Your lack of memory
Vórtice de Metal y el Peso de la Justicia
El primer día de clases en la U.A. no había sido menos caótico que el examen de ingreso. Chuuya Nakahara se encontraba de pie en el túnel de observación, ajustándose los guantes negros de su traje de héroe. Mori le había proporcionado un atuendo que, aunque funcional, gritaba autoridad: una chaqueta oscura de corte militar con detalles en rojo carmesí, pantalones resistentes y una gargantilla de cuero que ocultaba una pequeña cicatriz en su cuello. Por supuesto, su gorra negra seguía ahí, firme sobre su cabello rojizo.
A su lado, Izuku Midoriya parecía una bola de nervios vestida de color verde menta. Su traje era... peculiar, especialmente por esas orejas que imitaban el peinado de All Might.
—¿Estás bien, brócoli? —preguntó Chuuya sin mirarlo, cruzándose de brazos—. Pareces un aspersor de sudor.
—¡Es que... es la primera clase de entrenamiento de combate! —exclamó Izuku, agitando las manos—. ¡Y contra Kacchan! No sé si estoy listo para esto, Nakahara-kun.
Chuuya desvió la mirada hacia Katsuki Bakugo, quien lanzaba miradas asesinas desde el otro lado del túnel. El pelirrojo entrecerró sus ojos heterocromáticos. Su instinto analítico le decía que Bakugo era una bomba de tiempo, el tipo de persona que en el mundo de Mori terminaría siendo un activo valioso o un cadáver temprano.
—Ese tipo tiene mucha rabia y poca técnica —sentenció Chuuya con frialdad—. Si dejas que te intimide, ya perdiste. Úsalo a tu favor. La ira lo hace predecible.
Izuku asintió, tragando saliva. All Might, con su presencia abrumadora, anunció el inicio del primer enfrentamiento: Equipo A (Midoriya y Uraraka) contra Equipo D (Bakugo e Iida).
Chuuya observó el combate desde la sala de monitores junto al resto de la clase. Sus ojos no se despegaron de la pantalla. Vio cómo Bakugo emboscaba a Izuku con una explosión cegadora, y cómo, para sorpresa de todos, Izuku lograba derribarlo usando la propia inercia del rubio.
—Lo escuchó —murmuró Chuuya para sí mismo, una pequeña sonrisa tirando de la comisura de sus labios—. Está usando la cabeza.
Sin embargo, el combate escaló rápidamente hacia una violencia que rozaba lo personal. Chuuya apretó los puños al ver a Izuku recibir impacto tras impacto. Cuando Bakugo disparó su brazalete de granada, creando una explosión que sacudió todo el edificio, Chuuya dio un paso hacia adelante, casi activando su Don por puro instinto de protección.
—¡Ese chico está loco! —gritó Kirishima desde la sala—. ¡Va a matarlo!
—No lo hará —dijo Chuuya, su voz cortante como una cuchilla—. Pero Midoriya va a hacer algo estúpido. Puedo sentirlo.
Y así fue. En un acto de sacrificio que hizo que a Chuuya se le revolviera el estómago, Izuku usó el One For All hacia arriba, destruyendo los pisos del edificio para permitir que Uraraka recuperara la bomba, mientras él recibía de lleno la explosión de Bakugo.
Cuando el humo se disipó y declararon ganador al Equipo A, Chuuya no celebró. Vio a Izuku colapsar en el suelo, con el brazo destrozado y el traje quemado.
—Siguiente combate —anunció All Might, aunque su voz sonaba tensa—. Equipo B contra Equipo I. ¡Nakahara, Shoji, prepárense!
Chuuya caminó hacia la salida de la sala de monitores. Al pasar junto a los camilleros que llevaban a Izuku hacia la enfermería, se detuvo un segundo. Sus ojos azul y café se encontraron con el verde empañado del chico.
—Ganaste —susurró Chuuya, lo suficientemente bajo para que solo él lo oyera—. Pero la próxima vez, intenta ganar sin convertirte en carbón, idiota.
