Una familia Parker-bishop
Lecciones de etiqueta, portales cósmicos y el romance del siglo
La mañana del lunes en la residencia Parker-Bishop no comenzó con el sonido de la alarma, sino con el ruido de un portal de estrellas abriéndose en medio de la sala y el inconfundible aroma a chimichangas recalentadas. Peter, que estaba terminando de ponerse la parte superior de su traje bajo la ropa de civil, suspiró con una sonrisa resignada. Sabía que cuando "los tíos" decidían aparecer en grupo, las leyes de la física y la cordura pasaban a ser meras sugerencias.
—¡Ya llegaron los tíos que sí tienen onda! —gritó una voz distorsionada por una máscara de tela roja—. ¡Y traje comida que probablemente ha estado en mi mochila desde hace tres misiones!
Deadpool estaba de pie sobre la mesa de centro, posando como si estuviera en la portada de una revista de acción. A su lado, Yelena Belova apartaba con desdén una de las chimichangas con la punta de su bota, mientras América Chávez cerraba el portal tras de sí, luciendo su característica chaqueta vaquera.
May-Day, que acababa de bajar las escaleras saltando de dos en dos, soltó un grito de alegría pura.
—¡Tía Yelena! ¡Tía América! ¡Tío Wade! —La niña se lanzó al centro del grupo, siendo interceptada por una Yelena que la cargó con una agilidad experta.
—Hola, pequeña araña —dijo Yelena, dándole un beso en la mejilla—. He venido a ver cómo va el entrenamiento de ese sabueso. Peter me dijo que ayer discriminó a Johnny Blaze por su olor. Eso es tener buen gusto, niña.
Lucky 2, el cachorro de Golden Retriever, entró en la sala con una calma impropia de su edad. Se sentó frente a los visitantes, evaluándolos con esos ojos inteligentes que ya habían empezado a inquietar a Peter.
—Sobre eso —dijo Peter, bajando las escaleras mientras se terminaba de abotonar la camisa—, Yelena, tenemos que hablar de este perro. Es demasiado... consciente. Anoche lo encontré ordenando los juguetes de May por colores.
Yelena soltó una risita seca mientras bajaba a la niña al suelo.
—Ah, sí. Olvidé mencionar ese pequeño detalle técnico —comentó la espía rusa, acercándose al cachorro para acariciarle las orejas—. Lucky 2 no es exactamente un perro de refugio común. Fue parte de un experimento de biotecnología en una de las antiguas bases de la Habitación Roja que intentaron reactivar hace unos años. Querían ver si los animales podían alcanzar una capacidad de entendimiento humana básica.
Kate, que venía de la cocina con una jarra de jugo, se detuvo en seco.
—¿Me estás diciendo que le regalaste a mi hija un perro modificado genéticamente para ser un espía? —preguntó Kate, arqueando una ceja.
—No es un espía, Kate. Es un compañero con criterio —corrigió Yelena—. Entiende las reglas humanas. Sabe lo que es la privacidad, por eso no entra al baño cuando ustedes están dentro. Entiende la amistad, por eso nunca dejará sola a May-Day. Y lo más importante: tiene criterio. Si no le gusta alguien, como al señor de la calavera o al motorista con olor a rata, es porque detecta que su energía es... complicada. Es un perro que no critica sin mirar los detalles primero.
—Básicamente, es más maduro que Wade —murmuró América Chávez, ganándose un gesto indignado de Deadpool.
—¡Oye! ¡Yo soy muy maduro! —protestó Wade, saltando de la mesa y arrodillándose frente a May-Day—. Mira, pequeña mini-Spidey, el tío Wade te va a enseñar algo que tu papá, el "Señor Responsabilidad", nunca te dirá. Hay palabras mágicas que hacen que la gente te preste atención inmediata. Por ejemplo, cuando alguien te molesta en el recreo, lo miras a los ojos y le dices: "Hijo de tu pu..."
Antes de que pudiera terminar la frase, una flecha de entrenamiento con punta de ventosa impactó directamente en la frente de la máscara de Deadpool, haciendo un sonido seco: *¡Poc!*
Kate Bishop estaba de pie junto al arco que siempre tenía cerca de la entrada, con una expresión que prometía una muerte lenta y dolorosa.
—Wade —dijo Kate con una voz peligrosamente calmada—, si terminas esa palabra, voy a usar todas mis flechas de punta sónica en tus partes nobles. Y sabes que tardan mucho en regenerarse.
—¡Fue un error de cálculo! —chilló Wade mientras Kate lo agarraba de la oreja con una fuerza sorprendente—. ¡Solo quería ampliar su vocabulario para el mundo real!
—Al patio. Ahora —sentenció Kate, arrastrando al mercenario hacia la puerta trasera mientras él pataleaba de forma cómica.
