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Niño?

Marcas rojas sobre un lienzo de marfil

La misión en el muelle de Jersey City había sido, en términos técnicos de los Vengadores, un absoluto desastre táctico. En términos de Wade Wilson, había sido un martes promedio con un presupuesto ligeramente superior en efectos especiales.

El objetivo era simple: interceptar un cargamento de tecnología robada de Industrias Stark antes de que los hombres de Kingpin lo subieran a un carguero. Pero claro, cuando incluyes a Deadpool en una ecuación que requiere sigilo, el resultado siempre es una explosión de C4 y alguien gritando "¡Chimichanga!" en el momento menos oportuno.

—¡Wade, te dije que esperaras a mi señal! —gritó Spider-Man, esquivando una ráfaga de disparos de plasma mientras realizaba una pirueta en el aire—. ¡La señal era un silbido, no detonar el tanque de combustible!

—¡El silbido es muy de los años cuarenta, Spidey! —respondió Deadpool, decapitando a un robot de seguridad con una de sus katanas—. ¡Las explosiones son el lenguaje universal del amor y la destrucción! Además, admite que la iluminación me favorece. ¡Soy como una musa de Michael Bay!

Logan, que estaba ocupado hundiendo sus garras en el chasis de un camión blindado, soltó un gruñido gutural que hizo vibrar el aire.

—Si no cierras la boca, Wilson, te arrancaré la lengua y la usaré para atarme las botas —bramó el mutante, con el traje amarillo y azul manchado de aceite y hollín.

A pesar del caos, la extraña trinidad logró contener la amenaza. Miles, que se había quedado en el perímetro para asegurar que ningún civil saliera herido, observaba desde lejos cómo el edificio principal del muelle empezaba a colapsar tras la serie de explosiones en cadena que Wade había provocado "accidentalmente".

Cuando el polvo se asentó y los últimos mercenarios de Kingpin huyeron o quedaron inconscientes, los tres héroes se reunieron frente a la estructura en llamas. El fuego proyectaba sombras alargadas y danzantes sobre el asfalto mojado.

Wade estaba eufórico. Se guardó las katanas con un floreo dramático y se acercó a Spider-Man, quien estaba apoyado contra una caja de suministros, recuperando el aliento.

—¿Viste eso, Petey? ¡Ese movimiento de cadera mientras esquivaba el misil! Si eso no merece una cena romántica y quizás un masaje con aceites esenciales, no sé qué lo hará.

Peter, sin embargo, no le respondió. En su lugar, intercambió una mirada significativa con Logan. El mutante, que normalmente no participaba en los juegos de nadie, asintió casi imperceptiblemente con la cabeza. Ambos estaban hartos de las distracciones de Wade durante la misión, y Peter, en particular, sentía que necesitaba darle una lección sobre las consecuencias de no tomarse el trabajo en serio.

—Buen trabajo, Logan —dijo Peter, con una voz inusualmente suave y clara—. Si no fuera por ti, ese último grupo nos habría rodeado.

Logan se encogió de hombros, guardando sus garras con un chasquido metálico.

—Solo hago mi trabajo, chico. A diferencia de otros, yo sí sé seguir órdenes.

Wade frunció el ceño bajo su máscara. La falta de atención de Spider-Man empezaba a picarle como una urticaria.

—¡Eh! ¡Yo también ayudé! ¡Fui el cebo! ¡Un cebo muy atractivo y explosivo! —exclamó Deadpool, dando un paso hacia ellos.

Pero Peter lo ignoró por completo. Con un movimiento deliberado y lento, el arácnido llevó sus manos a su máscara y se la subió solo hasta la punta de la nariz, dejando al descubierto sus labios y su mandíbula definida. Se puso de puntillas —un gesto que en cualquier otro contexto habría parecido adorable— y se acercó al costado de Wolverine.

Logan, entrando en el papel con una naturalidad que habría sorprendido a cualquiera que no conociera su lado protector, rodeó la cintura de Spider-Man con un brazo musculoso y firme, atrayéndolo hacia su costado.

Peter se inclinó y depositó un beso sonoro y tierno en la mejilla de Logan, justo por encima de su barba incipiente.

Deadpool se quedó mudo. El silencio que emanaba del mercenario era tan denso que casi se podía tocar. Sus manos, que siempre estaban en movimiento, cayeron a sus costados. Sus personalidades internas, que normalmente discutían sobre si los tacos eran mejores que los burritos, se quedaron en un silencio sepulcral, observando la escena.

Logan, sintiendo la mirada asesina de Wade clavada en su nuca, decidió subir la apuesta. Bajó su mano derecha desde la cintura de Peter hasta posarla con posesividad sobre el trasero del arácnido, apretando ligeramente.

Peter no se apartó. Al contrario, soltó una risita suave, una de esas risas que Wade solía intentar provocar durante horas sin éxito, y se inclinó hacia el oído de Logan.

—Gracias por seguirme el juego, gruñón —susurró Peter, tan bajo que solo los sentidos aguzados de Logan pudieron captarlo—. Wade está a punto de tener un cortocircuito cerebral.

Logan soltó un gruñido que sonó casi como una risa interna.

—Me debes una caja de puros de los caros por esto, Parker.

Para Deadpool, que observaba la escena desde unos metros de distancia, lo que vio fue una traición shakesperiana de proporciones épicas. No podía oír lo que decían, pero la cercanía, el beso, la mano de Logan en "su" territorio sagrado y, sobre todo, la risa de Peter, fueron como puñales de adamantium directos a su orgullo.