Izuku intentó sonreír antes de perder el conocimiento. Chuuya apretó los dientes y siguió caminando. Tenía un trabajo que hacer.
El escenario para el segundo combate era un edificio idéntico. Chuuya y Shoji eran los héroes; sus oponentes, el Equipo I, actuaban como villanos.
—Escucha, Shoji —dijo Chuuya mientras entraban al edificio—. Tú tienes mejores sentidos que yo. Localízalos.
Shoji asintió, extendiendo sus brazos transformados en orejas y ojos.
—Están en el cuarto piso, habitación central. Han bloqueado la puerta con hielo. Todoroki está solo vigilando la bomba. Ojiro está patrullando el pasillo.
—Hielo, ¿eh? —Chuuya se ajustó los guantes—. Déjamelo a mí. Tú encárgate de Ojiro si intenta flanquearnos. Yo iré directo al grano.
Chuuya no corrió. Simplemente comenzó a caminar, pero con cada paso, el suelo bajo sus pies parecía vibrar. Cuando llegó al pasillo del cuarto piso, se encontró con una barrera de hielo sólido que sellaba el camino por completo. Todoroki Shoto no estaba perdiendo el tiempo.
—¿Crees que esto me va a detener? —preguntó Chuuya al aire, una chispa de emoción salvaje brillando en su ojo azul.
Tocó la pared de hielo con la punta de los dedos. Un resplandor rojizo emanó de su mano.
—Aumenta... —susurró—. ¡Cien veces!
La estructura de hielo, incapaz de soportar su propio peso multiplicado por cien, se hizo añicos instantáneamente, convirtiéndose en polvo cristalino que alfombró el suelo. Chuuya entró en la habitación de la bomba con una calma aterradora.
Todoroki, que estaba apoyado contra la pared, abrió los ojos con sorpresa. Nunca nadie había atravesado su defensa de esa manera, sin esfuerzo aparente.
—Eres el chico del examen —dijo Todoroki, su voz monocorde ocultando su intriga—. El que controla la gravedad.
—Y tú eres el que cree que un poco de frío es suficiente para ganar una guerra —respondió Chuuya, adoptando una postura de combate—. Vamos, mitad y mitad. Enséñame qué más tienes.
Todoroki lanzó una ráfaga de hielo masiva, una ola que pretendía congelar a Chuuya en su sitio. El pelirrojo simplemente saltó, pero no un salto normal; se impulsó contra el techo, caminando por él como si fuera el suelo plano.
—¡Muy lento! —gritó Chuuya.
Se lanzó desde el techo como un proyectil. Todoroki creó un escudo de hielo, pero Chuuya, en el aire, manipuló su propia densidad. Al golpear el escudo, no solo lo rompió, sino que la onda de choque lanzó a Todoroki hacia atrás.
—Manipulas la gravedad de lo que tocas —dedujo Todoroki, recuperando el equilibrio y lanzando más hielo—. Pero si no puedes acercarte, no puedes ganar.
—¿Quién dijo que necesito acercarme? —Chuuya pateó un trozo de hielo del suelo. Al tocarlo, el proyectil adquirió una masa devastadora. El trozo de hielo salió disparado con la fuerza de una bala de cañón, destrozando todo a su paso.
Todoroki se vio obligado a usar más hielo para proteger la bomba, pero Chuuya ya estaba sobre él. El pelirrojo se movía con una agilidad que desafiaba la física, cambiando su peso de ligero a pesado en fracciones de segundo para ganar velocidad y potencia.
Fue una danza de destrucción. Chuuya disfrutaba el combate; era la primera vez en mucho tiempo que podía soltarse un poco sin tener a Mori observándolo para juzgar su "eficiencia como arma". Aquí, era solo un estudiante demostrando su valía.
Sin embargo, en medio del intercambio de golpes, la mente de Chuuya volvió a Izuku. Recordó la determinación suicida del peliverde. "Si ese debilucho puede darlo todo hasta romperse, yo no puedo permitirme jugar", pensó.
