Your lack of memory
Vértice de Metal y el Despertar de la Gravedad
El aire en el túnel de preparación del estadio de la U.A. era denso, cargado con el olor a ozono y el eco lejano de los gritos de miles de personas. Chuuya Nakahara estaba apoyado contra la pared de hormigón, con la cabeza baja y los ojos fijos en sus manos enguantadas. El maquillaje que cubría el hematoma en su mejilla empezaba a sentirse pesado, una máscara que ocultaba la realidad de su vida fuera de esos muros.
—Primer combate de la ronda final: ¡Izuku Midoriya contra Hitoshi Shinso! —La voz de Present Mic retumbó, haciendo vibrar los cimientos del estadio.
Chuuya levantó la vista. Vio a Izuku pasar por el pasillo adyacente, con los hombros tensos y el rostro pálido. El peliverde se detuvo un segundo al verlo, apretando los puños con una mezcla de miedo y resolución.
—Suerte, brócoli —dijo Chuuya, su voz saliendo más suave de lo que pretendía—. No dejes que ese tipo te lave el cerebro. Si pierdes antes de que nos enfrentemos, te mataré yo mismo.
Izuku esbozó una sonrisa nerviosa, pero sus ojos verdes brillaron con una chispa de gratitud.
—¡Daré lo mejor de mí, Chuuya! —exclamó antes de correr hacia la luz cegadora de la arena.
Chuuya se quedó solo en la penumbra. Se permitió un momento de debilidad, cerrando los ojos y recordando el peso del puño de Mori en su estómago la noche anterior. "Gana el torneo o atente a las consecuencias". Las palabras de su tutor eran una sentencia de muerte para cualquier rastro de humanidad que Chuuya intentara cultivar. Para Mori, este festival no era una celebración de la juventud; era una exhibición de mercancía. Y Chuuya era el producto estrella.
El combate de Izuku fue angustiante. Desde las pantallas del túnel, Chuuya vio cómo el peliverde caía en la trampa de Shinso, quedando bajo su control mental. Por un momento, el corazón de Chuuya se detuvo. Vio a Izuku caminar hacia la línea de salida como un autómata.
—¡Reacciona, idiota! —gruñó Chuuya, golpeando la pared con el puño.
Entonces, sucedió. Una explosión de aire y presión surgió de los dedos de Izuku, rompiendo el trance y enviando una onda de choque por todo el estadio. Era el One For All, desatado en un instante de pura voluntad. Izuku logró sacar a Shinso fuera del ring, ganando el encuentro, aunque terminó con los dedos rotos y el rostro cubierto de sudor.
Chuuya soltó un suspiro que no sabía que estaba conteniendo. "Ese chico realmente es un imán para el desastre", pensó con una mezcla de alivio e irritación.
Los combates se sucedieron uno tras otro. Todoroki venció a Sero en un despliegue de hielo tan masivo que cubrió media grada. Bakugo aplastó a sus oponentes con una ferocidad que recordaba a un animal salvaje. Y finalmente, llegó el turno de Chuuya.
—¡Y ahora, el prodigio de la gravedad, el chico que hace que el mundo pese una tonelada! —gritó Present Mic—. ¡De la Clase 1-A, Chuuya Nakahara! ¡Contra el veloz y tenaz Tenya Iida!
Chuuya caminó hacia el centro del cuadrilátero. Iida ya estaba allí, haciendo estiramientos con una seriedad casi cómica, sus motores rugiendo en un ralentí bajo.
—¡Nakahara-kun! —exclamó Iida, ajustándose las gafas—. ¡Es un honor enfrentarme a ti! He estudiado tus movimientos. Tu control de la gravedad es formidable, ¡pero mi velocidad superará tu tiempo de reacción!
Chuuya se ajustó la gorra, ocultando su ojo de color café y dejando que el azul zafiro brillara con una intensidad peligrosa.
—Inténtalo, cuatro ojos —respondió Chuuya, adoptando una postura relajada pero alerta—. Pero te advierto: cuanto más rápido corras, más dura será la caída.
—¡START! —rugió Midnight, bajando su látigo.
Iida no perdió ni un milisegundo. Activó su "Recipro Burst", convirtiéndose en un borrón azulado que cruzó la arena en un parpadeo. Su intención era clara: sacar a Chuuya del ring antes de que pudiera activar su Don.
Chuuya ni siquiera se movió hasta que Iida estuvo a escasos centímetros. En el último momento, el pelirrojo puso una mano en el suelo.
—Gravedad diez veces... ¡Área local! —susurró.
El aire alrededor de Chuuya se volvió denso. Iida, al entrar en ese radio, sintió como si una mano gigante lo aplastara contra el pavimento. Sus motores chirriaron bajo el esfuerzo, y su velocidad cayó drásticamente mientras sus pies se hundían ligeramente en el concreto.
