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oc x todoroki

El club de los guiones rotos y las tazas de café

La sala común de la residencia Heights Alliance se había transformado en un santuario de luz tenue y cojines estratégicamente distribuidos. Tras el caos del campamento y la mudanza forzosa a los dormitorios, la clase 1-A necesitaba un respiro que no involucrara Quirks, villanos o entrenamientos de rescate. Daniela, con su habitual energía de "directora de escena", había tomado el mando de la situación.

—Escuchen bien —dijo Dani, ajustándose las gafas mientras sostenía una pila de discos y conectaba su computadora al proyector—. Hemos pasado semanas entre escombros y licencias provisionales. Hoy, mi única misión es rescatar sus almas de la mediocridad cinematográfica.

Shoto estaba sentado en el sofá principal, ocupando el mismo rincón de siempre. Observaba a Dani con una mezcla de curiosidad y esa calma que solo ella lograba inspirar en él. A su lado, Midoriya tenía una libreta lista, probablemente para analizar las estructuras narrativas como si fueran tácticas de combate.

—¿Qué vamos a ver primero, Dani? —preguntó Uraraka, acomodándose en un puf con una manta.

—He preparado una selección curada —anunció Dani, haciendo un gesto dramático con las manos—. Empezaremos con algo de cultura pop básica para que entiendan las referencias de Kaminari, pero terminaremos con la joya de la corona.

La noche comenzó con *Star Wars*. Dani tuvo que pausar la película tres veces para explicarle a Shoto que no, los sables de luz no funcionaban con Quirks de emisión de calor, y que la Fuerza era más un concepto filosófico que una mutación genética.

—Entonces —comentó Shoto, mirando la pantalla con intensidad—, Darth Vader es básicamente un ejemplo de cómo un mal entorno y la falta de apoyo emocional pueden corromper a un individuo con gran potencial.

—Exacto, Shoto —respondió Dani, dándole una palmadita en el hombro—. Eres un analista nato. Aunque, honestamente, su diseño de vestuario grita "tengo problemas con mi figura paterna", lo cual... bueno, supongo que puedes empatizar.

Bakugo, que fingía no estar interesado desde un rincón, soltó un gruñido.

—¡Ese viejo de casco solo perdió porque no fue lo suficientemente agresivo desde el principio! ¡Si yo tuviera un sable de luz, la película duraría diez minutos!

—Cállate, Katsuki, estamos en un momento de introspección —replicó Dani sin mirarlo—. Ahora, prepárense. Vamos a ver algo que define mi personalidad en un setenta por ciento.

Puso un episodio de *Gilmore Girls*. A los cinco minutos, la clase estaba en shock. El ritmo de los diálogos era tan frenético que Kaminari parecía estar sufriendo un cortocircuito tratando de seguir los subtítulos.

—¿Cómo es que hablan tan rápido? —preguntó Kirishima, con los ojos como platos—. ¡Es como si estuvieran peleando pero con café y sarcasmo!

Dani, que se sabía los diálogos de memoria, empezó a susurrar las líneas al unísono con Lorelai, moviendo las manos con el mismo ritmo que la protagonista.

—"Solo con café puedo ser una persona funcional, Rory" —susurró Dani, sonriendo de lado—. Es mi mantra de vida, chicos. Si alguna vez me ven callada, es porque me falta cafeína o porque estoy planeando una revolución literaria.

Shoto la observaba más a ella que a la pantalla. Le fascinaba cómo Dani se iluminaba cuando hablaba de sus historias. Era como si cada referencia, cada chiste rápido, fuera una pieza del rompecabezas que la hacía tan especial.

—Te pareces a ella —dijo Shoto en voz baja, aprovechando que los demás discutían sobre si Luke y Lorelai debían estar juntos—. En la rapidez. En cómo conectas cosas que parecen no tener sentido hasta que las explicas.

—Es un cumplido arriesgado, Shoto —rio ella—, pero lo aceptaré porque viene de ti. Lorelai es el caos organizado; yo soy solo una peruana con demasiados libros y poco tiempo para leerlos todos.

Tras un breve intermedio para rellenar los botes de palomitas —y para que Satō trajera unos dulces que Dani había supervisado personalmente—, el ambiente cambió. Dani puso *La sociedad de los poetas muertos*.

