show me love
El Color del Valor y la Mirada del Resto
La mañana siguiente al beso en el centro de juegos, la universidad parecía haber cambiado de sintonía. Para Sohee, el aire no era tan pesado y los pasillos no se sentían como laberintos diseñados para esconderse. Sin embargo, sabía que el mundo real no era un videojuego donde, tras derrotar al jefe, todo se volvía paz y armonía. En el mundo real, los rumores volaban más rápido que un hechizo de nivel máximo.
Al llegar a la facultad de artes, Sohee notó que las miradas ya no eran de indiferencia. Eran de incredulidad. El "chico raro" de las sudaderas de *Evangelion* y el cabello siempre un poco despeinado caminaba con paso firme hacia el taller.
—¡Mira, ahí va! —susurró una chica del club de porristas mientras él pasaba—. ¿Es verdad que Chofi rechazó a Minho, el capitán de natación, por él?
Sohee apretó las correas de su mochila, pero no bajó la cabeza. Recordó la calidez de la mano de Chofi y el apoyo incondicional de los chicos de Riize. Al llegar a la puerta del taller, se detuvo un segundo para recuperar el aliento.
—Si sigues así, vas a hiperventilar antes de entrar —dijo una voz familiar a sus espaldas.
Era Wonbin. Llevaba su guitarra al hombro y esa expresión de calma absoluta que siempre lograba tranquilizar a Sohee.
—¿Qué haces aquí, Hyung? Tu clase es en el edificio b —dijo Sohee, sorprendido.
—Eunseok me pidió que te echara un ojo —admitió Wonbin con una leve sonrisa—. Dice que hoy el ambiente está un poco "picante" por los chismes. Pero veo que estás bien. Tu postura ha mejorado un par de puntos de experiencia.
—Estoy bien, de verdad —aseguró Sohee—. Solo... es extraño que todos hablen de mí.
—Deja que hablen. Ellos solo ven la superficie. Chofi vio lo que hay debajo, y nosotros también. Entra ahí y termina ese proyecto. Estaremos en la cafetería para el almuerzo, no llegues tarde o Sungchan se comerá tu postre.
Con un último asentimiento, Sohee entró al taller. El aroma a pintura al óleo lo envolvió de inmediato. Chofi ya estaba allí, de pie frente al gran lienzo que compartían. Llevaba un delantal manchado de mil colores y tarareaba una canción que Sohee reconoció como una de sus favoritas de una banda sonora de Studio Ghibli.
—Llegas tarde, compañero —dijo ella sin darse la vuelta, pero con un tono juguetón que hizo que el corazón de Sohee diera un vuelco.
—Me encontré con Wonbin en el camino —se justificó él, dejando sus cosas en el taburete de siempre—. ¿Cómo va el fondo?
Chofi se hizo a un lado para mostrarle el progreso. Habían decidido mezclar el estilo detallado y casi arquitectónico de los bocetos digitales de Sohee con la técnica impresionista de ella. El resultado era un paisaje urbano futurista envuelto en una neblina de colores pasteles y luces vibrantes.
—Es... es increíble, Chofi —susurró Sohee, acercándose para apreciar los detalles—. Parece un sueño digital.
—Es nuestro sueño —corrigió ella, mirándolo a los ojos—. Oye, Sohee... ¿has oído lo que dicen en los pasillos?
Sohee asintió lentamente, sintiendo que un poco del nerviosismo regresaba.
—Sí. Dicen que no entienden qué haces conmigo. Que soy un "loser" y que tú... bueno, que tú eres tú.
Chofi dejó el pincel sobre la paleta y se acercó a él. La luz del sol que entraba por los grandes ventanales del taller iluminaba las motas de polvo que flotaban entre ellos, creando una atmósfera casi irreal.
—Me molesta que te llamen así —dijo ella con una seriedad que Sohee rara vez le veía—. No saben nada. No saben que eres la persona más talentosa que conozco, ni que tienes un corazón que no te cabe en el pecho.
—No me importa lo que digan ellos —respondió Sohee, sorprendiéndose de su propia firmeza—, mientras tú sepas quién soy.
Chofi sonrió y, de manera impulsiva, tomó un poco de pintura azul con su dedo y manchó la mejilla de Sohee.
—¡Oye! ¡Otra vez! —protestó él, aunque terminó riendo.
—Es para que combines con el cielo del cuadro —bromeó ella—. Ahora, manos a la obra. Tenemos que terminar la narrativa central hoy.
