show me love
Sombras del Pasado en un Espejo de Cristal
La felicidad, para alguien que ha pasado la mayor parte de su vida intentando ser invisible, puede resultar aterradora. Sohee lo sabía. Mientras caminaba por el pasillo de la facultad de comunicación, sintiendo el roce de la mano de Chofi contra la suya, una parte de su cerebro —esa parte programada por años de videojuegos de estrategia y análisis de riesgos— no dejaba de buscar la trampa. Era demasiado perfecto.
—Sohee, ¿me estás escuchando? —preguntó Chofi, soltando una risita que le devolvió a la realidad.
—Lo siento —murmuró él, ajustándose las gafas con el dedo índice—. Me quedé pensando en... en la composición del último render.
—Mientes fatal —dijo ella, deteniéndose frente a un gran ventanal que daba al patio central—. Tienes esa mirada que pones cuando un jefe de nivel se vuelve demasiado difícil. ¿Qué pasa?
Sohee suspiró. No podía ocultarle nada. Chofi tenía una habilidad casi mágica para leer los sutiles cambios en su expresión, esos que incluso sus mejores amigos a veces pasaban por alto.
—Es solo que... a veces me cuesta creer que esto sea real —confesó él, mirando sus propios zapatos, unos tenis desgastados que contrastaban con las botas elegantes de ella—. Todo el mundo sigue mirándonos.
—Que miren —respondió ella con firmeza—. Se cansarán pronto.
Pero no se cansaron. De hecho, el escrutinio aumentó cuando llegaron a la cafetería. El grupo de Riize ya estaba allí, ocupando su mesa habitual. Sungchan y Anton estaban en medio de una discusión animada sobre el nuevo parche de un juego en línea, mientras que Eunseok observaba el panorama con su habitual aire de desapego aristocrático.
—¡Llegó la pareja real! —exclamó Shotaro, haciendo espacio para ellos—. Justo a tiempo. Estábamos hablando de la fiesta de exalumnos del próximo viernes.
Sohee se tensó. Las fiestas no eran su fuerte.
—No creo que... —empezó a decir Sohee, pero fue interrumpido por una voz que no pertenecía a su grupo.
—Vaya, Chofi. Realmente te has tomado en serio eso de la "diversidad".
Un grupo de chicos de tercer año pasaba por el lado de la mesa. El que hablaba era un joven alto, de mandíbula esculpida y cabello perfectamente peinado hacia atrás. Llevaba una chaqueta de cuero que probablemente costaba más que todo el equipo de computación de Sohee.
—Hola, Kangjun —respondió Chofi, y Sohee notó que su tono, aunque educado, se había vuelto gélido—. No sabía que te interesaba mi vida social.
—Es difícil ignorarla cuando el contraste es tan... evidente —dijo Kangjun, lanzando una mirada fugaz y cargada de desprecio hacia Sohee antes de seguir de largo con sus amigos.
El silencio que quedó en la mesa fue denso. Sohee sintió que el estómago se le cerraba. Conocía ese nombre. Kangjun no era solo un estudiante popular; era el exnovio de Chofi. Lo había visto en fotos antiguas del anuario de la universidad y en algunos carteles de promociones deportivas. Era el epítome de la perfección hegemónica: capitán de rugby, modelo ocasional y heredero de una cadena de hoteles.
—No le hagas caso, Sohee —dijo Wonbin, poniendo una mano sobre su hombro—. Ese tipo es un idiota integral.
—Es un modelo de catálogo con el cerebro de un mosquito —añadió Eunseok, sin levantar la vista de su café.
Chofi apretó la mano de Sohee por debajo de la mesa.
—Sohee, de verdad, no significa nada. Terminamos hace casi un año porque... bueno, porque era como salir con un espejo. Solo se amaba a sí mismo.
Sohee asintió y forzó una sonrisa, pero el "bajón" ya se había instalado en su pecho. Durante el resto del almuerzo, apenas probó bocado. En su mente, una comparación inevitable había comenzado a ejecutarse como un proceso en segundo plano que consumía toda su memoria RAM.
