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El Rugido de la Bestia y el Despertar de la Reina del Kengan

El portal hacia el mundo de Komi no fue una salida, sino un capricho cruel de la causalidad. La luz blanca que debía devolverla a los pasillos de la escuela Itan se tornó de un carmesí violento, como si el espacio mismo sangrara. Shoko Komi sintió un tirón en su plexo solar y, antes de poder procesar el cambio, la gravedad la reclamó nuevamente.

Esta vez no cayó sola.

El estruendo de su aterrizaje fue seguido por tres impactos colosales que sacudieron la tierra de un reino que olía a incienso, pelaje y magia salvaje. Alus la Estrella Fugaz aterrizó con sus tres brazos desplegados, escaneando el entorno. Toroa del Paso de Montaña envainó sus espadas con un movimiento fluido, mientras que Lucnoca el Invierno de Escarcha, reducida por alguna fuerza dimensional a un tamaño apenas superior al de un elefante para no colapsar el paisaje, exhaló una nube de vapor helado que congeló las flores exóticas a su alrededor.

—Este no es el mundo del que hablaste, Komi —observó Alus, sus sensores zumbando—. El aire está saturado de una energía biológica distinta. No es éter puro, es... vitalidad animal.

Komi, con el uniforme escolar milagrosamente intacto pero el corazón latiendo como un tambor de guerra, miró a su alrededor. No estaban en Japón. Estaban en un patio majestuoso, rodeados de una arquitectura que recordaba a un Oriente antiguo y fantástico. Y frente a ellos, una procesión de criaturas que harían palidecer a cualquier monstruo de Ishura.

Eran "bestias". Seres antropomórficos de rostros leoninos, reptiles y aves, todos armados y con una expresión de absoluto estupor. En el centro de la conmoción, una joven humana de cabellos rubios y ojos llenos de una bondad infinita los observaba con curiosidad, protegida por un imponente demonio de cuernos majestuosos y capa soberana.

—¿Más humanos? —susurró la joven rubia, dando un paso adelante a pesar del gruñido de advertencia del león a su lado—. Y... un ave de metal y un dragón de hielo. Leonhart, no parecen enviados del sacrificio.

—Mantente atrás, Sariphi —ordenó el Rey Leonhart, su voz un trueno que hizo que las orejas de gato imaginarias de Komi se pusieran tiesas por el miedo—. Estas presencias... el aura de ese espadachín y de esa criatura de metal es comparable a la de mis generales más fuertes.

Komi, instintivamente, buscó su libreta. Sus manos temblaban, pero no por el miedo habitual. Había algo en su mente, una presión, un muro de cristal que empezaba a agrietarse. Al ver a Leonhart, un recuerdo que no debería estar allí surgió desde las profundidades de su subconsciente. Un recuerdo de músculos, sudor y el sonido de huesos rompiéndose.

Rápidamente, escribió en su libreta y la levantó ante la mirada atónita de Sariphi, Anubis y el resto de la corte de Ozmargo.

"Lo siento mucho. Otra vez nos hemos perdido. Me llamo Shoko Komi. Ellos son mis maestros. No queremos pelear".

Sariphi sonrió, una expresión tan pura que incluso el frío de Lucnoca pareció ceder.

—¡Es muda! ¡Igual que algunas de las criaturas del bosque! —exclamó Sariphi, acercándose antes de que Anubis pudiera detenerla—. Hola, Komi. Yo soy Sariphi, la reina sustituta de este reino. Este es su majestad, Leonhart. No tengan miedo, aquí los trataremos como huéspedes si no traen malas intenciones.

Toroa observó a Leonhart. El espadachín reconoció la mirada del rey; era la mirada de alguien que cargaba con el peso de un mundo.

—Aceptamos la hospitalidad —dijo Toroa, inclinando levemente la cabeza—. Pero tengan cuidado. Mi alumna es más de lo que parece, y el viaje entre mundos suele despertar cosas que deberían permanecer dormidas.

Esa noche, en el gran salón de Ozmargo, mientras Amit y Lante observaban con fascinación las reliquias de Alus, Komi se sentó frente a Sariphi. La calidez de la joven rubia era contagiosa. Sariphi le contaba sobre la paz entre humanos y bestias, sobre el sacrificio y el amor.

—Tu mundo debe ser muy pacífico, Komi-san —dijo Sariphi mientras compartían unas frutas—. Un lugar donde nadie tiene que luchar para sobrevivir.

Komi comenzó a escribir una respuesta, pero se detuvo. Su mano quedó suspendida sobre el papel. Una punzada de dolor atravesó su sien.

—¿Komi-san? —preguntó Sariphi, preocupada.

De repente, los ojos de Komi cambiaron. La timidez desapareció, siendo reemplazada por una intensidad gélida que hizo que Leonhart, sentado en su trono cercano, se pusiera en guardia de inmediato.