Trabajaron durante horas. Sohee conectó su tableta al monitor grande y comenzó a trazar las líneas de los personajes que habitarían ese mundo. Eran dos figuras pequeñas, casi siluetas, que se encontraban en medio de la gran ciudad. No eran guerreros ni magos; eran simplemente dos personas comunes compartiendo un paraguas bajo una lluvia de estrellas de neón.
Mientras trabajaban, la puerta del taller se abrió bruscamente. Un grupo de estudiantes, liderados por Minho, el chico del equipo de natación, entró con aire de superioridad.
—Vaya, vaya, la pareja del año en su hábitat natural —dijo Minho, cruzando los brazos—. Chofi, de verdad, todos pensamos que esto era una broma para el festival universitario. ¿En serio prefieres estar aquí encerrada con el "chico de los píxeles" en lugar de venir a la fiesta del equipo?
Sohee sintió que sus manos temblaban ligeramente sobre el lápiz digital. El viejo Sohee habría bajado la mirada y esperado a que el momento pasara. Pero Chofi no lo permitió.
—Minho, estamos trabajando —dijo ella con voz gélida, sin dejar de pintar—. Y no es una broma. Sohee es mi compañero de proyecto y... alguien muy especial para mí. Si no tienes nada constructivo que decir sobre el arte, te sugiero que te vayas.
—¿Especial? —Minho soltó una carcajada seca—. Por favor, Chofi. Este tipo no sabe ni cómo sostener una conversación sin tartamudear. ¿Qué vas a hacer con él? ¿Jugar a las maquinitas toda la vida?
Sohee se puso de pie. No fue un movimiento rápido ni violento, sino pausado. Se quitó las gafas, las limpió con su sudadera y se enfrentó a la mirada de Minho.
—Puede que no sepa nadar tan rápido como tú —dijo Sohee, su voz sonando clara y firme en el silencio del taller—, y puede que prefiera los videojuegos a tus fiestas. Pero sé lo que es el respeto. Y sé que Chofi no es un trofeo que puedas ganar con insistencia. Ella elige con quién estar, y si me eligió a mí, es porque vio algo que tú claramente no puedes ver.
El grupo de Minho se quedó en silencio. Nadie esperaba que el "loser" respondiera, y mucho menos con tanta calma. Minho abrió la boca para replicar, pero en ese momento, una sombra imponente apareció en la puerta.
Eunseok y Sungchan estaban allí, apoyados contra el marco, con expresiones que dejaban claro que habían escuchado todo.
—¿Hay algún problema aquí? —preguntó Sungchan con una sonrisa que no llegaba a sus ojos, mientras sus hombros anchos bloqueaban la salida.
—Solo estábamos... de paso —masculló Minho, dándose cuenta de que no le convenía empezar una pelea con los miembros más populares y protectores de Riize.
—Pues sigan pasando —añadió Eunseok con tono monótono—. El aire aquí está muy limpio para gente tan tóxica.
Minho y su grupo salieron del taller a toda prisa, murmurando entre dientes. Cuando la puerta se cerró, Sungchan soltó una carcajada y entró para darle una palmada en la espalda a Sohee.
—¡Eso fue increíble, pequeño! "No es un trofeo que puedas ganar"... ¡Casi lloro de la emoción! —exclamó Sungchan dramáticamente.
—Lo hiciste bien, Sohee —dijo Eunseok, asintiendo con aprobación—. Marcaste tu territorio sin necesidad de lanzar un solo golpe. Muy al estilo RPG.
Sohee se dejó caer en su taburete, sintiendo que la adrenalina lo abandonaba.
—Pensé que me iba a desmayar —confesó, haciendo que todos rieran.
Chofi se acercó a él y le tomó la mano frente a sus amigos, sin rastro de timidez.
—Gracias, Sohee. Pero no tenías que defenderme, yo puedo sola.
—Lo sé —respondió él—, pero quería hacerlo. Quería que supieran que ya no tengo miedo de decir lo que siento.
Los chicos de Riize compartieron una mirada de complicidad.
—Bueno, nosotros nos vamos —dijo Eunseok—. Vinimos a ver si necesitabas un "power-up", pero veo que tienes todo bajo control. Nos vemos en el almuerzo. Chofi, estás invitada, por supuesto.
—Allí estaremos —prometió ella.
Cuando volvieron a estar solos, el taller recuperó su paz. Chofi miró el cuadro y luego a Sohee.
—¿Sabes? —dijo ella en voz baja—. Ese momento en el que te enfrentaste a ellos... fue más valiente que cualquier cosa que haya visto en una película.
—Solo dije la verdad —murmuró Sohee, sonrojándose.