A medida que la película avanzaba, el silencio en la sala se volvió denso. La historia de los jóvenes que buscaban su propia voz bajo la presión de las expectativas resonó con fuerza en una habitación llena de adolescentes que cargaban el peso de ser la próxima generación de héroes.

Cuando llegó la escena final, el famoso "Oh capitán, mi capitán", incluso Bakugo había dejado de hacer ruido con la bolsa de papas. Dani notó que Shoto estaba especialmente quieto.

—*Carpe diem* —susurró Dani, acercándose un poco más a él en el sofá—. Significa "aprovecha el día". No dejes que el guion que otros escribieron para ti sea el único que interpretes.

Shoto asintió, su mirada fija en los estudiantes de la pantalla que se subían a los pupitres.

—A veces —dijo él, con esa voz que siempre parecía cargar un peso antiguo— se siente como si la U.A. fuera esa academia. Todos esperan que seamos soldados perfectos. Pero tú... tú nos recuerdas que somos personas antes que símbolos.

—Esa es mi función secundaria como heroína —respondió Dani, sintiendo una calidez que no tenía nada que ver con el Quirk de Shoto—. Humanizar el proceso. No sirve de nada salvar el mundo si nos olvidamos de cómo vivir en él.

Para romper la melancolía, Dani decidió poner algo más visual: *El joven manos de tijera*.

—Miren a Edward —dijo ella, señalando la pantalla—. Es el epítome de la sensibilidad incomprendida. Sus manos están diseñadas para destruir, pero todo lo que quiere es crear belleza y ser amado. ¿Les suena familiar?

Miró significativamente a Shoto y luego a Bakugo. El rubio ceniza simplemente se cruzó de brazos y miró hacia otro lado, pero Shoto se quedó pensativo.

—Él tiene miedo de tocar a los demás porque podría herirlos —observó Shoto—. Yo pasé mucho tiempo sintiendo lo mismo con mi lado izquierdo. Pensaba que solo era una herramienta de daño.

—Pero Edward hace esculturas de hielo y corta arbustos con formas fantásticas —añadió Dani—. El poder no define la intención. Tú decides si eres el monstruo de la mansión o el artista que hace que nieve en el pueblo.

La noche avanzaba y el cansancio empezaba a pasar factura. Algunos compañeros ya se habían retirado a sus habitaciones, pero el núcleo del grupo permanecía. Dani, en un arrebato de entusiasmo, decidió que era hora de enfrentar una de sus mayores decepciones vitales.

—Muy bien —dijo, con un tono peligrosamente serio—, ahora vamos a ver *Percy Jackson*. Pero quiero que sepan algo: esta película es una ofensa criminal para cualquiera que haya tocado los libros.

Durante los siguientes noventa minutos, Dani se convirtió en la comentarista más feroz de la historia de la U.A.

—¡Eso no pasa en el libro! —exclamaba cada cinco minutos—. ¡Grover no es así! ¡¿Dónde está el campamento real?! ¡¿Por qué tienen dieciséis años si en el primer libro tienen doce?! ¡Es una falta de respeto a la mitología y al desarrollo de personajes!

Shoto no pudo evitar soltar una pequeña risa ante la indignación de la chica.

—Dani, es solo una película —intentó calmarla, aunque se estaba divirtiendo—. No parece tan mala si no conoces la historia original.

—¡Ese es el problema, Shoto! —replicó ella, dándose la vuelta para mirarlo con fingida severidad—. La gente se queda con la superficie. Es como si alguien escribiera una biografía tuya y dijera que tu único rasgo de personalidad es que te gusta el soba frío. ¡Hay capas! ¡Hay matices! ¡Hay una profecía que fue ignorada por completo en este guion de pacotilla!

—Entiendo el punto —dijo Shoto, sonriendo abiertamente—. Los matices importan.

Cuando la película terminó (entre los abucheos de Dani y las risas de los demás), la sala quedó sumida en esa paz post-maratón. Midoriya estaba dormido sobre su libreta, y los demás se habían ido dispersando. Solo quedaban Dani y Shoto.

Ella comenzó a recoger las tazas vacías, pero Shoto se levantó para ayudarla.

