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El Destello del Messiah y el Portal hacia la Armonía

La luz del alba en Ozmargo no era como la de cualquier otro lugar. El sol se filtraba a través de las nubes púrpuras, bañando las torres de piedra con un matiz dorado que parecía vibrar con la revelación de la noche anterior. En una de las habitaciones más lujosas del palacio, Shoko Komi despertó con una sensación de calidez que no provenía de las mantas. Su pecho ardía con una energía pura, una frecuencia que resonaba con el recuerdo de batallas cósmicas y amistades que trascendían el tiempo.

Al ponerse en pie, el aire a su alrededor se cristalizó. Un estallido de luz blanca y prismática envolvió su cuerpo, y en un parpadeo, su uniforme escolar fue reemplazado por una armadura que desafiaba toda lógica artesanal. Era la Armadura de Diamante de Messiah, una estructura de placas translúcidas que brillaban con los colores del arcoíris, tan resistente como el núcleo de una estrella y tan ligera como un suspiro. En su frente, una joya en forma de lágrima emitía un pulso constante.

Komi se miró en un espejo de bronce cercano. No solo su apariencia había cambiado; su voluntad se sentía sólida. Ya no era solo la chica que no podía hablar; era la portadora de la esperanza. Cerró los ojos, concentrándose en el vacío que había sentido al llegar a este mundo. "Si la realidad es maleable", pensó con una determinación que habría asustado a sus antiguos compañeros de clase, "entonces traeré de vuelta lo que hemos perdido".

Extendió sus manos y un círculo de invocación masivo se dibujó en el suelo de la habitación, extendiéndose hasta el patio exterior.

—¡Invocación de los Vínculos Eternos! —Aunque no gritó las palabras, su cosmos las proyectó con la fuerza de un huracán.

En el patio del palacio, Leonhart, Sariphi y Senku se detuvieron en seco al ver columnas de luz descendiendo del cielo. De la primera columna surgió una figura imponente rodeada de un frío absoluto: Lucnoca el Invierno, cuya sola presencia congeló las fuentes cercanas. A su lado, con una sed de sangre que hizo que los guardias bestia retrocedieran, aparecieron Toroa el Terrible y Alus el Corredor Estelar, los legendarios guerreros de Ishura.

—¿Dónde diablos estamos ahora? —gruñó Toroa, ajustando su agarre en su arma—. Este no es el laberinto de la muerte que recuerdo.

—Es un flujo de maná diferente —observó Alus, sus ojos mecánicos escaneando el entorno—. Pero detecto una firma familiar.

De otra columna de luz surgió un hombre de cabello alborotado y mirada feroz: Ohma Tokita, el Ashura, quien de inmediato se puso en posición de combate, solo para relajarse al ver a Senku.

—Tú... el tipo de las pociones raras —dijo Ohma con una sonrisa de lado—. Parece que el torneo no terminó tan mal después de todo.

Pero las invocaciones no terminaron ahí. Para sorpresa de todos, una mujer elegante y radiante apareció junto a un joven de aspecto ordinario pero con una mirada llena de una bondad infinita. Era la madre de Komi, Shuko, quien de inmediato comenzó a saludar a las bestias como si fueran vecinos nuevos, y Hitohito Tadano, quien al ver a Komi con su armadura de diamante, simplemente parpadeó y sonrió con alivio.

—¡Komi-san! —exclamó Tadano, corriendo hacia ella—. ¡Estás a salvo!

Komi, al ver a Tadano, sintió que su corazón explotaba de alegría. Sus orejas de gato imaginarias aparecieron sobre el casco de diamante, vibrando a una velocidad sónica. Sin embargo, no se detuvo allí. Levantó su mano hacia el cielo y convocó su técnica definitiva como Caballero de Messiah.

—¡Llamado de las Armas Bendecidas! —Esta vez, su voz resonó físicamente, clara y melodiosa.

Desde el firmamento, seis haces de luz descendieron como meteoritos controlados. Las espadas legendarias que Shaka había mencionado regresaron a sus dueños. Sariphi sintió una calidez en su cintura cuando una daga de luz blanca se materializó en su funda, imbuida con el poder de proteger a los inocentes. Los guerreros de Ishura recuperaron sus instrumentos de destrucción, y el ambiente se llenó de un aura de poder absoluto.

—¡Esto es increíble! —gritó Sariphi, abrazando a Tadano y luego a la madre de Komi—. ¡Bienvenidos a Ozmargo!

La tensión que había reinado en el palacio durante días se disolvió en una celebración espontánea. Leonhart, aunque abrumado por la cantidad de humanos y entidades poderosas en su jardín, no pudo evitar sonreír al ver a Sariphi tan feliz.

—Supongo que la cena de hoy tendrá que ser un banquete para leyendas —dijo el Rey de las Bestias, haciendo una señal a Anubis para que abriera las bodegas reales.

Senku, por su parte, no perdió el tiempo. Mientras los demás se abrazaban y compartían historias, él ya estaba montando una serie de tubos de bambú y frascos de vidrio en el centro del patio.

