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danmachi reacciona a fate

El Descenso del Sol y la Danza del Relámpago

El aire en el sector norte de Orario ya no era aire; era una neblina de calor abrasador que distorsionaba la vista y hacía que el pavimento crujiera bajo los pies de los aventureros. Los ciudadanos habían sido evacuados hacia el centro de la ciudad por los miembros de la Familia Ganesha, mientras que los guerreros de élite se dirigían hacia las murallas.

Bell Cranel lideraba el grupo de la Familia Hestia, con los pulmones ardiendo no por el esfuerzo, sino por la temperatura ambiente. A su lado, la Familia Loki avanzaba con una disciplina férrea. Finn Deimne, el capitán de los pies pequeños, mantenía su lanza en alto, señalando hacia la figura que aguardaba en lo alto de la muralla.

—Esa presión... —susurró Welf Crozzo, secándose el sudor de la frente—. Siento que mi armadura se va a derretir antes de que lleguemos a él. ¿Cómo puede un solo hombre emitir tanto calor?

—No es un hombre cualquiera —respondió Mikoto, con la mano firme en el mango de su katana—. Es un Espíritu Heroico. La Nada dijo que era el hijo de un Dios del Sol.

Al llegar a la base de la muralla, el grupo se detuvo. Sobre ellos, la silueta de Karna se recortaba contra el cielo anaranjado. Vestía una armadura dorada que parecía estar fundida directamente sobre su piel, y de sus hombros caía una capa roja que ondeaba a pesar de que no corría ni una pizca de viento. Su piel era pálida, casi blanca, contrastando con su cabello desordenado y oscuro. Pero lo más impactante era su lanza: una construcción masiva de oro y energía que palpitaba con el ritmo de un corazón volcánico.

Karna no se movió. Sus ojos, profundos y carentes de cualquier rastro de malicia, observaron a los aventureros que se agrupaban abajo.

—Así que estos son los héroes de esta era —dijo Karna. Su voz no era un grito, sino un tono tranquilo que, sin embargo, se escuchó con total claridad en toda la plaza—. Venid. No tengo deseos de destruiros, pero mi existencia aquí es una prueba que debéis superar. Mi lanza no conoce la mentira.

—¡Yo iré primero! —gritó Tiona Hiryute, saltando hacia adelante con su inmensa Urga—. ¡No me importa si eres el hijo de un dios o del mismo sol! ¡En Orario, nosotros marcamos las reglas!

Tiona, una aventurera de Nivel 6, se impulsó con una fuerza que agrietó el suelo. En un parpadeo, estaba sobre la muralla, descargando su arma con una potencia capaz de pulverizar a un monstruo de clase superior.

Karna ni siquiera parpadeó. Simplemente levantó su lanza con un movimiento fluido. El impacto de Urga contra la lanza de Karna produjo una onda de choque que rompió todas las ventanas en tres manzanas a la redonda. Tiona, para su horror, sintió que su fuerza, aquella que había cultivado durante años de lucha en la Mazmorra, chocaba contra una pared inamovible.

—Tu fuerza es admirable, guerrera de la superficie —dijo Karna mientras sostenía el arma de Tiona con una sola mano—. Pero le falta peso. El peso de un destino que no puedes eludir.

Con un movimiento casi perezoso de su muñeca, Karna empujó. Tiona salió despedida hacia atrás, cayendo de la muralla y siendo atrapada en el aire por Tione, su hermana, quien tuvo que clavar sus talones en el suelo para absorber el impacto.

—¡Tiona! —gritó Tione, mirando con furia hacia arriba—. ¡Maldito seas!

—¡No se lancen sin pensar! —ordenó Finn, con los ojos brillando de color azul—. ¡Ais, Bete, Gareth! ¡Formación de asalto delta! ¡Familia Hestia, cubran los flancos! ¡Necesitamos ver sus aberturas!

Bell asintió y desenvainó su Daga de Hestia. El brillo de la hoja resonaba con el deseo de su portador. A su lado, Ais Wallenstein ya estaba en movimiento.

—¡Despierta, Ariel! —exclamó Ais.

Un torbellino de viento verde la envolvió, impulsándola hacia arriba como un proyectil. Bete Loga la siguió, con sus botas de metal emitiendo chispas mientras corría por la superficie vertical de la muralla desafiando la gravedad.

—¡Muere, pedazo de basura brillante! —rugió Bete, lanzando una patada cargada de magia de fuego.

Karna simplemente giró su lanza en un círculo perfecto. Las llamas de Bete fueron absorbidas por el calor del Espíritu Heroico, y el viento de Ais fue dispersado por una ráfaga de energía solar.

—Brahmastra —susurró Karna.

De sus ojos brotó un rayo de luz pura. Ais logró interponer su espada justo a tiempo, pero la fuerza del impacto la mandó a volar a través de un edificio cercano. Bete apenas pudo esquivar el rayo, que dejó un surco de lava en la piedra de la muralla.