—Ha sido una buena noche, Daniela —dijo él, tomando una bandeja—. Gracias por... por traernos tus historias.

—Me gusta compartir lo que amo —respondió ella, deteniéndose frente a él—. Los libros y las películas son como ventanas. A veces, cuando el mundo real se vuelve demasiado ruidoso o demasiado gris, necesitamos asomarnos a otro lugar para recordar quiénes somos.

Shoto dejó la bandeja en la mesa y se quedó mirando a Dani. La luz del proyector, que todavía emitía un brillo azulado de "fin de reproducción", iluminaba su rostro.

—Tú eres esa ventana para mí —confesó Shoto. Sus palabras fueron directas, sin adornos, como solían ser sus verdades más profundas—. Antes de que llegaras, mi mundo era solo entrenamiento y resentimiento. Ahora... ahora hay libros, hay café y hay conversaciones que no tienen que ver con ser el número uno.

Dani sintió que su ingenio de Lorelai Gilmore desaparecía por completo, dejando espacio a la sensibilidad de Josefine Mach. Dejó la taza que sostenía sobre la mesa con cuidado.

—Shoto —susurró ella, acercándose un paso—. Me alegra haber cruzado el océano para terminar en esta clase. Y me alegra que seas tú quien se asome por esa ventana conmigo.

Shoto extendió la mano y, con una suavidad que habría hecho llorar al joven manos de tijera, acarició la mejilla de Dani. No había fuego, no había hielo, solo el calor humano de alguien que finalmente se sentía en casa.

—*Carpe diem* —dijo él, citando la película—. Supongo que eso significa no dejar pasar este momento.

Dani sonrió, cerrando los ojos ante el contacto.

—Exactamente. Estás aprendiendo muy rápido, Todoroki.

Se quedaron así un momento, en el silencio de la sala común, rodeados por los ecos de las historias que habían visto. Para Dani, no había mejor guion que el que estaban escribiendo en ese instante. Sin villanos que derrotar por una noche, sin licencias de las que preocuparse. Solo dos estudiantes de la U.A. encontrando su propio ritmo entre las sombras de la noche.

—¿Mañana hay entrenamiento de combate? —preguntó Dani, rompiendo suavemente el silencio.

—Sí —respondió Shoto, retirando la mano pero manteniéndose cerca—. Aizawa-sensei dijo que practicaríamos maniobras evasivas.

—Bueno —suspiró ella—, supongo que tendré que usar lo que aprendí de *Kill Bill* para esquivar tus ataques. Esa mujer sí que sabía cómo manejar una situación de desventaja.

Shoto rio, un sonido que para Dani era mejor que cualquier banda sonora de Hollywood.

—No creo que te dejen traer una katana al entrenamiento, Dani.

—Ya veremos —replicó ella con una chispa de travesura—. Nunca subestimes a una chica que ha leído demasiadas novelas de aventuras.

Mientras subían las escaleras hacia sus respectivas habitaciones, Dani se sintió inmensamente afortunada. Había llegado a la U.A. para demostrar su valor como heroína, pero había terminado encontrando algo mucho más valioso: un lugar donde sus palabras tenían eco y donde un chico de hielo y fuego estaba aprendiendo a leer entre líneas.

Al llegar a su puerta, Shoto se detuvo.

—Buenas noches, Daniela. Y gracias por no dejar que me perdiera el final de la película.

—Buenas noches, Shoto. Recuerda: la vida es un borrador, pero nosotros somos los que decidimos qué partes se quedan en la versión final.

Él asintió y entró en su habitación. Dani, por su parte, se dejó caer en su cama, rodeada de sus estantes llenos de libros. Abrió su diario y escribió una última línea antes de que el sueño la venciera.

"Hoy no salvamos el mundo, pero salvamos nuestra tarde. Y a veces, en esta carrera de héroes, eso es lo más valiente que podemos hacer. PD: Shoto se ve increíblemente bien bajo la luz del proyector. Eso definitivamente va para mi biografía no autorizada."

Con una sonrisa en los labios y el corazón lleno de citas cinematográficas, Dani cerró los ojos, lista para el siguiente capítulo de su propia e impredecible historia en la Academia U.A.