—¡Kukuku! ¡Si vamos a tener una fiesta, la ciencia pondrá el espectáculo! —exclamó el científico—. ¡Observen, habitantes de la fantasía, el poder de los nitratos y las sales metálicas!

Con un chasquido de sus dedos, una serie de explosiones controladas iluminaron el cielo diurno. Eran fuegos artificiales de colores imposibles: verdes esmeralda, rojos carmesí y azules eléctricos que formaban patrones de moléculas y constelaciones. Las bestias de Ozmargo miraban hacia arriba con la boca abierta, olvidando por un momento sus prejuicios contra los humanos.

Komi, sintiéndose más cómoda que nunca, se acercó a un rincón y, con un pequeño gesto de su mano, invocó un objeto que desentonaba completamente con el entorno medieval: una caja de música de los años 80, de madera oscura y detalles en bronce. Al abrirla, una melodía suave y nostálgica comenzó a sonar, llenando el aire con una armonía que parecía calmar incluso la sed de sangre de Toroa.

—Es una buena canción —dijo Ohma, sentándose en el suelo junto a Tadano—. Me recuerda que, a veces, vale la pena luchar por estos momentos de paz.

La fiesta duró horas. Shuko Komi intentaba enseñarle a Amit cómo hacerse un peinado humano, mientras Lucnoca el Invierno mantenía las bebidas frías con solo estar cerca de ellas. Tadano hablaba con Leonhart, explicándole con su habitual empatía que, aunque pareciera un monstruo, su corazón era el de un verdadero líder.

Sin embargo, mientras la alegría reinaba en el patio, Senku se había retirado a una de las torres más altas. En su regazo tenía su laptop, un milagro de la tecnología que había logrado mantener funcional gracias a una batería de limones y cristales de cosmos que Shaka le había proporcionado. Sus dedos volaban sobre el teclado, sus ojos rojos reflejando líneas de código que parpadeaban en la pantalla.

—Diez mil millones por ciento seguro... —murmuró Senku, ajustándose sus gafas—. La firma de energía de los amigos de Komi que faltan no está en este plano, pero tampoco está borrada.

Shaka de Virgo apareció detrás de él, flotando en silencio.

—Has encontrado el rastro, ¿verdad, hombre de ciencia?

—Así es, tipo de la armadura dorada —respondió Senku sin apartar la vista—. Komi invocó a los que estaban en su "memoria activa", pero hay un grupo cuya frecuencia fue desplazada por la distorsión .exe hacia una dimensión de alta magia y armonía. Un lugar llamado Equestria.

Shaka asintió, cerrando los ojos.

—Siento una presencia de amistad pura en esa dirección. Es un reino gobernado por conceptos, no solo por leyes físicas.

—Exacto. Y como soy un tipo generoso, voy a abrirles la puerta —Senku presionó una tecla final—. ¡Es hora de que la ciencia abra un agujero de gusano hacia el mundo de los ponis!

La pantalla de la laptop emitió un pulso de luz cian. En el centro de la torre, el espacio comenzó a agrietarse, revelando un portal circular que mostraba un paisaje de colinas verdes, cielos de un azul perfecto y una arquitectura que parecía sacada de un cuento de hadas. Al otro lado, se podían ver siluetas coloridas que miraban hacia el portal con curiosidad.

—¿Qué estás haciendo, Senku? —preguntó Sariphi, quien acababa de subir a la torre seguida por Komi y Tadano.

Komi se acercó al portal y sus ojos se iluminaron. Escribió rápidamente en su cuaderno:

"¡Puedo sentirlos! Mis otros amigos están allí. Twilight, Rainbow... ¡están a salvo!"

—Bueno, no se queden ahí parados —dijo Senku con una sonrisa triunfante—. El portal no se mantendrá estable por siempre. Si queremos que esta reunión sea completa, tenemos que traerlos aquí o ir hacia allá. Pero conociendo a este grupo, sospecho que Ozmargo está a punto de volverse mucho más colorido.

Komi miró a Tadano, quien le dio un asentimiento de apoyo. Ella dio un paso adelante, su armadura de diamante brillando con la luz del portal. Ya no tenía miedo. Tenía a la ciencia de su lado, al cosmos de un caballero, a la fuerza de un rey bestia y, sobre todo, a sus amigos.

—Vamos —dijo Komi. Fue una palabra corta, apenas un susurro, pero para los que estaban allí, sonó como el comando de una reina.

Atravesaron el portal justo cuando el sol terminaba de ocultarse en Ozmargo. Al otro lado, en las tierras de Equestria, las seis ponis de la armonía ya los esperaban, habiendo sentido la llegada de una magia que no era de su mundo, pero que se sentía extrañamente como el hogar.

La noche en Ozmargo fue silenciosa, pero en la torre, la laptop de Senku seguía encendida, procesando datos de un multiverso que ya no estaba dividido. La ciencia había construido el puente, el Messiah había dado la luz, y la comunicación, finalmente, era total.

En algún lugar del espacio-tiempo, la energía .exe retrocedió, incapaz de procesar una variable tan caótica y perfecta como la amistad reforzada por el acero y la lógica. La fiesta apenas comenzaba, y esta vez, nadie se quedaría atrás.