—Es demasiado fuerte —dijo Bell, con los dientes apretados—. Sus movimientos... es como si estuviera leyendo el futuro.

—No está leyendo el futuro, Bell —dijo la voz de Hestia a través de su dispositivo de comunicación—. La Nada nos explicó que los héroes de clase Lancer tienen una agilidad y un instinto de combate superiores. Y él... él tiene la armadura Kavacha y Kundala. Es casi invulnerable.

—¡Entonces habrá que golpearlo con algo que no pueda ignorar! —exclamó Welf, sacando una de sus espadas mágicas más poderosas—. ¡Bell, prepárate! ¡Voy a abrir un camino!

Welf clavó su espada en el suelo y liberó una ráfaga de hielo absoluto, intentando contrarrestar el calor de Karna. El choque de temperaturas creó una cortina de vapor denso que cubrió toda la zona.

—¡Ahora, Bell! —gritó Finn.

Bell activó su habilidad. "Argonaut". El sonido de una campana comenzó a resonar en el aire, un tañido rítmico que parecía acelerar el tiempo mismo. Bell corrió a través del vapor, guiado por su instinto y por el brillo de la armadura dorada de su oponente.

Karna, en medio de la neblina, sintió la acumulación de energía. Una pequeña sonrisa, casi imperceptible, apareció en su rostro.

—Un héroe que carga sus esperanzas en un solo golpe... —comentó Karna—. He conocido a muchos así. Es una senda noble, pero frágil.

Bell saltó desde un escombro, con su daga brillando con una luz blanca cegadora. Había cargado el Argonaut durante veinte segundos, un tiempo récord para un ataque en movimiento.

—¡Firebolt! —gritó Bell, descargando el rayo junto con el tajo de su daga.

La explosión fue colosal. El vapor se disipó de golpe, revelando a Bell en el aire, descendiendo hacia Karna. El Espíritu Heroico no se había movido de su lugar, pero su capa roja estaba ligeramente rasgada y su brazo izquierdo mostraba una pequeña marca de quemadura.

—Has logrado tocarme —dijo Karna, mirando la marca—. Tu voluntad es pura, joven de cabellos blancos. Pero mi armadura reduce cualquier daño a una décima parte. Para derrotarme, necesitarías un poder que pueda destruir la idea misma de la invulnerabilidad.

Karna levantó su lanza hacia el cielo. El sol, que ya estaba bajo, pareció detenerse en su descenso. La luz comenzó a concentrarse en la punta de la lanza, creando una esfera de energía que hacía que el aire mismo gritara de agonía.

—Habéis luchado bien, pero los héroes de este mundo deben entender la escala de lo que enfrentan —dijo Karna con una solemnidad absoluta—. No lucháis contra un hombre. Lucháis contra el concepto de la entrega total.

—¡Todos, atrás! —gritó Finn, reconociendo la acumulación de energía—. ¡Gareth, levanta el escudo! ¡Riveria, protección máxima!

Riveria comenzó a recitar sus cantos a una velocidad asombrosa, levantando múltiples capas de barreras mágicas. Gareth se plantó frente a la Familia Hestia, clavando su escudo de aleación pesada en la tierra.

—¡Contemplad la extinción de los cielos! —exclamó Karna. Su voz ahora resonaba con el poder de un trueno—. ¡Vasavi Shakti!

La lanza de Karna se transformó. La cobertura dorada de su cuerpo se desprendió, volando hacia el arma y fusionándose con ella. Karna ya no era invulnerable, pero a cambio, sostenía un arma que podía matar a los dioses. El rayo de luz que surgió de la lanza no fue un disparo; fue un pilar de destrucción que borró todo a su paso.

Las barreras de Riveria se hicieron añicos como si fueran de cristal. Gareth rugió mientras su escudo se ponía al rojo vivo, protegiendo a los que estaban detrás con su propio cuerpo. Bell, viendo que sus amigos iban a ser vaporizados, se lanzó hacia adelante, usando su propio cuerpo para intentar desviar parte de la energía con su daga cargada al máximo.

Sin embargo, justo antes de que el pilar de luz consumiera la zona, una nueva figura apareció en las pantallas gigantes que rodeaban la ciudad.

—¡Suficiente, Lancer! —gritó una voz que no era la de la Nada.

En la pantalla, se vio a un hombre joven con una armadura azul, sosteniendo una lanza roja con una postura relajada pero peligrosa. Tenía una sonrisa cínica y un aura de confianza que parecía desafiar al mismo destino.

—¿Cu Chulainn? —murmuró Karna, deteniendo el flujo de energía de su ataque. El pilar de luz se desvaneció, dejando tras de sí un rastro de destrucción y a los aventureros de Orario jadeando, al borde del colapso.

—No seas tan duro con los niños, "Hijo del Sol" —dijo el hombre de azul desde la pantalla—. La Nada quiere que aprendan, no que se conviertan en cenizas antes de ver el resto del espectáculo. Además, me aburre verte ganar tan fácilmente.