—¡Ay, ay, ay! ¡No en la oreja, Kate! ¡Es mi zona sensible! —Los gritos de Wade se desvanecieron cuando la puerta del patio se cerró tras ellos.
América Chávez aprovechó la distracción para sentarse en el suelo con May-Day.
—Ignora al tío Wade, May. Es un idiota —dijo América con una sonrisa—. ¿Quieres ver algo mucho más genial que las groserías?
—¡Sí! —exclamó la niña, sentándose con las piernas cruzadas.
América extendió la mano y, con un movimiento fluido de sus dedos, comenzó a abrir pequeños portales circulares de apenas quince centímetros de diámetro.
—Mira esto. Estas son flores de la Dimensión de Cristal —dijo América, señalando una flor que parecía estar hecha de diamantes líquidos—. Y estas son de un universo donde todo es música; si las tocas, suenan como un violín.
May-Day observaba maravillada, metiendo un dedo con cuidado para rozar los pétalos interdimensionales. Peter observaba desde la distancia, listo para intervenir si algo más grande que una flor intentaba cruzar. Sin embargo, en un momento de distracción mientras América le explicaba la diferencia entre los polenes multiversales, el portal vibró y se expandió ligeramente.
May-Day se asomó con curiosidad. Durante cinco segundos que parecieron eternos, la niña no vio flores. Vio el vacío infinito del cosmos. Vio una entidad con tres rostros flotando en la nada, el Tribunal Viviente, y junto a ella, una silueta compuesta por galaxias y estrellas que latía con el ritmo del universo mismo: Eternidad.
La niña se quedó paralizada, con los ojos reflejando el nacimiento de supernovas.
—¡Ups! —exclamó América, cerrando el portal de golpe con un chasquido de dedos—. Demasiado lejos. Eso no era para tus ojos todavía, pequeña.
May-Day parpadeó, sacudiendo la cabeza como si saliera de un trance.
—Vi... vi a un señor con muchas caras —susurró la niña, asombrada—. Y a una señora que tenía estrellas en el pelo. Eran bonitos.
—Son... amigos de la familia, más o menos —dijo Peter, acercándose para cargar a su hija, sintiendo un ligero escalofrío. A veces olvidaba que América manejaba fuerzas que harían temblar a los dioses—. Vamos a dejar el turismo cósmico por hoy, ¿vale?
—¡Es hora de jugar a las escondidas! —anunció Yelena, apareciendo de la nada tras una cortina—. Yo cuento, ustedes se esconden. Tienes diez segundos, May-Day. Si te encuentro, te obligaré a comer sopa de remolacha.
La niña salió disparada hacia las escaleras, con Lucky 2 siguiéndola de cerca, manteniendo el silencio táctico que Yelena le había elogiado.
Mientras May-Day y Yelena jugaban por toda la casa —lo cual era un espectáculo en sí mismo, viendo a una de las mejores espías del mundo siendo "derrotada" por una niña que se escondía tras una planta—, América se puso a dibujar con May-Day en la mesa del comedor. Dibujaban estrellas, arañas y arcos morados, creando un mural de tiza que cubría casi toda la superficie de madera.
Finalmente, Wade fue readmitido en la casa bajo la estricta condición de no hablar, por lo que se comunicaba mediante gestos exagerados hasta que May-Day le pidió un cuento.
—Está bien, está bien —dijo Wade, sentándose en el sofá y subiéndose la máscara hasta la nariz para poder hablar con claridad, aunque manteniendo la identidad secreta—. Pero no será un cuento de hadas aburrido. Les voy a contar la historia de cómo el "Trepamuros de Queens" y la "Arquera de los Problemas" se volvieron uno solo. El romance que hizo que Disney se pusiera celoso.
Peter y Kate se sentaron en el otro sofá, tomados de la mano, observando con una mezcla de diversión y resignación cómo Wade comenzaba su relato.
—Hace mucho tiempo —empezó Wade, gesticulando con las manos—, en una Nueva York que olía a nieve y a desesperación, vivía un Peter Parker que estaba más solo que un lunes por la mañana. Nadie recordaba quién era, el pobre comía pizza fría y su mejor amigo era probablemente una paloma llamada Esteban. Pero entonces, ¡pum! Apareció ella.
Wade señaló a Kate con un dedo dramático.
—Kate Bishop. Tenía un arco, tenía una actitud de "puedo patearte el trasero mientras bebo un latte" y tenía una puntería que haría que Cupido se retirara por vergüenza. Se conocieron en una azotea, hubo chispas, hubo flechas que casi le dan a Peter en un ojo, y hubo una química tan fuerte que podías olerla desde Nueva Jersey.
—Wade, exageras —intervino Peter, riendo.
