio contra el genio de la tecnología.
—"Crees que eres muy listo, ¿verdad, Stark?" —decía Homelander, flotando con una pereza amenazante—. "Crees que puedes venir a mi ciudad y jugar a ser el héroe. Este es mi mundo. Yo soy el que decide quién vive. Y ahora mismo, he decidido que tú sobras".
—"He lidiado con tipos más grandes que tú, con capas más bonitas y mejores modales" —respondió el Stark de la pantalla, mientras sus sistemas de armas se desplegaban, apuntando directamente al pecho del Súper—. "Eres un matón, John. Y el problema de los matones es que siempre se sorprenden cuando alguien les devuelve el golpe con algo más que palabras".
—¡Le va a matar! —gritó Profundo, ocultándose tras el asiento—. ¡Nadie sobrevive a los rayos de Homelander! ¡Esa armadura se va a derretir como mantequilla!
—Eso crees tú, pescadito —dijo Rocket Raccoon, riendo—. Tony ha recibido disparos de gemas del infinito. Vuestro capitán de equipo de fútbol americano tiene suerte de que Tony no esté usando el modo de 'desintegración molecular' solo por aburrimiento.
En la pantalla, Homelander disparó sus rayos láser. El impacto fue directo al pecho de Iron Man. El estallido de luz roja cegó la cámara por un momento. Cuando el humo se disipó, la armadura seguía allí. Un escudo de energía nanotecnológica había absorbido el impacto, canalizando la energía térmica de vuelta a los repulsores de Stark.
—"Gracias por la carga, rubio" —dijo Stark—. "Viernes, devuelve el favor. Al 400%".
Un rayo de energía unibeam, alimentado por el propio ataque de Homelander, golpeó al Súper en el pecho, lanzándolo a través de tres edificios de oficinas. La gente en las calles de Nueva York empezó a vitorear. No vitoreaban a Homelander. Vitoreaban al hombre que finalmente le había cerrado la boca al matón.
—Mirad sus caras —dijo Batman, señalando a los Siete—. Mirad lo que ocurre cuando el mito de la invencibilidad se rompe. Vuestra autoridad no emana de la justicia, emana del miedo. Y Tony Stark acaba de demostrar que el miedo es solo una falta de datos.
Starlight se levantó, con los ojos llenos de una determinación nueva.
—Él no necesitaba el Compuesto V —dijo Annie, mirando a sus compañeros—. Él no necesitaba que su madre lo vendiera a un laboratorio. Él decidió ser un héroe. Nosotros... nosotros pusimos excusas. Dijimos que no teníamos elección porque el suero estaba en nuestra sangre. Pero él nos está demostrando que la elección está en la cabeza.
—Es un espectáculo fascinante —dijo Magneto desde su rincón, con una voz gélida—. Un humano que se eleva por encima de su condición mediante el intelecto. Aunque sigo creyendo que el metal es una debilidad, debo admitir que su espíritu es... resistente.
La pantalla mostró una última escena antes de oscurecerse. Tony Stark estaba en una rueda de prensa en el universo de "The Boys". Cientos de micrófonos se agolpaban frente a él. Stan Edgar lo observaba desde las sombras, con una expresión de odio calculado.
—"Señor Stark" —preguntó una periodista—, "¿qué piensa de la seguridad nacional ahora que Vought no tiene el monopolio de la protección?".
Stark se inclinó hacia el micrófono, se ajustó las gafas de sol y sonrió a la cámara con esa mezcla de carisma y peligro que lo definía.
—"Pienso que la seguridad nacional no debería estar en manos de psicópatas con capas de poliéster. Pienso que el mundo necesita adultos en la habitación. Y como aparentemente soy el único que ha traído su propio traje... me quedaré un rato para limpiar el desorden".
La imagen se desvaneció, dejando a los Siete en un estado de shock absoluto. A-Train temblaba, Translúcido estaba visiblemente nervioso y Queen Maeve tenía una pequeña, casi imperceptible sonrisa de esperanza en sus labios.
—Eso es lo que ocurre cuando un héroe de verdad entra en vuestro patio de recreo —dijo Billy Butcher, levantándose y estirándose—. Se acaba el recreo. Se acaban las mentiras. Y empieza la carnicería de verdad.
Tony Stark, el de la sala de cine, suspiró y se recostó en su asiento, mirando sus propias manos.
—No voy a mentir —dijo en voz baja, para que solo sus compañeros Vengadores lo oyeran—, me veo muy bien en ese universo. Pero el problema no es Homelander. El problema es lo que ese mundo le hace a la gente. Ese suero... el Compuesto V... es una infección. Y no se cura con rayos repulsores.
—Se cura con el ejemplo, Tony —dijo Steve Rogers, poniendo una mano en el hombro de su amigo—. Y lo que acabamos de ver es el mejor ejemplo que podías darles. Les has demostrado que un hombre puede volar sin ser un monstruo.
La Princesa Flama miró a Tony con un respeto renovado.
—Tu fuego es diferente al mío —dijo Phoebe—. El mío destruye para purificar. El tuyo construye para proteger. Pero ambos quemamos la mentira.
—Gracias, alteza —respondió Tony con un gesto de caballero—. Pero prepárate. Porque si Vought tiene miedo, van a hacer algo estúpido. Y cuando una corporación de miles de millones de dólares tiene miedo, suelen empezar guerras.
La voz del multiverso regresó, más profunda esta vez.
—Habéis visto el choque de ideologías. Habéis visto al hombre de hierro desafiar al dios de plástico. Pero la verdadera oscuridad de Vought no reside en sus héroes, sino en sus secretos. El siguiente capítulo revelará el origen de la plaga.
La pantalla volvió a iluminarse, pero esta vez no había brillo. Solo la oscuridad de un laboratorio subterráneo de los años 40. Un hombre con acento alemán hablaba con un joven soldado con una capa rudimentaria.
—"El Compuesto V no es medicina, Herr Vogelbaum" —decía la voz en la pantalla—. "Es el derecho divino de los fuertes a heredar la tierra".
—Aquí vamos —susurró Butcher—. Al nido de las ratas. Presten atención, superhéroes. Van a ver de qué están hechos sus pañales.
El silencio volvió a reinar, pero era un silencio diferente. Ya no era el silencio del miedo, sino el de la anticipación. El multiverso estaba observando, y la imagen del niño dorado de Vought empezaba a desmoronarse bajo el peso de una armadura roja y el fuego de una princesa que no aceptaba mentiras. La guerra por el alma del heroísmo acababa de volverse tecnológica, y Tony Stark acababa de hackear el sistema.