—¿Spidey? —La voz de Wade sonó pequeña, despojada de su habitual sarcasmo—. ¿Qué... qué demonios es esto? ¿Desde cuándo el tejón rabioso tiene pase VIP para la zona restringida?

Peter se bajó la máscara, ocultando de nuevo su rostro, y se separó de Logan con una naturalidad pasmosa.

—Logan es un profesional, Wade —dijo Peter, su tono volviendo a ser el de un líder serio—. Él sabe cómo comportarse en una misión. Y los profesionales reciben recompensas. Tú, por otro lado, casi haces que nos vuelen la cabeza.

—¡Pero yo te di besos en la cara el otro día! —gritó Wade, gesticulando frenéticamente hacia las marcas imaginarias que aún sentía en su piel—. ¡Me dejaste marcado como a una vaca de concurso! ¡Pensé que teníamos algo! ¡Pensé que éramos "Spideypool", la pareja del siglo!

—Eso fue un experimento, Wade —dijo Peter, aunque por dentro se estaba muriendo de risa—. Logan es... estable.

—¿Estable? ¡Es un manojo de pelos y mal humor! —Wade cayó de rodillas dramáticamente sobre el asfalto, frente al edificio en llamas—. ¡Logan tiene el carisma de una piedra pómez! ¡Yo tengo estilo! ¡Yo tengo factores de curación que desafían la lógica! ¡Yo tengo una suscripción a Hello Kitty!

Logan dio un paso al frente, mirando a Wade desde arriba con una superioridad que disfrutaba más de lo que quería admitir.

—Supongo que a algunas arañas les gusta el cuero viejo más que el látex chillón, Wilson. Supéralo.

Wade se tapó el pecho con las manos, fingiendo una herida mortal.

—Esto duele. Esto duele más que cuando me cortaron las piernas y tuve que esperar a que me crecieran como a un bebé recién nacido. Spidey... dime que es mentira. Dime que Logan solo es tu guardaespaldas emocional.

Peter suspiró, cruzándose de brazos.

—Vámonos, Logan. Tenemos que entregar el informe a SHIELD. Wade, intenta no quemar nada más de camino a casa.

Spider-Man disparó una red y se lanzó al aire, seguido de cerca por Logan, que se alejó trotando con una agilidad sorprendente, dejando a un Deadpool devastado en medio del muelle.

Miles, que había estado observando todo desde el techo de un contenedor, bajó de un salto y se acercó a Wade, poniéndole una mano en el hombro.

—Oye, falso tío Aaron... creo que solo te estaban tomando el pelo.

Wade levantó la cabeza. Sus ojos blancos en la máscara estaban muy abiertos.

—¿Tú crees, mini-araña? ¿Crees que ese beso fue solo una actuación digna de un Oscar para herir mis sentimientos de mercenario sensible?

—Bueno —dijo Miles, rascándose la nuca—, Peter suele ser muy creativo cuando está enfadado. Y Logan... bueno, Logan simplemente odia que hables tanto.

Wade se puso de pie lentamente, sacudiéndose el polvo del traje rojo. Una pequeña chispa de su locura habitual volvió a brillar en sus ojos.

—Tienes razón. Fue un test. Una prueba de celos. Spidey quiere ver hasta dónde soy capaz de llegar por su amor. Quiere que luche por él. Quiere un duelo a muerte con el tejón canadiense.

—No creo que quiera eso... —intentó decir Miles, pero Wade ya estaba en su propio mundo.

—¡Gracias, Miles! ¡Me has devuelto la fe en el romance tóxico! —Wade sacó un teléfono móvil de algún lugar de su traje y empezó a teclear frenéticamente—. ¡Voy a comprar tres toneladas de rosas y una motosierra nueva! ¡Logan no sabe lo que le espera!

Miles suspiró, viendo cómo el mercenario se alejaba saltando y canturreando una canción de amor de los ochenta.

—Peter va a matarme por haberle dado esperanzas —murmuró el joven arácnido, lanzando su propia red para seguir a su mentor.

Mientras tanto, en lo alto de un puente, Peter y Logan se detuvieron.

—¿Crees que se lo ha creído? —preguntó Peter, quitándose la máscara para dejar que el viento fresco le diera en la cara. Sus ojos color avellana brillaban con diversión.

—Ese idiota se cree cualquier cosa que alimente su drama —respondió Logan, encendiendo un puro—. Pero Parker, si vuelves a besarme delante de él, asegúrate de que al menos haya una cena de por medio. Mi reputación de tipo duro está sufriendo.

Peter soltó una carcajada limpia.

—Lo tendré en cuenta, Logan. Aunque admitamos que su cara cuando le tocaste el trasero no tuvo precio.

—Fue por el equipo, chico. Solo por el equipo.

Ambos retomaron su camino, dejando atrás el resplandor de los incendios de Jersey. Pero en las sombras, Wade Wilson ya estaba planeando su próxima gran entrada, convencido de que, tarde o temprano, lograría que Spider-Man cambiara los besos en la mejilla de Logan por algo mucho más permanente y caótico en los labios de Deadpool.

Después de todo, en el mundo de Wade, el amor no era una línea recta, sino una serie de explosiones, malentendidos y, con suerte, un par de dólares de la suerte.

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