Él era bajo, encorvado, con ojeras por las noches de juego y una timidez que a veces le impedía pedir una hamburguesa sin tartamudear. Kangjun era... un sol. Un sol brillante y perfecto bajo el cual Chofi había caminado durante meses. ¿Cómo podía ella haber pasado de alguien así a alguien como él? "He pasado de jugar en dificultad Legendaria a ser un NPC", pensó amargamente.
Al terminar las clases, Sohee se excusó diciendo que tenía que terminar un trabajo de programación y se refugió en la biblioteca, en el rincón más oscuro y alejado. Sacó su computadora, pero en lugar de escribir código, abrió un buscador.
No debería haberlo hecho. Sabía que era una forma de masoquismo digital, pero sus dedos se movieron solos. "Kangjun Universidad de Artes".
Las imágenes inundaron la pantalla. Kangjun levantando un trofeo. Kangjun en una gala benéfica. Kangjun abrazando a Chofi en una fiesta de Navidad de hace dos años. En esa foto, ambos parecían sacados de una película de Hollywood. Ella reía, apoyada en el pecho ancho de él, y él la miraba con una confianza absoluta. Eran la pareja perfecta. Hegemónicos. Brillantes.
—¿Sohee?
Él cerró la tapa de la laptop de un golpe, casi pillándose los dedos. Chofi estaba de pie frente a él, con una expresión de preocupación genuina.
—Te busqué en el laboratorio y no estabas —dijo ella, sentándose en la silla de al lado—. Estás huyendo, ¿verdad?
—No estoy huyendo —mintió él, aunque su voz sonó pequeña.
—Sohee, mírame.
Él levantó la vista lentamente. Sus gafas estaban un poco torcidas y se sentía patético por haber estado comparándose con un extraño en internet.
—Sé lo que estás pensando —continuó ella con suavidad—. Sé que viste a Kangjun y que ahora estás haciendo esas listas mentales que haces cuando analizas un juego. Estás comparando sus estadísticas con las tuyas, ¿cierto?
Sohee bajó la mirada, avergonzado.
—Él es... —empezó Sohee, tragando saliva—, él es perfecto, Chofi. Es lo que se supone que debes tener a tu lado. Alguien que encaje contigo, alguien que no sea un "loser" que prefiere ver maratones de anime a ir a una gala. Cuando los vi en esa foto... me sentí como un error en el sistema.
Chofi suspiró y tomó las manos de Sohee entre las suyas. Sus palmas estaban frías, pero las de ella siempre estaban cálidas.
—¿Sabes qué veía yo cuando estaba con él? —preguntó ella—. Veía una superficie. Kangjun es como una pantalla de alta resolución que no muestra nada. No podíamos hablar de nada real. Si yo estaba triste, él me decía que me veía mal en las fotos. Si yo quería hablar de arte, él hablaba de cuánto dinero valdría su colección algún día.
—Pero él es tan... —Sohee buscó la palabra— guapo.
—La belleza hegemónica es aburrida, Sohee —dijo ella, acariciando con el pulgar el dorso de su mano—. Es predecible. Tú, en cambio... tú tienes una luz que él jamás tendrá. Tienes pasión. Tienes un mundo interior que es más vasto que cualquier cosa que él pueda imaginar. ¿De qué me sirve un novio "perfecto" si no puede hacerme reír con un chiste sobre píxeles o si no puede entender la profundidad de un trazo en un dibujo?
Sohee sintió que se le humedecían los ojos. El sentimiento de inferioridad era una sombra larga, pero las palabras de Chofi eran como una linterna.
—Siento que te estoy rebajando —murmuró él—. Que la gente te juzga por estar conmigo.
—La gente que me juzga no me importa —sentenció ella—. Y los que me importan, como tus amigos de Riize, te adoran. ¿Crees que Sungchan o Wonbin estarían contigo si fueras un "loser"? Ellos ven lo que yo veo: a alguien valiente que se atreve a ser él mismo en un mundo que quiere que todos seamos como Kangjun.
En ese momento, el teléfono de Sohee vibró sobre la mesa. Era un mensaje en el chat grupal de Riize.