—La verdad es el arma más poderosa —concluyó ella, dándole un beso corto en la frente—. Ahora, terminemos esto. Quiero que cuando la gente vea este cuadro, no vea a una chica popular y a un chico tímido. Quiero que vean a dos artistas que crearon algo hermoso juntos.
El resto de la semana fue un torbellino. El rumor del enfrentamiento en el taller se extendió, pero esta vez la narrativa cambió. La gente empezó a ver a Sohee con otros ojos. Ya no era solo el "protegido de Riize", sino el chico que había tenido el valor de desafiar al estatus quo por amor a su arte y a la chica que quería.
El día de la presentación del proyecto llegó. El gran salón de actos estaba lleno de lienzos y pantallas. El profesor de Historia del Arte caminaba de un lado a otro con su libreta, evaluando cada obra.
Cuando llegó al espacio de Sohee y Chofi, se detuvo por un largo tiempo. El cuadro, titulado "Sincronía de Mundos", era una explosión de color y técnica. La parte digital de Sohee le daba una estructura casi matemática, mientras que la parte orgánica de Chofi le aportaba alma y movimiento.
—Es... fascinante —dijo el profesor, ajustándose las gafas—. Han logrado fusionar dos lenguajes que normalmente se repelen. ¿Cómo lo hicieron?
Chofi miró a Sohee, dándole la palabra.
—Dejamos de intentar que el otro se adaptara a nuestro estilo —explicó Sohee, mirando al profesor y luego a la pequeña multitud que se había formado alrededor—. En lugar de eso, buscamos los puntos en común. Aprendí que su caos es necesario para mi orden, y ella aprendió que mi estructura le da libertad a su color. Es una colaboración basada en el respeto por lo que el otro es.
Hubo un silencio momentáneo antes de que el profesor asintiera y anotara algo en su libreta con una sonrisa.
—Excelente trabajo. Es, sin duda, la pieza más auténtica de la exposición.
Cuando el profesor se alejó, los miembros de Riize aparecieron entre la multitud, vitoreando y aplaudiendo como si estuvieran en un concierto.
—¡Ese es nuestro Sohee! —gritó Shotaro, mientras Anton tomaba fotos de todo.
—¡Miren ese cuadro! ¡Voy a ponerlo de fondo de pantalla en mi teléfono! —exclamó Seunghan.
Incluso Wonbin, que solía ser el más reservado, se acercó a Sohee y le dio un abrazo fraternal.
—Lo lograste, hermano. Has demostrado que no eres un extra en la vida de nadie.
Chofi, que estaba a su lado, sonrió con orgullo. Muchos de sus amigos "populares" también se acercaron, esta vez con curiosidad genuina, pidiéndole a Sohee que les explicara cómo había hecho los efectos de luz digital. Por primera vez, Sohee no se sintió abrumado por la atención. Se sentía integrado.
Al final del día, cuando todos empezaban a irse, Sohee y Chofi se quedaron un momento a solas frente a su obra.
—¿En qué piensas? —preguntó ella, apoyando la cabeza en su hombro.
—En que hace un mes, mi mayor logro era terminar un juego en modo difícil —admitió Sohee con una risita—. Ahora... siento que el modo difícil es la vida real, pero que tengo el mejor equipo del mundo para jugarla.
Chofi entrelazó sus dedos con los de él.
—No es un juego, Sohee. Es nuestra historia. Y apenas vamos por el primer capítulo.
—¿Y qué pasa en el segundo? —preguntó él, mirándola con ternura.
Chofi se puso de puntillas y le susurró al oído.
—En el segundo, el chico que solía esconderse en la biblioteca invita a su novia a una cita real, sin pinceles ni consolas de por medio. Solo ellos dos.
Sohee sonrió, sintiendo que su corazón latía con una fuerza renovada.
—Me gusta ese guion.
Salieron del salón de actos de la mano, pasando frente a las vitrinas donde se exhibían los trofeos deportivos y las fotos de los estudiantes destacados. Sohee ya no se sentía pequeño frente a esos logros. Sabía que su valor no residía en un trofeo, sino en la capacidad de ser fiel a sí mismo y en el amor de las personas que lo rodeaban.
Mientras caminaban por el campus, el sol se ponía, tiñendo el cielo de los mismos colores que habían usado en su cuadro. Sohee miró a Chofi y supo que, sin importar cuántos desafíos vinieran, ya no volvería a ser el "perdedor" que todos creían. Era un artista, era un amigo, era un novio y, sobre todo, era Sohee.
Y eso, en cualquier mundo, era más que suficiente para ganar.