—¿Qué... qué es esto? —jadeó Iida, luchando por levantar una pierna que ahora pesaba cientos de kilos.
—Es física básica, Iida —dijo Chuuya, caminando hacia él con una parsimonia insultante—. No importa qué tan rápido giren tus motores si tu cuerpo no tiene la fuerza para despegarse del suelo.
Chuuya lanzó una patada lateral. No fue un golpe fuerte, pero al momento del impacto, aumentó la masa de su propia pierna. El golpe envió a Iida rodando por la arena como si hubiera sido golpeado por un camión de carga. El chico de las gafas logró frenarse justo en el borde del ring, jadeando.
—¡No... no me rendiré! —Iida activó sus motores al máximo, ignorando el humo que empezaba a salir de sus pantorrillas. Se lanzó de nuevo, esta vez intentando un ataque aéreo para evitar la zona de gravedad en el suelo.
Chuuya saltó para encontrarse con él en el aire. Por un segundo, ambos quedaron suspendidos frente a frente. Chuuya sonrió, una sonrisa salvaje que rara vez mostraba en clase.
—El cielo es mi dominio —dijo Chuuya.
Tocó el hombro de Iida y, en lugar de hacerlo pesado, eliminó su gravedad por completo. Iida, acostumbrado a luchar contra la resistencia del aire y el peso de su armadura, perdió todo el control. Sus motores lo impulsaron sin dirección, haciéndolo girar como un trompo descontrolado en el aire.
Chuuya, por el contrario, aumentó su propia gravedad para descender como un meteoro. Aterrizó suavemente en el centro del ring mientras Iida salía disparado por la inercia, cayendo fuera de los límites del cuadrilátero.
—¡Iida está fuera! —anunció Midnight—. ¡Nakahara avanza a la siguiente ronda!
El estadio estalló en aplausos, pero Chuuya solo miró hacia el palco de los invitados especiales. Allí, entre las sombras de los asientos VIP, creyó ver el destello de un bisturí o quizás solo fue un reflejo del sol. La presión en su pecho no disminuyó.
Al regresar a los vestuarios, se encontró con Izuku en el pasillo. El peliverde tenía los dedos vendados y una expresión de asombro absoluto.
—Eso fue... increíble, Chuuya —dijo Izuku, acercándose con cuidado—. La forma en que manipulaste no solo tu peso, sino la inercia de Iida-kun... es una aplicación del Don que no había considerado.
Chuuya se apoyó en la pared, sintiendo el cansancio empezar a filtrarse por sus huesos.
—Es solo control, brócoli. Si no dominas tu poder, él te domina a ti. —Miró los dedos vendados de Izuku—. Deberías aplicarte el cuento. Si sigues rompiéndote así, no llegarás a la final.
Izuku bajó la mirada, frotándose el brazo.
—Lo sé. All Might me dice lo mismo. Pero a veces... siento que si no doy todo lo que tengo, aunque me destruya, no soy digno de estar aquí.
Chuuya sintió una punzada de dolor que no tenía nada que ver con sus heridas físicas. Conocía ese sentimiento. La necesidad de ser "digno", de cumplir con las expectativas de una figura paterna que te exigía la perfección a cambio de tu existencia.
—Escúchame bien —dijo Chuuya, agarrando a Izuku por el cuello de su traje de gimnasia y atrayéndolo hacia él—. No le debes tu vida a nadie. Ni a All Might, ni a esta escuela, ni a nadie. Si vas a luchar, hazlo por ti. Porque si lo haces solo por el deber, acabarás convirtiéndote en una cáscara vacía.
Izuku se quedó helado, mirando fijamente los ojos heterocromáticos de Chuuya. Por primera vez, vio más allá de la arrogancia y la frialdad del pelirrojo. Vio las grietas, vio el miedo oculto tras la gravedad.
—¿Es eso lo que te pasa a ti, Chuuya? —preguntó Izuku en un susurro—. ¿Estás luchando por alguien más?
Chuuya soltó el agarre, apartando la mirada.
—No digas tonterías. Solo prepárate. Tu próximo combate es contra Todoroki, ¿verdad?
Izuku asintió, su rostro volviéndose sombrío.
—Sí. Él es muy fuerte. Y parece que lleva una carga muy pesada sobre sus hombros.
—Todos llevamos cargas —respondió Chuuya, dándose la vuelta para irse—. La diferencia es quién deja que la carga lo aplaste y quién la usa para fortalecer sus músculos. No te mueras ahí fuera.
El combate entre Izuku y Todoroki fue, sin duda, el momento culminante del festival. Chuuya lo observó desde la barandilla, apretando el metal hasta que se dobló bajo sus dedos. Vio a Izuku romperse dedo tras dedo para detener el hielo de Todoroki. Escuchó el grito de Izuku, exigiendo a Todoroki que usara todo su poder, que aceptara que su fuego era suyo y no de su padre.