Chuuya aterrizó frente a Todoroki, quien ya preparaba una ráfaga de hielo final.
—Se acabó el tiempo —dijo Chuuya.
Dio un pisotón en el suelo. La gravedad en toda la habitación aumentó de golpe, no lo suficiente para aplastar a Todoroki, pero sí para hacerlo hincar la rodilla, incapaz de mover sus brazos para lanzar su Don.
—¿Qué... es esto? —jadeó Todoroki, sintiendo como si el aire mismo pesara toneladas.
—Es el peso de la realidad —respondió Chuuya, caminando con calma hacia la bomba de papel maché—. Eres fuerte, pero confías demasiado en tu poder. Un verdadero luchador sabe que el entorno es su mejor arma.
Chuuya tocó la bomba justo cuando All Might anunciaba el fin del tiempo.
—¡El Equipo de los Héroes gana! —resonó la voz del héroe por los altavoces.
Chuuya liberó la presión gravitatoria y suspiró, quitándose la gorra para pasarse una mano por el cabello sudado. Todoroki se levantó lentamente, mirándolo con una mezcla de respeto y cautela.
—Buen combate —dijo Todoroki con brevedad.
—Lo mismo digo —respondió Chuuya, volviéndose a poner la gorra—. Pero usa tu lado izquierdo la próxima vez. Se nota que te estás conteniendo, y eso es un insulto para los que nos esforzamos.
Chuuya salió de la habitación sin esperar respuesta. Al regresar a la sala de monitores, recibió elogios de sus compañeros, pero él solo buscaba una cosa.
—¿Cómo está Midoriya? —le preguntó a Recovery Girl, quien acababa de entrar.
—Está descansando, jovencito. Ese chico no tiene sentido de la autopreservación —respondió la anciana suspirando.
Chuuya pidió permiso para ir a verlo. Caminó por los pasillos de la U.A., sintiendo el silencio de la escuela. Al llegar a la enfermería, encontró a Izuku dormido, con el brazo vendado y una expresión de paz que no encajaba con el caos que acababa de protagonizar.
Se sentó en una silla al lado de la cama, cruzando las piernas.
—Realmente eres un caso perdido, brócoli —susurró Chuuya, mirando sus propias manos enguantadas—. Te rompes para salvar a otros, y yo... yo solo sé romper cosas para cumplir órdenes.
Se quedó allí en silencio durante un largo rato. Por primera vez, la sombra de la Port Mafia y de Mori Ougai se sentía ridículamente lejana. En esta habitación, bajo el olor a desinfectante y el sonido de la respiración pausada de Izuku, Chuuya no era un activo estratégico ni un experimento de laboratorio.
Era solo un chico que, por azares del destino y la gravedad, había encontrado a alguien que brillaba con una luz que él nunca pensó alcanzar.
—Supongo que tendré que cuidarte las espaldas —continuó Chuuya, bajando la voz aún más—. Porque si te dejas matar, ¿quién me va a explicar por qué demonios sonríes así después de casi explotar?
Izuku se movió ligeramente en sueños, murmurando algo ininteligible. Chuuya dejó escapar una pequeña risa, una que no tenía rastro de cinismo. Se acomodó en la silla, decidiendo que se quedaría allí hasta que el peliverde despertara.
Después de todo, la gravedad lo había traído hasta aquí, y Chuuya Nakahara nunca iba en contra de las leyes fundamentales del universo. Si su destino estaba ligado al de ese chico pecoso, entonces se aseguraría de que ninguno de los dos cayera demasiado rápido.
—Descansa, Izuku —dijo, usando su nombre de pila por primera vez, aunque fuera en la soledad de la enfermería—. Mañana tenemos más clases, y no pienso dejar que te quedes atrás.
Afuera, el sol comenzaba a ponerse sobre la academia U.A., tiñendo el cielo de un rojo similar al cabello de Chuuya. Un nuevo capítulo comenzaba, uno donde la gravedad y la esperanza caminarían de la mano por los pasillos de la mejor escuela de héroes del mundo.