—No... —La voz de Komi fue un susurro apenas audible, pero cargado de una autoridad que no le pertenecía—. Mi mundo no era solo escuelas y gatos.

Komi comenzó a escribir frenéticamente, pero ya no eran saludos. Eran diagramas de puntos vitales. Eran nombres que quemaban el papel.

"Lo recuerdo. Antes de Ishura. Antes de la escuela. Hubo un torneo. El Torneo de Aniquilación Kengan".

Alus y Toroa se acercaron, sintiendo el cambio en el aura de su discípula.

—¿Komi? —preguntó Alus—. Tus niveles de adrenalina están superando cualquier registro previo.

Komi levantó la libreta. Sus ojos estaban fijos en el vacío, como si estuviera viendo fantasmas.

"Había un hombre. Ohma Tokita. El Ashura. Él me enseñó que el silencio es la mejor forma de escuchar el flujo del poder. Me enseñó el Estilo Niko".

Sariphi parpadeó, confundida. —¿Ohma Tokita? ¿Un estilo de lucha?

Komi asintió con una rigidez mecánica. Los recuerdos fluían como un dique roto. Recordó la oscuridad de los túneles bajo las corporaciones de Japón. Recordó a Inaba Ryo, enseñándole a usar su largo cabello como un arma, una extensión de su voluntad silenciosa. Recordó a Muteba Gizenga, el mercenario ciego, explicándole que no necesitaba ver para destruir el corazón de un oponente, que el aroma del miedo era suficiente para guiar su mano.

—Ella está recordando una vida de guerrera —murmuró Toroa, impresionado—. Alguien borró su memoria para que pudiera ser una estudiante normal, pero este mundo está rompiendo el sello.

Komi escribió de nuevo, sus trazos eran ahora agresivos y precisos.

"Julius Reinhold me lo dijo una vez. 'El poder absoluto no necesita palabras'. Él me enseñó la disciplina del músculo sobre la magia. Yo no era una chica tímida. Yo era... la ganadora del torneo. Yo derroté a los colosos".

Leonhart se levantó de su trono, su instinto de depredador detectando una amenaza real.

—¿Dices que tú, una humana tan pequeña, ganaste un torneo de monstruos? —preguntó el Rey de las Bestias con escepticismo.

Komi no respondió con palabras. Se levantó lentamente. Su postura cambió; sus pies se afianzaron en el suelo con una solidez que parecía aumentar su peso mil veces. Realizó un movimiento circular con sus manos, una técnica de redirección que hizo que el aire en el salón vibrara.

—El Estilo Niko: Redirección y Flujo —susurró Alus, analizando los movimientos—. Es una técnica física que imita la manipulación del éter. Es perfecta.

De repente, un grupo de guardias de élite de Ozmargo, instigados por la desconfianza de Anubis, rodearon a los visitantes.

—¡Es una espía peligrosa! —gritó Anubis—. ¡Miren su mirada! ¡Ha recuperado su sed de sangre!

Los guardias se lanzaron hacia ella. Sariphi gritó para que se detuvieran, pero fue tarde.

Komi no se inmutó. En su mente, las voces de sus antiguos maestros resonaron. *“No te comuniques con palabras, Komi. Comunícate con el impacto”*, parecía decir la voz de Ohma Tokita.

Cuando el primer guardia intentó sujetarla, Komi utilizó el *Cambiador de Marionetas*. Con un movimiento casi imperceptible, desvió la fuerza del ataque del guardia contra sí mismo, lanzándolo contra una columna de mármol. El segundo guardia recibió un golpe en el plexo solar que lo dejó sin aire instantáneamente. No hubo gritos, solo el sonido seco de la eficiencia marcial.

En menos de diez segundos, cinco guardias de élite estaban en el suelo, incapacitados pero vivos. Komi permaneció en el centro, con la mirada perdida y los puños cerrados.

—¡Basta! —rugió Leonhart, saltando al centro del salón—. ¡Anubis, retira a los hombres! Ella no nos está atacando, solo está reaccionando a su memoria.

Komi parpadeó. El brillo rojo de sus ojos se desvaneció. Miró sus manos, horrorizada por lo que acababa de hacer. Rápidamente tomó su libreta y escribió, con letras temblorosas y pequeñas:

"Lo siento. Lo siento mucho. No quería lastimarlos. Es que... las voces en mi cabeza eran muy fuertes".

Sariphi corrió hacia ella y la abrazó, ignorando el peligro.

—Está bien, Komi-san. Estás a salvo. No importa quién fuiste en ese torneo, aquí eres nuestra amiga.

Lucnoca se acercó, bajando su cabeza gélida hacia Komi.