*Sungchan: "Oye, Sohee. Mañana vamos a ir al arcade nuevo que abrieron en el centro. Chofi está invitada. Queremos ver si es verdad que te gana en el juego de baile."*
*Anton: "Traigan pañuelos para Sohee, va a llorar cuando pierda."*
*Eunseok: "Traigan pañuelos para el resto, porque Sohee los va a humillar a todos."*
Sohee leyó los mensajes y una pequeña sonrisa comenzó a dibujarse en su rostro. Chofi leyó por encima de su hombro y soltó una carcajada.
—¿Ves? —dijo ella—. Ese es tu mundo. Y yo quiero estar en él. No quiero estar en una fiesta de exalumnos fingiendo que me importa el precio del champán. Quiero estar en el arcade contigo, viéndote concentrado, viendo cómo te brilla la mirada cuando estás a punto de ganar.
Sohee cerró los ojos un momento, dejando que el nudo en su garganta se disolviera.
—Es difícil —admitió—. He pasado tanto tiempo pensando que no valgo nada que, cuando alguien como tú me dice que soy especial, mi primer instinto es pensar que estás cometiendo un error.
—Pues no soy de las que cometen errores en el arte —dijo ella, acercándose para darle un beso tierno en la mejilla—. Y tú eres mi obra maestra favorita.
Salieron de la biblioteca juntos. Al cruzar el campus, volvieron a encontrarse con algunos conocidos de Chofi, personas que pertenecían a ese círculo de "populares" que tanto intimidaba a Sohee. Esta vez, cuando lo miraron, Sohee no encogió los hombros. Se mantuvo derecho.
No era más alto que Kangjun, ni tenía su mandíbula perfecta, ni su ropa cara. Pero tenía a Chofi de la mano, y tenía una mente llena de mundos fantásticos que ella estaba ansiosa por explorar.
—¿Sabes qué? —dijo Sohee mientras caminaban hacia la salida—. Creo que Kangjun es como un juego con gráficos increíbles pero con una jugabilidad pésima.
Chofi estalló en carcajadas y lo abrazó por el brazo.
—Exactamente. Y yo prefiero mil veces un juego indie con alma, una historia profunda y el mejor protagonista del mundo.
Esa noche, Sohee no buscó más fotos de exnovios. En su lugar, abrió su programa de diseño y comenzó a trabajar en un nuevo personaje. Era una chica con un pincel y un chico con una capa hecha de códigos y luces. No eran perfectos, tenían trazos irregulares y colores que no siempre combinaban según las reglas tradicionales, pero estaban juntos, y en su imperfección, eran hermosos.
Al día siguiente, en el arcade, Sohee humilló a Anton y a Sungchan en el juego de baile, tal como Eunseok había predicho. Chofi grabó todo el momento, riendo y animándolo desde la primera fila.
Cuando Kangjun volvió a cruzarse en su camino unos días después en el pasillo, Sohee ni siquiera se sintió pequeño. Simplemente le dedicó un asentimiento cortés y siguió hablando con Chofi sobre la teoría del color y el diseño de niveles.
Kangjun se quedó mirando cómo se alejaban, confundido, sin entender cómo ese chico "raro" podía caminar con tanta seguridad. No entendía que Sohee no necesitaba ser hegemónico para ser un héroe. Solo necesitaba ser amado por la persona correcta para darse cuenta de que siempre lo había sido.
—Oye, Sohee —dijo Chofi mientras subían las escaleras hacia el taller de arte—. ¿Me enseñarás hoy a usar ese programa de modelado 3D?
—Solo si prometes no desesperarte cuando los polígonos no encajen a la primera —respondió él con una sonrisa traviesa.
—Prometido. Con el mejor maestro, ¿qué podría salir mal?
Sohee la miró y supo que el "bajón" había quedado atrás, enterrado bajo capas de realidad y afecto. El pasado era solo eso, una versión antigua de un software que ya no necesitaba. Ahora, su vida estaba en su versión más estable, llena de color y, sobre todo, de una verdad que ningún espejo de cristal podría reflejar jamás.