—¡No interrumpas al bardo! —replicó Wade—. El punto es que Peter intentó ser el héroe solitario y misterioso, pero Kate no acepta un "no" por respuesta. Lo persiguió, lo ayudó a salvar la Navidad —literalmente— y le demostró que no importa si el mundo entero te olvida, siempre hay alguien dispuesto a recordarte con un café y una buena discusión sobre tácticas de combate.
May-Day escuchaba con la boca abierta, mirando a sus padres como si fueran personajes de una leyenda épica.
—Y así —continuó Wade, bajando la voz a un tono solemne—, el chico que no tenía nada encontró a la chica que lo era todo. Se casaron en una ceremonia que, según me dijeron, fue preciosa aunque no me invitaron —lanzó una mirada de reproche a Peter—, y tuvieron a la niña más genial, inteligente y con el mejor gusto para tíos del mundo. Fin.
May-Day aplaudió con entusiasmo, mientras Lucky 2 soltaba un pequeño ladrido de aprobación, como si hubiera verificado la veracidad histórica del relato de Deadpool.
—Es mi historia favorita —dijo la niña, bostezando y apoyando la cabeza en el hombro de Yelena, que se había sentado a su lado.
La tarde comenzó a caer, tiñendo la sala de un naranja cálido. Los tíos empezaron a recoger sus cosas. América abrió un portal que mostraba un atardecer en una playa de arena azul.
—Me voy, tengo una cita en la Dimensión 35 para comer helado que nunca se derrite —dijo América, dándole un choque de cinco a May-Day—. No olvides lo que viste en el portal, pequeña. El universo es grande, pero tu casa es el centro de todo.
Yelena se puso en pie, ajustándose el chaleco táctico.
—Cuida al perro, May-Day. Si deja de ser educado, llámame. Significa que Peter lo está influenciando demasiado con su "ética de héroe" —bromeó la rusa, dándole un abrazo a Kate—. Nos vemos pronto, Bishop. No dejes que Parker se ponga demasiado sentimental.
—Demasiado tarde para eso —rio Kate.
Wade fue el último en salir, no sin antes intentar robarse un puñado de galletas de la cocina.
—¡Adiós, familia perfecta! —gritó mientras saltaba por la ventana en lugar de usar la puerta, solo por el efecto dramático—. ¡May, recuerda: si alguna vez necesitas una grosería realmente buena, llámame al número secreto!
—¡WADE! —gritaron Peter y Kate al unísono, pero el mercenario ya había desaparecido.
El silencio regresó a la casa, pero era un silencio vibrante, lleno de los restos de la magia, las historias y el cariño de aquellos que, a pesar de sus excentricidades, eran los pilares de su vida.
Peter cargó a May-Day, que ya estaba medio dormida, y la llevó a su habitación. Lucky 2 los siguió, manteniendo su paso rítmico y observador. Mientras la arropaba, el perro se echó a los pies de la cama, cumpliendo su "regla de amistad" con una devoción absoluta.
—Papi —susurró May-Day con los ojos casi cerrados.
—¿Dime, pequeña?
—¿De verdad la tía Yelena dijo que Lucky es un perro experto?
—Lo es, cariño. Es un perro muy especial para una niña muy especial.
—¿Y de verdad el tío Wade dice que tú estabas solo antes de mamá?
Peter hizo una pausa, mirando hacia la puerta donde Kate lo esperaba apoyada en el marco, con una sonrisa tierna y la mirada llena de luz.
—Sí —admitió Peter en voz baja—. Estaba un poco solo. Pero tu mamá tiene una puntería excelente, ¿sabes? Me encontró cuando más lo necesitaba.
May-Day sonrió, quedándose dormida con la seguridad de quien sabe que vive en el mejor de los universos posibles.
Peter salió de la habitación y abrazó a Kate en el pasillo. Se quedaron allí un momento, simplemente disfrutando de la presencia del otro, mientras en el piso de abajo, Lucky 2 se aseguraba de que todas las luces estuvieran apagadas y que no hubiera restos de chimichangas en la alfombra.
—Un perro de la Habitación Roja, portales a la Eternidad y Wade contando nuestra historia de amor —resumió Kate, rodeando el cuello de Peter con sus brazos—. Creo que esto califica como un lunes normal.
—Para nosotros, sí —rio Peter, besándola con la misma intensidad que el primer día en aquella azotea nevada—. Y no lo cambiaría por nada.
En la oscuridad de la casa, el pequeño cachorro modificado genéticamente suspiró, cerró sus inteligentes ojos y se dispuso a soñar con reglas, lealtad y el aroma a lavanda que siempre indicaba que su familia estaba a salvo. La vida de los Parker-Bishop era un caos, pero era un caos con criterio, y eso era más de lo que cualquier experimento ruso podría haber soñado jamás.