—Así que la flor de cristal tiene espinas de acero —dijo la dragona con una nota de respeto—. Tu mundo es mucho más violento de lo que nos hiciste creer. Peleadores que desafían a los dioses con solo sus puños... ahora entiendo por qué aprendiste tan rápido de nosotros en Ishura.

Alus se conectó a los sistemas de la sala, proyectando un holograma de los recuerdos que Komi acababa de liberar. Vieron imágenes borrosas de estadios subterráneos, de hombres gigantescos cubiertos de cicatrices y de una Komi más joven, de pie sobre un ring ensangrentado, rodeada de los luchadores más fuertes del mundo, todos inclinándose ante ella en señal de respeto.

—Alguien realmente poderoso borró esto de tu mente —dijo Toroa, cruzándose de brazos—. Probablemente para darte la vida normal que deseabas. Pero la memoria del cuerpo no se puede borrar. Eres una Shura de nacimiento, Komi.

Komi se sentó en el suelo, abrumada. El contraste entre su vida como estudiante que quería cien amigos y su pasado como la reina del Kengan era demasiado grande.

—¿Komi-san? —Sariphi se sentó a su lado—. ¿Quieres contarnos más? ¿Cómo era ese consejo que te dio Julius Reinhold?

Komi tomó aire, calmando los latidos de su corazón. Escribió lentamente:

"Julius me dijo que si alguna vez me sentía perdida, recordara que mi fuerza no venía de mis músculos, sino de mi capacidad para soportar el peso del silencio de los demás. Me dijo que ser fuerte es ser capaz de proteger la paz que otros dan por sentada".

Leonhart asintió, impresionado por la sabiduría de aquel guerrero de otro mundo.

—Ese hombre era un sabio —dijo el Rey—. Tienes maestros formidables, Shoko Komi. Desde los luchadores de tu hogar hasta los Shura de Ishura.

—Pero ahora la pregunta es —intervino Alus—: ¿quién te borró la memoria y por qué te envió a través de los portales? Si ganaste el torneo Kengan, te convertiste en un activo demasiado valioso para muchas corporaciones.

Komi recordó entonces una última imagen. Un hombre de traje oscuro, cuyo rostro estaba siempre en sombras, dándole un té antes de que todo se volviera negro.

"Fue por mi bien", escribió Komi. "Yo quería ser normal. Yo pedí olvidar. Quería hacer amigos sin que nadie me tuviera miedo".

Sariphi le tomó la mano con ternura.

—Ya tienes amigos aquí, Komi-san. Y nosotros no te tenemos miedo. Te admiramos. Ser fuerte y ser amable no son cosas opuestas. Míralo a Leonhart; él es el ser más poderoso de este reino y tiene el corazón más grande que conozco.

Komi sintió una lágrima correr por su mejilla. Por primera vez, la dualidad de su existencia no le pareció una maldición. Era la chica tímida que quería cien amigos, y era la guerrera que podía proteger a esos amigos de cualquier amenaza dimensional.

—Si nos vamos a quedar en este mundo de bestias por un tiempo —dijo Toroa, mirando hacia el horizonte a través de las ventanas del palacio—, será mejor que sigamos entrenando. Ahora que tus recuerdos del Kengan han vuelto, tu estilo de lucha será imparable.

—Yo puedo ayudarte con la teoría de la fuerza biológica —añadió Alus—. Comparar el Estilo Niko con la tecnología de Ishura podría dar resultados fascinantes.

Lucnoca soltó un resoplido de vapor.

—Y yo te enseñaré a endurecer tu espíritu como el hielo eterno. Si alguien se atreve a intentar borrar tu memoria de nuevo, tendrá que pasar sobre el Invierno de Escarcha.

Komi se puso de pie. Hizo una reverencia profunda hacia Sariphi y Leonhart, y luego hacia sus tres maestros de Ishura. Sacó su libreta y escribió una promesa que resonó en todo el salón.

"No volveré a pedir que me borren la memoria. Acepto quién soy. Soy Shoko Komi, y voy a proteger a mis amigos con todo lo que he aprendido en cada mundo".

En ese momento, el Pájaro Tembloroso en su hombro emitió un trino armonioso. El reino de Ozmargo, con sus bestias y sus misterios, se convirtió en el nuevo campo de entrenamiento para la joven que alguna vez fue la reina del Kengan y que ahora caminaba entre leyendas.

Sariphi sonrió y le ofreció otra fruta.

—Entonces, Komi-san, ¿nos enseñas ese movimiento de redirección? ¡Parece magia!

Komi asintió tímidamente, y por un momento, las orejas de gato imaginarias volvieron a aparecer, pero esta vez estaban acompañadas por la postura de una guerrera invicta. La comunicación silenciosa de Komi acababa de volverse el lenguaje más poderoso de todos los mundos conocidos.