Cuando las llamas de Todoroki finalmente estallaron, iluminando todo el estadio con un calor insoportable, Chuuya sintió que algo dentro de él también empezaba a arder. Era envidia, sí, pero también una esperanza dolorosa. Izuku estaba salvando a su enemigo en medio de una batalla. Estaba rompiendo las cadenas de Todoroki mientras él mismo se desmoronaba.
—Qué idiota tan brillante —susurró Chuuya, mientras las lágrimas de calor se evaporaban en sus mejillas.
Izuku perdió el combate tras la colisión final de sus poderes, quedando inconsciente y gravemente herido. Chuuya corrió hacia la enfermería antes de que terminaran de limpiar la arena. Entró de golpe, ignorando las protestas de Recovery Girl.
Izuku estaba en la cama, cubierto de quemaduras y vendajes. Se veía pequeño, frágil, pero había una paz en su rostro que no estaba allí antes.
—Nakahara-kun... —murmuró Izuku al verlo entrar—. Perdona... perdí. No podremos enfrentarnos en la final.
Chuuya se acercó a la cama, con los puños apretados a los costados.
—¿Eres estúpido? —dijo, su voz temblando de rabia contenida—. Casi te matas por un tipo que ni siquiera te agrada. Mira cómo has quedado. Mori me mataría si viera que me preocupo por alguien tan descuidado como tú.
Izuku soltó una risita débil, que terminó en una mueca de dolor.
—Pero lo logré, Chuuya. Todoroki-kun usó su fuego. Él... él empezó a ser libre. Valió la pena.
Chuuya se sentó en el borde de la cama, ocultando su rostro entre las manos. El silencio de la enfermería era opresivo.
—¿Por qué eres así? —preguntó Chuuya en voz baja—. ¿Por qué siempre intentas salvar a todo el mundo, incluso cuando nadie te lo pide?
Izuku extendió su mano sana y, con una vacilación que desapareció al instante, tocó el brazo de Chuuya.
—Porque eso es lo que hace un héroe, ¿no? —dijo Izuku suavemente—. Y porque... creo que tú también necesitas que alguien te salve, aunque seas el chico más fuerte que conozco.
Chuuya levantó la cabeza. La luz de la tarde entraba por la ventana de la enfermería, bañando a Izuku en un resplandor dorado. En ese momento, la sombra de Mori Ougai, las amenazas de la Port Mafia y el peso de su pasado parecieron desvanecerse ante la simple y pura bondad del chico frente a él.
Sin pensarlo, Chuuya se inclinó hacia adelante. No fue un movimiento calculado ni estratégico. Fue como si la gravedad misma hubiera cambiado de dirección, atrayéndolo hacia el único punto de luz en su universo oscuro. Sus labios rozaron la frente de Izuku, un contacto fugaz, casi imperceptible, pero cargado con todo lo que Chuuya no se atrevía a decir en voz alta.
—No vuelvas a asustarme así, brócoli —susurró Chuuya, separándose con el rostro encendido—. Ahora descansa. Tengo una final que ganar por los dos.
Izuku se quedó mudo, con los ojos verdes abiertos de par en par y un sonrojo que rivalizaba con el cabello de Chuuya.
—Chuuya... —susurró Izuku, pero el pelirrojo ya se dirigía hacia la puerta.
—Ganaré este estúpido torneo —dijo Chuuya sin mirar atrás, con su mano en el pomo de la puerta—. Y luego... luego hablaremos de quién necesita ser salvado.
Chuuya salió al pasillo, sintiendo que su corazón martilleaba contra sus costillas como un animal enjaulado. El dolor de los golpes de Mori seguía allí, pero ahora se sentía diferente. Ya no era un recordatorio de su servidumbre, sino un combustible para su rebelión.
Caminó hacia la arena para su combate final contra Todoroki. El estadio gritaba su nombre, las cámaras lo enfocaban y el mundo esperaba ver de qué era capaz el arma de gravedad. Pero Chuuya ya no luchaba por el mundo, ni por la mafia.
Luchaba por el chico que le había enseñado que incluso el metal más pesado podía flotar si había suficiente luz en el corazón.
—Prepárate, Todoroki —dijo Chuuya, entrando en la arena bajo el rugido de la multitud—. Porque hoy vas a descubrir que hay cosas que ni siquiera el fuego o el hielo pueden detener.
En las gradas, un hombre vestido de negro frunció el ceño al notar el cambio en la postura de Chuuya. Ya no era la de un soldado obediente; era la de un rey reclamando su trono. Y en la enfermería, Izuku Midoriya sonreía, tocándose la frente donde aún sentía el calor del beso de Chuuya, sabiendo que, pasara lo que pasara, su gravedad ya nunca volvería a ser la misma.