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Posible futuro

Llamas de Esperanza y el Tiempo Detenido: Mirai, la Centinela del Mañana

El ambiente en la sala de proyecciones había cambiado drásticamente. Lo que al principio fue recibido con burlas y un escepticismo gélido, ahora se había transformado en una competencia silenciosa de egos y curiosidad. Yachiho Azuma, la capitana de la Quinta Unidad, se ajustó el cuello de su uniforme con una mezcla de nerviosismo y arrogancia. Había visto a Akio, a Hikari y a Raiden; cada uno de ellos era una fuerza de la naturaleza. Pero ella era una Azuma, y en su mente, eso significaba que su descendencia debía ser, por definición, superior.

—No parpadeen —advirtió Yachiho a las demás, con una sonrisa de suficiencia—. Mi habilidad, el "Golden Hour", ya es lo suficientemente poderosa. Imaginen lo que sucederá cuando se combine con las reservas de energía de ese rubio. Será el fin de cualquier Shūki.

—Solo espero que no herede tu manía de contar cada segundo de gloria, Yachiho —replicó Shushu, aunque sus ojos no se apartaban de la pantalla.

La imagen se materializó con una claridad asombrosa. No estaban en una ciudad ni en un palacio, sino en un valle profundo en los límites de Mato. El paisaje era una mezcla extraña de vegetación exuberante y ruinas mecánicas. En el centro del valle, una joven de unos quince años estaba arrodillada, con una mano apoyada en la tierra. Tenía el cabello rubio brillante, pero recogido en una coleta alta que dejaba ver unos mechones castaños en la nuca, herencia clara de los Azuma.

—**Mirai Uzumaki** —leyó Fubuki Azuma con voz suave—. "Futuro". Un nombre apropiado para nuestra familia.

Mirai se puso en pie. Vestía un traje de combate ajustado de color verde bosque con placas de armadura naranja en los hombros. Lo que más llamó la atención de las presentes no fue su ropa, sino las dos espadas cortas que colgaban de su cintura, cuyas empuñaduras tenían el diseño de un reloj de arena.

—Está aquí —dijo Mirai en la pantalla. Su voz era firme, pero tenía una calidez que recordaba inmediatamente a Naruto.

De la tierra misma comenzaron a brotar Shūki de una forma nunca antes vista: criaturas de madera y roca, imbuidas con una energía oscura que corrompía las plantas a su alrededor. Eran cientos, una marea orgánica que avanzaba hacia ella.

—**Arte de Sabio: Estilo de Madera: Bosque Eterno** —susurró Mirai.

La joven juntó sus manos en un sello. Al instante, el suelo bajo los Shūki estalló. Raíces gigantescas, tan duras como el acero y rodeadas de un aura dorada, brotaron y aplastaron a las bestias. Pero no se detuvo ahí. Mirai desenvainó sus espadas y el mundo a su alrededor pareció congelarse.

—¿Qué hizo? —preguntó Himari, inclinándose hacia adelante—. No veo que se mueva, pero los Shūki están siendo cortados en pedazos.

—No es velocidad —explicó Ren Yamashiro, con los ojos fijos en la distorsión del aire—. Está fragmentando el tiempo en microsegundos. Para ella, el mundo está detenido. Para nosotros, es un instante.

En la pantalla, Mirai reapareció al otro lado del campo de batalla. Envainó sus espadas con un clic metálico y, un segundo después, todos los enemigos que habían quedado atrapados en su radio de acción explotaron en pétalos de energía verde.

—¡Eso es! —gritó Yachiho, golpeando el aire con el puño—. ¡Cinco segundos de tiempo congelado combinados con la creación de vida! ¡Es invencible!

La escena cambió. La tensión del combate desapareció para dar paso a una tarde tranquila en el complejo de la familia Azuma. Naruto estaba sentado en un porche de madera, con una venda en los ojos mientras intentaba atrapar a una pequeña Mirai de cinco años que corría a su alrededor usando ráfagas de velocidad temporal.

—¡Casi te tengo, pequeña traviesa! —decía Naruto, riendo mientras tropezaba intencionadamente con un cojín—. ¡No puedes esconder tu rastro de chakra de tu viejo!

—¡No vale usar el modo sabio, papá! —gritaba la pequeña Mirai, apareciendo y desapareciendo en destellos verdes—. ¡Mamá dice que si te atrapo, tienes que llevarnos a comer ramen de postre!

Yachiho Azuma apareció en la escena, caminando desde el interior de la casa. Se veía radiante, con el cabello suelto y una expresión de serenidad que hizo que la Yachiho de la sala de proyecciones se sonrojara hasta las orejas. La Yachiho del futuro llevaba una bandeja con té y se detuvo a observar la escena con una sonrisa llena de ternura.

—Naruto, vas a terminar rompiendo el porche si sigues jugando así —dijo la Yachiho de la pantalla, dejando la bandeja y acercándose para quitarle la venda a su marido—. Además, sabes perfectamente dónde está. Solo dejas que gane porque eres un blando.

Naruto se quitó la venda y abrazó a Yachiho por la cintura, atrayéndola hacia él.

—Bueno, es una Uzumaki-Azuma —dijo Naruto con orgullo, dándole un beso rápido en la mejilla—. Está destinada a superarnos a ambos. ¿Verdad, Mirai-chan?

La niña saltó a los brazos de sus padres, formando un cuadro familiar que irradiaba una felicidad casi dolorosa para las espectadoras.