Karna bajó su lanza y recuperó su armadura dorada en un destello de luz. Miró a Bell, quien estaba de rodillas, apoyado en su daga para no desmayarse.

—Vuestro espíritu no se ha quebrado —observó Karna—. Eso es lo más importante. La técnica se puede aprender, el nivel se puede subir, pero la chispa de la resistencia es lo que os convierte en candidatos para el Trono.

La Nada volvió a hablar, su voz llenando el vacío dejado por la batalla.

—Han sobrevivido al primer intercambio. Karna ha sido clemente, pero no esperen lo mismo de los demás. La sombra de Lancer se retira por ahora. Han demostrado que tienen el valor, pero les falta el poder para enfrentar a las leyendas de la humanidad.

Las pantallas cambiaron de nuevo. Ya no mostraban el sector norte, sino la zona de los mercados, donde una niebla negra y espesa comenzaba a brotar de las alcantarillas.

—¿Qué es eso ahora? —preguntó Lili, temblando mientras ayudaba a Bell a levantarse.

—La clase Assassin —respondió la Nada—. No busquen honor en este encuentro. No busquen una batalla frontal. Ella no es una guerrera; es una presencia. Ella es el miedo que acecha en los callejones oscuros de la historia.

En la pantalla apareció una figura pequeña, envuelta en harapos y con una máscara de calavera. Sus manos terminaban en garras afiladas y su risa era un sonido agudo que recordaba al llanto de mil niños perdidos.

—Jack el Destripador —susurró Hermes, palideciendo—. Oh, no... esto va a ser una carnicería.

—Escuchen bien, aventureros —dijo la Nada—. Jack no os atacará en las murallas bajo la luz del sol. Ella os buscará en vuestras casas, en vuestras sombras, cuando creáis que estáis a salvo. La prueba de Assassin ha comenzado.

Bell miró a su alrededor. La niebla estaba empezando a cubrir todo Orario. Ya no podían ver a más de unos metros de distancia. El calor de Karna había desaparecido, reemplazado por un frío húmedo que parecía buscar los huecos en sus armaduras.

—¡Agrupense! —ordenó Finn, pero su voz sonó amortiguada por la niebla—. ¡No dejen que nadie se quede solo!

Pero ya era tarde. Un grito desgarrador resonó desde un callejón cercano. No era de un aventurero, sino de un guardia de la ciudad.

Bell corrió hacia el sonido, pero cuando llegó, solo encontró la niebla y un rastro de sangre que se desvanecía. En la pared, escrito con una caligrafía infantil y macabra, decía: "¿Eres tú mi madre?".

—Esto no es como luchar contra monstruos —dijo Bell, sintiendo un sudor frío recorrer su espalda—. Esto es... maldad pura.

—No es maldad, Bell —dijo la voz de la Nada—. Es la consecuencia de los pecados de la humanidad. Jack es el Espíritu Heroico de los no nacidos, de los olvidados. Ella es el reflejo de la oscuridad que Orario intenta ocultar bajo su brillo de ciudad de héroes.

Desde las sombras de la niebla, una voz pequeña y dulce susurró justo detrás de la oreja de Bell.

—¿Quieres jugar con nosotros?

Bell giró sobre sus talones, lanzando un tajo al aire, pero no había nada. Solo la risa persistente que parecía venir de todas partes.

En la pantalla, el guerrero de azul, Cu Chulainn, suspiró y se rascó la cabeza.

—Odio a los Assassins. No tienen sentido del ritmo. Pero bueno, supongo que esto es lo que querías, ¿verdad? —dijo mirando a la cámara, como si hablara directamente con la Nada—. Quieres ver si estos "héroes de Falna" pueden mantener la cordura cuando la muerte no tiene rostro.

—Exactamente —respondió la Nada—. Orario ha vivido bajo la protección de los dioses durante demasiado tiempo. Han olvidado que el verdadero heroísmo nace de la desesperación más profunda. Si quieren ser grabados en el Trono, deben aprender a luchar contra sus propios demonios.

La niebla se volvió más espesa, y las sombras de Orario cobraron vida propia. La noche apenas comenzaba, y los Espíritus Heroicos apenas estaban mostrando una fracción de su verdadera naturaleza. Bell Cranel apretó su daga, cerró los ojos y trató de escuchar. No con sus oídos, sino con su alma. Recordó la luz de Arturia y la dignidad de Karna.

—No voy a tener miedo —se prometió a sí mismo—. Si ellos pudieron cargar con el mundo, yo puedo cargar con esta niebla.

La batalla por el alma de Orario había pasado de la épica solar a la pesadilla urbana. Y mientras tanto, en el Trono de los Héroes, las almas de los grandes esperaban, observando cómo los pequeños héroes de un mundo olvidado intentaban alcanzar las estrellas.