—Es... es demasiado dulce —murmuró Shushu, fingiendo que se limpiaba una lágrima—. Yachiho, nunca pensé que podrías ser tan... maternal.

—¡Cállate! —respondió Yachiho, aunque su voz carecía de su mordacidad habitual—. Solo estoy... analizando la eficiencia de esa unidad familiar.

La pantalla parpadeó y el tono de la música ambiental se volvió pesado. La paz del jardín fue sustituida por un cielo cubierto de ceniza. La Mirai adolescente estaba de pie frente a una grieta dimensional que escupía una sustancia negra que consumía todo lo que tocaba. Era la "Erosión del Vacío", una amenaza que incluso las capitanas de Mato temían.

—Si no detengo esto aquí, el tiempo mismo se colapsará —dijo Mirai. Sus ojos, que normalmente eran azules, ahora tenían un patrón de reloj de arena dorado en las pupilas—. Papá me enseñó que el sacrificio no es morir, sino darlo todo por el mañana.

Mirai comenzó a canalizar una cantidad de energía que hizo que la pantalla vibrara. De su espalda brotaron cadenas de chakra, pero a diferencia de las de Akio, estas eran de un color verde esmeralda y estaban envueltas en llamas naranjas.

—**Técnica Prohibida: Cronos-Kurama: El Despertar del Génesis** —anunció Mirai.

Las cadenas se clavaron en la grieta dimensional, no para cerrarla por la fuerza, sino para rebobinar el estado del espacio a su alrededor. Las capitanas observaron, mudas de asombro, cómo los edificios destruidos se reconstruían solos y la ceniza regresaba al cielo para convertirse en aire puro. Mirai estaba forzando al tiempo a retroceder en un área específica mientras su propio cuerpo sufría el estrés de la técnica.

—¡Va a destruirse a sí misma! —exclamó Fubuki, preocupada por la chica de la pantalla.

Pero entonces, una mano dorada hecha de pura energía apareció sobre el hombro de Mirai. Era la manifestación del espíritu de Naruto, apoyando a su hija.

—No estás sola, Mirai —resonó la voz de Naruto en el vacío—. El futuro que protegemos es el que construiremos juntos.

Con un grito de determinación, Mirai tiró de las cadenas. La grieta se cerró con un estallido de luz que purificó todo el valle. La joven cayó de rodillas, agotada, pero con una sonrisa triunfante. En ese momento, la Yachiho del futuro llegó corriendo y la envolvió en un abrazo, llorando de alivio.

—Lo hiciste, Mirai... lo hiciste —susurraba la madre en la pantalla.

La imagen se desvaneció lentamente, dejando a la sala en un silencio absoluto. Yachiho Azuma no dijo nada durante un largo rato. Tenía la mirada fija en sus propias manos, como si buscara en ellas el rastro de esa energía que acababa de ver.

—Esa chica... —comenzó Ren Yamashiro, rompiendo el silencio— es el equilibrio perfecto entre la creación y la preservación. Yachiho, parece que tu linaje con Naruto Uzumaki es el que garantiza que siempre habrá un mañana, sin importar cuánto se rompa el mundo hoy.

—Ella usó el Estilo de Madera —observó Kyōka, cruzándose de brazos—. Esa es una técnica legendaria del mundo de Naruto. Combinarla con el control temporal de los Azuma... es simplemente injusto para cualquier enemigo.

Yachiho finalmente levantó la cabeza. Sus ojos brillaban con una intensidad renovada, una mezcla de orgullo competitivo y algo mucho más profundo.

—Mirai —repitió el nombre en un susurro—. Un futuro que vale la pena proteger.

—Bueno —intervino Tenka, tratando de aliviar la tensión con una sonrisa pícara—, parece que las Azuma están ganando por goleada en el departamento de "hijos con poderes rotos". Pero no se emocionen demasiado, todavía faltan muchas de nosotras.

—Es cierto —dijo Shushu, saltando en su sitio—. ¡Y ahora la pantalla se está poniendo de un color rojo muy intenso! ¡Y hay pétalos de cerezo por todas partes!

La pantalla volvió a zumbar, mostrando un nuevo texto que hizo que el aire en la sala se enfriara de golpe, pero no por miedo, sino por una presencia imponente.

**Mira Kamiunten × Naruto → Hijo: Shin Uzumaki**

Mira Kamiunten, la capitana de la Cuarta Unidad, que hasta ahora había permanecido en un rincón sombrío observando todo con su habitual desapego, enderezó la espalda. Sus ojos rojos brillaron con una luz peligrosa y expectante.

—Shin —pronunció Mira, y el nombre sonó como el filo de una espada—. Veamos si ese hombre es capaz de seguirme el ritmo o si nuestro hijo tendrá que cargar con toda la gloria.

—Si se parece a ti, Mira —comentó Sahara con un bostezo—, lo primero que hará será intentar conquistar el mundo antes de desayunar.

—O tal vez —replicó Mira con una sonrisa gélida— nos muestre lo que sucede cuando la voluntad de un héroe se mezcla con la ambición de una reina.

La pantalla comenzó a mostrar las primeras luces de un nuevo futuro, uno que prometía ser mucho más oscuro y guerrero que los anteriores. El viaje por los destinos de Naruto Uzumaki en Mato estaba lejos de terminar, y cada capitana empezaba a comprender que no solo estaban viendo posibles hijos, sino que estaban viendo las piezas de un rompecabezas que, una vez completado, cambiaría la estructura misma de su realidad.

Naruto, el hombre de otro mundo, ya no era un extraño. Era el padre de sus leyendas.